Siete
Sendas
hacia
la Paz
Rotary
International
Evanston
Zurich
Copyright,
1959
Rotary
International
Todos
los derechos reservados
Octavo
impresión, febrero, 1978
Distributed in service to the ideals of
Rotary
by Robert Stewart,
Rotary Club of
To celebrate Rotary’s 100th
Anniversary
Centennial Celebration in 2005
Sumario
El
Origen de las Sendas………………...1
La Senda
del Patriotismo……………….9
La Senda
de la Conciliación…………..21
La Senda
de la Libertad……………….33
La Senda
del Progreso………………...47
La Senda
de la Justicia………………..63
La Senda
del Sacrificio……………….77
La Senda
de la Lealtad………………..95
Impacto………………………………111
Esbozo
de las Normas para las
Relaciones Internacionales…..137
Forward
by
Robert Stewart, Rotary Club of Okotoks,
I can not tell you how happy I was to learn of such
a wonderful publication. The Rotary International
publication "Seven Paths to Peace" is as relevant today (2004)
as it was when it was written in 1959. In fact, I was amazed at the wisdom
contained in this book published 45 years ago. I have been doing a lot of
research into peacebuilding and peace education over the past 9 years (a passion
that was ignited in me by Rotary) and I learned a lot from the book,
particularly from a Rotary point of view.
It is very important for me to understand the
history, current perspective and future path Rotary is following to peace.
I think this is important for all Rotarians to understand – this is a ‘must
read’ for anyone genuinely interested in Rotary.
It is also recommended to non-Rotarians interested in building peace.
When you read the book, you will note that the male
gender is used in general. At the
time the book was written, there were no female members of Rotary.
Please consider the male gender usage interchangeable for both genders.
How important is this?
As you will read in the Introductory Chapter ‘Where the Paths Begin’,
“… Rotarians
believe that if there is failure in the avenue of international service, there
may be no need for concern about the other avenues of service. …
and this book is presented in the hope and belief that there are
thousands (now millions) of hands which up to now have not been lifted – but
which now may be persuaded to row a new and firm course.”
Why
should this book be any more relevant now than in 1959?
Two things immediately come to mind: Rotary is now doubled in size (over
1.2 million members around the world) and we have the strong contribution of
female members. We can also lever
our contributions through partnerships with other like-minded organizations (eg.
Lions International, YM/YWCA, religious organizations, etc., etc.).
However, the most significant change in the past decade – what makes rather considerable progress possible today
is what I call 'E-peace' - that ability to magnify everything one does, and the
related communication and information transfer, at least ten-fold through the
use of computer and Internet, around the world instantly. E-peace surely will
make community and world peace more of a reality within our, and our children's
generation. For example, any Rotarian can belong to a number of Rotary On The
Internet (ROTI) email listservers to facilitate peace communications and action
around the world. Rotary can have a
central peacebuilding website to disseminate important peace education
information. Much of the moral
support and information for our web site comes from these networks.
This book is now available on the Internet accessible to all, after
almost being lost over the past 45 years (at http://www.peace.ca/rotaryssevenpathstopeace.htm
).
The
bottom line is that peace in our families, communities and world is
achievable. The Carnegie Institute conducted a study on Preventing Deadly
Conflict that concluded, "It is not that we do not know what to do ... it
is that we do not act." The reason that it (peace) has not been achieved is
one of motivation: world and community leaders have not been motivated to raise
their awareness and work together in co-operation to achieve peace. Education,
awareness and knowledge of how each can make a difference will motivate people
and get them to demand action from our institutions such as government.
This important book shows us how.
Happy reading, and ‘may the force of Rotary be with you’ as you help to build peace in our communities and world.
El Origen de las Sendas
ESTE
LIBRO TRATA, principalmente, sobre los rotarios y las “sendas” que siguen
hacia la paz mundial. Los rotarios
no tienen el monopolio de las sendas que conducen a la paz, ni aseveran que sólo
haya siete. Además de las que se
exponen en estas páginas, existen otras rutas que llevan hacia esa meta; pero,
en el curso de más de 65 años de existencia de los Rotary Clubs, sus socios
han formulado, por medio de debates y acuerdos, varias declaraciones concretas
sobre la paz, y la mejor manera de alcanzarla.
Los
rotarios – que pasan de 700.000 pertenecen a los Rotary Clubs establecidos en
casi 150 países y regiones geográficas y, si bien cada club constituye un
organismo autónomo, tienen entre sí lo que, tal vez, se podría definir como
una “avenencia” de alcance mundial sobre determinados asuntos.
Los rotarios han acordado, en diversas convenciones, que ciertas palabras
expresan aquello en que generalmente creen.
Por su parte, la junta directiva, que representa a todos los rotarios, ha
tomado acuerdos – con frecuencia a recomendación de los comités o de otros
rotarios – respecto al propósito de Rotary en materia de paz.
El
objetivo de Rotary consta de cuatro partes o avenidas:
Estimular
y fomentar el ideal de servicio como base de toda empresa digna y, en
particular, estimular y fomentar:
Primero.
El conocimiento mutuo y la amistad como ocasión de servir;
Segundo.
La buena fe como norma en los negocios y en las profesiones; el aprecio
de toda ocupación útil y la dignificación de la propia en servicio de la
sociedad;
Tercero.
La aplicación del ideal de servicio por todos los rotarios a su vida
privada, profesional y pública;
Cuarto.
La inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones por el
compañerismo de sus hombres de negocios y profesionales, unidos en el ideal de
servicio.
Al párrafo
cuarto se le llama la “avenida de las relaciones internacionales”; pero es
el párrafo primero el que permite poner en ejecución la genialidad de Rotary
en materia de relaciones internacionales. “El
conocimiento mutuo y la amistad como ocasión de servir” constituyen el
elemento imprescindible para ello. Ahí,
en el alma de Rotary, reside el impulso que, en 1905, promovió la reunión de
Paul Harris y sus amigos en Chicago. El
conocimiento mutuo es el don especial de Rotary para fomentar la comprensión,
la buena voluntad y la paz, y es también la fórmula simple del éxito de
Rotary en remediar el aislamiento que existe entre los hombres.
El conocimiento mutuo mitiga las tiranteces que surjan en los negocios,
crea la chispa que inspira las acciones desinteresadas en pro de la colectividad,
y se convierte en la solución básica que Rotary ofrece para resolver los
problemas que separan y dividen a la humanidad.
Lo dicho
puede parecer elemental al rotario experimentado; pero debe tenerse en cuenta
que los no rotarios sienten también hondo interés por lo que aquéllos han
realizado y siguen realizando a fin de crear un ambiente propicio para el
establecimiento de una paz perdurable. Los
rotarios, tradicionalmente, han tenido por norma compartir sus conocimientos en
asuntos internacionales, y nunca han vacilado en constituirse en influencia
impulsora. Por eso este libro se
dedica también a los no rotarios.
Rotary
International no es un organismo que dicte medidas de carácter colectivo para
los clubes que lo integran, sino una asociación de Rotary Clubs autónomos.
La única causa que abraza es el objetivo de Rotary, así como las normas
y actividades especificas para llevar a buen término dicho objetivo.
Inspirados
por la visión de una paz basada en la confraternidad mundial, y conscientes de
la tremenda necesidad de convertir esa visión en realidad, los rotarios han
explorado las formas de promover la comprensión entre los hombres de diferentes
países, credos y razas. Además,
han elaborado, en cooperación con otros, un Esbozo de Normas en el campo de las
relaciones internacionales, que fue aprobado por la junta directiva de Rotary
International. Dado que la finalidad
de este libro es desarrollar siete aspectos de estas normas, en lo que se
refiere a la conducta del rotario, conviene dar mayores antecedentes.
Estas
normas son el resultado de arduas indagaciones, realizadas por medio de un
cuestionario que se envió a rotarios del mundo entero.
Se solicitó a los rotarios que se habían distinguido por su interés en
el campo de las relaciones internacionales, que analizaran su modo de sentir y
expresaran sus puntos de vista sobre la materia.
El propósito de la encuesta era formular una declaración, nutrida de
diversas opiniones, que fuera aplicable a los hombres de todas las naciones,
sobre lo que significa tener el concepto internacional de un rotario.
Las
respuestas a los cuestionarios reflejaron muchos y variados aspectos de valiosa
experiencia. Aun tratándose de
personas que se caracterizaban por su amplio criterio en asuntos internacionales,
la impresión del panorama variaba si se contemplaba desde una aldea encaramada
en los Andes, desde el corazón de una metrópoli, o desde una populosa ciudad
del Asia. Los comités de Rotary
International invirtieron gran tiempo en comparar y relacionar el material
recibido, a fin de obtener un resumen breve, pero que incluyese todo lo esencial.
La
declaración resultante revela la avenida de las relaciones internacionales como
una afirmación de la soberanía del espíritu humano.
Esta norma implica acción. Se
ha redactado para los que se hallan conscientes de la realidad, informados de
los acontecimientos, y sensibles a las desazones de la humanidad; no para los apáticos
ni los indiferentes.
Responsabilidad
del Rotario
Se
espera que cada rotario realice su aporte individual a la realización del ideal
inherente a la cuarta fase de actividades rotarias.
Se
espera que cada rotario ordene su vida personal y actividades comerciales y
profesionales de manera que sea un ciudadano leal y servicial a su propio país.
Cada
rotario, dondequiera que se encuentre, contribuirá individualmente a crear una
opinión pública bien informada. Dicha
opinión inevitablemente afectará la política de gobiernos relativa al fomento
de la comprensión internacional y buena voluntad hacia todos los pueblos…
Esto es
tan sólo el comienzo del Esbozo de Normas en materia de relaciones
internacionales; pero no cabe duda que vaya dirigido a cada rotario, sea cual
sea el lugar en que se halle. Hay, a
continuación, un análisis sobre los puntos en que todo rotario debe empeñarse
en hacer el papel de guía. Lo que
confiere gran valor a las siete sendas, es que se basan en la experiencia de los
rotarios de todo el mundo. El valor
de la reflexión individual se multiplica con el concurso de muchas mentes
indagadoras. No se pretende que esto
sea definitivo. Lo que se espera es
que la declaración sirva de fuerza impulsora, en su función de reto al
pensamiento independiente.
¿Se
decide usted a hacer suyas estas sendas, y seguirlas en el curso de los
servicios que plantean?
Una
decisión de tal importancia no debe hacerse a la ligera.
Casi nada se conseguirá si lee usted superficialmente la declaración
y mueve la cabeza en señal de asentimiento, o la rechaza sin más ni más.
Sobre todo, no proceda a la manera del que, al dar su opinión sobre un
huevo, dijo: “Es bueno en parte.” Si
no medita sobre el contenido, lo probable es que pase por alto sus proyecciones.
Por lo
tanto, sería mejor no presentar aquí el resto de la declaración sobre la
“Responsabilidad del Rotario”. Dado
que cada uno de los siete capítulos siguientes trata sobre una de las partes de
la declaración, se prefiere encabezarlos con la cita correspondiente.
Se ha sometido cada senda a un minucioso escrutinio, considerando las
condiciones y problemas actuales, como también las oportunidades de servicio a
las cuales conduce. El capítulo
final, titulado “Impacto”, presenta ejemplos de la acción rotaria, los
cuales sirven a manera de hitos jalonados a la vera de las sendas que conducen a
la paz entre los hombres.
Del número
de rotarios, y también de no rotarios, que sigan estas sendas, depende la
vitalidad y el impacto de Rotary en esta cruzada.
Lo más importante, sin embargo, es que la humanidad logre, en alguna
forma, evitar la hecatombe de una guerra y la ruina completa de la civilización.
Por eso los rotarios creen que si se fracasa en la avenida de relaciones
internacionales, será inútil preocuparse de las otras.
La catástrofe
que se cierne sobre la humanidad, puede comparase con la situación en que se
hallaban los seis tripulantes de la Kon-Tiki el 7 de agosto de 1947.
En ese día, la corriente hacia el Oeste, que por 6900 kilómetros había
arrastrado la balsa a través del Pacífico, empujaba, ahora, la diminuta
embarcación hacia el arrecife Rarota. De
pronto, comenzó a soplar un viento norte, y la embarcación varió
temporalmente de rumbo; pero los arrecifes de coral continuaban al acecho.
Luego, amainó el viento, a la balsa, lenta e inexorablemente, volvió a
enfilar hacia los escollos. El mar
se agitó, de súbito, y comenzaron a levantarse enormes olas cuya furia
aumentaba al acercarse en extraños espasmos hacia los arrecifes envueltos en
hirviente espuma. A medida que la
Kon-Tiki seguía aproximándose, el sordo rumor de los rompientes fue creciendo
hasta convertirse en fragoroso redoblar de tambores.
Más allá
de los escollos, la tripulación divisaba tras una laguna en calma, unas islas
llanas de palmeras; pero nadie soñaba en idílicos parajes en momentos en que
la balsa se lanzaba hacia su tumba y no había los brazos necesarios para
dominar el ímpetu de la corriente.
Si la balsa
se destrozaba, los tripulantes perecerían en los tajantes filos de coral… Si
resistía, o el azar determinaba que el agua la levantara por sobre los
arrecifes, estarían salvados.
La alegoría
es reveladora. La humanidad ha
orientado a la civilización a través de interminables rutas sembradas de
penalidades, y ahora se ve, de pronto, ante el peligro de la aniquilación
total: la guerra nuclear. Y sea que
estalle este año, el año próximo, de aquí a diez años, o cuando quiera que
sea, lo incuestionable es que avanzamos ciegamente hacia el sacrificio.
Ya se destacan los agudos y amenazadores perfiles de los arrecifes.
¿Hay alguna forma de sortearlos… alguna ruta aún no descubierta?
¿Existe la ayuda necesaria para vencer al torrente que nos empuja a la
destrucción?
Si,
afortunadamente existe una forma, y este libro se presente con la esperanza y la
creencia de que hay millares de brazos que hasta el momento no se habían
ofrecido; pero que ahora decidirán empuñar los remos, e iniciar un rumbo nuevo
y seguro.
1
La Senda del Patriotismo
Sus
intereses irán más allá del patriotismo nacional y se considerará partícipe
en la responsabilidad de fomentar la inteligencia, la buena voluntad y la paz
entre las naciones.
Se
opondrá a toda acción basada en supuesta superioridad nacional o racial.
(Del
Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)
UN
CATEDRATICO de la Universidad de Princeton relata una breve conversación que
tuvo, en San Francisco, con un marinero que se hallaba de paso en su viaje de
regreso a Chicago, su ciudad natal, después de haber prestado servicios por
largo tiempo en la zona del Pacífico. Al
observar que la ciudad de la Puerta del Oro no lo había impresionado en lo más
mínimo, le preguntó por qué no le gustaba San Francisco.
Después de reflexionar por un momento, respondió el marinero en tono
convencido: “Bien, después de todo, ésta no es mi tierra.”
“Súbitamente”,
observa el catedrático, “me di cuenta que acababa de aprender más sobre
nacionalismo que en todos los doctos libros que había leído.”
Breathes there the man
with soul so dead
Who
never to himself has said:
‘This
is my own, my native land.’
Whose heart hath ne’er
within him burned
As home his
footsteps he hath turned
From wandering on a
foreign strand?
If such there
breathe, go mark him well
For him no minstrel
raptures swell:
High though his
titles, proud his name,
Boundless his
wealth as wish can claim—
Despite those
titles, power and pelf,
The wretch,
concentred all in self,
Living shall
forfeit fair renown,
And doubly dying
shall go down
To the vile dust
from whence he sprung,
Unwept,
unhounour’d, and unsung.
¿Habrá
un ser de alma tan yerta
Que
no se haya dicho nunca:
“Esta
es la tierra en que nací”
Y
honda emoción no sintiera
Cuando
de allende playas lejanas
De
vagar retornase al hogar un día?
Si
se cruza en tu camino, márcalo bien,
Pues
no tiene apegos ni sentires.
Por
alto su rango, ilustre su nombre
Y
con más riquezas de las soñadas;
A
pesar de títulos, poder y dinero,
El
infeliz encastillado en sí mismo,
Famélico
de amistades y afectos,
Hallará
a la muerte en su camino
Y
retornará al polvo abyecto
Sin
honras, llantos ni preces.
Estas
inolvidables líneas de Walter Scout confieren el toque emotivo a esa parte del
Esbozo de Normas que constituye la premisa para las relaciones internacionales:
Se espera que cada rotario sea… un ciudadano leal y servicial de su propio
país. Esto
no viene a ser otra cosa que la proyección natural del lema: “Dar de sí
antes de pensar en sí.”
El
nacionalismo, al que suelen motejar de estrecho, no lo es, realmente, en su
origen. Es, en esencia, un
sentimiento amplio y generoso, del cual sólo es incapaz “el infeliz,
encastillado en si mismo.” Durante
un discurso que pronunció un rotario en una convención de Rotary Internacional,
citó el proverbio latino: Dulce et
decorum est pro patria mori (qué dulce y noble es morir por la patria), y luego
continuó:
Se requiere
un hondo sentido de patriotismo para que un hombre de su vida por la patria;
pero hay que poseerlo en grado aún más sublime, para decidirse, si es
necesario, a sacrificar la vida para rectificar los rumbos errados de la patria.
Esto quiere decir que, cuando el patriotismo llega a su pináculo, es de
la misma estirpe del que alienta en uno de los principios de Rotary, en que se
habla sobre la buena voluntad y la comprensión en el campo internacional, o sea
cuando alcanza el vigor suficiente para traspasar las fronteras nacionales e
incluir a toda la humanidad.
Volviendo
la mirada hacia el largo recorrido que ha hecho el hombre a través de las
edades, descubrimos que ese impulso de traspasar las barreras locales es lo que
caracteriza el paso de una etapa a otra. Al
refugiarse en la caverna de su tribu, el troglodita se adelantó al juicio del
filósofo Hobbes de que “la vida del hombre que no se asocia con sus
semejantes es pobre, mezquina, sórdida, bestial y breve.”
Cuando al repeler al invasor, las tribus se sometieron a una disciplina
de combate, quedó plantada la simiente que germinaría en un tipo más amplio
de relaciones humanas. Posteriormente
se construyeron fosos, puentes y empalizadas a fin de proteger a los que se
hallaban en el interior, y mantener a los enemigos afuera.
Con el desarrollo de las comunicaciones y la expansión de la esfera de
intereses y actividades, se unieron las ciudades y comarcas, y surgieron las
naciones.
En su drama
Juana de Arco, el célebre Bernard Shaw personifica con gran realismo
este proceso social, en la escena en que el conde de Warwick y el obispo de
Beauvais enjuician el llamado de la Doncella de Orleáns como una amenaza a sus
intereses feudales. Se maravillan de
que una humilde campesina pudiera vislumbrar algo más amplio que su granja y
aldea, y pensar en Francia como en su patria.
Lo cierto es que así fue, y sus coterráneos respondieron con exaltación
a su llamado. “El viejo orden de
cosa experimenta un cambio radical, y surge uno nuevo.”
Normandos, bretones, gascones y todo el resto, acuden decididos a
defender los intereses de la patria común.
De modo análogo,
un “nuevo orden” fue planteado por la estudiante japonesa que obtuvo el
primer premio en un certamen, patrocinado por un Rotary Club, sobre el tema de
la comprensión y la buena voluntad entre las naciones.
Escribió lo que sigue a continuación:
Cada país
tiene sus propias formas de vida, creadas a lo largo de su historia y de acuerdo
con las condiciones peculiares del medio. Es
ilógico querer aplicar un solo principio a tan diversas modalidades.
Durante el proceso formativo de una nación, se van plasmando los
perfiles que la caracterizarán más tarde…
Es pues, absolutamente necesario que, en el concierto de las naciones del
mundo, haya comprensión y se respeten mutuamente los modos de ser de cada cual.
Sólo así podrá florecer la amistad a la buena voluntad, antes de que
surjan dificultades y contiendas…
Deben
respetarse los derechos humanos fundamentales del individuo, aun si se trata de
alguien cuyas ideas difieren de las nuestras, por el simple hecho de que se
trata de un hombre. Asimismo, se
impone el respeto razonable de la soberanía de un país, no importa cuán
diferentes sean sus formas establecidas. Es
incorrecto el desear únicamente la prosperidad y el bienestar del país del uno,
sin considerar los intereses de los otros…
Sólo mediante el cultivo de una amistad firme y verdadera, basada en la
generosa aprobación de otros, podemos esperar que haya paz duradera en el mundo…
Lejos de
ser la senda del patriotismo un obstáculo para el rotario, constituye la base
para la avenida de servicio de las relaciones internacionales.
Conduce a una amistad más amplia, cimentada en el respeto y la
estimulación mutua. En la mente del
rotario no existe más contradicción entre el ideal patrio y el concepto
internacionalista, que entre ser un buen padre de familia y desenvolverse como
un valioso y activo miembro de la comunidad.
Aún más, ¿es posible ser lo uno sin lo otro?
Ciertas
personas, sin embargo, creen que existe contradicción.
Es posible que todos esos libros de historia que Gibbon denomina
“diarios de los crímenes, desatinos y desventuras de la humanidad”, hayan
contribuido a crear dicho sentimiento. Hay
cierta clase de patriotismo, nutrido de recriminaciones y temores, que se
fomenta con el objeto de encender odios y pasiones por motivos egoístas y se
convierte – según las palabras del Dr. Jonson – “en el último refugio de
los canallas.”
La mejor
defensa contra este falso concepto de patriotismo es hacer un detenido análisis
del orgullo nacional, y de las rutas a las cuales conduce.
¿No cree usted que el pueblo de su país – cualquiera que sea – se
sentiría más satisfecho y seguro si el enemigo de hoy se trocara en amigo?
Esto es más factible de lo que parece.
Ocurre hoy y ha ocurrido frecuentemente en la historia.
Los franceses e ingleses vivieron en constantes luchas por varios siglos.
Se disputaban la supremacía de Europa en cruentas guerras, tanto en el
continente europeo como en los siete mares y desde las salvajes soledades de América
hasta los insalubres pantanos de la India. Posteriormente
se hicieron amigos. Para los
patriotas que combatieron en esos días, esta amistad significaría una traición
inaudita; pero lo cierto es que ambos países se beneficiaron, pues el nuevo
estado de cosas trajo seguridad y progreso.
El enorme adelanto que caracterizó al siglo diecinueve se debió, en
gran parte, a que cesaron las luchas franco-inglesas.
Un examen aún
más profundo del problema nos conducirá, inevitablemente, a las siguientes
interrogaciones: ¿Amamos a nuestro país debido al odio y temor que despierta
entre los hombres de otras naciones, o esa hostilidad es, por el contrario,
motivo de vergüenzas y tribulaciones? ¿No
es evidente que lo que más nos enorgullece es la contribución de nuestra
patria en el progreso espiritual, cultural y material de la humanidad?
¿Y no es el verdadero patriota el que engrandece la gloria de su país
al ofrendar sus servicios más allá de las fronteras nacionales?
Gracias a
un detenido análisis, el verdadero patriota fortalece sus convicciones.
Proyectando sus intereses más allá del patriotismo nacional – como se
expone en el Esbozo de Normas – el verdadero patriotismo queda justificado.
Pero dado que existe un peligro en este proceso de justificación, sigue,
luego, una advertencia en el Esbozo: Se opondrá a toda acción basada en
supuesta superioridad nacional o racial.
Ahora se
han trocado los papeles. El peligro
ya no es un factor externo, encarnado en el patriotero.
Se ve, ahora, que en enemigo se encuentra dentro de cada uno de
nosotros, consistente en la humana inclinación de sentirnos superiores.
No es fácil resistir sus persistentes insinuaciones, ya que deseamos con
vehemencia probarnos a nosotros mismos que la razón está de nuestra parte.
Y, lo grave del caso, es que es muy difícil creer que uno tiene toda la
razón sin comenzar a sentirse puro y sin tacha.
Un rotario
chino ilustró con un ejemplo, el daño que sufren las relaciones
internacionales cuando se hacen arrogantes e indiscretas manifestaciones de
superioridad en el seno de los compatriotas y ante los demás.
El conceptúa que esto es uno de los mayores obstáculos para el progreso
de la civilización, y el arma secreta de los que se valen de la táctica de
producir divisiones con la finalidad de esclavizar.
La
siguiente carta que Ch’ieng Lung, emperador de la China, dirigió en 1793 al
rey de Inglaterra, Jorge III, ilustra un problema universal que se remonta a la
infancia de la humanidad:
“Vos, oh
Rey, vivís más allá de los confines de muchos mares; pero, alentado por
vuestro humilde deseo de compartir los beneficios de nuestra civilización, habéis
enviado una misión que porta respetuosamente vuestro memorial…
Lo he leído cuidadosamente. Los
sinceros términos en que está redactado revelan respetuosa humildad…
lo cual merece alabanzas… Si
bien aseveráis que la reverencia que sentís por nuestra Celeste Dinastía os
despierta el anhelo de adoptar nuestra cultura, debo decirlo que nuestros
ceremoniales y códigos jurídicos difieren de tal manera de los vuestros que
aun suponiendo que vuestro enviado fuera capaz de asimilar los rudimentos de
nuestra civilización, os sería imposible implantar nuestros hábitos y
costumbres en un país tan extraño como el vuestro…
“Al
influenciar al mundo entero, sólo persigo una meta, que es la de mantener un
gobierno ejemplar, y cumplir mis
deberes para con el Estado. Ninguna
ofrenda, por rara y valiosa que sea, me interesa.
Si he decidido que se aceptan, oh Rey, las ofrendas de tributo que habéis
enviado, es únicamente en consideración al espíritu que os ha inspirado
hacerlo desde tan lejanas tierras. Las
soberanas virtudes de nuestra Dinastía se han difundido en todos los pueblos
que existen bajo el firmamento, y los reyes de todas las naciones han enviado
sus preciados tributos por mar y tierra. Como
vuestro embajador puede verlo por sí mismo, poseemos todas las cosas…”
Lo peor del
caso es que llevamos dentro el impulso de alardear de superioridad.
Lo vemos, a menudo, entre los turistas y en los que residen en el
extranjero, en la manera de acoger a los inmigrantes y en el tratamiento que
damos a las personas de otras razas. Las
aseveraciones brutales de superioridad no producen más resentimientos que las
actitudes y palabras de injuriosa condescendencia: forman parte de ese cúmulo
de odios que emponzoñan las relaciones internacionales.
Cierto
rotario y su esposa, procedentes de Tejas, EE.UU., se hallaban de visita en
Francia y entraron en la posada de una aldea en busca de alojamiento.
La señora que los recibió seguramente estaba familiarizada con el
estado de Tejas, pues se sonrió al ver el enorme sombrero que llevaba el
visitante. “Mi esposa y yo
deseamos un cuarto por una noche”, dijo el tejano.
Al oír esto, la posadera se turbó y balbuceó algunas palabras.
“Aquí
hay cuartos, ¿no es verdad?”, preguntó el turista.
“Oui,
monsieur, tenemos cuartos; pero no son lo que ustedes los norteamericanos
llamarían… moderne.
No son de lo mejor, monsieur.”
“Señora”,
dijo el tejano, “todo lo que necesitamos en Tejas es una manta y un montón de
paja. Estaremos encantados de pasar
la noche aquí.”
Este es un
buen ejemplo de humildad personal y respeto que contribuyen a mejorar las
relaciones internacionales.
Nos será más
fácil hallar la senda del genuino patriotismo si reconoceremos que es muy
exiguo nuestro aporte personal al caudal de nuestras glorias raciales o
nacionales y que, individualmente, la contribución de muchas personas de otras
naciones y de otras razas es muy superior a la nuestra.
Lo único que depende de nosotros es la determinación de ser útiles
mediante el cultivo de la amistad con ellos.
Los
rotarios gozan de oportunidades excepcionales en materia de trabar relaciones
amistosas. Por ejemplo, hay muchos Rotary Clubs cuyos socios pertenecen a
diversas nacionalidades. Un buen número
de clubes tienen una veintena o más, y su armoniosa labor se reconoce como un
servicio importante en la comunidad, sin mencionar su influencia en el fomento
de la confraternidad mundial. Esta
es la forma como lo concibe uno de los iniciadores de Rotary:
Si Rotary
hubiera sido creado especialmente con el objeto de servir sólo en este sentido,
no podría pensarse en un órgano más perfecto.
No ofende a creencia alguna, porque en su seno todas las religiones son
igualmente acogidas. No encierra
secretos ni ritos misteriosos que pudieran suscitar recelos entre los no
rotarios. Y luego, lo más grato de
todo es que su gran objetivo es absoluta simplicidad, o sea algo comprensible
para todos. ¡Qué espléndido
estandarte para ofrendar a un mundo que sufre!
Sin
embargo, debe entenderse claramente que la abolición de las diferencias
nacionales, religiosas y culturales no es parte del programa de Rotary.
Por el contrario, la diversidad en las expresiones humanas se considera
sumamente halagadora, y no como barrera que se oponga a la comprensión y
cooperación. En un mundo cuyos
confines se reducen más y más en cada segundo de esta era de los aviones de
reacción, qué monótono sería si la gloriosa pluralidad del mundo quedara
reducida a una gris uniformidad. Gran
parte del interés – y también del placer – en materia de relaciones
internacionales reside en el descubrimiento y aprecio de estas diferencias tan
valiosas.
No se trata
con esto de restar importancia a los problemas que surgen de las diferencias,
pues los rotarios, establecidos en casi 150 países y regiones geográficas,
tienen oportunidades únicas para estar al tanto de su existencia.
La siguiente historia, ocurrida en la Unión Sudafricana, ilustra la
conducta rotaria en un ambiente erizado de desavenencias y aun peligros.
El miércoles que siguió a una serie de graves tumultos acaecidos en los
pueblos vecinos, era el día fijado para celebrar un concierto, auspiciado por
el Rotary Club, en que iban a participar los ganadores de un festival musical
realizado en Bantu. Entre los
premios que se iban a distribuir, figuraba uno donado por un rotario de las
Islas Británicas. Dadas las
circunstancias, se consideró si sería prudente que los rotarios asistieron al
concierto en compañía de sus esposas.
Después de
discutir el punto, los socios del club se sintieron alentados debido a los
progresos, en materia de relaciones raciales, que se habían logrado en la
localidad mediante las elecciones seccionales, los clubes deportivos y a una
campaña realizada sobre el problema de la vivienda.
Los rotarios asistieron al concierto en compañía de sus familias.
Su decisión
tuvo generosa recompensa. En su
discurso final, el presidente africano formuló la siguiente pregunta a la
audiencia, integrada en su mayor parte por africanos:
¿Qué es
este movimiento rotario, y cómo explicarse el hecho de que un rotario de la
Gran Bretaña haya enviado un trofeo? Los
rotarios creen que deben laborar por el mejoramiento de las relaciones entres
todos los pueblos del mundo, y los africanos hemos visto con nuestros propios
ojos que este grupo de europeos practica lo que predica.
Los africanos debemos ayudarlos en su labor.
Estamos progresando sin recurrir a la violencia.
No necesitamos de violencia.
Progreso
sin Violencia. ¿Puede
existir un anhelo más patriótico para cualquier hombre, del país que sea?
La senda
del patriotismo es una senda hacia la paz, y ofrece oportunidades para que los
rotarios de todo el mundo hagan servicios efectivos y personales.
Cada día ocurren incidentes que constituyen retos para que el verdadero
patriota exprese su concepto sobre nacionalismo como una forma de vida generosa
y amplia. Para él, las fiestas cívicas
no son ocasiones para hacer alardes jactanciosos, sino fechas que le recuerden
su responsabilidad de contribuir a que prevalezca el respeto hacia todos.
Deberá relacionarse valiéndose de todos los medios de que disponen los
rotarios, a fin de crear vínculos de amistad con personas de todas las naciones
y las razas, pues en esto radica la esperanza y la gloria de su querida patria.
2
La Senda de la Conciliación
Procurará
encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros
pueblos
(Del Esbozo
de Normas para las Relaciones Internacionales)
UN MINISTRO
de Relaciones Exteriores del Canadá presentó a la convención de las Bodas de
Oro de Rotary Internacional este informe relativo a una visita que hizo a la
frontera afgana, mientras se hallaba en Pakistán:
Cuando
llegamos ahí vimos que habían colocado una cadena a través de la carretera.
A un lado de la cadena se hallaba un centinela afgano, y al otro uno del
Pakistán. El guardia afgano estaba
armado hasta los dientes. No estaba
seguro de lo que pasaría si cruzaba la línea fronteriza, de modo que permanecí
en el territorio pakistaní. Después
de un momento tendí la mano al centinela afgano y sonreí.
De inmediato apoyó su rifle contra una roca, desplegó una franca
sonrisa y me invitó a pasar sobre la cadena.
Sin titubear un instante accedí a su invitación y le estreché la mano
calurosamente.
Rotary
insta y ayuda a todos los hombres a salvar la cadena de orgullo y los prejuicios
nacionales, y a estrecharse la mano con afecto, para que avance y culmine la
gran obra que está realizando esta organización.
Una actitud
cordial – que suele expresarse muchas veces con una sonrisa o un apretón de
manos – es el pasaporte universal para la comprensión mutua.
Mitiga las tiranteces y crea el ambiente favorable para conciliar las
disputas. Por supuesto, estas no se
resuelven tan sólo mediante la cordialidad.
Hay hombres juiciosos y reflexivos que se preguntan con angustiosa
sinceridad cómo es posible convencer a las naciones, con diferentes sistemas de
vida y de gobierno, que colmen sus aspiraciones sin recurrir a la violencia.
Hay una fábula
que expone la raíz misma de algunos de los obstáculos que impiden la
conciliación. Cierta vez, se
apareció un ángel durante una conferencia realizada por altos representantes
de las naciones poderosas del mundo. El
ángel anunció que el cielo se hallaba muy atribulado a causa de las discordias
terrenales. “La dificultad”,
dijo el ángel, “es que cada uno de ustedes veta las peticiones de los otros.
Tengo la misión de concederle un deseo a cada uno de ustedes, el cual se
cumplirá aunque se opongan los otros.”
Uno de los
representantes expuso su petición: “Deseo que una gigantesca manga marina
engolfe a su país”, dijo lanzando una mirada a uno de los circunstantes.
“¡Esas
tenemos!”, exclamó el diplomático del país aludido, “si es así como
vamos a entendernos, yo deseo que una plaga terrible los azote, y mueran todos.”
Hubo una
pausa, y el mensajero celestial se dirigió al tercer delegado.
“Todo lo que deseo”, dijo éste en tono conciliador, “es una buena
taza de té; pero no se apresure… atienda,
primero, los solicitudes de estos dos buenos señores.”
Lo
inquietante de esta fábula es que simboliza, con gran realidad, las bases sobre
las cuales abordan toda conciliación las naciones grandes y pequeñas.
Sin llegar a anhelar una hecatombe en el país contrario, existe la
suposición implícita de que la premisa de todo acuerdo es que el adversario
renuncie definitivamente a todos sus principios y aspiraciones.
En la práctica, esta filosofía presupone un mundo en el cual cada nación
puede desenvolverse, si es necesario, sin ningún sentido de cooperación y
resolver sus dificultades con otras naciones mediante el simple expediente de
ignorar su existencia.
Procurará
encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros
pueblos. Esto
no implica, de modo alguno, el deseo de que una nación se transforme en la
imagen de otra. Lo que se propone es
un análisis sereno y objetivo de las condiciones reales, como también de las
necesidades y aspiraciones de los pueblos concernientes. No
se espera que ninguna de las partes renuncie, en el acuerdo que se formule, a
sus principios o aspiraciones, sino que cada cual consiga sus anhelos mediante
los beneficios provenientes de la cooperación.
Al adoptarse esta actitud, se considera que los otros pueblos – lejos
de constituir entidades ajenas y extrañas que se puedan mantener ignoradas –
están formados por hombres como nosotros y que, en tal virtud, es posible
encontrar o idear acuerdos, soluciones y convenios que sean beneficiosos para
todas las partes interesadas.
¿Parece
esto demasiado idealista? De ningún
modo. La historia nos ofrece muchos
ejemplos que prueban su realismo. Por
varios siglos los musulmanes y los cristianos combatieron por la supremacía
mundial. Ninguno de los dos grupos
ha abandonado su meta; pero el conflicto se ha suavizado debido a que ambos
emplean, por lo general, mayor indulgencia en la consecución de otros intereses.
A pesar de que Rusia y la Gran Bretaña estuvieron enfrascadas en
incesantes hostilidades diplomáticas en el curso del siglo XIX, fueron aliadas
en las dos guerras mundiales. Algunos
de los países enemigos en la Segunda Guerra Mundial son amigos en la actualidad.
La actitud
que adoptan los beligerantes influye también en los resultados.
Dos propietarios vecinos se hallaban en frecuentes querellas sobre el
lindero demarcado por una cerca. Finalmente
uno de ellos, cansado de tanta discordia, vendió su propiedad.
Una vez efectuada la transacción dio cuenta de la disputa al nuevo dueño.
“Va usted a tener molestias con su vecino”, le dijo.
“El cree que la cerca debe moverse metro y medio hacia este lado.
Prepárese a un litigio en la corte.”
En cuanto
el nuevo dueño tomó posesión de la casa, el vecino se aproximó echando
chispas por los ojos. “Va a tener
que mover la cerca”, lo conminó. “Está
a metro y medio dentro de mi propiedad. Tendrá
usted que comparecer en la corte.”
“No hay
necesidad”, replicó el nuevo propietario.
“Estoy enterado de sus exigencias y, por lo que a mí respecta, puede
moverla donde quiera.”
El vecino
se sintió desconcertado y, sin saber que responder, se alejó mascullando
palabras incoherentes. La cerca se
quedó donde estaba.
Los
rotarios han probado la eficacia de esta actitud en la solución de muchos
conflictos. Quizás la consideración
más notable es el delicado equilibrio requerido del rotario como individuo.
De vez en cuando, rotarios de varios países reúnen en conferencias
privadas con el fin de desarrollar conceptos que puedan ofrecerse a los
funcionarios de los respectivos gobiernos como base para solucionar conflictos
fronterizos o insinuar maneras de unificar de nuevo países que por una razón u
otra han sido fragmentados. Invariablemente,
estos rotarios han actuado como individuos leales a sus propios países y
dedicados a poner en ejecución los principios de Rotary en lo que atañe a
comprensión internacional y paz mundial.
Durante la
existencia de Rotary, dos tremendas guerras mundiales y otros numerosos y
devastadores conflictos que han desgarrado el tejido de las relaciones
internacionales, han llegado a su final. Después
de ellos, en cada uno de los países interesados los rotarios se han reunido
para reavivar los sentimientos de comprensión internacional a través de ayuda
mutua, otra expresión del Objetivo de Rotary.
La senda de
la conciliación de Rotary y de los rotarios por el mundo entero, ha tropezado
con barreras en varios períodos. Cuando
mediante la aplicación de diversos medios, esos obstáculos se han salvado, se
ha acelerado el proceso de reconciliación a través de numerosos intercambios
entre los rotarios: alguna vez, una delegación rotaria de la Gran Bretaña al
Uruguay; o la celebración del Día de las Naciones Unidas por un Rotary Club en
Portugal; o tan sólo una reposada charla en una noche entre rotarios de
distintas partes del mundo, congregados con ocasión de una convención
internacional.
Como es
natural, a la mayoría de los rotarios no se les presenta la oportunidad de
seguir la senda de la conciliación en circunstancias tan dramáticas.
Sin embargo, pueden esforzarse en hallar campos comunes de avenencia
mediante sus relaciones personales y discusiones con otros rotarios –con los
del mismo club y con los socios de clubes establecidos en lugares distantes.
En esta forma, todo rotario tiene la oportunidad de hacer uso de Rotary
para comunicarse con hombres de espíritu constructivo a fin de conocer cuáles
son las verdaderas necesidades y aspiraciones de sus conciudadanos.
Una vez descubiertos los intereses vitales, es posible buscar los medios
para satisfacerlos sin menoscabo de las aspiraciones esenciales de otras
naciones. Convendría, mientras
tanto, compartir dichos conocimientos con los demás y difundir el anhelo
constructivo de armonía.
Por
consiguiente, se deduce que los que siguen la senda de la conciliación deben
poseer imaginación e ingenio. Hay
que aventurarse a suponer que uno es algo así como un ministro de relaciones
exteriores que participa de las responsabilidades que trae consigo la dirección
de las relaciones internacionales de su país; pero sin las presiones inherentes
a dicho cargo. El reto consiste en
enfocar cada uno de los problemas internacionales en su verdadera perspectiva,
considerando todos sus aspectos. ¿Podría
usted concebir una solución que conviniese recomendar a sus compatriotas?
En realidad,
no es difícil imaginarse que estamos investidos de tal cargo.
Todo el mundo lo hace, inconscientemente, al leer el periódico o al ver
los noticiarios que se presentan en el cine o en televisión.
Es mucho más difícil, sin embargo, figurarse todos los diversos
factores que actúan en una situación o problema determinado.
Todo el que hace un estudio de las relaciones internacionales – por
superficial que sea – se siente anonadado por su complejidad.
Por lo tanto, es natural que se vuelva más comprensivo cuando el
ministro de relaciones exteriores parece desorientado y vacilante en sus
decisiones, en las que debe considerar los armamentos, al economía del país,
el sentir del público y dos o más alternativas opuestas.
Además, cualquier rumbo definido que tome provocará el ataque furibundo
de algún sector.
A pesar de
todo esto, la complejidad que caracteriza a las relaciones exteriores ofrece una
ventaja. Las propuestas
contradictorias tienden a influenciarse mutuamente, lo cual origina nueva ideas.
La circunstancia de que todas las naciones se hallen en la encrucijada de
alternativas opuestas, significa que cualquier país puede responder a la
persuasión si se examinan prolijamente las diversas alternativas, y se
establecen sus afinidades. En una
palabra, en las relaciones internacionales no se trata con entidades monolíticas.
¡Las naciones están formadas por individuos!
El hecho de
que Rotary se halle extendido por todo el mundo, es una oportunidad para que
cada rotario brinde su aporte en esta labor de “examen y búsqueda de
afinidades.” En el seno de Rotary
existe franqueza que posiblemente no haya en las comunicaciones que se cruzan en
las esferas oficiales. Debido a esto,
el rotario que estudia un problema, valiéndose de un rotario de otro país,
tiene posibilidades de obtener una impresión más exacta de lo que ese pueblo
desea verdaderamente. Al mismo
tiempo, no sufrirá la desilusión que se produce cuando las declaraciones
verbales que se hacen no se traducen en decisiones apropiadas.
En vez de indignarse, tendrá comprensión.
Otra
ventaja derivada de la complejidad de los asuntos internacionales es que siempre
existe la posibilidad de aplicar soluciones técnicas.
Dado que vivimos en una edad tecnológica, podemos culpar a la ciencia no
se detiene en su afán insaciable de descifrar los enigmas que nos rodean.
Por ejemplo, ningún grupo se ha mostrado más decidido a encontrar una
solución al problema del control internacional de la energía atómica que los
hombres de ciencia que produjeron la bomba.
Consideramos,
por ejemplo, el caso relacionado con los derechos sobre las aguas de la zona del
Punjab. La línea limítrofe entre
la India y Pakistán cruza el sistema hidrográfico del río Indo, y deja la
mayoría de los canales en el territorio del Pakistán, mientras las cabeceras
de los ríos y las obras hidráulicas que regulan el agua de los canales, se
hallan en la India. La disputa sobre
la utilización de las aguas ha sido una de las principales causas de división
entre los dos países. En ese estado
de cosas, un grupo de ingenieros presentó un plan sobre el aprovechamiento de
las aguas que se desperdiciaban, el cual aportaba beneficios para ambos.
Como dijo uno de los ingenieros: “La forma de pensar es lo esencial.
El paso decisivo es conseguir que un canal sea, para todos, meramente un
canal, o sea una obra de ingeniería y no la causa de controversias políticas.”
El
procurar encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con
otros pueblos, implica
la decisión de identificarse con el modo de pensar y el modo de sentir – al
parecer incomprensibles, en muchos casos – de los otros pueblos, y estar
resuelto, además, a explorar todas las posibles soluciones de orden técnico.
Desarrollar es la palabra esencial de la cita anterior.
El desarrollo entraña esfuerzo y tiempo.
Muchos conflictos de orden internacional son materia de discusiones que
duran por largos años, sin lograrse apreciables resultados.
En consecuencia, la opinión pública se impacienta, sobre todo en los países
directamente comprometidos en la situación.
Lo que pasa es que los pueblos suponen que existen soluciones perfectas e
inmediatas. ¿A qué se debe esta
creencia?
Parte de la
explicación se halla en los sistemas de información pública, de los cuales
obtiene el pueblo casi todas las noticias y el resto se debe a los métodos
usados en las negociaciones.
Estas se
realizan, por lo general, mediante conferencias, o sea congregando a los
representantes de los países interesados. Es
entonces cuando se inicia el desenvolvimiento del drama: detrás de cada
delegado hay un pequeño grupo de expertos que representan a los funcionarios
que no asisten a la conferencia, pero que están activamente vinculados con las
negociaciones; en la galería se ven varias filas de espectadores provenientes
de diversos sectores de la ciudadanía, los cuales acuden a la conferencia tanto
por razones de lo más encomiables como de lo más frívolas.
Por supuesto, se hallan ahí los representantes de la prensa.
Resplandecen las luces de los aparatos de televisión, y los micrófonos
de varias radiofusoras se hallan listos para difundir, a todos los confines de
la tierra, cada palabra que se pronuncie. Y
entonces comienza a desarrollarse la escena.
He aquí la realización del sueño más preciado de los estadistas del
mundo: ¡La diplomacia a puertas abiertas!
Este sueño
nació del resentimiento contra el cinismo que caracterizaba a las negociaciones
secretas. Se suponía que la
honestidad prevalecería las transacciones internacionales se desarrollaran a la
vista del público. Además, no hay
que olvidarse que los pueblos tienen el derecho de enterarse.
Desafortunadamente,
este método encerraba tentaciones que nadie había previsto.
El diplomático, en su papel de delegado, se revelaba a menudo como un
ferviente propagandista, anheloso de lanzarse en furiosas tiradas, o tejer, con
más o menos sutileza, una serie de embustes.
Si mostraba la más leve tendencia de llegar a un entendimiento con el
oponente, era motejado de pusilánime o “derrotista” por los políticos de
la oposición, o en los editoriales de los diarios.
En estas condiciones, sólo un estadista de la talla de Churchill podía
atreverse a exigir que se retornase a la diplomacia privada.
Sir Winston declaró una vez:
Esta
conferencia no debe verse obstruida por un programa tedioso o rígido, no
conducirse por laberintos o marañas de minucias técnicas, impugnadas con ardor
por horas de expertos y funcionarios reunidos en un vasto y engorroso despliegue.
Esta
conferencia debe limitarse al menor número posible de personas y potencias.
Conviene que las regiones se caractericen por cierto grado de
informalidad y por un grado mayor aún de reserva y aislamiento.
Si bien es
probable que no se obtenga un acuerdo definitivo y perentorio, es de esperarse
que, entre los asistentes, prevalezca un sentimiento general de que hay algo
mejor que desmenuzar a la humanidad, incluyendo a ellos mismos.
¿Ofrece
este tipo de negociaciones alguna esperanza de eliminar los obstáculos que
obstruyen ahora la senda de la conciliación?
Sus preconizadores arguyen que el público se vería libre de la confusión
e incertidumbre creados por la diplomacia a puertas abiertas, con la
irremediable publicación, a grandes titulares, de una nueva crisis cada día.
Por otra
parte, el público tiene el derecho de informarse – el derecho de estar
presente cuando se discuten sus destinos. Los
proponentes de la diplomacia abierta opinan, con igual vigor, que la presión y
vigilancia que ejerce la ciudadanía contribuyen a elevar el nivel de la
diplomacia, y que es el mejor medio para lograr, con el tiempo, una diplomacia
que se conduzca directamente entre los pueblos.
La personas
valerosa – y conviene subrayar que debe ser valerosa – que siga la senda de
la conciliación, debe poseer también paciencia.
La paciencia atempera el ardor de las convicciones con el hálito y la
virtud del sentido común. Mantiene
viva la imaginación en la tarea de comprender los puntos de vista de los otros,
y en el análisis de los problemas técnicos.
Sobre todo, se requiere paciencia para soportar las objeciones del público
en las etapas delicadas de las negociaciones, en que se llegue a insinuar que se
fragua una traición, y en que se exijan únicamente soluciones perfectas.
El hecho
mismo de que sea necesario buscar campos en que exista comunidad de ideas,
excluye la posibilidad de soluciones perfectas.
No es posible esperar la rendición incondicional, ni una victoria para
uno de los bandos. Muy poco se
alcanza poniendo un asunto a votación si los resultados significan aislar a una
minoría y enardecer su espíritu de oposición.
La obra de conciliación consiste en idear soluciones alternativas,
basadas en los puntos de avenencia que se hayan encontrado mediante sinceros
esfuerzos para entender los puntos de vista de los otros.
Muchas
personas se figuran que esta labor se aproxima a la de un mecánico: Una obra
precisa de ensambladura, similar a la de armar un automóvil.
Más adecuadas, tal vez, sean las dotes del jardinero, que se da cuenta
que lo único que puede hacer es facilitar el crecimiento de las plantas
mediante el cultivo conveniente de la tierra, o también de la graduación de la
atmósfera cuando se trata de un invernáculo.
Un jardinero nunca se olvida que debe adaptarse a los dictados de la
naturaleza, de la cual sólo es un colaborador.
Muy poco alcanzaría un grupo de mecánicos al tratar de transformar, de
acuerdo con sus planos, un lugar salvaje; pero un jardinero paciente, y
conocedor de sus limitaciones, obtiene valiosos resultados.
“Uno de
los ejemplos más fascinantes de la posibilidad de conseguir la cooperación
internacional”, escribió un rotario, “lo ofrece uno de esos jardines donde
hay plantas, arbustos y árboles de todo el mundo, que se desarrollan y florecen
juntos, en perfecta armonía y belleza sin par, y entre todos crean algo donde,
a juicio de muchos, el hombre se siente más cerca de su Hacedor.
“Todo
jardín constituye una lección de cordura, cuyo fundamento, en este caso, es la
aceptación de que todo resultado final depende de la buena preparación del
suelo. Lo mismo ocurre con Rotary.
La cosecha que vislumbramos es la paz y la estabilidad en el mundo.
La simiente que se va a depositar es el compañerismo y la amistad, como
también la comprensión mutua, la buena voluntad y la buena fe.
El desenvolvimiento de la mente y de los pensamientos de cada rotario,
constituye el suelo fértil, cuya preparación es lo primero, en orden de
importancia…”
3
La Senda de la Libertad
Defenderá la ley y el orden para que el individuo siga gozando de
libertad de pensamiento, palabra y reunión, y nunca sea objeto de persecuciones
y agresiones, de miseria y temor
(Del
Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)
La libertad
es un elemento básico de la sociedad civilizada; figura, en la actualidad,
entre los principios proclamados por la mayoría de las naciones.
Sobre la libertad se ha escrito más que sobre ningún otro tema y, sin
embargo, existen muy pocos principios tan escarnecidos por individuos que, de
modo consciente o inconsciente, lo han usado y lo continúan usando como arma
ideológica para promover causas egoístas.
Los
rotarios están profundamente interesados en la libertad.
Lo han demostrado tanto en sus declaraciones como en sus obras.
No vamos a tratar aquí del concepto de la libertad en sus
manifestaciones políticas, económicas y religiosas, pues sería materia de
libros más voluminosos y de proyecciones más filosóficas.
La
importancia que para los rotarios merece la libertad, se demuestra claramente
mediante la atención especial que se da al tema en el Esbozo de Normas en
materia de relaciones internacionales. Antes
de la declaración explícita que se transcribe al iniciar este capítulo, se
expone plenamente el concepto que tienen los rotarios sobre la libertad:
El ideal de
servicio rotario sólo encuentra expresión donde el individuo goza de libertad
de pensamiento, palabra, reunión y cultos, y donde no es objeto de
persecuciones y agresiones, de miseria y temor.
La libertad,
la justicia, la verdad, el valor de la palabra empeñada y el respeto de los
derechos humanos son inherentes a los principios rotarios y son además vitales
para el mantenimiento de la paz y el orden internacional y el progreso de la
humanidad.
El tono
categórico de lo expuesto se debe a la importancia que los compiladores del
Esbozo de Normas – fortalecidos con las opiniones obtenidas de rotarios de
muchas partes del mundo – confieren a este principio.
La libertad del individuo, el respeto a su dignidad y la libertad de
pensamiento son de importancia vital para los rotarios.
Cuando se destruye la libertad desaparecen el orden y el progreso.
Con el
crecimiento de los gobiernos totalitarios en Europa y Asia, en el período
transcurrido entre las dos guerras mundiales, los Rotary Clubs comenzaron a ser
perseguidos. En cierto país, el
sistema totalmente regimentado que se impuso determinó la disolución de los
Rotary Clubs. En otro, se aprisionó
a los rotarios acusándolos de diseminar “ideas peligrosas”, por el hecho de
que pertenecían a una organización “Internacional.”
Hubo, además, un país donde se clausuró Rotary en aras de “una nueva
ideología política que ha condenado el pensamiento individual por considerarlo
como la falla estructural de toda una época, y lo ha reemplazado con el
pensamiento que interpreta la consciencia colectiva.”
En una
convención anual – la única oportunidad en que la organización adopta
acuerdos de carácter general – se respondió de modo abierto y decisivo el
reto lanzado contra la integridad de Rotary.
En la convención celebrada en La Habana, Cuba, en 1940, se declaró en
una resolución que donde no existen la libertad, la justicia, la verdad, el
valor de la palabra empeñada y el respeto de los derechos humanos, Rotary no
puede subsistir ni es posible que sus ideales prevalezcan.
Aunque
Rotary no tiene secretos ni rituales, como tampoco una rígida uniformidad, los
dictadores lo consideraban como una amenaza pues reconocían que era un símbolo
de la libertad. Retroceder en vez de
avanzar fue la orden del día en los países en que el gobierno asumió poderes
dictatoriales y se dio cuenta que Rotary era una organización que no podía ser
utilizada con fines de propaganda y persecución.
Antes de que estallase la Segunda Guerra Mundial, Rotary ya había sido
blanco de las decisiones oficiales en varios países.
A pesar de
los obstáculos provenientes de los bombardeos diurnos, del obscurecimiento
completo de las ciudades durante la noche y de las bombas volantes, muchos
Rotary Clubs continuaron celebrando reuniones.
Al transitar por las ruinas humeantes, se fortalecía en los rotarios el
sentido de responsabilidad y el deber de prestar ayuda.
Durante la época en que se intensificó la guerra relámpago, el Rotary
Club de Londres creó varios clubes en la zona de su jurisdicción.
Se iniciaron en todo el mundo obras de carácter internacional con el
objeto de ayudar a las víctimas de la guerra, socorrer a los prisioneros y
brindar hospitalidad a las tropas que se hallaban lejos de sus países.
Tal vez el cuadro más dramático de Rotary en un mundo en llamas es el
que se describe en un informe hecho por uno que estuvo presente en una reunión
rotaria, efectuada durante la invasión de una isla.
“En la
penumbra de un fétido túnel me encontré con un grupo de siete rotarios
rodeados de un grupos de heridos que se contorsionaban de dolor.
El único civil era el presidente del club, que había escapado… en un
pequeño bote. A falta de martillo,
golpeó la mesa con la culata de una pistola que tomó de un soldado que se
hallaba cerca de él, y abrió la sesión con los únicos miembros que quedaban.”
Esto prueba
que, a pesar de la lucha y la represión, subsistía el interés por algo que
significaba libertad. Algunos
Rotary Clubs continuaron, con otros nombres, celebrando furtivamente sus
reuniones. Por ejemplo, cierto club
se transformó en un coro denominado “Los Guacos” – que no cantan una sola
nota. Otro club tenía, con
regularidad, sus reuniones en un restaurante frecuentado por oficiales enemigos.
Se incautaron los archivos de muchos Rotary Clubs y por lo menos se dio
un caso en que el presidente del club fue encarcelado por el hecho de ser
rotario.
En cuanto
cesaron las hostilidades militares, se llevó a cabo una inmediata reorganización
de los Rotary Clubs en los países donde habían sido clausurados.
El dinamismo que desplegaron los clubes en la tarea de restauración
puede atribuirse, en parte, a la resolución adoptada por los rotarios en la
convención de 1940, celebrada en Habana. Era
evidente que, una vez reestablecida la normalidad, no había razón de posponer
la reiniciación de la cruzada por la confraternidad y la práctica de servicios
voluntarios. La muy lamentada
ausencia de Rotary Clubs en ciertos países no se debe a ninguna decisión que
haya tomado Rotary Internacional. Son
las condiciones existentes en esas naciones las que impiden su establecimiento.
Es evidente,
pues, que los rotarios tienen una razón especial para sentirse empujados hacia
la senda de la libertad, y es la preservación de Rotary, además de muchas
otras razones que consideran de gran valor, o tal vez se debió haber dicho de todas
las demás.
Nunca se ha
visto la humanidad antes un dilema tan definido y perentorio: todo hombre debe
decidirse entre una tenebrosa edad de despotismo y una áurea edad de libertad,
y no es raro que descubra que aun en “su propio hogar” hay emboscados
enemigos de la libertad. La lucha no
se desenvuelve únicamente a lo largo de las fronteras nacionales.
Existe una quinta columna en el suelo patrio y, posiblemente, hasta en
nuestras propias mentes, ya que tenemos la tendencia de defender la libertad negándola
a los que nos parece que la traicionan.
Cierta vez
que se hallaba un visitante en el modesto departamento que ocupaba en Roma el
primer ministro de Gasperi, se sorprendió al oír la música de un gramófono
cercano. Era nada menos que la “Giovinezza”,
el himno fascista, o sea la marcha del partido que había aprisionado a de
Gasperi y reducido al hambre a su familia. El
primer ministro movió la cabeza con tristeza. “Es
la condesa”, explicó, “trata de aliviar mi aburrimiento y soledad tocando
sus discos. Hasta hace poco sólo
los tocaba a las siete de la mañana, que ella sabía que era la hora que me
levantaba para ir a la oficina, y también a la 9 de la noche, cuando regresaba
a comer. Pero, desde que estoy
enfermo, los toca todo el día: ‘La Giovinezza’… ‘A las armas’…
‘Himno a Roma’… ‘El
Imperio’.”
“¿Por qué
no se queja usted?”
“Lo he
hecho”, respondió de Gasperi. “Hasta
he escrito una carta al primer ministro de Gasperi, firmada por mí y toda mi
familia; pero el primer ministro de Gasperi ha contestado que, en su carácter
de jefe del gobierno de un país independiente, tiene el deber de respetar las
libertades individuales, incluyendo el derecho de tocar música que uno quiera,
por lo cual no puede inmiscuirse en la vida privada de ningún ciudadano.”
¿Hasta qué
límites se debe, o se puede, respetar el ejercicio de las libertades
individuales en una sociedad libre? Se
suele decir que “la libertad de cada uno termina donde comienza la libertad
del prójimo.” ¿Cómo trazar la línea
divisoria? ¿En qué punto la
libertad individual debe someterse a la voluntad colectiva?
Y, ante
todo, ¿qué es lo que se entiende por libertad en las diversas regiones del
mundo?
Al terminar
la Segunda Guerra Mundial un corresponsal de los Estados Unidos asistió a un
almuerzo en Europa, y le tocó sentarse entre dos rusos: un fotógrafo militar y
un intérprete. El fotógrafo se
hallaba rememorando las hazañas del ejército ruso y el corresponsal se dirigió
al intérprete: “Pregúntele por qué razón cree él que se ha peleado.”
El intérprete hizo la pregunta al fotógrafo y la respuesta surgió como un disparo. “¡Svoboda!”, exclamó el ruso – “¡Libertad!” – y en el tono de su voz había un retintín que decía muy a las claras: “¿No lo sabía usted, pobre ignorante?”
“Pregúntele
qué es libertad”, añadió el corresponsal.
“¿Libertad?”,
repitió el ruso, titubeante, y luego continuó con firmeza: “Libertad es
saber cómo debe ayudarse a otro…”
En muchos
lugares del mundo los hombres luchan por la libertad, y las metas de la libertad
han sido confiscadas por hombres cuyas acciones constituyen una contradicción
con las ideas que decantan. Aun si
admitimos que parte del problema corresponde a la semántica, es un hecho que
para cien grupos diversos, hay cien significados diferentes.
Se constató
el tremendo problema que representa el definir el concepto de libertad, cuando
se reunieron los representantes de 58 naciones para analizar su significado.
Escudriñaron la historia y las tradiciones valiéndose de famosos
documentos redactados en el curso de las luchas sostenidas en todo el mundo para
defender la libertad. Discutieron el
significado de cada frase y analizaron sus implicaciones, y aunque después de más
de dos años de labor se aprobó la Declaración de Derechos Humanos con 40
votas a favor y ninguno en contra (10 naciones se abstuvieron de votar), la
controversia está lejos de haberse terminado.
Para los
rotarios, que están dispuestos a “defender la ley y el orden para que el
individuo siga gozando de la libertad”, la Declaración Universal de Derechos
Humanos ofrece una valiosa oportunidad. Rotary
Internacional fue una de las primeras organizaciones que lo difundieron.
Suministró a sus clubes copias de este documento para que se discutiese.
En muchos países los Rotary Clubs organizaron debates en sus comunidades.
Se publicaron folletos con los estudios hechos por los comités de
relaciones internacionales. Muchas
estaciones de radio difundieron los coloquios sostenidos por los rotarios sobre
el tema de los derechos humanos. Se
invitó a las escuelas para que realizaran certámenes de ensayos con premios
ofrecidos por los Rotary Clubs, y el 10 de diciembre de cada año se celebra en
diversas formas el aniversario de la aprobación de la Declaración.
Si bien los
defensores de la libertad han utilizado frecuentemente la Declaración como un
instrumento educativo para aclarar y confirmar el concepto de la libertad, han
despertado desazones, en algunos sectores, las tentativas que se han hecho para
darle fuerza de ley mediante un pacto internacional sobre los derechos humanos,
y la adopción de las medidas necesarias para garantizar su cumplimiento.
Una de las principales objeciones es que algunas naciones se hallan más
avanzadas que otras en el establecimiento de garantías – mediante la
apropiada legislación y el consentimiento popular – de diferentes aspectos de
la libertad. Dadas estas condiciones,
para que la fórmula legal que se creara fuese aceptable y aprobada por todas
las naciones, tendría que basarse en un común denominador que, necesariamente,
sería de un nivel ínfimo. Si se
pretende formular algo que sea aceptable para todos, lo probable es que no sea
aceptado por nadie. Se alega que una
fórmula de la libertad, reducida a su mínima expresión, tendería a debilitar
la protección de los derechos humanos que existen en algunos países.
Los Rotary
Clubs que han demostrado su espíritu de vigilancia al señalar este peligro,
sugieren también que la opinión pública, en cada comunidad, es el factor
decisivo para defender las libertades. Los
acuerdos internacionales sobre la definición de libertad y los procedimientos
de aplicación tienen muy poco o ningún efecto, a menos que haya la posibilidad
y la determinación de comprender el significado de la libertad al nivel que
existe en un determinado pueblo.
Los Rotary
Clubs proporcionan un foro donde puede discutirse a fondo el tema sobre la
libertad y los derechos humanos. Como
resultado de estos debates, cada rotario puede formular sus propias conclusiones,
basadas en los principios de Rotary y en consonancia con las condiciones
existentes en la comunidad donde se halla, como también de acuerdo con su
discernimiento personal y el de sus amigos.
Sobre esta base, decidirá defender, o no, los principios de libertad donde
él se halla. Ningún sistema
internacional podría proteger los derechos de cada tres mil millones de
personas. Por lo tanto, la
responsabilidad primordial debe limitarse a la comunidad donde se vive, y es ahí
donde la influencia de Rotary en defensa de los derechos humanos puede ser más
fructífera.
La reunión
semanal de cada Rotary Club constituye una de las líneas defensivas de la
libertad: la libertad de opinar. Aquí,
en el ambiente cordial de Rotary, es el lugar adecuado para el intercambio de
opiniones. Si bien la índole
susceptible a controversias de muchos problemas – especialmente los de carácter
internacional – ofrece dificultades y riesgo, debe tenerse presente que una de
las metas de Rotary es sustituir la pasión política con el anhelo de comprensión.
No es posible eludir los asuntos que provocan disensiones.
La forma de tratarlos es materia de espíritu de cada club.
“Me
agradan las risas ahogadas que suenan en un club”, dijo el presidente de un
Rotary Club en Inglaterra. “Me
encanta el murmullo de disentimiento.” Esto
describe el ambiente de Rotary – compañerismo amigable y familiar que se
robustece bajo el acicate de las diferencias rotundas de opinión.
Un
presidente de Rotary Internacional declaró:
“La
divergencia de opiniones es la verdadera esencia de Rotary.
En las instituciones religiosas o comerciales, analizamos las ideas con
personas con las cuales estamos de perfecto acuerdo.
El germen de Rotary es reunir a hombres diferentes: al carnicero, al
panadero, al abogado, al doctor. Mediante
las diferencias existentes, no las similitudes, Rotary busca la comprensión.
Debido a que en Rotary expresamos nuestras discrepancias sin ser
desagradables, conseguimos solucionar muchas diferencias.
Pero lo fundamental no es que debemos estar de acuerdo, sino tan sólo
que debemos explorar e instruir nuestras mentes a fin de que nuestro aporte a la
sociedad, después de nuestras reuniones, sea en la forma de servicios
inteligentes, basados en la debida información.
Los
rotarios no sólo utilizan las reuniones semanales para estimular el pensamiento
y para demostrar la manera de utilizar la liberad.
También han adoptado – o adaptado – otros tipos de reuniones con el
mismo fin. Las “reuniones hogareñas”
han devenido en una parte esencial del desenvolvimiento de Rotary.
Los rotarios y sus familias tratan una gran variedad de asuntos en estas
reuniones informales. Lo mismo
ocurre en las reuniones interclubes, en los foros generales interclubes y en
otras reuniones similares que se organizan de acuerdo con las necesidades y
preferencias de cada localidad.
Los
rotarios han aprendido, en todas esas asambleas, el valor que tiene la
intervención personal. En número
cada vez más creciente, los socios de los clubes están reemplazando a los
“oradores expertos”. Estos son
valiosos; pero los rotarios se han dado cuenta que, en esta edad que se
caracteriza por la rapidez y amplitud de las comunicaciones ya la abundancia de
libros y revistas, como también gracias a la facilidad de ponerse en contacto
con los rotarios de otras tierras, más y más rotarios pueden – y deben –
convertirse en expertos.
El editor
del boletín semanal de un club, que hizo el descubrimiento, escribió lo que
sigue:
No tendríamos
problemas de asistencia si todos nuestros programas fueran como él de la semana
pasada. Constituyó una sorpresa
para muchos de nosotros el descubrir el gran caudal de talento y habilidad que
existe entre nuestros propios socios. Y
lo mejor de todo es que todos se sienten en libertad de expresar su desacuerdo.
El debate de la semana pasada continuó después de la reunión.
Y aún prosigue.
Si los
rotarios tienen confianza en que lo que dicen es lo suficientemente importante
para exponerse en público, es más probable que den mayor valor a lo que otros
digan o piensan, y los animen a expresarlo – lo cual representa una fase de la
libertad tan importante como cualquier otra.
Por ejemplo,
Adolph A. Berle, Jr. opina que todo lo que pueden hacer las constituciones,
estatutos y tribunales es resguardar los “derechos” a modo de permisos.
La peor amenaza, afirma él, es la acumulación, en una sociedad, de
fuerzas que inducen a los hombres a no hacer de estos permisos:
Son las
fuerzas aletargadoras que, en diversas formas, inducen al individuo a no
explayar sus pensamientos, a no disentir, a no hablar de asuntos que se
consideran inapropiados, a no perturbar o disgustar al grupo en que uno se
desenvuelve. Se suman a esa opinión
de efectos paralizantes – cual miasmas soporíferos – que al parecer
considera que las vidas y los pensamientos de los hombres emergen al mundo sin
repercusiones, y lo abandonen sin dejar huella…
En las
sociedades más refinadas, el peligro que se yergue en contra de la libertad
procede de la indolencia y conformismo, o sea Goethe denominó “la mortal
trivialidad que nos encadena a todos.” Por
el contrario, en muchas partes de las regiones que se hallan en la etapa inicial
de desarrollo, el peligro estriba en su desesperada devoción a la libertad: Una
obsesión de imponerla en pueblos que no están preparados para utilizarla con
sensatez y provecho.
Sea cual
fuere la situación de un determinado pueblo, los rotarios de cerca de 150 países
y regiones geográficas se hallan en posición excelente para dar ejemplo y
difundir los principios de la libertad al nivel que sea necesario; pero siempre
dentro de los lineamientos de las normas de Rotary.
Desde que
finalizó la Segunda Guerra se ha concedido la independencia – la libertad –
a cientos de millones de personas. Existen
muchos millones más que se alistan a sumarse al número de los pueblos libres.
Hubo un tiempo en que estos millones recibían la libertad de otros; pero
ahora la causa de la libertad se ha convertido, según las palabras de Tom
Paine, en “la causa de toda la humanidad.”
Para los
millones que no gozan la libertad, y la desean apasionadamente, la libertad es
una brillante esperanza y una consigna para unirse; para los pocos que la temen,
es peor que la muerte; y para los que la tienen y la atesoran, la libertad es la
base de la dignidad humana y una de las sendas hacia la paz y la abundancia.
Existen
también los que la temen, pero simulan propugnarla.
Durante los años en que millones de personas ganaron cierto grado de
libertad al conseguir su independencia política, otros tantos millones, o más,
han ido eclipsándose detrás de varias cortinas de totalitarismo.
Por otra parte, los millones de hombres que vivían en tierras donde se
iniciaba el progreso, y cuyo principal deseo era forjarse sus propios destinos,
se hallaban desorientados y no sabían el lugar que les correspondía en el
panorama mundial. Russell Davenport,
el desaparecido escritor de los Estados Unidos, expuso con exactitud el problema
en las siguientes líneas: “Nuestra idea de libertad no parece responder a las
necesidades ni a los ideales de la mayoría de los habitantes del globo.
Falta en allá cierto elemento, algo que ellos necesitan, algo que
debemos expresar en palabras si queremos que nuestra doctrina de libertad tenga
un timbre auténtico, y es mejor que descubramos ahora mismo en qué consiste
ese ‘algo’, pues, a menos que lo incluyamos, el comunismo se adueñará y
absorberá la causa de la humanidad.
“Hay
‘expertos’ en la teoría de la libertad”, continúa él, “en la misma
forma que hay expertos en todo lo demás; pero tienen la tendencia de expresarse
en un lenguaje demasiado especializado y exclusivo de su círculo, que no está
al alcance del profano. Y es al
individuo común y corriente, no al experto,… a quien aludimos…
Nos referimos a esos millones de personas que no pretenden poseer
conocimientos especiales de ninguna clase, excepto los que se relacionan con sus
propias actividades; pero que, sin embargo, se hallan forzados por las
circunstancias de la vida democrática no sólo a tomar sus propias decisiones,
sino a guiar los demás…”
Se diría
que hacía referencia a los rotarios – a los rotarios que se reúnen, debaten,
escriben, profesan un culto, trabajan y guían.
Se hallan a la vanguardia de los que entienden lo que es libertad, de los
que saben que la libertad es “un grave emplazamiento”, según las palabras
de Thornton Wilder. Si queremos
defender la libertad contra el ataque sorpresivo, o contra la conformidad – el
insidioso enemigo –, el costo será algo más que la proverbial “eterna
vigilancia’. El precio es ahora más
alto.
El precio
es estudiar, investigar, defender y servir, más el convencimiento de que
la libertad es más que poseer algo: es vivir algo, y desear que
otros también lo compartan. La
libertad es acción en pro de algo, no en contra; es positiva,
vibrante, de hondo significado. Es
además, indivisible, pues en la edad que vivimos, toda vez que se niega la
libertad a alguien, en cualquier parte del mundo, se pone en peligro la del
resto de la humanidad.
Ninguna
nación puede afirmar que garantiza totalmente el goce de la libertad y la
protección de la dignidad. Y aunque
es verdad que algunos ponen más ardor en protegerla, no hay individuo ni país
que tenga el derecho de vanagloriarse. La
libertad es un concepto en continua evolución – una meta distante que siempre
se halla muy a la vanguardia de toda sociedad – al final de una senda que vale
la pena seguir, pues conduce a esferas más elevadas.
Tagore, uno
de los más grandes poetas de la India, lo expresó con profundidad y sentido
universal cuando escribió:
Donde se vive libre de temores y con la cabeza en alto;
Donde el conocimiento es libre;
En esa tierra de libertad, Padre mío, haz que mi
Patria despierte.
4
La Senda del Progreso
Apoyará todo acto orientado hacia el mejoramiento del nivel de vida
de todos los pueblos, consciente de que la miseria, dondequiera que exista,
constituye un peligro para la prosperidad en cualquier parte.
(Del
Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)
DURANTE EL
PERIODO en que se lanzaron los primeros satélites, un rotario – al igual que
millones de personas en todo el mundo – leyó
en los periódicos que uno de los satélites pasaría a cierta hora de la
noche sobre la zona en que vivía.
“Salí al
jardín de mi casa algunos minutos antes de la hora señalada”, refirió él,
“dudoso de que el satélite apareciese en el momento anunciado, o que pudiera
divisarlo. Mientras me hallaba
sentado ahí, sumergido en el silencio que envolvía los árboles, arbustos y
flores, que me son tan familiares, tuve la impresión que era un lugar extraño
para presenciar un acontecimiento tan inusitado…
Volví a dirigir la vista hacia el Nordeste, y lo distinguí: Cruzaba
velozmente al firmamento y brillaba cual una estrella de segunda magnitud.
Lo seguí en su recorrido a través del firmamento – a 29,000 kilómetros
por hora – hasta que desapareció tras el horizonte.
“La noche
siguiente”, continuó él, “tuve que quedarme a trabajar en la oficina; pero
había leído en el periódico que el satélite sería otra vez visible aquella
noche desde nuestra ciudad. Embargado
en mis labores, me había olvidado completamente del suceso, hasta que me dirigía
a mi casa en automóvil. Consulté
el reloj, y advertí que se acercaba la hora en que debía pasar.
Como diera la casualidad que me hallaba cerca de un pequeño parque,
detuve inmediatamente el auto, y corrí hacia dicho lugar, donde podría abarcar
una mayor porción del cielo… Escudriñé
anhelosamente el sector norte, y lo divisé, más grande y brillante que la
noche anterior, cursando el cielo tachonado de estrellas,
Eché una ojeada a mi reloj, y constaté que había pasado con una
exactitud de 30 segundos respecto a los cálculos de los astrónomos.
¡Hubiese podido rectificar la hora de mi reloj, tal como lo solíamos
hacer a la llegada del tren de las 5:30 de la tarde!
En los 60 minutos siguientes, mis amigos, los seres humanos que pueblan
la anchurosa faz de nuestro planeta, también lo contemplarían, maravillándose
como yo, ante el portento que señalaba el comienzo de una nueva era.
Regresé lentamente al lugar donde había dejado mi automóvil, sin
percatarme de la imponente belleza de la noche – la luna, las estrellas, el
suave murmullo de las hojas, y la incesante serenata de los grillos.
Me sentía embargado de un nuevo e indescriptible sentimiento de temor…”
Era, en
realidad, el símbolo de una nueva edad, la Edad de la Fuerza Atómica y de la
Conquista del Espacio, y millones y millones de personas sientan misterioso
pavor al percibirlo. ¿A dónde nos
conduce? ¿Será una edad de paz y
abundancia… o una edad de confusión, desconcierto y luchas?
Nadie es capaz de predecirlo.
Sean cuales
fueren las metas a las que arribemos al postre y los métodos que se empleen
para alcanzarlas, los historiadores están de acuerdo en que esta edad tiene
otro nombre, el cual revela la magnitud del reto: La Edad de las Grandes
Expectaciones. Al cruzar el raudo
satélite por los cielos, ajeno por completo a las diferencias nacionales,
raciales, religiosas, económicas, sociales y culturales, como también a las
fronteras politicas, se ha convertido en un símbolo del progreso material y
tecnológico de toda la humanidad. No
es, por cierto, el símbolo adecuado para el ideal mas grande y mas noble de la
humanidad, el cual pertenece a las esferas espirituales; pero el que sufre
hambre, el desafortunado, el ignorante, “el peón que forma tres cuartas
partes de la humanidad”, de que nos habla Toynbee – todos han sentido, de
pronto, la esperanza de sumarse al progreso tecnológico y material.
El alimento
es, sin duda, la principal preocupación. Existe
también la necesidad de contar con suministro de agua, un techo para cobijarse
y una cama para reposar. Cosas que a
un cuarto de la humanidad no se le ocurre que podría faltarle, constituyen tan
sólo una esperanza para el resto. Diez
años después de terminar la Segunda Guerra mundial, tiempo en el cual se
llevaron a cabo enormes planes y se emprendieron costosísimas obras, nos
encontrábamos ante la angustiosa realidad de que había más gente sufriendo
hambre. ¡La mitad de los
trabajadores del mundo ganan anualmente menos de 100 dólares!
En dos
terceras partes de la población del mundo, el término medio de vida es
aproximadamente de 30 años. Casi la
mitad de la humanidad no sabe leer ni escribir.
En muchos lugares no ha mejorado el nivel de vida en el transcurso de mil
años, y hasta existen pueblos donde ha empeorado.
¿Puede la
tierra producir suficiente alimento para una población que se acerca a cuatro
mil millones? Sobre este punto hay
divergencias entre los expertos. Por
supuesto, existirían los problemas de distribución, aun si se resolvieran los
relativos a la producción. El geógrafo
inglés L. Dudley Stamp sostiene que “si se aplicaran, en todas las zonas que
se hallan hoy bajo cultivo, los mejores sistemas agrícolas que hay en uso, se
podría alimentar adecuadamente a una población de 3,000 millones.
Si se cultivaran además en esta forma todas las tierras aprovechables
que ahora no se utilizan – o tan sólo de modo muy inadecuado – seria
posible alimentar a una población de 10.000 millones de habitantes.
Si consideramos el hecho de que la ciencia aumenta y supera sin cesar el
cúmulo de nuestros conocimientos, se puede estar seguro que se descubrirán métodos
que simplifiquen el problema de alimentar a la humanidad, siempre y cuando el
hombre derribe las barreras que él mismo ha levantado entre una nación y otra.”
Esto, por supuesto, es tan sólo la opinión de uno de los hombres de
ciencia, pues hay muchos otros que están en total desacuerdo.
Algunos creen que el mundo está perdiendo la lucha por conservar los
recursos naturales.
¿Qué
papel debe desempeñar Rotary en este aspecto?
¿Puede contribuir en alguna forma? De
acuerdo con el Esbozo de Normas, la libertad es también vital para el
mantenimiento de la paz y el orden internacional y el progreso de la humanidad, y
ahora exhorta el apoyar todo acto orientado hacia el mejoramiento del nivel
de vida de todos los pueblos, a modo de contribución particular en la senda
de progreso.
No es fácil
conservar la fe en el progreso, después de los horrores de dos guerras
mundiales; al percatarse de todas las barreras que se han levantado entre una
nación y otra, y darse cuenta de las condiciones en que se ve forzada a vivir
gran parte de la humanidad. No es
pues extraño que a veces uno crea que la fe en el progreso no pasa de ser una
ilusión.
Si es así,
habría que subrayar entonces, que en la actualidad es mayor que nunca el número
de los que la alientan. La fe en el
incesante progreso material, que anteriormente sólo existía en las naciones
occidentales, se ha convertido en la aspiración fundamental de los pueblos
menos adelantados del mundo. Como
resultado del impacto de la guerra y de las luchas políticas, se sienten
animados de la férrea convicción de que también ellos pueden gozar de los
beneficios de la ciencia y de la técnica. Y
hasta el observador menos perspicaz puede advertir que lo van a conseguir.
En qué forma, con la ayuda de quién, dónde y de qué modo, es lo que
atañe a Rotary.
En un
proceso de esta naturaleza, hay que admitir que el adelanto no es el resultado
de meros deseos; los pueblos menos desarrollados no pueden forzarse quimeras de
esta clase. El mejoramiento del
nivel de vida exige de los interesados los mayores esfuerzos y sacrificios con
el objeto de acumular el capital necesario, educar al pueblo y, en muchos casos,
efectuar cambios radicales en la estructura social.
Mas por grandes que sean los esfuerzos que hagan, no podrían conseguirlo
por sí solos. Deben recibir ayuda
de los pueblos adelantados que poseen la técnica y los conocimientos requeridos,
los recursos disponibles para hacer inversiones y, sobre todo, el deseo de
ayudar. El Esbozo de Normas da por
sentado que los rotarios tienen el deseo de ayudar.
Muchos volúmenes
se podrían escribir con pruebas en respaldo de lo dicho.
El ideal de servicio que invocan los rotarios no es una mera actitud.
Son incontables los casos en que han prestado desinteresada ayuda, la
cual no se limita a sus propias comunidades o países.
Se extiende más allá de las fronteras.
“El que
da primero da dos veces”, pudiera haber sido el lema de un pequeño Rotary
Club que procedió a enviar, sin dilación, herramientas de carpintería y de
albañilería a los pueblos afectados por un terremoto en el Ecuador.
El gobernador del distrito de Rotary envió la siguiente carta de
reconocimiento a dichos rotarios:
Se ha
traducido al español su muy interesante carta, y la voy a remitir a todos los
clubes de mi distrito a fin de que
se enteren de todo lo que son capaces los rotarios, aun en los casos en que se
trata de un pequeño número. Al
mismo tiempo, temo que esto haya significado un desmedido sacrificio impuesto a
su generosidad: martillos, llanas, serruchos, clavos; en muchos casos, de la
ordenada caja de herramientas de la señora de la casa…
¡Qué falta de consideración y de mesura!
Y luego, la agobiante tarea de empacarlas y despacharlas para beneficio
de los descendientes del Imperio de los Incas…
Nos damos perfecta cuenta de la magnitud del esfuerzo y de su hondo
significado. Los rotarios de nuestro
distrito conceptuarán siempre el nombre de su club como un faro que nos muestre
la verdadera senda en las relaciones internacionales.
Hemos
decidido construir algo permanente, tal como una escuela para niños o un nuevo
pabellón en el hospital, que los clubes de nuestro distrito sostendrán a modo
de símbolo perdurable de la generosidad de Rotary International.
Los Rotary
Clubs han brindado muchas veces su concurso con visión y energía, lo cual ha
merecido expresiones tan calurosas como la anterior.
Han iniciado campañas con el objeto de reunir fondos, alimentos y ropa.
Año tras año, se han hecho envíos continuos a diversas partes del
mundo –aun a costa de sacrificios personales—para incrementar las magras
raciones de algunas necesidades. Los
seres olvidados – las víctimas de la guerra de agresión en Corea, los
emigrados de Vietnam, los refugiados en Berlín y a lo largo de la frontera húngara
– se han beneficiado gracias a la solicitud que caracteriza a Rotary.
Toda vez que se han hecho sabedores a los rotarios de la existencia de
una necesidad susceptible de mitigarse en forma práctica, han respondido de
inmediato.
Así es,
Rotary puede elevarse a la altura de las circunstancias y, cuando se trata de
una labor que demanda un esfuerzo prolongado, los rotarios se mantienen en la
brega, como se demostró cuando los Rotary Clubs ingleses llevaron a cabo una
campaña de dos años, en la cual se obtuvo un producto neto de 100.000 libras
esterlinas (280.000 dólares) que se enviaron para ayudar a las aldeas
devastadas durante la guerra civil en Grecia.
Se rehabilitó a decenas de familias; 100.000 niños recibieron vestidos
y atención médica; se reconstruyeron totalmente varias aldeas.
Es evidente
que existe el anhelo de ayudar; pero, ¿es ésta la clase de cooperación que se
requiere para elevar el nivel de vida de todos los pueblos?
A fin de establecer una analogía en una esfera limitada, considere usted
el caso de una familia de su comunidad, que sufre una desgracia, tal como la
muerte del padre. El solucionar el
problema de sostener a la familia es comparable a la acción descrita en el
campo internacional. Sin embargo, es
diferente, el caso también común, del joven que decide establecer un negocio
por su cuenta, o necesita cierto aprendizaje a fin de emplearse con mejor
renumeración. Los rotarios tienen
también formas de asistir en estos casos, y ésta es precisamente la clase de
ayuda que necesitan los países que acaban de ingresar en la senda del progreso.
¿Están los Rotary Clubs y los rotarios en condiciones de cooperar a los
esfuerzos destinados a proporcionar una ayuda de tal clase?
Sí, lo están,
y en muchísimas formas.
Los ecos
del Esbozo de Normas pueden percibirse en la Ley para el Desarrollo
Internacional (Ley 535 de los EE.UU.):
Los pueblos
de los Estados Unidos y de otras naciones tienen un interés común en la
libertad y en los programas sociales y económicos de todo el mundo.
Un progreso de esta clase tiende a garantizar al desarrollo de las formas
democráticas de vida, la expansión del comercio en beneficio general, el
mejoramiento de la comprensión y buena voluntad internacionales, y la
conservación de la paz mundial.
Un ex
presidente de Rotary Internacional fue uno de los miembros de la junta asesora
que formuló el proyecto de ley, y hubo 43 rotarios entre los legisladores que
lo aprobaron. Entre los muchos
beneficios que ha producido, figuran las misiones de asistencia técnica a 60 países
que solicitaron ayuda para explotar sus riquezas naturales.
El programa emplea, en la actualidad, unos 2000 expertos en producción,
métodos de elaboración, distribución y administración.
Han viajado a los Estados Unidos 2000 técnicos con a finalidad de
perfeccionarse.
No sólo
los Estados Unidos contribuyen al progreso del mundo.
Existe también el Plan de Colombo, que es un convenio de asistencia
reciproca para el desarrollo de Asia. Asimismo,
Francia colabora en programas de esta clase, y hasta algunas naciones
relativamente pequeñas envían expertos al extranjero.
Unos 80 países contribuyen en las Naciones Unidas con su aporte técnico,
por mediación de agencias especializadas en salud pública, agricultura y
educación.
Las
personas que colaboran en el desenvolvimiento de estos programas son, para los
rotarios, aliados y ejemplos en el campo de las relaciones internacionales.
El conocimiento mutuo y la amistad es el fundamento de sus actividades, y
el experto que no posee el don de comunicarse y establecer buenas relaciones con
la gente del país donde presta servicios, lleva una gran desventaja.
Muchos de los que participan en estas obras de asistencia técnica son
rotarios o se hacen socios – si reúnen los requisitos necesarios – de los
clubes establecidos en los lugares donde trabajan.
Según declaran, el pertenecer a Rotary los ayuda en el desempeño de sus
funciones.
Un rotario
ha planteado una idea interesante. ¿No
sería posible encontrar voluntarios para estos servicios entre los miles de
profesionales y hombres de negocios que se hallan retirados por razones de edad?
Después de todo, poseen la experiencia técnica y adaptabilidad mental
necesarias, y gozan de excelente salud. Es
posible que les sea duro el verse postergados después de haber preparados a
otros para que ocupen sus puestos. Podrían
muy bien aportar su habilidad técnica a los pueblos que luchan por mejorar su
nivel de vida.
“Además
de la ayuda que prestasen en las zonas que lo requieran”, concluye él,
“tendrían gran satisfacción de contribuir con sus conocimientos, prolongarían
en muchos años su vida activa y, al retornar a su tierra, tendrían la
oportunidad de hablar a sus amigos de la excelente gente del extranjero…”
Para el
rotario que por algún motivo no le sea posible responder a este llamado, hay
otras formas de ser útil. Puede
capacitarse con el objeto de informar a otros sobre la necesidad de mejorar las
condiciones de vida de los pueblos del mundo.
Es deplorable la ignorancia del público, especialmente en los países
llamados “avanzados.” Pocos se
dan cuenta de lo exiguos que son los recursos naturales en relaciones con las
necesidades actuales. Otro ex
presidente de Rotary Internacional, presidente de un comité legislativo sobre
energía atómica en su país, hace un llamado a todos los Rotary Clubs para que
organicen anualmente cuatro programas con el exclusivo fin de tratar sobre el
empleo industrial de la energía atómica. El
cree que sólo mediante la pronta información al público, se pueden salvar los
múltiples escollos que obstaculizan la ruta hacia la edad atómica.
La
información es sólo el primer paso. El
rotario o club que se halle consciente de los problemas puede contribuir
eficazmente. El joven que fue
agraciado con un préstamo para estudiantes y que posteriormente inventó, en
cooperación con otro, un sistema que tal vez permita que la energía atómica
sea tan abundante como el hidrogeno pesado que hay en los mares, constituye un
orgullo para el Rotary Club que lo patrocinó.
Se debe infundir entusiasmo por instruirse en todas las ramas de la
ciencia, a fin de responder a la urgente necesidad de más técnicos.
Cada cual
puede contribuir al adelanto material de la humanidad ayudando a sostener uno de
los organismos públicos o privados que se dedican a mejorar las condiciones de
vida. Los Rotary Clubs de varios países,
han tomado la iniciativa en urgir que se contribuya al Fondo para Niños de las
Naciones Unidas (FNNU). Muestran
todo lo que se puede adquirir con una pequeña cantidad de dinero en la obra de
alimentar a los menesterosos y en combatir las enfermedades.
Por un dólar, dicha agencia puede proporcionar una docena de dosis de
penicilina para curar las horribles úlceras que produce la frambesia en los
cuerpos de los niños. Con una suma
igual, invertida en la vacuna BCG, se inmunizan a cien niños contra la
tuberculosis. Se espera que pronto
será eliminada virtualmente esta terrible enfermedad, y se vislumbran drogas,
igualmente eficaces, contra la malaria – el terrible flagelo de los trópicos
– que causa tantas muertes y socava en tal grado la energía.
Rociando los pantanos con insecticidas se pueden habilitar para el
cultivo enormes zonas que ahora no es posible utilizar en la lucha por la
alimentación.
Puede también
contribuirse a la marcha del progreso mediante la confraternidad mundial de
Rotary. Muchos Rotary Clubs del Asia
han tomado bajo su protección alguna aldea azotada por el hambre y la necesidad.
Podrían emprenderse muchas otras obras de índole similar, si Rotary
brindase su ayuda en otros países. Su
participación en tal sentido sería muy honrosa para cualquier Rotary Club,
pues en Asia los rotarios están dedicados por completo a esta causa.
La siguiente escena típica viene de la India:
No podemos
menos que sentirnos satisfechos que, después de un par de meses de formular
planes y trabajar con azadas, todo se haya desenvuelto, en la aldea de Rotary,
de acuerdo con nuestros deseos. La
mayoría de los socios presente abrieron zanjas para echar la basura de la aldea
que habíamos adoptado. Después de
esto, iniciamos el día de baño para los niños de la aldea.
Se les enseñó, primero, la forma de cepillarse los dientes, y luego los
enjabonamos y bañamos en agua tibia. A
medida que los niños emergían limpios, iban recibiendo leche caliente que habíamos
preparados con la de tipo deshidratado que teníamos.
¡Qué sensación de bienestar deben haber sentido estos niños después
de bañarse y tomar un vaso de leche caliente!
Cosas
simples… cosas fundamentales… El suministrar saneamiento, viviendas,
industrias domésticas y, sobre todo, educación.
Se pueden citar muchísimos ejemplos – y el número va en aumento –
en que se ha conseguido que los aldeanos ingresen con paso firme en la senda del
progreso material. No es necesario
efectuar al trabajo que tenga que hacerse, sino tan sólo proporcionarles la técnica
y los conocimientos a fin de que ellos mismos lo hagan.
La ayuda local de Rotary sería mayor si se supiera que se va a tener la
cooperación de los rotarios de otros lugares.
No hay ningún club que no pueda contribuir al adiestramiento y envío de
un técnico para que trabaje en los países que empiezan a desarrollarse.
Para
suministrar los medios necesarios para la educación básica en los lugares
menos avanzados, los rotarios de algunos países obsequian a sus clubes cupones
de obsequio de la UNESCO. Con estos
cupones se obtiene el equipo necesario para enseñarles a desenvolverse por su
propia cuenta. Una niñita de
Holanda recibió con sorpresa una comunicación de un consejero de la Organización
de Alimentos y Agricultura que trabajaba al pie del Himalaya.
Era uno de los miles de niños que habían contribuido a la compra de
cupones de obsequio para el estado de Uttar Pradesh.
El que firmaba la comunicación hacía referencia al hecho de que él había
desperado el interés entre los rotarios de Holanda a fin de que organizaran una
campaña para la recolección de fondos, y pasaba luego a explicar lo esencial
que era el equipo para el adelanto de esa hermosa región y de sus habitantes.
En la carta decía que los socios del Rotary Club local habían ayudado a
construir el laboratorio, y terminaba con estas palabras:
De modo
pues, Hanny, que con tu óbolo de un kwartje (un cuarto de florín), has
contribuido a un mejor entendimiento, que es algo que tanto necesita nuestro
mundo. Todo esto acudió a mi mente
cuando vi ese papel con tu nombre y dirección.
Ten siempre presente, Hanny, que si alguna vez te hallas en dificultades,
lo cual deseo fervientemente que nunca suceda, siempre hallarás ayuda en alguna
parte si sólo recuerdas lo siguiente: El valor de comprender, el valor de dar y
actuar, el valor de recibir.
No puede
dudarse que este consejo dado a un niño debería hacerse extensivo a toda la
humanidad. En sus raíces más
vitales, los destinos de todos los seres humanos se hallan íntimamente
entrelazados.
Sin
embargo, no tiene sentido el pretender que sólo con pequeñas acciones de esta
clase se puede resolver el problema. Si
se multiplican y extienden por los muchos países donde hay Rotary Clubs, servirán
de estímulo y robustecerán la fe. Los
grandes proyectos que los gobiernos emprenden pueden fracasar si no cuenten con
el respaldo entusiasta de la opinión pública.
Para los que cooperan en obras similares a las que se han descrito, su
contribución técnica deviene en una labor de índole personal.
En lo que se refiere al país que recibe la ayuda, constituye un gran estímulo
el saber que la gente de tierras distantes los alienta en la lucha que sostienen
para mejorar sus condiciones de vida. Estas
simples y prácticas acciones de cooperación fortalecen la moral y el espíritu
de progreso, y en esto, como en todo lo demás, la moral es de gran importancia.
La senda del progreso está sembrada de tantas dificultades y
obstaculizada por tantos asuntos susceptibles a controversias, que no es raro
que uno se sienta inclinado a dejarse dominar por la desesperación y el
pesimismo. Sólo el rotario puede
encarar estos problemas con entera sinceridad, estudiar sus diversos aspectos y
actuar de acuerdo con los dictados
de su conciencia y de su razón. Los
rotarios están concentrando en muchas formas su atención en estos asuntos, los
cuales son materia de los debates y discusiones que se realizan en las regiones
semanales. Los socios organizan
reuniones en sus casas para profundizarlos más aún.
Mediante cartas e intercambio de programas con los clubes de otros países
consiguen obtener los conocimientos a y la percepción de la confraternidad
mundial. Los socios dan charlas
sobre estos problemas en otras organizaciones.
Se siembra en la mente de los niños de las escuelas el afán de
confrontarlos y estudiarlos. En
resumen, cada Rotary Club puede ejercer sus funciones de agencia dedicada a
instruir a la opinión pública.
¿Cuáles
son algunos de estos problemas?
Uno de los
más escabrosos es el relacionado con las inversiones.
En los países que se hallan en la etapa inicial de desarrollo, deben
gastarse cuantiosas sumas de dinero para mejorar las condiciones de vida; es
necesario efectuar obras que exigen grandes inversiones.
Como es lógico, las empresas que pueden rendir beneficios a corto plazo,
atraen fácilmente al capital nacional o al extranjero.
Sin embargo, hay muchas obras de necesidad vital que no rinden ganancias
directas o sólo muy pequeñas y después de muchos años.
Por ejemplo, el costo de las centrales eléctricas, de obras de regadío
y de vías de comunicación, suele hallarse muy por encima de la capacidad de crédito
de algunos gobiernos. A pesar de
esto, son obras que deben llevarse a cabo a fin de aumentar la producción de
alimentos, de materias primas y de artículos de consumo.
¿Cómo es
posible conseguir el capital necesario?
¿Debe
obtenerlo el gobierno mediante impuestos, o hay alguna forma que permita
interesar al capital privado para que haga inversiones en algo que, por lo menos
al principio, no va a producir ganancias? Se
espera que los rotarios, en su calidad de hombres de negocios, contribuyan con
ideas sobre la materia, y den consejos atinados al público cuando se soliciten
opiniones específicas. Otro de los
problemas es la protección de las inversiones.
¿Qué garantías ofrecen los países que comienzan a desarrollarse de
que el capital extranjero no será objeto de impuestos excesivos y hasta de
confiscación? Este es un punto muy
crítico en las naciones que acaban de conseguir su independencia.
Proclaman sus derechos de soberanía sobre sus recursos naturales; pero
si no ofrecen garantías positivas, ¿cómo esperan atraer a los grandes
capitales extranjeros que se requieren para su desarrollo?
Otro
problema es el sistema económico del país que requiere ayuda.
¿Se puede confiar en su estabilidad?
¿Está organizado para beneficio de la mayoría de sus ciudadanos o únicamente
de unos cuantos? Sólo hemos
mencionado algunos de los muchos interrogantes que confronta la humanidad a
medida que tiende a unificarse gracias a la técnica.
Esta
“unificación” es real. En una
cuarta parte de la humanidad se ha mitigado la lucha por el alimento y el agua,
y puede dedicar sus energías a la consecución de una forma elevada de vida,
por lo menos en el campo material. Este
es el mundo que se caracteriza por la rapidez de las comunicaciones, el
automatismo, el transporte en aviones de reacción y tiempo libre para
esparcimientos. Este es el mundo que
ha conducido a la humanidad a la Edad Especial.
En su favor,
debe reconocer que este mundo ha producido, también, amor y caridad; libertad y
compasión; visión y solicitud por los demás.
Si bien “el espacio interior” no se ha llenado completamente, continúa
el proceso. Los rotarios están
llamados a preocuparse por el “nivel de vida” de otros pueblos; pero no
dejan de reconocer que no hay peor pobreza que la espiritual.
Por lo
tanto, ahora que las obras tres cuartes partes de la población del mundo se
percatan de las nuevas oportunidades que se les ofrecen – al atravesar en unos
cuantos decenios la distancia que la otra cuarta parte recorrió en siglos –
contarán con ayuda y guía. Debe
ser, sin embargo, una guía conveniente, de lo contrario, el cataclismo que se
producirá después será horriblemente trágico.
El
historiador Toynbee ha resumido esto en la siguiente forma:
Desde que
el hombre, en el curso de su progreso tecnológico, pasó de la etapa inferior a
la más elevada de la edad paleolítica, el ser humano ha sido el rey de la
creación en el sentido que, desde ese entonces, ya no ha sido posible que las
fuerzas inanimadas de la naturaleza ni otros seres vivientes exterminen a la
humanidad o, por lo menos, interrumpan su progreso.
Por lo tanto, no existe nada sobre la Tierra, con una excepción, que se
interponga en el camino del hombre y ocasione su ruina; pero la excepción es
formidable, pues se trata del hombre mismo.
5
La
Senda de la Justicia
Dará su apoyo a la aplicación de los principios de la justicia a todo
el género humano, consciente también de que dichos principios son
fundamentales y deben tener alcance mundial.
(Del
Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)
LOS
CELEBRES DIALOGOS de Sócrates y sus amigos, en La República de Platón,
se inician con una discusión que, en sustancia, es de tanta actualidad como un
periódico del día. Trasímaco
dice: “Proclamo que la justicia no es otra cosa que los intereses del más
fuerte…”
Sócrates
se ve además obligado a defender su tesis de que la justicia es “uno de esos
bienes que el que es feliz desea tanto por lo que valen en sí, como por sus
resultados.”
Glaucón
arguye entonces que “la vida del injusto es, después de todo, mucho mejor que
la del justo.”
Glaucón,
en una discusión que tiene más adelante con Sócrates, se ocupa del origen de
la justicia, lo cual es muy pertinente aquí, pues refleja con gran exactitud el
concepto de la justicia que tienen hoy muchas personas.
Glaucón
dice que la justicia es una transigencia “entre lo mejor de todo, que es
cometer injusticias sin ser castigado, y lo peor de todo, que es ser víctima de
injusticias sin posibilidad de usar de represalias y, dado que la justicia se
encuentra entre estos dos extremos, se le tolera por considerarse que es el
menor de los males, no por ser buena en si, y se le venera debido a la ineptitud
de los hombres para cometer injusticias…”
Tal vez sea
necesario leer otra vez la definición de Glaucón y, sobre todo, analizarla.
¡Lo “mejor de todo” es cometer injusticias sin ser castigado!
¿Tiene
esto algo de conocido? ¿Hasta qué
límites podemos extendernos sin violar la ley?
Sería tonto que no te aprovechases de él.
Saquemos todo el provecho posible de esta situación mientras dure.
Ahora que está débil es el momento de atacarlo.
Y sea en el
plano de los negocios, de las relaciones internacionales, de la vida doméstica
y, en general, en toda situación en que los hombres tratan unos con otros, hay
una gran tentación de llamar a la justicia “el menor de los males.”
Para todo el que lee los diarios es evidente que muchas personas eligen
“lo mejor de todo” a que se refiere Glaucón.
Sin
embargo, no puede negarse que en la naturaleza humana existe fundamentalmente un
ferviente sentido de justicia. Bajo
su influjo, muchos hombres no han vacilado en “sacrificar sus vidas, sus
fortunas y hasta su honor” en algunas guerras en que cada uno de los bandos
estaba seguro de tener la justicia de su parte.
Voltaire dijo: “El sentido de justicia es tan natural y universal en la
humanidad, que uno se inclina a creer que está desligado de toda ley, partido o
religión.” Se trata, entonces, de
algo universal, sobre lo que los hombres deben poder llegar a un acuerdo; pero
se ve que no es fácil conseguirlo. Kipling
lo captó con profundo sentido cuando escribió:
The world is wondrous large, seven seas from marge to marge,
And
holds a vast of various kinds of men;
The
wildest dreams of
And
the crimes of Clapham, chaste in Martaban
(Maravillosamente
grande es el mundo: siete mares de borde a borde,
Y en él viven toda clase de hombres;
Los más estrafalarios sueños en Kew, son realidad en Katmandú,
Y los crímenes en Clapham, virtudes son en Martabán.)
En estas
condiciones, ¿pueden hallarse principios universales?
¿Cuáles son esos principios de justicia que el Esbozo de Normas
pide al rotario que siga? A fin de
reconocerlos como fundamentales y que demanden su aplicación en todo el mundo,
estos principios deben cubrir una vasta área, una infinita variedad de valores
y un gran número de puntos de vista opuestos, sostenidos con ardorosa convicción.
En un mundo en que tantas disputas se resuelven despojando a Pedro a fin
de pagar a Pablo, y la justicia suele ser encarnecida en las conferencias de paz,
estos principios deben basarse en una lógica superior a fin de que sean capaces
de elevar la justicia del plano del partidarismo al nivel de un principio.
¿Es
factible persuadir a las naciones? ¿Puede
el conocimiento mutuo y la amistad que Rotary fomenta entre los hombres de
diferentes naciones, ayudar al establecimiento de estos principios universales
de justicia?
Cierto
visitante de los Estados Unidos fue motivo del más caluroso recibimiento en un
Rotary Club de Escocia, donde uno de los socios ponía especial empeño en que
los visitantes se sintieran en su casa. Después
de medio minuto de efectuarse la usual presentación, dicho socio lo llamó por
su primer nombre, y le dijo: “Lee, usted es un norteamericano extraordinario.”
“Muchas
gracias, señor”, respondió él sorprendido; “pero no me imagino cómo
puedo merecerle tal opinión si apenas nos conocemos.”
“Pues
bien”, respondió el anfitrión, usted se expresa en escocés a fin de que
podamos entenderle, y eso es extraordinario.
Como escoceses, eso es suficiente para ganar nuestro afecto.
Además, he podido observar que no bebe whiskey escocés, y eso también
es extraordinario, y una razón adicional para estimarlo, pues la mayoría de
los que nos visitan tratan de beberse todo nuestro whiskey.”
Gracias a
este comienzo festivo y cordial, se fomentó durante el almuerzo una discusión
sobre el tema de que “lo que necesitan más las naciones del mundo es tratar
de enfocar toda situación desde el punto de vista de los otros.”
Ver un
problema desde el punto de vista de otra persona constituye la base de
las relaciones humanas. El reto,
pues, consiste “en colocarse en el lugar de otros”.
¿Hay alguna forma de conseguir esto, además del procedimiento usual de
leer, entablar relaciones epistolares, participar en debates, asistir a
conferencias y viajar?
Sí,
existen otras medidas que pueden adoptarse, las cuales requieren acción y el
empleo de los conocimientos obtenidos. Una
de las formas es imaginarse que uno es otra persona, o el representante de una
organización o país cuyos puntos de vista son diferentes a los nuestros.
Muchos Rotary Clubs emplean este método en programas especiales.
Para que sean efectivos, es esencial que los participantes se preparen, y
en caso de que se decida que el auditorio participe en la discusión, es también
necesario que lo hagan los asistentes. Para
ser específicos, supongamos, por ejemplo, que el presidente del club o el
encargado del programa, se dirige a un socio y le dice: “Abdullah, si usted
fuera un ciudadano de los Estados Unidos, ¿qué opinaría sobre el
reconocimiento de la China comunista? Lo
probable es que el identificarse con el modo de sentir de un norteamericano,
constituya un gran esfuerzo de imaginación para el rotario Abdullah – y lo
mismo ocurriría en el caso inverso; pero el esfuerzo le permite librarse de las
trabas que impone el provincialismo en su razonamiento.
Revela, sobre todo, que la justicia tiene, por lo menos, dos aspectos.
En una fase
más adelantada de este método, varias comunidades han organizado conferencias
“colocándonos en el lugar de otros”, en las cuales se forman en grupos de
cinco a ocho personas de la localidad que “representan” a una nación en una
conferencia internacional. Se
debatan problemas internacionales de importancia, en ciclos de reuniones públicas
que suelen extenderse por varias semanas.
¿Es
posible que una persona estudia un asunto en forma tan intensa – escribiendo a
los rotarios de otros países para obtener información de primera mano, y
defendiendo la política de “su país” en un debate público – logre, en
realidad, “colocarse en el lugar” de otra persona que vive a miles de kilómetros
de distancia? Los hechos prueban que
sí, y que permite, además, formarse un nuevo concepto de justicia y equidad.
Cierta
persona de los Estados Unidos que representaba a Bolivia en uno de estos
programas, fue un día a una tienda y se enteró que el precio el café había
bajado. “Mi primera reacción”,
informó él, “fue exclamar: ¡Qué barbaridad!
¡Los sudamericanos van a perjudicarse con esta baja de precio de su café!”
Existe otro
método – citado anteriormente – que perfeccionaron los rotarios y que también
utilizan mucho los no rotarios. Sirve
como “medida” para ver si algo es realmente justo.
Se trata de “La Prueba Cuádruple de lo que pensamos, decimos o hacemos”:
¿Es VERDAD?
¿Es
EQUITATIVO para todos los interesados?
¿Creará
BUENA VOLUNTAD y MEJORES AMISTADES?
¿Será
BENEFICIOSO para todos los interesados?
Esta forma
de comprobación se ideó originalmente para utilizarse en un negocio que
confrontaba una crisis, y Rotary lo perfeccionó, al comienzo, como un auxiliar
en las relaciones profesionales; pero en realidad tiene mayores aplicaciones.
La experiencia ha demostrado, una y otra vez, que cuando una persona usa
sinceramente La Prueba Cuádruple en su negocio o profesión, se reflejan también
los resultados en su conducta como padre, amigo y ciudadano.
Una prueba más de que esta simple medida en las relaciones
internacionales, es la convicción de un rotario de las Filipinas:
En el
fomento de la cuarta avenida de servicio, la ejemplificación de La Prueba Cuádruple
en las relaciones diplomáticas entre las naciones ejercerá, sin duda, una
enorme influencia. El mundo está
inundado de tanta propaganda, que hay confusión en nuestras mentes y nuestras
opiniones se hallan deformadas. Se
falsea en tal grado la verdad, que tienen que producirse disensiones y
animosidades mutuas. Yo creo que
existe la imperiosa necesidad de que Rotary difunda la genialidad de La Prueba
Cuádruple mediante su cuarta avenida de servicio.
Debemos
suponer que estas cuatros preguntas simples resulten beneficiosas, asimismo, en
la búsqueda de principios universales de justicia.
La evidencia de que La Prueba Cuádruple es útil en este sentido es el
hecho que ha sido aceptada y adoptada en la mayoría de los países donde hay
Rotary Clubs. No se trata de un código
de ética. Nadie puede ponerle
objeciones, ya que lo único que hace es recordarle que aplique su
discernimiento en la mejor forma. No
dicta líneas de conducta. Sólo
pide que uno juzgue – a la luz de sus propias normas – lo que piense, diga o
haga. Por lo tanto, un principio de
justicia que responda positivamente a La Prueba Cuádruple, debe ser aceptable
para todos.
Posiblemente,
el rotario que explora la senda de la justicia desee hacer por sí mismo una
demostración. Un examen crítico de
sus principios de justicia constituye la forma de reafirmar sus convicciones, o
decidir que no pasan de ser una serie de lemas altisonantes.
Además, tal vez vislumbre las oportunidades de ayudar a difundirlos en
todo el mundo.
Para
ilustrar este punto, tomemos el tan discutido principio de la autonomía de los
pueblos y procedamos a someterlo a La Prueba Cuádruple.
La verdad es que este principio se ha labrado un lugar especial en
la historia de los últimos decenios. El
hecho más notable en la política internacional de esta generación no han sido
las guerras a las cuales se dedicaba la primera página de los diarios, sino el
hecho de que casi la mitad del género humano ha conseguido su autonomía.
No puede negarse que es equitativo para todos el que los pueblos
del mundo, en su totalidad, tengan la libertad de regir sus propios destinos,
cometer sus propios errores y contribuir en alguna forma al progreso de la
humanidad. Además, una vez que su
independencia se halla asegurada, parece que la buena voluntad y la amistad
de estos pueblos se muestra con mayor ardor hacia la nación que fué su metrópoli:
Quedan por verse los resultados beneficiosos; pero estas nuevas naciones
alientan grandes esperanzas y se sienten impulsadas a la realización de
empresas notables.
Parece, por
lo tanto, que el principio de autonomía de los pueblos responde a La Prueba Cuádruple;
pero la confirmación de un principio exige algo más que la aprobación pasiva.
“La justicia”, dijo Disraeli, “es la verdad en acción.”
La justicia debe elevarse sobre los problemas reales que surgen al darle
carácter universal. Y existen
muchos problemas. Una de las
consecuencias de la libre determinación es la multiplicación de las naciones,
una “balcanización” como la que se produjo en Europa después de la Primera
Guerra Mundial, lo cual, según algunos, fue una de las causas de la segunda
conflagración.
Surge el
presente el contraste entre el aumento de la interdependencia económica y la
tendencia hacia la independencia política.
Existen otras dificultades que se relacionan con la preparación que debe
existir para que un pueblo rija sus propios destinos.
Muchos creen que es esencial cierto nivel de educación para que una nación
nueva se desenvuelva en el mundo moderno. Para
otros, sin embargo, es dudoso que esto sea un requisito esencial.
En los
esfuerzos que haga el rotario para vencer estos problemas, surgirán
oportunidades que conduzcan a la senda de la justicia.
Por supuesto, en todo el mundo se están haciendo esfuerzos en este
sentido. Son tan variados como los
problemas mismos y las múltiples situaciones que existen.
En las nuevas naciones del Asia, los rotarios combaten con los problemas
relativos al establecimiento, en las nuevas fronteras, de relaciones exteriores
que sean juiciosas y sensatas. Algunos
rotarios de Europa se han dado cuenta de la urgencia de establecer una
interdependencia económica, y se esfuerzan por sustituir la tradicional
separación de estados mediante una activa cooperación en el movimiento para
unir Europa y convertir en “europeos” a todos los pobladores de los antiguos
estados. Esta tendencia se
expresa en la creación de la Comunidad del Carbón y el Acero, Euratom, y el
Mercado Común.
Los comités
de no europeos de los Rotary Clubs de la África
del Sur se ocupan activamente en ayudar a los africanos a desarrollar su
aptitud de gobernarse por sí mismos, conversando las características de su
cultura. En las islas Antípodas,
Rotary da la bienvenida a las personas que, al emigrar, manifiestan el principio
de autonomía. A un Rotary Club se
le ocurrió la idea de calificarlos como “Nuevos Australianos”, lo cual
honra su condición y mueve a los rotarios a ayudarlos en la realización de su
empeño.
De modo
similar, pueden explorarse otros principios de justicia con el fin de descubrir
oportunidades de servicio al mantenerlos y difundirlos en el mundo.
En todos ellos se percibe un factor común: el desarrollo del derecho
internacional. La antitesis de la
justicia, en toda sociedad, es la regla de que la fuerza hace la ley.
Podemos decir, con Pascal, que la “justicia y el poder deben aliarse, a
fin de que lo que es justo sea poderoso, y lo que es poderoso sea justo.”
El curso de la civilización ha sido la búsqueda de un canon de justicia
que substituya los métodos del troglodita.
La
humanidad sabe lo que debe hacer. La
gran verdad del razonamiento de Benjamín Franklin cobra mayor relieve hoy día:
La justicia
tiene tan estricta validez entre naciones como entre los vecinos de una
comunidad. Un salteador de caminos
es tan ladrón cuando asalta en cuadrilla que cuando lo hace por sí solo, y una
nación que provoca una guerra injusta no es más que una gran cuadrilla de
bandoleros.
Se pueden
hacer leyes aplicables a la Edad Atómica y de la Conquista de Espacio; pero los
pueblos del mundo insisten en retornar a otros – y anticuados – conceptos.
Cualquier cosa, menos someterse a los dictados de una ley.
De acuerdo con un historiador, “la única forma de conseguir que el género
humano descubra la belleza de la justicia es mostrándoles, en términos claros
y simples, las consecuencias de la injusticia…”
Y dichas
consecuencias se hacen cada día más evidentes.
Un ex presidente de la Asociación de Abogados ha dicho:
La bomba atómica
y la de hidrogeno han encendido en los pueblos del mundo un ansia vehemente de
paz, sin precedentes en la historia de la humanidad.
Es una gran oportunidad que podemos aprovechar o desperdiciar.
Los abogados debemos crear el mecanismo legal necesario a fin de mantener
la soberanía nacional que sea esencial y, al mismo tiempo, proporcionar las
formas de solucionar, bajo el imperio de la ley, las disputas que surjan entre
las naciones…
Aun antes
que las bombas atómicas y de hidrógeno hubiesen subrayado la urgencia de tal
medida, Robert Taft, el fenecido senador de los EE.UU., percibió con visión
profética lo que deparaba el futuro:
Yo creo que
a la larga, la única forma de establecer la paz es formular una ley aprobada
por cada una de las naciones, para gobernar sus relaciones mutuas, y con el
compromiso formal de todas las naciones de que observarán la ley y las
decisiones derivadas de su aplicación.
Sin
embargo, los pueblos del mundo vacilan inciertos antes la entrada de la senda de
la justicia de un modo similar al de sir Edward Coke cuando se halló ante la
presencia del rey James de Inglaterra y exclamó de pronto: “El rey está bajo
Dios y la ley”, y cayó de rodillas aterrado de que esto le iba a costar la
cabeza.
“Si los
hombres fuesen ángeles”, discernía El Federalista, “no sería
necesario ningún gobierno. Al idear
un gobierno manejado por hombres para dirigir a otros hombres, la gran
dificultad estriba en lo siguiente: primero, debe investirse al gobierno del
poder de regir a los gobernados, y, además, constreñirlo a fiscalizarse a sí
mismo…”
Constreñirlo
a fiscalizarse a sí mismo… Si hay un problema que debe absorber la atención de todo hombre, mujer o
niño de esta generación, es la necesidad de crear y aplicar leyes
internacionales. No se trata,
meramente, de evitar las guerras en una edad en que las naciones cuentan con
medios de destrucción total, sino también del progreso humano que resultaría
en todos los campos, con el establecimiento de un adecuado sistema jurídico
internacional. A pesar de esto, para
la mayoría de las personas, el derecho internacional es un asunto remoto que no
tiene relación alguna con su propia supervivencia
y las perspectivas de una vida fructosa para ellos y para sus hijos.
Una vez más,
el Esbozo de Normas lanza un reto a cada rotario para que contribuya prácticamente.
Para mantener los principios de justicia y difundirlos en todo el mundo,
debe obtener información y compartirla con los demás, no sólo con respecto a
lo que es, en el momento presente, el derecho internacional, y a las
posibilidades de perfeccionarlo, sino también sobre los sacrificios que exija
el establecimiento de un sistema jurídico.
El conseguir que las naciones abandonen la ley de la fuerza por la fuerza
del derecho, tiene que significar un determinado sacrificio, y si se ignora esto
no pueden esperarse resultados satisfactorios.
La senda de la justicia conduce inevitablemente a la senda del sacrificio.
¿No es
verdad que esta situación sugiere una acción específica que sea de la
competencia de cualquier Rotary Club? ¿Un
estudio intensivo bajo la dirección de los socios incluidos en la clasificación
de asuntos legales? ¿Se obtendrían
resultados prácticos, en esa empresa, mediante las reuniones hogareñas, los
programas del club, los foros públicos, las conferencias colocándonos en lugar
de otros? ¿Cómo puede despertarse
el interés público? Y, sobre todo,
¿vale la pena emprender la lucha?
El
historiador Toynbee, después de estudiar la historia, el desenvolvimiento y la
caída de varias civilizaciones que tuvieron una época de florecimiento,
establece la siguiente conclusión:
Como regla
general, la urgencia de hacer una codificación (de leyes) alcanza su culminación
en la etapa que procede inmediatamente a la catástrofe social, mucho después
de haberse traspasado la cúspide de realizaciones en jurisprudencia, y cuando
los legisladores del momento se hallan en fuga desordenada en una batalla sin
posibilidades de triunfo con las fuerzas ingobernables de la destrucción…
La senda de
la justicia conduce a todas partes del mundo: a las aldeas atrasadas, a los
recintos del gobierno, y a las conferencias de los más altos representantes de
las naciones. Es, como Daniel
Webster la denominaba, “el ligamento que mantiene juntos a los seres
civilizados y a las naciones civilizadas.”
Justiniano,
el gran legislador, definía la justicia como “el deseo y esfuerzo constante
de dar a cada cual lo que le corresponde.”
Es
innecesario observar que las naciones son como los individuos; pero sirve de
adecuada introducción a la siguiente historia que relató un periodista después
de visitar un país que se hallaba en su etapa inicial de desarrollo:
Un humilde
zapatero hizo un día un par de zapatos que pensaba vender en 63 centavos.
Si los ofrecía en su propia aldea, alguna persona de posición más
elevada podría apropiarse de ellos sin pagarle nada.
Si protestaba, lo apalearían. Por
lo tanto, prefirió caminar hasta otro pueblo.
Fue una larga y pesada caminata bajo el sol; pero valía la pena.
Hizo
hincapié que no era cuestión de dinero. Existía
algo mucho más importante que unas cuantas monedas, y era la justicia.
“Lo que
deseo es justicia”, declaró. “Deseo
ser tratado como un igual. Quiero
que se respete mi dignidad personal.”
6
La Senda del Sacrificio
Luchará
constantemente por fomentar la paz entre las naciones y se sentirá dispuesto a
sacrificarse en aras de ese ideal.
(Del Esbozo
de Normas para las Relaciones Internacionales)
EN 1958, el
Saturday Review publicó un artículo a toda página, concebido como si
fuese el anuncio de un certamen. En
grandes letras negrillas, el título anunciaba lo siguiente:
CERTAMEN
MUNDIAL
1.000.000.000.000
de DÓLARES
EN
PREMIOS EXTENTOS DE IMPUESTOS
Luego,
venían los detalles:
YA ES
USTED UN PARTICIPANTE…
Si su
nombre empieza con A, B, C, etc., o con Δ, Ф, Ө, etc., o si
vive usted en los EE.UU., Rusia, Francia, etc., es uno de los participantes de
este certamen. Sus hijos y los hijos
de sus hijos, que están aún por nacer, ya están registrados en el certamen.
PREMIOS
Los
premios, cuyo valor mínimo es de 1.000.000.000.000 de dólares, incluyen lo
siguiente:
Una
capa de aire puro de ocho kilómetros de espesor, sin aire radiactivo.
Ciudades consistentes en edificios, no escombros.
Suministro de agua sin contaminar con precipitaciones radiactivas.
Tierras de cultivo capaces de producir alimentos comestibles.
Su casa,
su automóvil, su televisor (y, sea dicho de paso, su propia vida), y varias
cosas adicionales, tales como la energía inagotable del átomo y tal vez viajes
interplanetarios.
Luego,
un poco más adelante, aparecía lo siguiente:
¿Cómo
Retirarse del Certamen? Absolutamente
IMPOSIBLE.
Y
finalmente:
Si
Desea Usted Ganar: Ayude a Encontrar la Ruta hacia una Paz Perdurable.
En el capítulo
anterior se precisó que la senda de la justicia conduce inevitablemente a la
senda del sacrificio. En primer
lugar, es manifiesto que hasta el hablar de paz suele entrañar cierto
sacrificio. En ciertas ocasiones y
para algunas personas, la palabra paz se ha mancillado al juzgarla
“culpable por asociación” – una máscara para ocultar designios de
subversión, tiranía y agresión. Desconfiad,
decían, de los que pregonan “paz, paz” cuando la paz no existe.
Es posible
que este amargo sentimiento sólo refleje en forma exagerada la desilusión
general ante las horribles consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
¡La humanidad forjó tantas ilusiones!
Se había producido una rendición incondicional.
Al fin había paz y todos podían dedicarse tranquilamente a sus
actividades y esparcimientos cotidianos, mientras los diplomáticos se
preocupasen de los “asuntos extranjeros”.
En una
charla dada en un Rotary Club de Londres, un embajador de los EE.UU. expresó
esto de la minera siguiente:
Estuve en
la última guerra al igual que muchos de ustedes, y creía sinceramente que
combatíamos para terminar con todas las guerras; que combatíamos por defender
la democracia, y que nuestros hijos cosecharían parte de los sacrificios hechos
por nuestra generación… Realmente, no nos preocupamos lo suficiente en los años
intermedios. Y si fue así, no
hicimos lo suficiente o no conseguimos los resultados indispensables.
En la historia de la humanidad muy rara vez han tenido los hombres una
segunda oportunidad, y nosotros la tenemos ahora.
Todo
concienzudo observador de las relaciones internacionales compartirá estos
sentimientos y los aplicará a sí mismo. ¡Describen
con tan fidelidad estos momentos de la historia!
La última
guerra estuvo a punto de destruir la civilización.
Hambre y humillaciones, desorganización social y económica, el vacío
dejado por las potencias vencidas – todo se combinó para que surgieran
tiranteces y dificultades. Los que
pensaron que la paz era como el final de un cuento de hadas en que “todos
vivieron muy felices de allí en adelante”, sufrieron una cruel desilusión.
Debió haber sido lo contrario; debieron haber descrito la paz como una
novia en el mundo real: una muchacha hacendosa con una gran responsabilidad en
sus manos, que tiene que velar por la armonía y estabilidad del matrimonio.
Al hacer,
en el Esbozo de Normas, un llamado a los sacrificios personales, se define en
forma clara este concepto de la paz que exige labor en vez de constituir una
invitación a la irresponsabilidad individual.
Tal vez nunca se haya señalado esto de modo más elocuente que en ocasión
del último discurso pronunciado por ese valiente apóstol de la confraternidad
mundial, el desaparecido John Winant. Interrumpiendo
la lectura de su discurso, interpeló, súbitamente, al auditorio:
“¿Están
contribuyendo ustedes a la paz, con el mismo celo que desplegaron en este país
en los días de la guerra?”
Su
respuesta, clara y simple, surgió después de una pausa y fue seguida por otro
silencio:
“Yo
no.”
Todo el que
dirija una mirada retrospectiva hacia los años que han pasado desde el final de
la guerra, debe examinar su conducta en este sentido.
En tiempo de guerra todo inspira el sacrificarse, y los esfuerzos
personales se miden de acuerdo con los que “se dan totalmente a la causa.”
Por fines de destrucción se sacrifica lo mejor y más generoso de la
naturaleza humana. Sin embargo,
cuando se trata de salvar a la patria de la destrucción y defender la paz, la
libertad y la supervivencia de todo lo que se considera preciado, el hombre no
se siente animado de tal fervor.
¿Tiene
esto razón de ser?
Podemos
explicarnos los extraordinarios sacrificios que se hacen en tiempo de guerra si
consideramos que la mayoría de la gente responde mejor durante una crisis.
Lo extraordinario y anómalo de la situación pone de manifiesto el lado
heroico del hombre. Pero, ¿es la
guerra algo excepcional en las efemérides de la humanidad?
La historia indica lo contrario. A
lo largo de los años, lo inusitado han sido los breves intervalos de paz.
Aun el siglo XIX, que inspiró la ilusión de que la paz constituye lo
normal, estuvo plagado de pequeñas guerras.
En el presente siglo, los periodos de paz en todo el mundo pueden medirse
por meses, no por años.
En tiempos
pretéritos, la gente podía haber pensado que la guerra, después de todo, era
un asunto exclusivo de unos cuantos caballeros o soldados profesionales, y se
restringía a los campos de batalla. Durante
la Guerra de las Rosas, por ejemplo, en momentos en que se iba a iniciar una
batalla, se oyeron súbitamente los sones de los cuernos y los ladridos de los
perros de una partida de caza, y los dos ejércitos pospusieron el ataque
mientras la zorra, los perros y los cazadores pasaron entre ellos.
Luego, se apresuraron a recuperar el tiempo perdido.
Si es
verdad que las guerras fueron alguna vez tan caballerescas, debemos afirmar que
su naturaleza ha cambiado radicalmente en los tiempos modernos.
La guerra se ha hecho total, y se movilizan pueblos enteros con
todos sus recursos, con el fin de conseguir la completa destrucción del enemigo.
Nadie puede considerarse a salvo. No
hay dónde guarecerse. Ya no existe
civiles. Los niños se tornarán en
“combatientes”, al igual que sus mayores.
¿No exige
tal estado de cosas una revisión de los conceptos de guerra y paz?
Alberto Einstein, el gran genio que dio nacimiento a la edad atómica,
planteó el problema de modo universal y en forma desnuda:
Es
imperativo que se adopte una nueva forma de pensar a fin de que la humanidad
superviva y ascienda a planos más elevados.
Es
frecuente que en los procesos evolutivos, una especie deba adaptarse a las
nuevas condiciones del medio, a fin de sobrevivir.
Hoy día, la bomba atómica ha alterado profundamente la naturaleza del
mundo en que vivimos.
El tanque
es una defensa contra las balas; pero la ciencia no ofrece ninguna defensa
contra el arma que puede destruir la civilización.
Nuestra defensa no consiste en armamentos ni en refugiarse bajo tierra.
Nuestra
defensa se halla en la ley y el orden. A la luz de los nuevos conocimientos, el
género humano debe readaptar su modo de pensar.
No hay un
apacible optimismo en el sentir del rotario que se esfuerza en fomentar la paz,
en hacer detener e invertir el curso de los acontecimientos que nos arrastran
hacia la guerra. Se halla
decepcionado de triviales panaceas. Es,
en resumen, un realista. Sabe que la
victoria en esta lucha no se ganará adhiriéndose a uno de esos grupos
organizados para ejercer influencia en el gobierno, o aprobando una resolución
en su club. El rotario debe
preguntarse cuáles son los sacrificios personales que la situación exige de él
y de sus prójimos a fin de que la humanidad sobreviva y ascienda a planos más
elevados.
¿Puede
esperar que alguien responda en su lugar? Por
supuesto que no, pero conseguirá fortaleza e inspiración si lo consulta con
otros hombres sinceros. En última
instancia, la respuesta debe brotar de su propia consciencia y, luego, ponerla
de manifiesto en sus acciones personales.
Aquí sólo vamos a sugerir algunas formas de sacrificio como referencia
para las deliberaciones y discusiones.
La primera,
y posiblemente la más evidente de todas, es la que pesa sobre todo
contribuyente, y constituye un terrible gravamen en la economía del mundo
entero – a razón de 120.000.000.000. de dólares al año.
En el país más rico del mundo, “la paz protegida con armamentos”
impone a cada contribuyente el equivalente al sueldo de un mes, como término
medio. “El que desea paz debe
hallarse en pie de guerra”, era la justificación de la política en la Roma
de los Césares. Sin embargo, ha
sido en el siglo XX cuando se ha hecho la defensa más violenta de esa política,
y su vocero fue un famoso almirante:
Yo no soy
partidario de la guerra, sino de la paz. Si
se repite en el país y en el extranjero que uno se halla listo para actuar
instantáneamente con cada adarme de su fuerza, y tiene la resolución de ser el
primero en actuar y golpear al enemigo en el estómago, y patearlo cuando se
halle caído, y hervir a los prisioneros en aceite, y torturar a sus mujeres y a
sus hijos, entonces los demás se mantendrán a respetuosa distancia.
¿Lo harán?
Esta antiquísima forma de sacrificio, que continua todavía tan en boga,
no ha evitado las guerras. Ha
acrecentado la inseguridad general, ha fomentado una carrera armamentista y,
finalmente, ha producido los grandes “apaciguadores”: ayer, los monstruosos
acorazados de los almirantes, mañana, los proyectiles dirigidos con conos de
carga nuclear. Nadie ha denunciado
esta política de un país que la había adoptado:
Cada arma
de fuego que se hace, cada barco de guerra que se echa al agua, cada cohete que
se dispara significa, en última instancia, un robo contra aquellos que están
hambrientos, y no tienen que comer; los que sienten frío, y carecen de ropa.
Este mundo en armas no sólo está gastando dinero.
Está
desperdiciando el esfuerzo de sus trabajadores, el genio de sus hombres de
ciencia, las esperanzas de sus niños.
El costo de
un gran bombardero moderno equivale a lo siguiente: una escuela moderna de
ladrillos en más de 20 ciudades; dos magníficos hospitales completamente
equipados.
Y después
de proseguir en esta forma, terminó con estas palabras:
Esto,
repito, es la mejor forma de vida que se encuentra a lo largo de la senda que
sigue la humanidad.
En
realidad, no puede considerarse como una forma de vida en el verdadero sentido.
Bajo las nubes de la guerra que se ciernen, aparece la humanidad clavada
a una cruz de hierro.
Si se
pudiera extirpar totalmente la plaga de las guerras, ¡qué de fabulosos
beneficios se podrían ofrendar a la humanidad por una cantidad equivalente de
dinero, energía y genio! ¡La idea
abruma la imaginación! ¿Es posible
concebir, aun en el más quimérico sueño, lo que se podría hacer con 120.000
millones anuales dedicados u obras constructivas y de servicio?
Como son las cosas ahora, es igual que si la humanidad se estuviera
debatiendo en ascender con una sola pierna los peldaños de la civilización.
La senda
del sacrificio se verá interceptada, sin duda, por tradiciones fuertemente
atrincheradas. Existen – y en gran
número – lo que afirman que la historia se repite, que la humanidad de hoy no
es mejor que la de nuestros antepasados. “Siempre
habrá guerras y rumores de guerras”. A
todo esto se podría responder – entre otras cosas – que nuestros
antepasados no se sentían atraídos hacia la senda del sacrificio, ni se
hallaban en la situación del hombre de la Edad Atómica.
La verdadera respuesta, sin embargo, fue dada por otro militar que
manifiesta de modo concluyente que lo que la humanidad debe hacer ahora es
efectuar “un ataque a la institución misma de la guerra.”
Un rotario de la América del Sur lo ha expresado así:
De acuerdo
con el objetivo de Rotary, debemos analizar las causas más hondas de la guerra
y de los motivos diabólicos que impulsan a los hombres a matarse; lo que el
estatismo los impele a hacer aquello que abominan, y lo que consideran
condenable y en contradicción con nuestros ideales de servir al prójimo antes
que a nosotros mismos… Lo que se
propone no es imposible en ningún sentido, ni requiere una inteligencia
superior; es una necesidad imperiosa. Ahora
es el momento de actuar.
Estas son
las palabras de otro rotario: “Se trata de una gran empresa que debe
acometerse con el genio y el esfuerzo que se emplearon para producir la primera
bomba… La civilización no puede
soportar dos – o más – campos armados que se hallen perpetuamente al borde
de una catástrofe nuclear.” La
paz impuesta por el terror, o la disuasión por la fuerza, en que los
beligerantes se amenazan de continuo, sólo puede conducir a un final: la guerra
nuclear.
Un
aficionado a la caza mayor, en África, se aproximaba a su presa cuando, para
disgusto suyo, sus fatigados guías se sentaron de pronto para descansar.
Por más que protestó, no consiguió nada.
Desesperado apeló a las amenazas, a los ruegos y hasta les ofreció
dinero; pero los guías continuaban sentados abanicándose a la sombra de un árbol.
“Pero”, arguyó desesperado, “¿por qué escoger el peor
momento?”
El guía
sonrió extrañamente y respondió: “Los hombres dicen que han andado tan rápido
que sus cuerpos se han escapado de sus almas, y las han dejado atrás.
Tienen que esperar a que sus almas los alcancen.”
La pugna
incesante por alcanzar poderío, riquezas, influencia, y mejor técnica ha
arrastrado a los hombres – y a las naciones – al corazón de la selva.
Y ahora que la cultura y la ley se hallan rezagadas, tienen que detenerse
para que sus almas les den alcance. Las
naciones son como los niños cuando se ven en posesión de armas.
A un niño se le debe enseñar reglas y normas; a nadie se le ocurriría
enviar a la escuela a un niño de seis años con un rifle cargado; pero hasta un
niño se da cuenta por qué un policía tiene revolver.
“Es
imposible imaginarse a las alturas a que puede elevarse, en mil años, el poder
del hombre sobre la materia”, escribió Benjamín Franklin.
“Qué daríamos para que la moral fuera tan susceptible de
mejoramiento, y lograr que los hombres cesasen de conducirse como lobos.”
Ofrece un
gigantesco campo de sacrificios la urgente búsqueda de un método para elevar
la ciencia social al nivel de la tecnología.
¿Qué se gana con que los hombres atraviesen los mares a la velocidad
del sonido si luego, al encontrarse con sus prójimos en la otra margen, no
tienen nada que decir? Esto
constituye un vacío que viene a llenarlo el proyectil cargado con energía
nuclear. En estas condiciones,
medran los prejuicios, la ignorancia, la superstición y la tiranía.
Los problemas urgentes del hombre pertenecen ahora al dominio del espíritu:
el “espacio interior” de la personalidad humana.
Esta nueva
orientación hacia la vida anímica del hombre exige el empleo de muchos mayores
recursos y talento con el fin de descubrir significados más profundos de la
vida. Exige la necesidad de
efectuar, con igual vigor, investigaciones sobre el hombre y la máquina – lo
espiritual y material. Significa que
debemos crear en las relaciones sociales un interés que capture nuestra
imaginación y entusiasmo de modo tan intenso como los viajes espaciales.
Significa que la búsqueda de vínculos de unión entre los hombres y las
naciones debe ser tan apremiante como en anhelo de unir la Tierra y la Luna.
Otro campo
de sacrificio es la cruzada para conseguir que las naciones renuncien a las
armas y resuelvan sus diferencias sometiéndose a los dictados de la ley.
La meta es lograr que se efectúe un convenio entre las naciones que están
preparándose sin cesar, a fin de que abandonen la carrera armamentista – un
plan que es, ciertamente, mucho más difícil aplicar que formular.
¿Con qué sacrificios debe contribuir cada país?
¿Y qué garantía puede darse a las naciones que se van a desarmar, de
que las otras respetarán el pacto? Esto
conduce al campo escabroso de las inspecciones mutuas, de métodos eficientes de
revisión, y el derecho de imponer restricciones a los países que no obedezcan.
Hay una fábula
que trata de una reunión que tuvieron los más poderosos animales de la selva
para discutir el problema del desarme. “Mostremos
al hombre, nuestro enemigo común”, dijo el león, “el modo de vivir en paz.
Si le damos el ejemplo, tal vez cese de perseguirnos y exterminarnos.”
“¿Qué
es lo que propone usted?”, inquirió el oso.
“Abolir
las alas”, repuso el león, lanzando un mirada al águila.
El águila
miró al toro. “Destruir los
cuernos”, opinó.
El toro posó
su vista en el león. “Eliminar
los dientes y las garras”, demandó.
Un gran
silencio envolvió a la asamblea por algunos momentos.
Todo miraban al oso. “yo
pido la eliminación de todos los medios de defensa”, declaro él,
apaciblemente. “En esa forma, cada
uno de ustedes puede contar con la protección de mis brazos cariñosos.”
Todo
programa de desarme entraña sacrificio. Si
las grandes potencias acuerdan desarmarse, dejan de ser grandes potencias.
Ya no podrían imponer su criterio a otras naciones, valiéndose de
amenazas.
Si quieren
estar seguros que los demás van a cumplir sus compromisos, tienen que
someterse, también, a las medidas de fiscalización.
Para ciertos individuos, esta abdicación de la autoridad y el prestigio
constituye un enorme sacrificio personal. Si
bien las otras naciones darían su calurosa aprobación a la política de
imponer restricciones a las grandes potencias, pues su importancia aumentaría
al quedar eliminada la amenaza de las acciones punitivas, descubrirían, por
otra parte, que su responsabilidad es mayor.
Tendrían que abandonar su cómoda actitud de países neutrales, y
contribuir con fuerzas armadas para la defensa común.
Por lo tanto, el desarme significaría también un sacrificio para los
pueblos de los países de menor categoría.
¿Quién
puede dudar que tales sacrificios se justifican plenamente si logran evitar los
horrores de otra guerra mundial? Lo
que habría que preguntarse es si tales sacrificios son suficientes.
La
respuesta es un rotundo no. Es
evidente que no pasarán de ser una mera teoría si no se nutren de otros
sacrificios de significado mas hondo: los de carácter personal.
Es en el campo de las relaciones individuales – de persona a persona
– donde comienza el verdadero sacrificio.
Es aquí donde debe originarse y desarrollarse, hasta conseguir
que ascienda el nivel de la dirección nacional, y la visión de los estadistas
sea el reflejo de una opinión pública bien orientada.
Woodrow Wilson lo expresó en la siguiente forma: El proceso de la
libertad consiste en que si yo soy vuestro guía, debéis hablarme a mí, no que
yo deba hablarlos. Si soy fiel a los
preceptos que encierra la función de dirigir, debo escuchar las voces que
llegan de cada villorrio, de los hombres de toda clase y condición.”
Sin
embargo, el simple acto de hacer oír nuestros voces constituye un sacrificio
– mayor en ciertos lugares que en otros –; pero la amarga ironía es que allí
es donde más fácil y más se espera que esto suceda, constituye un sacrificio
superior al que están dispuestos a realizar.
¿Para qué me voy a molestar? Después
de todo, ¿a quién le interesa saber mi opinión?
Estoy embargado de trabajo. Los
políticos lo deciden todo.
Pero el
acto de conseguir que nuestra voz tenga un determinado valor – basado en
conocimientos, debates, y penetración – requiere preocupación.
Es mucho más simple llamar a un “experto” para que hable en el
Rotary Club en vez de explorar los hechos y presentar el asunto uno más fácil
dar una charla basada en sus propias opiniones y en los datos obtenidos, que el
intentar dirigir una discusión animada en la cual surjan diversas opiniones.
Una
conferencia “colocándonos en el lugar de otros” – mencionada
anteriormente – exige que los participantes estudien y se preparen durante
varias semanas; pero es un hecho que en los lugares donde la han organizado, ha
subido considerablemente el nivel de comprensión sobre asuntos extranjeros.
Si tales estudios y debates se llevaran a cabo en todo el mundo, ¿quién
podría calcular los resultados beneficiosos que se obtendrían?
Sin embargo, no es posible negar que todas las actividades de esta clase
exigen arduos sacrificios personales, pues nos apartan de esparcimientos y
quehaceres tales como ver televisión, tomar lecciones de baile, asistir a
fiestas, hacer algunas reparaciones en la casa, o construir un bote.
Pericles
dijo: “No permitimos que los asuntos personales absorban nuestra atención en
tal forma que nos impidan participar en los de la ciudad; mantenemos muy alto
nuestra independencia de espíritu y nuestra confianza en nosotros mismos; pero
consideramos inútil al que se mantiene apartado, de los asuntos de la
ciudad.” Y los griegos tenían una
palabra para denominar al hombre “inútil”: “idiotes” –
ciudadano privado – de la cual se deriva el vocablo “idiota” de nuestra
lengua.
Esto
conduce a otro tipo de sacrificio personal: la idea de que nuestra opinión tal
vez no sea correcta; que las fuentes de información se hallen contaminadas de
propaganda, o que nuestra cultura tenga algo que asimilar de otra cultura.
Para muchas personas, esto último es el golpe de gracia asestado a su
orgullo personal y al nacional. El
observador superficial no puede concebir que los principios en que cree, y la
forma de vida que ha seguido se tornen casi irreconocibles en la próxima
generación. Que, en suma, se
transformen las bases mismas, y en consecuencia, resulte posiblemente un
mejoramiento de la sociedad.
Aunque es
duro adaptarse, una flexibilidad espiritual de tal índole haría más fácil
seguir la senda del sacrificio. Dadas
todas las realizaciones de la civilización helénica, hay que suponer que los
griegos la poseían. Por miles de años,
el trofeo, o monumento, ha sido el símbolo de la victoria, y estos trofeos
corresponden en su estructura y sustancia a las materias naturales del país.
En Egipto, donde la piedra era abundante, el monumento era una losa o lápida
con una inscripción de los hechos gloriosos; más al oriente, utilizaban arena,
dispuesta en montículos o en formas extrañas, y solían ponerse cabezas o
huesos. En Grecia se usaba la
madera, con la que el victorioso hacía su trofeo o monumento; pero no se permitía
repararlo. Por lo tanto, aun al
imponerse a su rival, o cuando erigía su monumento, el vencedor pensaba que
pronto se deterioraría y terminaría por desaparecer.
Nunca se olvidaba que lo único permanente era la inestabilidad.
Tal actitud
no entraña vacilaciones o falta de objetivos.
Como la atestiguan los hechos gloriosos de los helenos, no es una
doctrina que inspire la paz a cualquier precio.
Por otra parte, una actitud de esa clase, ofrece una perspectiva, y la
perspectiva es uno de los hitos a lo largo de la senda del sacrificio.
Es en este
punto donde se unen la senda de la justicia y la del sacrificio; pero resultaría
incompleto todo análisis de las actitudes que conducen al sacrificio si no
hacemos otra referencia a un dilema que va a surgir en esta edad atómica.
Aunque pudiera abolirse el peligro de la aniquilación, emerge otro
problema henchido de futuros desastres. La
miseria y la ignorancia en los pueblos menos avanzados constituye un campo fructífero
para el agitador, para el ambicioso, o para la nación que trata de obtener
poder aprovechándose de la confusión. No
es posible rechazar al insurgente mediante la fuerza armada, pues tarde o
temprano se pertrecha. Además, el
desarme de las naciones y la fiscalización ejercida sobre las grandes potencias
no constituyen soluciones por sí solas, a menos que pueda establecerse un nuevo
orden que aliente las esperanzas y gane la lealtad de esos millones que emergen.
Lo esencial
con respeto a esto es lo siguiente: ¿Quiénes son estos millones que emergen?
¿Salvajes ignorantes a quienes se debiera dejar solos?
¿Futuros braceros en una tecnocracia regimentada?
¿Los soldados de un ejército aun más grande y destructor?
¿Peones en el juego de la política de las grandes potencias?
O son hombres libres y útiles a quienes debe ayudarse, de un modo u
otro, para que conquisten sus legítimos derechos a la dignidad, autonomía y
amor propio. Cada cual responderá a
su modo estas preguntas; pero tendrá que pronunciarse en alguna forma, aun si
es decidiendo no dar respuesta alguna.
Además, la
persona que se sienta atraída a la senda del sacrificio debe examinar
serenamente lo que significa paz. Discurrirá
sobre esta palabra, y la analizará, tratando de hallar nuevas proyecciones a su
significado, y nuevos métodos. Mientras
continúe siendo un concepto negativo y se defina como “la ausencia de
guerra”; mientras los esfuerzos se limiten únicamente a contener a los
posibles agresores o reducir los medios de agresión, los resultados serán
desalentadores, pues subsistirá el peligro.
Solamente si se transforma el concepto de modo que incluya la acción
constructiva y positiva de establecer orden en el mundo, podrá una persona
descubrir una senda que justifique el sacrificio personal.
El
analfabeto que se esfuerza en aprender las primeras letras, lucha en pro de la
paz. El agricultor que brega en la
tierra para aumentar la cosecha, los hombres de ciencia que combaten contra las
enfermedades o idean pacientemente métodos para mitigar las fatigas del trabajo
cotidiano, el hombre de negocios y el miembro de un gremio que elevan las
condiciones existentes, los ciudadanos que defienden la causa de los derechos
humanos, o sirven de adalides en el avance del derecho internacional, y muchísimos
otros, son los héroes en la cruzada por la paz.
Las sendas de la libertad, del progreso y de la justicia, que se han
presentado al rotario en el Esbozo de Normas, se unen a la senda del sacrificio
– el sacrificio personal en aras de la paz.
Y la paz debe obtenerse en la brega.
Si las
relaciones internacionales continúan siendo la preocupación de los demagogos y
diplomáticos, lo probable es que nunca se venzan los obstáculos que impiden la
consecución de la paz. La paz debe
convertirse en la meta personal de los hombres de empresa que están habituados
a poner ideas en ejecución. Si se
detuvieran a recapacitar sobre el significado de sus vidas, descubrirían que
son ellos, precisamente, los que tienen mayores intereses en el asunto.
Son los que tienen más que perder en este vendaval que nos arrastra
hacia la guerra mundial y la revolución, y más que ganar si se crea el nuevo
orden basado en la libertad, el progreso y la justicia.
La senda
del sacrificio ejerce gran atracción entre los rotarios.
Esto es realmente “Dar de sí antes de pensar en sí.”
Miles de rotarios están respondiendo al llamado.
Sin embargo, se podría alcanzar mucho mas, mediante mayor devoción a
los principios de Rotary, por medio de un cultivo más diligente de los
contactos de Rotary, y gracias a una dirección más activa y mejor informada en
sus propias comunidades. ¿Es esto
demasiado esperar “del compañerismo de los hombres de negocios y
profesionales, unidos en el ideal de servicio?”
Hace una
generación, se decidió el destino del hombre en “una carrera entre la
educación y la catástrofe”. Año
tras año, se agrava más la situación. El
llamado al sacrificio se torna más urgente.
Lo hacen los estadistas, los hombres de estudio y los sacerdotes de todas
las creencias; pero es un general el que trae de los campos de batalla el
mensaje más descarnado y convincente:
Ahora que
la lucha ha cesado de modo temporal, la impresión más tajante que emerge de la
escena es la completa inutilidad de tantas muertes y mutilaciones.
Se ha desmembrado a una nación, y ahora nos hallamos tal como estábamos
antes de empezar.
Esta
experiencia prueba nuevamente la total futilidad de la guerra moderna, su
completo fracaso como medio de resolver las disensiones internacionales.
Debemos darnos cuenta, finalmente, de que la guerra es algo arcaico como
instrumento de la diplomacia y que no constituye una solución, sino el suicidio
internacional.
Si bien
tenemos que estar preparados para hacer frente al infortunio en caso de que
estalle la guerra, debemos establecer procedimientos domésticos e
internacionales conducentes a la meta definitiva: la abolición de la guerra en
toda la faz de la tierra. No es
posible domeñar la guerra, hay que abolirla.
Es evidente
que la abolición de la guerra exige acciones de sacrificio.
Respaldada por antiquísimas tradiciones y larga historia, y con una
aureola de gloria creada y difundida por leyendas y canciones, se resistirá a
desaparecer. Sin embargo, los
galardones que se obtengan en una victoriosa batalla contra este flagelo de la
humanidad, justifican cualquier esfuerzo.
7
La Senda de la Lealtad
Recomendará que se aprecien con espíritu comprensivo – y así lo
hará él –
las
creencias ajenas, como medio de fomentar la buena voluntad internacional,
consciente de que existen ciertas normas básicas morales y espirituales que,
llevadas a la práctica, serán garantías de una vida más amplia y más
fecunda.
(Del Esbozo
de Normas para las Relaciones Internacionales)
EL ROTARIO
que ha considerado seriamente estas sendas hacia la paz, podría preguntarse:
“¿Se necesita algo más?”
No hay duda
que estas seis sendas – patriotismo, conciliación, libertad, progreso,
justicia y sacrificio – representan un epítome de acción valerosa,
atemperada con visión. Se describe
a continuación a un hombre sapiente y constructivo:
·
un patriota
cuyo orgullo de las contribuciones hechas por su patria se eleva por encima de
toda manifestación de superioridad nacional o racial;
·
un denodado
defensor de la libertad de todo ser humano;
·
un optimista
que contribuye, en todo lo posible, al mejoramiento del nivel de vida en todas
partes;
·
un realista
determinado a defender la justicia, aplicando sus principios en todo el mundo;
·
un hombre
preparado a sacrificarse en aras de la paz.
¿Qué otra
cosa necesita, a no ser la fuerza espiritual que lo sostenga en esta cruzada por
la paz?
Esta senda
– la séptima y última – debe entrañar el reconocimientote que no sólo de
pan vive el hombre; que en este mundo de ideologías en pugna, la causa de la
confraternidad mundial debe proyectarse más allá de las consideraciones
materiales a fin de abarcar aquello que constituye el significado esencial de la
vida. Por lo mismo que es una acción
práctica –la lucha para extirpar males específicos de la índole de los
prejuicios, las disensiones, la pobreza y la injusticia – debe serlo también
en la esfera más profundamente humana de lo práctico.
En dar un significado a la vida del hombre y en tratar de hallar las
respuestas a las eternas preguntas: ¿Cuál es el sentido de todo?
¿Por qué estoy aquí?
¿Le cabe a
Rotary proponer una senda de esta naturaleza?
Si la séptima senda se ocupase de tales enseñanzas, sería traspasar
las funciones y la esfera de Rotary. Esto
es algo que nunca se podrá subrayar lo suficiente.
Para disipar cualquier mal entendimiento, es suficiente citar la
respuesta categórica de un presidente de Rotary Internacional, dada a una gran
entidad religiosa que planteó la cuestión:
Rotary no es una asociación secreta.
En Rotary no hay juramentos ni secretos de ninguna clase.
Todas sus reuniones, actividades y documentos son públicos.
Rotary no se propone sustituir a ninguna organización religiosa o
caritativa, ni inmiscuirse en sus asuntos.
Hace muchos años se aprobó lo siguiente en una convención de Rotary
Internacional: “Se espera que cada rotario sea un miembro leal de la iglesia o
entidad religiosa a la cual pertenece, y que personalmente ejemplificará por
medio de todos sus actos los principios de su religión.
Para ingresar a Rotary no se requiere dar información acerca de raza,
religión o ideas políticas.
Rotary da por sentado que su programa de servicios está de acuerdo con
todas las religiones.
La palabra
clave en esta declaración es leal. Se
espera que todo rotario sea leal a la entidad religiosa a la que pertenece.
Y el Esbozo de Normas da un paso más al urgir que se juzgue
comprensivamente la lealtad de otros hombres, como requisito esencial para la
realización de las finalidades de la vida.
La falta de comprensión hacia las personas con lealtades diferentes
constituye, en la actualidad, un problema nada insignificante.
Rotary congrega a hombres de diferentes creencias religiosas en un
ambiente de compañerismo que se distingue por el respeto mutuo.
En estas circunstancias, las relaciones sociales tienen amplias
proyecciones y devienen en amistad.
Imaginémonos
que se difundan por todo el mundo las simples formas de cualquier Rotary Club:
el saludo amistoso, el sentarse a conversar, el cambio de experiencias, el
continuo aumento de cordialidad. ¿Se
podría fomentar este desenvolvimiento entre personas que se hallan ahora
separadas por barreras de suspicacias, reminiscencias desagradables y lealtades
diferentes? ¿Y podría contribuir
un conocimiento mutuo de esta clase, difundido en todo el mundo, a curar las
llagas de la humanidad? Si así
fuera, veríamos realizado el sueño del poeta Whitman:
En un sueño
he visto una ciudad invencible a los ataques de todo el resto del mundo.
Soñé que era la nueva ciudad de la amistad, la única ciudad que ha de
perdurar, la única que es inexpugnable, la nueva ciudad donde todos son amigos.
Gran parte
del desasosiego espiritual que caracteriza a las sociedades industrializadas y
que, de acuerdo con la mayoría de los observadores, se va intensificando rápidamente,
tiene por causa las premuras que origina la sociedad.
El individuo, desconcertado ante sucesos que no comprende o no puede
gobernar, hace un acto de introspección. ¿Y
qué es lo que ve? Ve a otras
personas como a él mismo. Y
descubre que su ser concentrado en sí mismo, y lleno de presunción, sólo es
una parte de su naturaleza. Detrás
de la máscara de egoísmo hay un ser esencialmente espiritual que siente íntima
preocupación por sus semejantes, y se halla vinculado a ellos.
Este es el dinamismo interior que se proyecta hacia los demás, al
percibir que el hombre – como dijo Paul Tillich – no es “una cosa más.”
Es una Persona.
En el drama
Peer Gynt, de Ibsen, el director de manicomio explica la anomalía de
muchos de sus pacientes. Los que él
describe padecen de ansiedades sicopáticas acerca de sí mismos, no respecto a
otros:
¿Fuera de
sí? ¡Oh, no, usted está
equivocado! Es aquí donde los
hombres son más ellos mismos que en ninguna parte.
Ellos mismos y nada más que ellos mismos.
Flotando con las desplegadas alas de su propio yo, el tonel cerrado con
el tapón del yo, y criado en la bodega del yo.
Nadie derrama una lágrima por los infortunios de otros, o le importa lo
que piensen los demás.
Hay un
“Yo” universal en las más altas etapas de la humanidad, y los observadores
del desenvolvimiento social ven pruebas de que se proyecta hacia otros y se
producen influencias recíprocas. Los
resultados del “descubrimiento interior” del hombre tal vez sean graduales,
y algunas veces inciertos; pero son inequívocos.
Cada día se acepta más la idea de que a fin de ser constructivo para
consigo mismo, se debe servir a los demás.
Esta verdad fundamental es uno de los principios básicos de Rotary.
Sin
embargo, dado el espíritu de la sociedad, existe otro aspecto en dicho
reconocimiento. Un canónigo de la
Iglesia Anglicana, famoso por su ingenio, lo expresó cierta vez en la siguiente
forma: “En la actualidad”, dijo él, “todos como resultado, según él,
del aumento y difusión de conocimientos, como también de la corrosión de las
creencias personales a causa de la influencia de otras creencias.
La actitud
y conducta que se recomiendan para seguir la senda de la lealtad tienen por
objeto protegernos de estos efectos corrosivos de la diversidad.
Pero antes de proseguir, sería tal vez conveniente considerar con mayor
profundidad dichos efectos. Por
ejemplo, ¿cómo reacciona un individuo al descubrir que las creencias de los
otros difieren de las suyas? Supongamos
que se trata del “hombre primitivo”. Si
alguien le dice que el mundo es gris, y no blanco ni negro, ve rojo.
Considera como rival o enemigo a todo el que se diferencia de él.
Le ofende su lealtad, quema sus libros, disuelve por la fuerza sus
reuniones. Trata de proteger su
propia lealtad aislándola; recurre a expresiones vehementes y fanáticas;
provoca a los demás hasta que las reacciones que produce lo hacen sentirse un mártir.
Es el hombre que sólo ve lo que quiere ver y únicamente oye lo que
desea oír. Es como el predicador
que, al hacer notas marginales en su sermón, escribió en cierto punto: “Esto
carece de fuerza, subir la voz lo más posible.”
El actuar
en forma beligerante cuando se descubren hechos diferentes o desagradables,
elimina la posibilidad de contribuir en ninguna de las sendas que se recomiendan
al rotario. No menos destructiva es
la conducta de los “hombres cansados”. Su
interés y energía se hallan socavados por su incapacidad de tomar decisiones
por su propia cuenta.
Al igual
que los “hombres primitivos”, demandan soluciones simples.
La diversidad los angustia y, a menudo, hastiados de vivir cansados,
hacen causa común con los fanáticos. Un
gran número de estas almas fatigadas se convierten en prosélitos de los
dictadores. Se hallan también entre
los millones que han llegado a la conclusión de que, después de todo, lo que
piensan no cuenta para nada, pues otros son los que deciden.
De acuerdo
con el canónigo, el resto de la humanidad consiste en “hombres perplejos”
que no se han atrincherado en una actitud fanática ni se han dejado agobiar por
el peso de la vida; pero, al confrontar diversas doctrinas, se preguntan en qué
forma se explican los otros los eternos misterios, y qué vínculos de relación
pueden existir con aquellos cuya explicación difiere de la suya.
Se la pasan coleccionando datos e informaciones, consultando a nuevas
“autoridades”, sopesando novedosas teorías, y discutiendo la pertinencia de
la historia. Estas son las personas
que posponen toda acción o compromiso hasta “completar las informaciones”.
En consecuencia, sus decisiones, en la forma que se toman, son
“decisiones de abstención”.
Para los
“hombres perplejos”, la senda de la lealtad ofrece una solución que puede
emanciparlos de esa situación estática de fallo en suspenso.
La lealtad entraña el deber de tomar una decisión y actuar; el
interesarse y laborar por algo de mayores proporciones que uno mismo, y que se
proyecte mas allá de uno mismo. Significa
situarse en un punto razonable y decir: “Aquí me posesiono.
¡Desde este lugar puedo hacer reconocimientos; pero, en este momento, es
aquí donde me detengo con mis prójimos!”
Se alude a los que comparten la misma devoción: “el hondo afecto del
hombre por sus camaradas”, como Whitman lo denominó.
Para los “hombres cansados”, la senda de la lealtad se presenta como
una solución y un estímulo que los haga actuar en la vida.
No importa el rumbo que tomen las cosas, hay algo que el individuo leal
puede cosechar en su comunidad: el reto al espíritu indagador; la satisfacción
que brinda todo servicio creativo; el sentimiento de seguridad que se
experimenta al tener una responsabilidad personal.
Es lógico que el hombre busque los métodos más fáciles – las rutas
en descenso, las soluciones listas para aplicarse.
En esta edad de la electrónica y el automatismo, es natural que los
hombres demanden Lealtad Instantánea, podría suponer que también se hallan a
nuestra disposición las otras dos; pero no existen.
Una
historieta ilustra la tragedia final del “hombre cansado”: la persona que
por lasitud o pereza, decide que, después que todo, nadie va a echar de menos
la contribución de una persona. Alguien
tuvo la idea de que si todos los habitantes del mundo exclamaban “¡bu!” al
mismo tiempo, el grito se oiría hasta en la Luna.
Acordaron hacerlo y cuando llegó el momento señalado para el gran acto,
todos se hallaban tan ansiosos de oír el tremendo grito que decidieron escuchar
en vez de actuar. La historieta dice
que ése ha sido el momento de más profundo silencio en la historia del mundo.
Lo que
debería decirse a los “hombres primitivos” es que constituye un motivo de
inspiración el ver que hay alguien que sabe adonde marcha, siempre y cuando le
complazca encontrarse con otros que profesan lealtades diferentes a la suya en
origen y finalidad. Al advertir y
apreciar la firmeza de las creencias ajenas, las propias se tornan mas firmes,
como sucede con los viajeros que, al cruzarse en el camino, se reconfortan
mutuamente antes de proseguir cada cual en su jornada.
El conocimiento mutuo – el corazón de Rotary – es también un acto
en que participa la imaginación: una proyección del alma dentro del alma de
otro ser, o de varios, o en la de toda una colectividad.
Rotary está
determinado a extender y multiplicar este procedimiento a fin de fomentar la
comprensión mutua, la buena
voluntad y la paz: de modo intensivo, en el club, donde se reúnen hombres de
diferentes ocupaciones y diferentes credos; de modo extensivo, gracias a la
confraternidad mundial de Rotary que ofrece a cada socio la oportunidad de
inspirar a los hombres de otras naciones, culturas y tradiciones, y de ser
inspirado por ellos. El juicio de un
hombre sobre el significado de la vida, fortifica el de otros.
En varias
ocasiones, sin embargo, se ha desacreditado la lealtad.
¿En qué otra puede explicarse la apatía religiosa, que no es
exactamente igual a la mera asistencia a las iglesias; la disgregación de la
familia; el gran numero de hogares destruidos; los frecuentes casos de traición
a la patria, aun entre personas de los mejores antecedentes y privilegios; el
fanatismo exacerbado, y el vacío en las vidas de tanta gente?
Para explicarse todo esto, pueden mencionarse muchas razones, tanto
sociales como económicas; pero sería necesario preguntarse si habría tales
anomalías de no haberse descuidado o adulterado el cultivo y práctica de la
lealtad. Un escritor desilusionado,
expresó sus experiencias en la siguiente forma: “Pertenecía a esa extraña
raza de individuos que, según una acertada descripción, se pasan la vida
haciendo cosas que detestan, amasando dinero que no necesitan, tratando de
causar buena impresión a gente que no aprecian.”
¡Qué tal cuadro de futilidad! ¡La
absoluta carencia de lealtad hacia todo y para con todos!
Se cuenta
que cierta vez se acercó un vasallo al Principio de las Tinieblas, hincado de
vanidad en su trono, y le comunicó una infausta noticia: En cierto lugar de la
Tierra, el hombre había dado con una buena idea.
Por un momento, Satanás se sintió confuso y agitado; pero se repuso de
inmediato y, sonriendo diabólicamente, replicó:
“Despreocúpate,
les enseñaré el modo de organizarla.”
Hay, en
todo el mundo, incontables pruebas de esa táctica de desvirtuar toda buena
idea, de organizarla de modo que resulte eliminada la parte vital, el diluirla
en mares de palabras y adornos hasta que pierda todo significado.
Aun tratan de canalizar en estrechos cauces rutinarios – y explotar –
la tendencia natural que existe en los niños de juntarse en procura de algo que
despierte tu interés. El deporte,
que está llamado a inculcar y desarrollar el espíritu de cooperación, suele
perder su eficacia al darse importancia desmedida a la participación
individual, como también a los ingresos en taquilla.
Ciertos momentos sublimes del año, consagrados a la devoción religiosa
o patriótica, se han falseado en beneficio de viles intereses.
En muchos
lugares del mundo, se ha pervertido en gran escala la lealtad, debido a que la
utilizan con fines inmediatos, sin tomar en cuenta que sacrifican algo o a
alguien en la consecución de sus fines. En
tal ambiente, una Forma de Vida se torna en una obsesión, un sistema económico
deviene en un culto, las palabras se convierten en realidades.
La consecución de la verdad deja de ser el resultado de esforzada y
sincera labor de observación o el fruto de la experiencia, y se convierte en
una recolección de hechos a fin de respaldar axiomas preconcebidos.
La regimentación y el totalitarismo envuelvan las mentes e interceptan
el paso a la Verdad. En los países
totalitarios, la lealtad siempre se halla bajo ataque directo.
Inducen a los niños a espiar a sus padres y a sus maestros.
Se impone una estricta censura a las ideas, por temor a que la lealtad
hacia la verdad y a la justicia sometan a escrutinio los designios del Estado.
El temor de que le atribuyan a uno culpabilidad por asociación convierte
en un peligro la amistad y aun la sociabilidad.
Los grupos independientes de carácter social, religioso o político, son
objeto de persecuciones.
No obstante
la existencia de todas estas circunstancias, se mantiene vivo el sentimiento de
la lealtad. El martirio lo aviva y
torna más luminoso. Ni aun el
terror de los campos de concentración, ni el peligro de perder la vida han
impedido que centenares de miles dejan su patria y se refugien en partes del
mundo donde todavía es posible la expresión libre y espontánea de la lealtad.
Sin
embargo, no deben interpretarse erróneamente los motivos heroicos de los que
arriesgan tanto por la libertad. Es
muy revelador el comentario que hizo un joven aviador polaco que abandonó su
tierra para sacar el primer avión soviético de reacción que se vio en el
Oeste, excepto en combate. Algunas
semanas después, se ofreció un premio de 100.000 dólares a todo piloto de un
aeroplano MIG que repitiera la hazaña. Como
quiera que los resultados fueron desalentadores, se solicitó la opinión del
aviador polaco. Manifestó que los
que pudieran decidirse a tomar el riesgo, lo harían sólo en aras del honor y
de la libertad, no por dinero. Un
vez más quedó demostrado que la lealtad no se compra.
Sin
embargo, la ola de materialismo ha socavado el principio de la lealtad.
El mundo entero está dedicado a la tarea de hacer o acumular cosas. Las
naciones compiten unas con otras en la producción de acero, en el número de
vagones de ferrocarril que se cargan mensual o anualmente, y en la producción
de artículos manufacturados. El éxito
de una sociedad no se determina por las grandes ideas o los grandes hombres que
surgen en su seno, sino por las cosas que produce.
Y aunque las cosas son necesarias en el proceso de emancipar a la
humanidad del trabajo aniquilante, de las privaciones y de las fatigas
cotidianas, habría que preguntarse, ¿emanciparnos para qué?
Esta es una
situación muy similar a la de un señor y su esposa que hacían un largo viaje
en automóvil. La esposa consultaba
todo el tiempo el mapa y daba las direcciones necesarias.
De pronto, la esposa exclamó: “Juan, nos hemos perdido.”
El esposo
aferró el volante, oprimió el acelerador más aún, y dijo: “No tiene
importancia, ¡estamos yendo a muy buena velocidad!”
La
humanidad vive en una edad tecnológica, con máquinas que la ayudan casi en
todas sus faenas, aun en la función de pensar.
La “marcha del progreso” ya no es un medio sin un fin, el destino de
la vida ha dejado de tener importancia. No
es pues extraño que los hombres se inclinen a anteponer la acción al
pensamiento, las cosas a las personas, el progreso a la lealtad.
El materialismo sin la templanza de la lealtad produce inevitablemente
una actitud que entraña esto: “No existe futuro ni pasado, tan sólo el
presente”.
Al observar
cómo se ha degradado y perseguido la lealtad, podría arribarse al
convencimiento de que es una causa perdida.
Las apariencias, sin embargo, son casi siempre engañadoras.
Repetidas veces, en el curso de la historia, causas que parecían
perdidas inspiraron hondos sentimientos de lealtad.
La fuerza de la lealtad no se manifiesta con el aplauso tributado al
conquistador o en adherirse a una causa triunfante, sino en los momentos de
honda desesperación. Recordemos a
los mártires del cristianismo cuando desafiaban el poderío de Roma.
Pensemos en los patriotas que conservaron su lealtad a través de los
siglos, después de que su país había desaparecido del mapa.
Asimismo,
las más fecundas experiencias personales suelen sobrevenir cuando se acrecienta
el sentimiento de lealtad. ¿No son
estos los días de prueba y de esperanzas inciertas?
El
estadista que simbolizó de modo sublime la férrea decisión de una nación que
se hallaba sola ante las más tremendas dificultades, expresó una confianza que
sólo los hechos posteriores han justificado en parte.
“Las leyes que gobiernan las acciones de los hombres pueden ser justas
o injustas”, dijo Winston Churchill en un discurso pronunciado en los Estados
Unidos el año 1949. “Es posible
que la tiranía acalle o censure sus palabras.
La maquinaria de propaganda puede atiborrar sus mentes de la verdad por
muchas generaciones. Pero el alma
del hombre, mantenida en un estado de letargo o catalepsia durante una larga
noche, puede despertar al impulso de una chispa originada Dios sabe dónde, y,
en un instante, todo el edificio de embustes y opresión se ve ante un
descalabro inminente. Los pueblos
oprimidos nunca deben caer en la desesperación.”
Las
noticias más sensacionales de los periódicos suelen referirse a las acciones o
palabras de los hombres que suprimen las libertades, que persiguen metas egoístas
y exaltan la fuerza bruta. Son
aquellos cuya lealtad – tal como se manifiesta – es semejante a la del
troglodita. Las mezquinas causas que
abrazan corroen el espíritu del hombre, y exigen constantemente nuevas víctimas
y sufrimientos; pero el espíritu humano se recobra y torna a su ser si se nutre
e inspira con el hálito de la lealtad. El
llamamiento de Rotary se dirige a la lealtad de los hombres, al espíritu
abnegado que se proyecta para unirse a ese mismo espíritu de otros hombres.
Patriotismo, conciliación, libertad, progreso, justicia y sacrificio –
cada uno representa un plan de perfección que es difícil cumplir; pero los
rotarios poseen un hondo sentido de lealtad hacia la confraternidad mundial, lo
cual los une con el resto de la humanidad. Es
una lealtad amplia; pero erigida sobre sólidos cimientos que han resistido las
mareas y corrientes de sus comunidades.
La lealtad
pertenece a esa esfera que alguien denominó “la frontera inflexible” del
espíritu humano, el cual no puede analizarse en el laboratorio, ni en un tubo
de ensayo. Los hombres de ciencia
pueden reducir el mundo a un vecindario, gracias al prodigioso adelanto de los
medios de comunicación; pero no pueden conseguir que los vecinos se estimen y
respeten. Tampoco pueden separar
mediante análisis, ni crear, las condiciones que puedan aplicarse a fin de
producir automáticamente respeto y espíritu de servicio en un mundo
interdependiente. Es más probable
que los sabios consagrados a la investigación científica creen vida y no amor.
Se trata de algo que pertenece al mundo espiritual.
Sin
embargo, un hombre de ciencia, en una charla dada en una convención de Rotary
International, hizo una breve reseña de un pasaje del Valle de la Destrucción
Inminente. Demostró en ella que
hermanando la senda del progreso y la de la lealtad es posible alcanzar la paz.
El Dr. Andrews, químico, dijo lo siguiente a los rotarios y a sus
familias:
Los mismos
experimentos que nos han dada la energía atómica, nos están brindando… la
visión atómica. Al escudriñar la
estructura del átomo, vemos que el átomo está constituido por algo más que
materia. Expresándolo en una
palabra, vemos que el átomo es música. Y
debido a esta nueva concepción – el hecho que la ciencia revele algo que se
encuentra mas allá de la materia –, podemos tener confianza en el porvenir,
la confianza de que, al fin, será factible construir un nuevo y maravilloso
mundo en que reine la paz y exista una vida amplia y generosa para todos…
¿Qué es
esta misteriosa fuerza que ha dentro de cada uno de nosotros, la cual rige y
gobierna a este vasto flujo de átomos que pasa por nosotros en cada instante de
nuestras vidas? La ciencia afirma
hoy que la cantidad que permanece constante en el proceso de transformación
constituye la más profunda realidad.
Aquí se
halla esa chispa de la vida que puede llamarse espíritu o alma, si así se
desea, la cual se mantiene, de algún modo, constante y rige esa vasta
transformación que constituye nuestra vida, y es lo que encierra la suprema
realidad. La ciencia afirma que la
realidad que conocemos y con la cual estamos en contacto, la suprema realidad
que impera, es el espíritu humano. Ahora
bien, si fijamos nuestra atención en el universo exterior, así como en el
universo interior, hallamos la misma respuesta.
Las estrellas están constituidas por átomos.
Sus átomos cantan. La música
de las esferas celestes es algo más que una mera fantasía de los poetas.
Las estrellas cantan. Y, al
proyectar la vista aún más allá, en la naturaleza del tiempo y del espacio,
vemos otra vez una nueva respuesta…
El
verdadero poder del universo no es el poder destructivo del átomo, sino el
poder del amor, el amor que debemos tener por nuestros semejantes, el amor que
nos prodiga nuestro Creador, y que por El debemos sentir en nuestros corazones.
Y de acuerdo con esta nueva visión de la ciencia, hay esperanzas de que,
en este nuevo mundo de paz, habrá buena voluntad y vida fecunda para toda la
humanidad…
Los
rotarios un pueden brindar una fórmula mágica para que surja este nuevo mundo;
pero se hallan en situación ideal para provocar una “reacción en cadena”
de compañerismo y servicios. Un
rotario – como en la reacción eslabonada que se produce en la fisión del átomo
– puede hacer de catalizador de dos; estos dos podrían actuar sobre cuatro;
cuatro causarían reacción en ocho, y así sucesivamente.
Con suficiente fe y visión, sus lealtades inspirarían en otros el mismo
ideal.
Rotary no
posee una solución instantánea para ofrecer a nuestro ajetreado mundo; pero
los rotarios – individualmente considerados – creen que han ensanchado la
grieta abierta en el muro de la incomprensión y la desconfianza.
Con cada día que pasa, apresuran su derrumbamiento mediante la fuerza
del compañerismo y los servicios. Afortunadamente
no luchan solos, y les sirve de aliento la evidencia de que todos los hombres de
buena voluntad del mundo están unidos espiritualmente en la obra universal de
conseguir paz.
Impacto
Pocos antes
de las elecciones en el distrito londinense de Lambeth, se organizó un festival
con el objeto de que el mayor número de votantes acudiera a las urnas
electorales para hacer uso de sus privilegios.
Fué un programa de gran interés: se presentaron sugestivos episodios en
al prolongada lucha para conquistar el sufragio universal, cuadros que mostraron
las fluctuaciones habidas en el interés de los ciudadanos en elecciones
pasadas, planos y maquetas de las nuevas obras que se habían proyectado para el
distrito, y sucintas biografías de los candidatos.
Pero lo más sensacional de todo fue una caja misteriosa, con un letrero
que decía lo siguiente:
ESTA
PERSONA LLEVA LA CARGA MAS PESADA.
Se invitó
a los visitantes a que atisbaran por una mirilla y oprimiesen un botón.
Se encendía una luz e iluminaba lo único que había en la caja: un
espejo.
Si un
Rotary Club organizase una exhibición en materia de relaciones internacionales,
¿no sería justo hacer lo mismo? Presentar
un espejo en que el rotario viera su propia imagen.
Simbolizaría el juicio de un comité de relaciones internacionales de un
Rotary Club de Dinamarca, al finalizar un esplendido año de trabajo:
Cada uno de
los socios del club debe laborar en el campo de las relaciones internacionales.
El comité de relaciones internacionales no es un organismo o
departamento único y separado del club. El
comité lo dirige, lo informa, lo ayuda y le da consejos a usted – en su carácter
individual de socio – en todo lo que se refiere al campo de las relaciones
internacionales, con el objeto de que contribuya en esta importantísima avenida
de servicio. Es la responsabilidad
que tiene USTED como rotario.
Este
concepto fue la base del programa de un presidente de Rotary International que
hizo un llamado a cada rotario para que hallase sus “propias sendas hacia la
paz.” Esta exhortación crea el
deber de fijarse metas personales, y explorar cada fase de la escena local para
descubrir dónde sería más útil el servicio y la información.
No se trata de dictarle al rotario líneas de conducta, sino ayudarlo a
que ponga en practica lo que quiere hacer, lo que él sabe que debe realizar, y
convencerlo que es importante lo que hace. Los
rotarios, y también los no rotarios, deben entender claramente que el impacto
de Rotary es el resultado de las acciones individuales de los rotarios.
“Después
de muchos años de intenso esfuerzo”, escribe el rotario neozelandés que
inició el estudio de las siete sendas hacia la paz, “el problema central
continúa siendo el mismo. Nos
hallamos todavía tratando de idear medios y arbitrios que despierten la
imaginación del rotario. Existe la
oportunidad, como también la información necesaria y, en la mayoría de los
rotarios, alienta el deseo de emplear ambas.
A pesar de esto, se debe convencer a cada socio de que su esfuerzo, por
pequeño que sea, tiene efectos en los resultados finales.”
¿Qué puede
hacer el rotario? ¿Qué es lo
que ya ha hecho? ¿Con qué
oportunidades cuenta el rotario por la circunstancia de pertenecer a Rotary?
Y finalmente, ¿ha utilizado estas oportunidades?
Estas son, únicamente, algunas de las preguntas que pueden surgir en la
mente del rotario – y también del no rotario – al leer la historia de los
otros rotarios y, sobre todo, al evaluar el progreso que ha logrado él mismo a
lo largo de su “propia senda hacia la paz”.
En primer
lugar, debe subrayarse que el ser rotario ofrece oportunidades y ventajas
que no tiene la mayoría. El rotario
puede tomar su Directorio Oficial, abrirlo en cualquier página, poner el dedo
en uno de los clubes registrados, y decir: “Aquí tengo un amigo.”
Le es posible escribir una carta personal al presidente o secretario de
ese club, con la seguridad de obtener respuesta.
Tiene la opción de visitar ese club el día de la reunión y ser
bienvenido como un amigo. Puede
visitar a cualquier rotario en su oficina o en su casa.
La sinceridad y respeto con que los rotarios se tratan tiene gran
significado.
Los
rotarios viajan mucho. En estos días,
en que no hay punto del globo que se halle a más de unas cuantas horas de
viaje, el visitar otras tierras es fácil y sugestivo.
Miles de rotarios viajan anualmente por otros países, y el número
aumenta de continuo.
El
compensar las faltas de asistencia en su club asistiendo a la reunión de otro,
no sólo es una necesidad, sino un privilegio al que no hay rotario que
renuncie.
Imagínese
la experiencia de un rotario que viaja. Antes
de partir, los otros socios le recomiendan que visite a tantos Rotary Clubs como
le sea posible. Podrían darle el
“pasaporte” simulado que otorga Rotary International, como recordatorio de
los días y lugares de reunión de los clubes que piensa visitar.
Mediante la aprobación de los dirigentes de su club, el pasaporte lo
autoriza a solicitar la cooperación de los clubes en la avenida de las
relaciones internacionales.
Cuando
asiste a la reunión de un club en otro país, no va como un extraño o
“extranjero”, sino como un amigo rotario.
La conversación con sus compañeros contiguos de mesa, durante el
almuerzo, las frases que les dirija a solicitud de los circunstantes, y el
mensaje de buena voluntad que porta de su propio club encierran profundo
significado. Ellos lo recordarán
siempre, especialmente si el viajero visita el club de una comunidad pequeña y
lejana. Y eso no es todo.
Es probable que sea invitado a la casa de unos de los socios o a su
oficina. Hay posibilidades de que se
le haga una entrevista que aparezca en el diario de la localidad, o se transmita
por radio. El director de un colegio
podría invitarlo a dar una charla sobre su país.
Muchos
Rotary Clubs que se hallan radicados cerca de las fronteras tienen la
oportunidad de patrocinar, con regularidad, reuniones personales con otros
rotarios. Es frecuente que las
hostilidades entre una nación y otra se originen con incidentes en las
fronteras. Los rotarios que ocupen
una zona fronteriza – y hay muchos – tienen la responsabilidad especial de
que todo asunto o actividad en que participen personas de ambos países propenda
a fomentar la voluntad internacional.
Es algo que
puede lograrse, en que lo están haciendo todo el tiempo.
En cierto lugar, se extiende a ambos lados de la frontera un parque
consagrado a la paz internacional, el cual se debe a la iniciativa y apoyo de
Rotary; en otro, hay una gran reunión a la que asisten, año tras año, cientos
de rotarios del país vecino. Bajo
el patrocinio de Rotary, los niños de las escuelas de dos países se visitan
mutuamente. Se alquilan aeroplanos
para transportar a todos los socios del club a otro país, con el objeto de
asistir a una reunión interclubes. La
famosa estatua de Cristo, que los rotarios de Argentina y Chile dedicaron como símbolo
de paz perdurable, se levanta imponente sobre los picos de los Andes.
Los Comités Interpaíses que llevan a cabo una serie de actividades en
Europa, organizan toda clase de intercambios.
Durante más
de 170 años han existido relaciones cordiales entre el Canadá y los EE.UU.,
hecho que se conmemorara hace más de 20 años en Waterdown con la inauguración
del Parque “Glaciar” de la Paz, hecho realidad por los Rotary Clubs del
Estado de Montana, EE.UU.. y de la Provincia de Alberta, Canadá y visitado
repetidamente por los rotarios alrededor del mundo.
Si fuera
posible multiplicar las acciones fronterizas de esta clase; si cada rotario que
viaja realizara la misión de Rotary en nombre de su club, se conseguiría mucho
en el campo de la comprensión y la buena voluntad.
“Buscad a
vuestro vecino, hablad con él, y habrá paz.”
Un rotario
de la India hace los siguientes comentarios sobre este viejo proverbio sánscrito:
“Son palabras simples; pero de gran significado.
Yo creo que no sólo significan un reto a Rotary, sino que tengo el
convencimiento de que Rotary es el organismo mejor dotado del mundo para lograr
que se alcance la principal finalidad de la civilización.”
No todos
los rotarios están en condiciones de viajar a otras tierras; pero la mayoría
pueden ser anfitriones de los que tienen posibilidades de hacerlo o, lo que es
tal vez más práctico, pueden escribir cartas para efectuar un intercambio de
ideas, fructífero e interesante. Como
en todas las fases de Rotary, el trabajar amistades escribiendo cartas a otros
países – por más placentero que sea – no se practica como un fin, en sí
mismo, sino “como una ocasión de servir.”
Mediante las informaciones obtenidas en el intercambio de cartas, se
descubren las oportunidades de servicio. En
ciertos casos, tal vez sea el contribuir a fomentar mayor comprensión con
referencia a un determinado problema que produce disensiones.
En otros, lo indicado podría ser el intercambio de libros y revistas
para obsequiarlos a las bibliotecas. Al
enterarse de los esfuerzos que despliega otro club en pro del bienestar de su
comunidad, un rotario podría sentirse inspirado a ofrecer su apoyo.
Las posibilidades son tan variadas como las necesidades de la humanidad.
¿Cómo
empezar? Esa es la clave del asunto.
Cierto rotario de Noruega, halló la respuesta efectuando una “gira
mundial”: Enviando una carta tras otra, en el debido orden, a una serie de
Rotary Clubs, hasta completar una vuelta alrededor del mundo.
¡Qué recibimiento recibió en su gira!
Siempre existe algún interés en particular – por razones
profesionales o de otra índole – que lo decidan a uno a escoger cierto país
como punto de partida en la búsqueda de la comprensión mutua.
Es posible que haya hostilidad hacia algún país, la cual se manifiesta
en las conversaciones con los vecinos, o en las opiniones de un periodista o un
comentador de radio. ¿Por qué no
escribir a los rotarios de ese país solicitando discretamente información?
En este
caso, habría que examinar cuidadosamente la siguiente declaración de normas:
La junta
directiva de Rotary International comparte con los rotarios de todas partes su
honda preocupación por las condiciones de disensión y tirantez que existen en
muchas partes del mundo; se siente sumamente satisfecha con los servicios
prestados por los Rotary Clubs, los rotarios y muchos otros en mitigar los
infortunios; y reconoce en su debida importancia la necesidad urgente de que
reine la comprensión y la buena voluntad entre los pueblos del mundo.
La
directiva ha tratado fervorosamente de encontrar, y continuará haciéndolo, por
todos los medios dentro del marco de las normas establecidas, para lograr los
objetivos de Rotary International en todo el mundo.
La
directiva ha examinado las declaraciones y actividades de ciertos Rotary Clubs
que, aunque bien intencionados, han provocado, en ciertos casos, malos
entendimientos, disensiones y controversias.
La
directiva recomienda a todos los Rotary Clubs y a los rotarios que aumenten sus
esfuerzos por alentar y fomentar la promoción de la inteligencia y buena
voluntad entre los pueblos del mundo entero, respetando siempre las normas de
Rotary International y evitando escrupulosamente toda acción, declaración,
correspondencia o enunciación impresa que pueda causar un mal entendimiento,
crear mala voluntad o retrasar los esfuerzos para establecer y mantener la paz.
Algunos
rotarios han obtenido gran satisfacción en valerse en gran escala de la
correspondencia. Un brasileño
contribuyó a la causa de la comprensión internacional con 6000 cartas
personales. Un Rotary Club de Hawaii
basa las discusiones de su comité de relaciones internacionales en las cartas
de sus socios. Un tejano informa que
ha escrito 12,000 cartas con el propósito de fomentar las relaciones
epistolares entre los jóvenes de diversos países.
Como dijera un rotario del Canadá, que mantenía asidua correspondencia
con 38 amigos pertenecientes a Rotary Clubs de otras naciones: ¿Por qué no hay
más rotarios que comiencen a escribir cartas?
No es un trabajo pesado y, puedo asegurarles, que es muy placentero.
No veo la hora de recibir la respuesta de un socio de un club del
extranjero, a quien he remitido la primera carta.”
Cientos de
Rotary Clubs muestran sus intereses en la publicación “Actividades en
Relaciones Internacionales” que es publicado anualmente por Rotary
Internacional. En caso de que hay
decidido iniciar correspondencia u otra forma de cooperación internacional,
quizás desee seleccionar uno de aquellos clubes con intereses semejantes.
Una de las
consecuencias del intercambio de correspondencia podría ser el canje de
manuscritos, grabaciones, películas o diapositivas.
Esta práctica es una forma predilecta de cientos de clubes.
Se utiliza el ingenio y talento del club para elaborar el programa de
intercambio y se hacen, con frecuencia, referencias a ciertas personas del otro
club con el fin de subrayar el sentimiento de compañerismo.
Cuando se presenta el programa de otro club en una reunión ordinaria, se
hace de modo imponente, como un ejemplo notable de Rotary en acción.
Si el programa de intercambio es en manuscrito, los socios que lo lean
toman a cargo los papeles de los interlocutores originales, y son presentados
como tales mediante semblanzas breves. Se
exhibe la bandera del otro país, se toca el himno nacional y se brinda en honor
de la patria hermana. Los residentes
de ese país son invitados de honor en la reunión y se envían al club que
contribuyó con el programa, las crónicas publicadas en los periódicos.
La magia de
la electrónica puede reproducir para los rotarios de otro país todo lo dicho y
hecho en la reunión del club. Se
envían películas y diapositivas en que aparezcan los socios del club, como
también ciertas escenas alusivas. Cientos
de clubes han combinado las diapositivas y las grabaciones con el objeto de
hacer programas sugestivos e impresionantes.
Por
supuesto, hay que considerar el obstáculo que constituye la diferencia de
lenguas; pero existen soluciones. En
ciertos casos, hay alguien en el club que entiende la lengua y puede traducir
las cartas o el programa de intercambio. Al
iniciar una correspondencia, debe aclararse lo relativo al idioma, de modo que
ambos se sientan en libertad de usar el suyo propio.
Los frutos
que se obtienen del conocimiento personal, entre los rotarios de diferentes países,
tal vez parezcan nimios en comparación con la inmensidad de los males que
acosan a la humanidad. Esto
significa, por lo tanto, que existe mayor necesidad de multiplicar e
intensificar estas relaciones. El
rotario no se satisfará escribiendo una carta o haciendo un solo intercambio de
programas. Su esfuerzo será múltiple
y continuo. Utilizará los milagros
de la ciencia para dar forma a su originalidad.
Tendiendo la mano en muchas direcciones y cultivando las amistades que
establezca, puede crear una influencia que se difundirá por todo el mundo.
Además de
las actividades personales de los rotarios en la esfera rotaria, ¿qué pueden
hacer para establecer relaciones con los no rotarios?
Pero ante todo, ¿es conveniente que lo hagan?
¡Ciertamente!
Un rotario representa a un determinado negocio o profesión, el único
representante de ese negocio o profesión en su club.
Su obligación de portar el ideal rotario de servicio a otras personas de
su profesión o esfera de negocios, y a la comunidad en general, es de
importancia vital. El debe encontrar
su “propia senda hacia la paz”; pero alcanzará mejores resultados si puede
convencer a otros que la sigan en su compañía.
Esto quiere
decir, entonces, que una parte significativa del impacto de Rotary es la extensión
de su influencia más allá del Rotary Club.
Es evidente que el objetivo de Rotary puede difícilmente alcanzarse si
esta influencia se limita al número relativamente pequeño de rotarios.
El fundador de Rotary expresó claramente esta necesidad.
“En el fomento de la comprensión y buena voluntad internacionales”,
escribió Paul Harris, “debe recordarse que es importante ponerse en contacto
con un gran número de personas, rotarios y no rotarios, y uno solo no puede
establecer, personalmente, relaciones con muchos.”
Por
consiguiente, es imperativo que los rotarios abran una ventana hacia el mundo
para la gente de su comunidad. Esta
es, realmente, una respuesta para aquellos que ponen en duda los efectos prácticos
de la avenida de las relaciones internacionales.
La comprensión internacional no la van a plasmar en la estratosfera de
la política mundial; sino en las mentes de los vecinos, entre las personas con
quienes se tiene relaciones comerciales, y mediante los medios locales de
comunicación y educación. La opinión
pública es el resultado de las opiniones individuales, y la opinión pública
es la fuerza más poderosa del globo. La
fuerza de una nación se mide por la suma de las opiniones individuales que
puedan movilizarse en respaldo de su política.
Los
legisladores y los funcionarios públicos reconocen francamente que una sola
carta que revele sinceridad y sea la expresión sencilla de inspiración
personal, tiene mas peso, para ellos, que miles de peticiones estereotipadas.
Una observación franca y honesta en una conversación puede tener hondas
repercusiones.
En el
Senado de los Estados Unidos actuó por muchos años el rotario Charles Andrews,
senador de la Florida, que abogó vigorosamente por la comprensión
internacional. Solía decir a sus
amigos que siempre hacía uso de su adiestramiento en Rotary cuando se debatían
asuntos de política internacional. Al
preguntarle en qué forma se había adiestrado, respondía que posiblemente en
los discursos que pronunciara en materia de relaciones internacionales; pero en
su mayoría provenía de las discusiones en las reuniones ordinarias del club,
donde tuvo la oportunidad de absorber el modo de sentir de sus consocios.
Por supuesto que ellos nunca se imaginaron que con sus observaciones
contribuían a la formación de un estadista.
Los
programas que se presentan en las reuniones semanales constituyen una excelente
oportunidad para cambiar opiniones con los no rotarios.
Debido a la amplia esfera de acción y a la diversidad de programas que
pueden prepararse en Rotary, no hay club al que se le pueda excusar que no
formule un programa cada semana, como lo hacen los otros clubes.
Los programas que se organicen en el campo de las relaciones
internacionales deben crearse teniendo en cuenta las necesidades de la
comunidad. Como es lógico, las
necesidades varían de un punto a otro. Por
ejemplo, al analizarse las características de un lugar determinado, se pueden
descubrir sentimientos en contra de los “extranjeros”.
Muchos Rotary Clubs han obtenido buenos resultados mediante programas que
ponen en evidente la deuda que todo país tiene a la cultura, al arte y a las
ciencias de otras naciones. En el
progreso de la humanidad, todas las naciones son partes integrantes de un todo.
Lo mismo puede decirse de cosas materiales, tales como las materias
primas, los productos manufacturados y los mercados.
¿Reconocen los pueblos hasta qué punto se manifiesta esta
interdependencia? ¿Se da cuenta el
trabajador que toma su desayuno y utiliza un vehículo para ir a su trabajo, que
nada de esto, ni muchas otras cosas que consume o emplea en el curso del día
existirían sin la contribución material de otras tierras?
Se puede
avivar el interés de cualquier comunidad en este aspecto de la
interdependencia, organizando una exposición en que se exhiban los más
valiosos aportes de otros países. Lo
frecuente es que en la comunidad ya se benefician con esas contribuciones; pero
la mayoría ignora su origen. Fue un
motivo de grata sorpresa para los vecinos de un pueblo del Canadá, cuando el
Rotary Club organizó un festival en que estuvieron representadas diversas
nacionalidades, y se mostró las excelencias de su cultura e industria.
El público admiró fascinantes trajes regionales, canciones y danzas
folklóricas, curiosidades de todo género corriente en un admirable emporio de
cultura cosmopolita.
Existen
ciertos problemas particulares que demandan especial atención.
Por ejemplo, ¿cuál es la actitud general hacia el terrible problema de
la guerra o la paz? ¿Existe un espíritu
optimista, constructivo y determinado en la búsqueda de soluciones positivas?
¿O se percibe encono, temor e impaciencia, a punto de estallar en pasión
colectiva, que empuja a las naciones por rutas desesperadas?
¿Qué es
lo que puede hacer un Rotary Club para aquietar los temores, estimular el deseo
de obtener información y crear un ambiente en que se hallen garantizadas la
libertad y la justicia? Es posible
que hay quien piense que no hay forma de lograrlo; pero muchos clubes han
llevado a cabo una obra constructiva, y lo continúan haciendo.
Una empresa de esta clase exige algo más que “presentar un programa
sobre el asunto”, o sea un programa semanal que sólo permite tratar en forma
breve y superficial la materia. En
este caso, un programa significa una campaña organizada y perseverante
en la cual el programa semanal sólo es uno de los instrumentos.
Afortunadamente,
Rotary no se encuentra sin aliados en esta cruzada.
En toda comunidad hay personas o grupos con fines similares que cuentan
con determinadas esferas de influencia y cuya cuentan con determinadas esferas
de influencia y cuya cooperación se debe tratar de obtener.
La acción de Rotary en la avenida de las relaciones internacionales podría
conducirse, en este respecto, siguiendo la política de cooperar con una
agrupación dedicada a tal finalidad – en caso que exista –, en lugar de
crear una nueva agencia que constituiría una duplicación.
Podrían
citarse muchísimos ejemplos en que se ha aplicado esta norma al campo de las
relaciones internacionales. Tal vez
el más extraordinario sea el programa que, en 1942, iniciaron los rotarios de
Londres y sus alrededores, en cual consistió en organizar una conferencia de 21
gobiernos para tratar sobre el intercambio cultural después de la guerra.
Dicha conferencia devino, posteriormente, en la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, más conocida como
UNESCO, que es un organismo independiente dedicado a promover la comprensión
internacional.
En
circunstancias similares, se invitó al presidente de Rotary International para
que designase a once rotarios de los Estados Unidos, los cuales fueron, a su
vez, invitados para servir como asesores de la delegación de los Estados Unidos
en la conferencia de San Francisco, donde se redactó la Carta de las Naciones
Unidas.
Aunque las
Naciones Unidas y UNESCO consideran a Rotary International como una institución
asesora, esto no identifica, en modo alguno, a Rotary con dicha organización.
Se definió claramente su posición en la siguiente declaración
formulada por la junta directiva de Rotary International en enero de 1952:
Si bien
Rotary International se mantiene al margen de las disposiciones de la Carta de
las Naciones Unidas y de las decisiones o acuerdos de las Naciones Unidas, sí
alienta a los rotarios para que se enteren de las actividades de las Naciones
Unidas que se refieren al mantenimiento de la paz mundial.
El
secretario general tiene instrucciones para llevar a la atención de los Rotary
Clubs, información sobre programas y otras ayudas en conexión con el estudio
de la Carta y las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la
paz.
Se dará
publicidad constante a los informes de los observadores de Rotary International
que asisten a las reuniones de las Naciones Unidas y de sus organismos
especializados.
Los
rotarios que deseen formular una propuesta con respecto a las Naciones Unidas o
cualesquiera de sus organismos especializados, deben hacerlo por conducto de los
organismos gubernamentales de su propio país debidamente constituidos.
Muchos
rotarios, en diversos lugares del mundo, participan en las labores de las
Asociaciones de las Naciones Unidas. Como
resultado de la iniciativa de los rotarios, se han establecido muchas
dependencias.
Un ejemplo,
entre muchos, de una obra patrocinada inicialmente por los Rotary Clubs y que,
posteriormente, devino en una obra regida por la comunidad, lo constituyen los
Institutos para la Comprensión Internacional.
Durante trece años, una audiencia anual de mas de un millón de no
rotarios escucharon a los oradores – muchos de ellos de otros países –, en
sus conferencias sobre problemas mundiales, respondiendo preguntas, y cuando
asistían a las asambleas de las escuelas. Mediante
estas reuniones, cientos de Rotary Clubs tuvieron la oportunidad de difundir su
mensaje entre un gran número de personas y, posteriormente, muchas comunidades
los patrocinaron.
En varios
lugares se ha probado, mediante un método original, la forma en que un Rotary
Club puede cooperar con muchos otros organismos de una comunidad, con el fin de
ocuparse de algo importante que ninguno de ellos tomó en consideración
anteriormente. Los vecinos de la
comunidad en que se inició el programa en 1957, fueron organizados en diversas
delegaciones que representaban a varios países con el objeto de celebrar una
“conferencia colocándose en el lugar de otros”.
Este método, ya citado anteriormente, ofrece posibilidades de
convertirse en un medio sugestivo y eficaz de atraer a un “gran número de
personas” al campo de las relaciones internacionales.
Constituye, por lo tanto, uno de los impactos más efectivos.
Durante un
mes, los “delegados” discuten problemas mundiales de importancia.
La participación activa de cientos de personas que se esfuerzan por
“colocarse en el lugar” de otras naciones provoca extraordinario interés.
Se difunde más allá de los límites de los comités designados y de las
sesiones plenarias, y se promuevan reuniones privadas y conversaciones con el
objeto de obtener apoyo para sus recomendaciones.
Esto constituye una educación activa, obtenida por esfuerzo personal,
que substituye a la instrucción pasiva que brindan los grupos dedicados a
encausar la opinión pública. Lo más
significativo, posiblemente, es que promueve amistades entre personas que
representan puntos de vistas completamente diferentes.
¿Constituye
esta experiencia una pauta que los Rotary Clubs de todo el mundo pueden adaptar
a las condiciones de cada lugar? Todo
lo que se requiere es el impulso inicial.
En lo que
se refiere a los dirigentes del mañana, es infinito el número de formas en que
los Rotary Clubs – difundidos en todo el mundo – pueden contribuir a la
educación de la generación que se apresta a ingresar a la vida activa.
El patrocinar un club de relaciones internacionales es algo que se hace
frecuentemente. Se promueven
amistades epistolares entre los jóvenes, por mediación de los Rotary Clubs del
extranjero. Los clubes japoneses,
por ejemplo, han suscitado gran interés mediante el intercambio de dibujos
entre los escolares. Los certámenes
de ensayos sobre la mejor forma de promover la comprensión, figuran entre las
actividades que patrocinan los Rotary Clubs de diferentes países.
Sin
interferir de modo alguno con el plan de estudios de las escuelas, se podría
pedir a los profesores y funcionarios de educación que informen al Rotary Club
el modo en que se imparten conocimientos sobre la humanidad.
¿Lo hacen con espíritu universal o provincial, como se ilustra en la
historia que relata un ex embajador de los Estados Unidos en la India?
Su hijo, que acababa de retornar del Asia, se preparaba a ingresar en una
escuela de los Estados Unidos.
“Te
apuesto”, le dijo el embajador, “que la historia universal que vas a
estudiar se inicia con Egipto y Mesopotamia, continúa con Grecia, vía Creta,
te conduce a Roma y, finalmente, termina con Francia y Inglaterra.”
“Pero eso
no es historia universal”, replicó su hijo.
“Quedarían excluidas tres cuartas partes del mundo.”
“Desgraciadamente”,
observa el padre, “gané la apuesta.”
El
intercambio de jóvenes constituye el reto más grande que se ha lanzado a los
Rotary Clubs. En este campo, Rotary
tomó la iniciativa de favorecer diversos tipos de intercambio bajo el
patrocinio de muchísimos clubes y distritos rotarios y, por medio de las becas
educativas de La Fundación Rotaria, que principiaron en 1947 con el programa de
Becas para Graduados, y que desde entonces ha sido extendido con la creación de
los programas de Becas para Estudiantes Universitarios y Becas para
Entrenamiento Técnico en 1947.
Los
beneficios que ofrece el programa de La Fundación Rotaria han despertado el
entusiasmo de los rotarios de todo el mundo.
Se podrían publicar varios volúmenes con algunos de los incidentes y
episodios de los informes de becarios y con los comentarios de otras personas.
Cada año dirigen la palabra a audiencias que suman un total de más de
medio millón. Es mayor aún el número
de personas que escuchan sus mensajes por radio o leen los artículos que
escriben para muchas publicaciones. No
menos importantes son las pruebas de integridad y habilidad de que dan muestra
en el curso de sus actividades. Todo
hace confiar que, en el provenir, surgirán como dirigentes.
Hay una
característica que distingue al programa de La Fundación Rotaria: el grado de
interés personal, amistad y deseo de orientar de parte de los rotarios que
residen en las comunidades donde se hallan los estudiantes extranjeros, entre
los que los alojan en sus casas y les muestran de modo objetivo la forma en que
se desenvuelve la comunidad. No
todos los rotarios participan en esta única oportunidad de ayudar a forjar
nuevos dirigentes; pero la mayoría lo hacen.
Los
rotarios obtendrán dividendos de las inversiones que hagan en La Fundación
Rotaria por el hecho de que aprovechan la oportunidad de usar las aptitudes y de
influenciar el modo de pensar de estos futuros embajadores de buena voluntad.
Muchos becarios han expresado su modo de sentir con referencia a esta
circunstancia; pero nadie lo ha definido de modo más sugestivo que una señorita
que habló en uno de los clubes de Australia:
Se ha dicho
de modo festivo, en San Francisco, que la construir el puente Golden Gate,
se ató un hilo a la pata de una paloma. Esta
voló a través de la bahía y, al llegar al otro lado, se anudó un cordel al
hilo, y fue halado a la orilla puesta. A
continuación, pasaron una cuerda y, luego, un cable delgado, hasta que, al fin,
se logró instalar el gran cable que sostiene el Golden Gate.
Me agrada
pensar que las becas de La Fundación Rotaria se asemejan en algo a eso.
Constituyen el hilo que producirá un aumento en el intercambio, entre
todos los países del mundo, de estudiantes que aspiran a una comprensión mutua
mas honda. Ahora sólo es un hilo;
pero cada año se hace más y más grueso. Tal
vez, el próximo año sea una cuerda y, finalmente, haya un grueso cable que
salve el abismo que existe entre las naciones, y constituya el vínculo que nos
una a todos en un mundo en paz. Me
siento orgullosa y agradecida por el privilegio de formar parte de este gran
movimiento consagrado a fomentar la comprensión internacional.
Los Rotary
Clubs no sólo han contribuido con generosidad a la Fundación Rotaria, sino
que, además, han empleado sus propios recursos e ingenio para establecer y
patrocinar, por cuenta propia, el intercambio de estudiantes.
Mientras La Fundación Rotaria ha patrocinado el intercambio de
estudiantes graduados, los clubes y los distritos han elegido como becarios –
en la mayoría de los casos – a universitarios no graduados, o a jóvenes
egresados de las escuelas secundarias. ¡Los
clubes y los distritos rotarios facilitan, anualmente, el viaje y los estudios a
más de 10.000 jóvenes!
Uno de
estos programas de becas se inició en 1944, y los patrocinadores observan:
“Lo único que lamentamos es no haber comenzado algo de esta naturaleza hace
25 años.” Otro programa que ha
facilitado el viaje a los Estados Unidos de unos 300 estudiantes, desde una
veintena de países, lo llevan a cabo, conjuntamente, los distritos y los clubes
individualmente. Una de las
principales ventajas de estos programas es el gran interés que surge en los
clubes con respeto a sus “propios” estudiantes.
Los clubes
se van dando cuenta, más y más, que el patrocinar las visitas de jóvenes del
extranjero se halla al alcance de sus posibilidades.
En estos programas se da más importancia al servicio personal que a la
ayuda económica. Los jóvenes se
alojan en las casas de los rotarios. En
muchos casos, el instituto educativo del lugar proporciona, con gentileza, enseñanza
gratuita, como una forma de contribuir a la comprensión internacional.
La existencia de una oportunidad de esta clase, permite que los Rotary
Clubs de otros países elijan a un joven que sea un alto representante de los
muchos postulantes que desean y están en condiciones de pagar los gastos de
viaje. Por lo tanto, lo que tienen
que desembolsar los clubes patrocinadores en planes de esta clase, se reduce al
pago de imprevistos. Cierto club trajo a su comunidad a 11 estudiantes de nueves
países, para que permanecieran durante un año.
El
intercambio de jóvenes es una práctica establecida en Europa.
Los gobernadores de distrito forman comités que se hacen cargo de todo
los procedimientos. En muchos casos
el intercambio sólo requiere los gastos de viaje.
La experiencia que se gana en vivir en un hogar del extranjero, la
oportunidad de aprender otro idioma, y el robustecimiento del compañerismo a
través de las fronteras, son algunos de los beneficios que se obtienen.
Las giras internacionales y los campamentos de verano se han multiplicado
en Europa. Un ejemplo que demuestra
el grado en que se aprecian, es la historia de un muchacho austriaco que viajó
en bicicleta hasta Holanda para sumarse a una gira internacional a bordo de un
barco holandés.
El
conocimiento mutuo de sus mejores frutos en estos campamentos de verano.
Como manifestó un muchacho alemán:
Este
campamento ha beneficiado más la causa de la comprensión internacional que lo
que hubiesen alcanzado, en un año, un gran número de políticos.
Si existe alguna posibilidad de formar una Europa unida, sólo podrá
lograrse cuando todas las naciones logren despojarse de los prejuicios.
Estoy seguro que el campamento de Rotary tuvo éxito en eliminar
realmente dichos prejuicios, y esto no es, de modo alguno, una exageración.
Como se
demuestra en cada caso, en estos programas de intercambio internacional de
estudiantes, lo más importante es la acción personal.
Sería en vano que una multitud de jóvenes viajaran a través de los
siete mares si no se hiciese ningún esfuerzo para instruirlos en materia de
relaciones internacionales.
Mientras
las Becas de La Fundación Rotaria, y otras visitas patrocinadas por Rotary
proporcionan una pauta en este sentido, existe un amplio campo en los miles de
estudiantes y jóvenes que persiguen su adiestramiento, los cuales viajan
anualmente al extranjero patrocinados en otras formas, o con sus propios
recursos, que suelen ser escasos. La
mayoría tiene rara vez oportunidad de conocer más que superficialmente al país
que visitan y a sus pobladores. De
los miles de estudiantes que van anualmente a los Estados Unidos, se calcula que
el 80 por ciento nunca han estado en un hogar norteamericano.
Lo probable es que ocurra lo mismo en otros países.
La
importancia de cultivar amistades en este campo es evidente al considerar cuántos
líderes de la talla de Nehru y Nkrumak, han vivido en el extranjero.
Si se ven aislados, solos y victimas de discriminación, el mundo sufrirá
posteriormente las consecuencias. Un
estadista mexicano que contribuyó valiosamente en la cruzada para fomentar la
comprensión internacional, recuerda los años de soledad que pasó en un
cuarto, en la ciudad de Nueva York. Sólo
la amabilidad de unos vecinos lo salvó de llenarse de resentimiento, lo cual
hubiese malogrado su carrera.
El rotario
que acoge a un estudiante visitante en la vida cotidiana del hogar, lo presenta
a sus vecinos, le muestra la forma en que se conducen los negocios, y comparte
con él las simples amenidades de la vida diaria, no sólo cultiva una amistad
personal, sino que tal vez realice un gran servicio a su patria y al mundo
entero. Las conversaciones que
sostenga con él sobre los problemas mundiales, pueden ser el motivo por el que
más tarde la causa de la paz cuente con un valioso defensor.
Por
supuesto, el reto más importante es para los Rotary Clubs establecidos en las
cercanías de las universidades. Son
ellos los que cuentan con la oportunidad continua y creciente de ver la mejor
forma de cultivar amistad con los estudiantes del extranjero.
Los rotarios actúan, en este sentido, de modo eficaz y constructivo.
En los días festivos, se atiende a centenares de estudiantes; las
iglesias y las escuelas los invitan para que den a conocer las canciones e
historia de sus países; la contribución económica y la solicitud espiritual
de carácter individual son generosas. Si
bien nos sentimos orgullosos por todo esto, reconocemos que es necesario hacer más.
El hacer
más en todas las actividades que se reflejan en el “espejo”,
constituye un reto personal al rotario que lee la revista oficial y otras
publicaciones de Rotary. En una
organización de las proyecciones y magnitud de Rotary, la comunicación es
esencial. El enterarse de lo que
otros hacen, el entender por qué lo hacen, constituye un reto y una inspiración,
pues si la idea se convierte en una realidad en Hyderabad, podría, asimismo,
despertar interés en Huntsville.
El
desarrollo y éxito de Rotary, después de todo, se debe a la influencia
impulsora que es inherente en el espíritu de servicio, y toda historia
afortunada constituye una arenga: “También tú puedes hacerlo, y aun
mejor.” Y en el plano de
comunicación e inspiración; las revistas oficiales de Rotary – The
Rotarian, en ingles, y Revista Rotaria, en español – consiguen el
mayor impacto. Además, las 22
revistas regionales cumplen una alta función en sus esferas correspondientes.
Las
publicaciones rotarias presentan hechos y reflejan ideas de interés universal.
Cientos de ejemplares de libros, revistas y folletos rotarios se
comparten con no rotarios en todo el mundo.
Cuando estas publicaciones llegan a los hogares de casi un millón de
rotarios, sólo acaban de iniciar su recorrido.
Por
ejemplo, la revista circula en gran número en escuelas, bibliotecas públicas,
hospitales, salones de lectura y en cientos de otros lugares donde se da gran
valor a órganos que presenten los hechos en forma exacta, amena y constructiva.
Se utilizan sus artículos como base para excelentes programas en Rotary
Clubs, como también en clubes sociales de damas, dedicados al estudio, y en
grupos de jóvenes que organizan discusiones.
Suministra referencias para informes educativos en las escuelas y
universidades, y se formulan programas de radio y televisión, basados en sus
artículos.
Además de
todos estos empleos, las dos ediciones sirven en centenares de clases de lenguas
extranjeras como libro de texto, o de valioso suplemento del texto oficial.
Su influencia la confirman los miles de reimpresiones de artículos que
solicitan rotarios y no rotarios.
Estas han
sido algunas de las imágenes reflejadas en el espejo: parte de los servicios
que enriquecen la vida del rotario. No
hay persona ni publicación que pueda presentarlos todos.
Ni siquiera se podría citar unos cuantos ejemplos de todos ellos.
La misma naturaleza de Rotary y de los socios que integran esta
organización, hace sumamente dificultosa la tarea de reunir ejemplos de
servicios. Lo usual es que los
servicios sean privados, que es como debe ser, después de todo.
La avenida
de las relaciones internacionales no se anuncia con toques de trompetas.
No lanza proclamas. No trata
de aparecer en las primeras páginas de los diarios.
Por consiguiente, en este libro sólo se ha expuesto, desarrollado e
ilustrado algunos de los principios en los que los rotarios creen, y que les
sirve de guía en su desenvolvimiento como ciudadanos.
Tal vez estos principios, que son el resultado de más de medio siglo de
experiencia afortunada, merezcan la atención de las personas que no pertenecen
a Rotary Clubs. Rotary no aduce su
posesión exclusiva, ni afirma el haberlos originado.
Una
exhibición de mosaicos internacionales engalana una pared del edificio de la
sede de Rotary International. Los
cuadrados adoquines con que está adornada proceden de las canteras donde se
extrajo el mármol con que se construyó el Partenón, del piso de la Abadía de
Westminster, de los farallones que se elevan a más de tres kilómetros de
altura sobre los Andes peruanos, y, en fin, de la mayor parte de las tierras
donde actúa Rotary.
Forman un
vistoso diseño: rojo, de Australia; amarillo, de Francia; gris oscuro, de
Singapore; rosa cereza, del Japón; azul, de Suecia.
Cada uno lleva incrustada una placa de metal en que aparece el nombre del
país de origen, el año en que llegó a Rotary, y el nombre del primer club.
Unidas en
una función común, estas piedras son cual mudos y perdurables testigos de los
métodos y metas de Rotary. Simbolizan
el servicio y la amistad en todo el mundo. Implican
acción, pues toda senda – ya sea estrecha o amplia – es inútil si no hay
nadie que la transite.
El
texto completo del
Esbozo
de Normas de
Rotary
Internacional
acerca
de las Relaciones
Internacionales
se da en
las
páginas siguientes…
Esbozo de las Normas para las Relaciones Internacionales
Finalidad
La
finalidad de las relaciones internacionales en Rotary se expresa en la cuarta
fase de servicio a saber, estimular y fomentar:
La
inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones por el compañerismo
de sus hombres de negocios y profesionales, unidos en el ideal de servicio.
El ideal de
servicio rotario sólo encuentra expresión donde el individuo goza de libertad
de pensamiento, palabra, reunión y cultos, y donde no es objeto de
persecuciones y agresiones, de miseria y temor.
La
libertad, la justicia, la verdad, el valor de la palabra empeñada y el respeto
de los derechos humanos son inherentes a los principios rotarios y son además
vitales para el mantenimiento de la paz y el orden internacionales y el progreso
de la humanidad.
Responsabilidad
del Rotario
Se espera
que cada rotario realice su aporte individual a la realización
del ideal inherente a la cuarta fase de actividades rotarias.
Se espera
que cada rotario ordene su vida personal y actividades comerciales y
profesionales de manera que sea un ciudadano leal y servicial de su propio país.
Cada
rotario, dondequiera que se encuentre, contribuirá
individualmente a crear una opinión pública bien informada.
Dicha opinión inevitablemente afectará la política de gobiernos
relativa al fomento de la comprensión internacional y buena voluntad hacia
todos los países.
Como
rotario que piensa en términos mundiales: