Siete Sendas

hacia la Paz

 

 

 

 

 

Rotary International

 

Evanston                            Zurich

 

 

 

 

Copyright, 1959

Rotary International

 

Todos los derechos reservados

 

Octavo impresión, febrero, 1978

 

 

 

Distributed in service to the ideals of Rotary

by Robert Stewart, C.A. , C.M.C.

Rotary Club of Okotoks , Alberta , Canada (District 5360)

To celebrate Rotary’s 100th Anniversary

Centennial Celebration in 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sumario

 

El Origen de las Sendas………………...1

La Senda del Patriotismo……………….9

La Senda de la Conciliación…………..21

La Senda de la Libertad……………….33

La Senda del Progreso………………...47

La Senda de la Justicia………………..63

La Senda del Sacrificio……………….77

La Senda de la Lealtad………………..95

Impacto………………………………111

Esbozo de las Normas para las

            Relaciones Internacionales…..137

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Forward

 

by Robert Stewart, Rotary Club of Okotoks, Alberta , Canada (D5360) and Director of Canadian Centres for Teaching Peace http://www.peace.ca ; email stewartr@peace.ca

 

 

I can not tell you how happy I was to learn of such a wonderful publication.  The Rotary International  publication "Seven Paths to Peace" is as relevant today (2004) as it was when it was written in 1959.  In fact, I was amazed at the wisdom contained in this book published 45 years ago.  I have been doing a lot of research into peacebuilding and peace education over the past 9 years (a passion that was ignited in me by Rotary) and I learned a lot from the book, particularly from a Rotary point of view.

 

It is very important for me to understand the history, current perspective and future path Rotary is following to peace.  I think this is important for all Rotarians to understand – this is a ‘must read’ for anyone genuinely interested in Rotary.  It is also recommended to non-Rotarians interested in building peace.

 

When you read the book, you will note that the male gender is used in general.  At the time the book was written, there were no female members of Rotary.  Please consider the male gender usage interchangeable for both genders.

 

How important is this?  As you will read in the Introductory Chapter ‘Where the Paths Begin’, “… Rotarians believe that if there is failure in the avenue of international service, there may be no need for concern about the other avenues of service. …  and this book is presented in the hope and belief that there are thousands (now millions) of hands which up to now have not been lifted – but which now may be persuaded to row a new and firm course.”

Why should this book be any more relevant now than in 1959?  Two things immediately come to mind: Rotary is now doubled in size (over 1.2 million members around the world) and we have the strong contribution of female members.  We can also lever our contributions through partnerships with other like-minded organizations (eg. Lions International, YM/YWCA, religious organizations, etc., etc.).  However, the most significant change in the past decade – what makes rather considerable progress possible today is what I call 'E-peace' - that ability to magnify everything one does, and the related communication and information transfer, at least ten-fold through the use of computer and Internet, around the world instantly. E-peace surely will make community and world peace more of a reality within our, and our children's generation. For example, any Rotarian can belong to a number of Rotary On The Internet (ROTI) email listservers to facilitate peace communications and action around the world.  Rotary can have a central peacebuilding website to disseminate important peace education information.  Much of the moral support and information for our web site comes from these networks.  This book is now available on the Internet accessible to all, after almost being lost over the past 45 years (at http://www.peace.ca/rotaryssevenpathstopeace.htm ).

The bottom line is that peace in our families, communities and world is achievable. The Carnegie Institute conducted a study on Preventing Deadly Conflict that concluded, "It is not that we do not know what to do ... it is that we do not act." The reason that it (peace) has not been achieved is one of motivation: world and community leaders have not been motivated to raise their awareness and work together in co-operation to achieve peace. Education, awareness and knowledge of how each can make a difference will motivate people and get them to demand action from our institutions such as government.  This important book shows us how.

Happy reading, and ‘may the force of Rotary be with you’ as you help to build peace in our communities and world.

El Origen de las Sendas

 

 

ESTE LIBRO TRATA, principalmente, sobre los rotarios y las “sendas” que siguen hacia la paz mundial.  Los rotarios no tienen el monopolio de las sendas que conducen a la paz, ni aseveran que sólo haya siete.  Además de las que se exponen en estas páginas, existen otras rutas que llevan hacia esa meta; pero, en el curso de más de 65 años de existencia de los Rotary Clubs, sus socios han formulado, por medio de debates y acuerdos, varias declaraciones concretas sobre la paz, y la mejor manera de alcanzarla.

 

Los rotarios – que pasan de 700.000 pertenecen a los Rotary Clubs establecidos en casi 150 países y regiones geográficas y, si bien cada club constituye un organismo autónomo, tienen entre sí lo que, tal vez, se podría definir como una “avenencia” de alcance mundial sobre determinados asuntos.  Los rotarios han acordado, en diversas convenciones, que ciertas palabras expresan aquello en que generalmente creen.  Por su parte, la junta directiva, que representa a todos los rotarios, ha tomado acuerdos – con frecuencia a recomendación de los comités o de otros rotarios – respecto al propósito de Rotary en materia de paz.

 

El objetivo de Rotary consta de cuatro partes o avenidas:

           

Estimular y fomentar el ideal de servicio como base de toda empresa digna y, en particular, estimular y fomentar:

 

Primero. El conocimiento mutuo y la amistad como ocasión de servir;

 

Segundo.  La buena fe como norma en los negocios y en las profesiones; el aprecio de toda ocupación útil y la dignificación de la propia en servicio de la sociedad;

 

Tercero.  La aplicación del ideal de servicio por todos los rotarios a su vida privada, profesional y pública;

 

Cuarto.  La inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones por el compañerismo de sus hombres de negocios y profesionales, unidos en el ideal de servicio.

 

Al párrafo cuarto se le llama la “avenida de las relaciones internacionales”; pero es el párrafo primero el que permite poner en ejecución la genialidad de Rotary en materia de relaciones internacionales.  “El conocimiento mutuo y la amistad como ocasión de servir” constituyen el elemento imprescindible para ello.  Ahí, en el alma de Rotary, reside el impulso que, en 1905, promovió la reunión de Paul Harris y sus amigos en Chicago.  El conocimiento mutuo es el don especial de Rotary para fomentar la comprensión, la buena voluntad y la paz, y es también la fórmula simple del éxito de Rotary en remediar el aislamiento que existe entre los hombres.  El conocimiento mutuo mitiga las tiranteces que surjan en los negocios, crea la chispa que inspira las acciones desinteresadas en pro de la colectividad, y se convierte en la solución básica que Rotary ofrece para resolver los problemas que separan y dividen a la humanidad. 

 

Lo dicho puede parecer elemental al rotario experimentado; pero debe tenerse en cuenta que los no rotarios sienten también hondo interés por lo que aquéllos han realizado y siguen realizando a fin de crear un ambiente propicio para el establecimiento de una paz perdurable.  Los rotarios, tradicionalmente, han tenido por norma compartir sus conocimientos en asuntos internacionales, y nunca han vacilado en constituirse en influencia impulsora.  Por eso este libro se dedica también a los no rotarios.

 

Rotary International no es un organismo que dicte medidas de carácter colectivo para los clubes que lo integran, sino una asociación de Rotary Clubs autónomos.  La única causa que abraza es el objetivo de Rotary, así como las normas y actividades especificas para llevar a buen término dicho objetivo.

 

Inspirados por la visión de una paz basada en la confraternidad mundial, y conscientes de la tremenda necesidad de convertir esa visión en realidad, los rotarios han explorado las formas de promover la comprensión entre los hombres de diferentes países, credos y razas.  Además, han elaborado, en cooperación con otros, un Esbozo de Normas en el campo de las relaciones internacionales, que fue aprobado por la junta directiva de Rotary International.  Dado que la finalidad de este libro es desarrollar siete aspectos de estas normas, en lo que se refiere a la conducta del rotario, conviene dar mayores antecedentes.  

 

Estas normas son el resultado de arduas indagaciones, realizadas por medio de un cuestionario que se envió a rotarios del mundo entero.   Se solicitó a los rotarios que se habían distinguido por su interés en el campo de las relaciones internacionales, que analizaran su modo de sentir y expresaran sus puntos de vista sobre la materia.  El propósito de la encuesta era formular una declaración, nutrida de diversas opiniones, que fuera aplicable a los hombres de todas las naciones, sobre lo que significa tener el concepto internacional de un rotario.

 

Las respuestas a los cuestionarios reflejaron muchos y variados aspectos de valiosa experiencia.  Aun tratándose de personas que se caracterizaban por su amplio criterio en asuntos internacionales, la impresión del panorama variaba si se contemplaba desde una aldea encaramada en los Andes, desde el corazón de una metrópoli, o desde una populosa ciudad del Asia.  Los comités de Rotary International invirtieron gran tiempo en comparar y relacionar el material recibido, a fin de obtener un resumen breve, pero que incluyese todo lo esencial.

 

La declaración resultante revela la avenida de las relaciones internacionales como una afirmación de la soberanía del espíritu humano.  Esta norma implica acción.  Se ha redactado para los que se hallan conscientes de la realidad, informados de los acontecimientos, y sensibles a las desazones de la humanidad; no para los apáticos ni los indiferentes.

 

Responsabilidad del Rotario

 

Se espera que cada rotario realice su aporte individual a la realización del ideal inherente a la cuarta fase de actividades rotarias.

 

Se espera que cada rotario ordene su vida personal y actividades comerciales y profesionales de manera que sea un ciudadano leal y servicial a su propio país.

 

Cada rotario, dondequiera que se encuentre, contribuirá individualmente a crear una opinión pública bien informada.  Dicha opinión inevitablemente afectará la política de gobiernos relativa al fomento de la comprensión internacional y buena voluntad hacia todos los pueblos…

 

Esto es tan sólo el comienzo del Esbozo de Normas en materia de relaciones internacionales; pero no cabe duda que vaya dirigido a cada rotario, sea cual sea el lugar en que se halle.  Hay, a continuación, un análisis sobre los puntos en que todo rotario debe empeñarse en hacer el papel de guía.  Lo que confiere gran valor a las siete sendas, es que se basan en la experiencia de los rotarios de todo el mundo.  El valor de la reflexión individual se multiplica con el concurso de muchas mentes indagadoras.  No se pretende que esto sea definitivo.  Lo que se espera es que la declaración sirva de fuerza impulsora, en su función de reto al pensamiento independiente.

 

¿Se decide usted a hacer suyas estas sendas, y seguirlas en el curso de los servicios que plantean?

 

Una decisión de tal importancia no debe hacerse a la ligera.  Casi nada se conseguirá si lee usted superficialmente la declaración  y mueve la cabeza en señal de asentimiento, o la rechaza sin más ni más.  Sobre todo, no proceda a la manera del que, al dar su opinión sobre un huevo, dijo: “Es bueno en parte.”  Si no medita sobre el contenido, lo probable es que pase por alto sus proyecciones.

 

Por lo tanto, sería mejor no presentar aquí el resto de la declaración sobre la “Responsabilidad del Rotario”.  Dado que cada uno de los siete capítulos siguientes trata sobre una de las partes de la declaración, se prefiere encabezarlos con la cita correspondiente.  Se ha sometido cada senda a un minucioso escrutinio, considerando las condiciones y problemas actuales, como también las oportunidades de servicio a las cuales conduce.  El capítulo final, titulado “Impacto”, presenta ejemplos de la acción rotaria, los cuales sirven a manera de hitos jalonados a la vera de las sendas que conducen a la paz entre los hombres.

 

Del número de rotarios, y también de no rotarios, que sigan estas sendas, depende la vitalidad y el impacto de Rotary en esta cruzada.  Lo más importante, sin embargo, es que la humanidad logre, en alguna forma, evitar la hecatombe de una guerra y la ruina completa de la civilización.  Por eso los rotarios creen que si se fracasa en la avenida de relaciones internacionales, será inútil preocuparse de las otras. 

 

La catástrofe que se cierne sobre la humanidad, puede comparase con la situación en que se hallaban los seis tripulantes de la Kon-Tiki el 7 de agosto de 1947.  En ese día, la corriente hacia el Oeste, que por 6900 kilómetros había arrastrado la balsa a través del Pacífico, empujaba, ahora, la diminuta embarcación hacia el arrecife Rarota.  De pronto, comenzó a soplar un viento norte, y la embarcación varió temporalmente de rumbo; pero los arrecifes de coral continuaban al acecho.  Luego, amainó el viento, a la balsa, lenta e inexorablemente, volvió a enfilar hacia los escollos.  El mar se agitó, de súbito, y comenzaron a levantarse enormes olas cuya furia aumentaba al acercarse en extraños espasmos hacia los arrecifes envueltos en hirviente espuma.  A medida que la Kon-Tiki seguía aproximándose, el sordo rumor de los rompientes fue creciendo hasta convertirse en fragoroso redoblar de tambores.

 

Más allá de los escollos, la tripulación divisaba tras una laguna en calma, unas islas llanas de palmeras; pero nadie soñaba en idílicos parajes en momentos en que la balsa se lanzaba hacia su tumba y no había los brazos necesarios para dominar el ímpetu de la corriente.

 

Si la balsa se destrozaba, los tripulantes perecerían en los tajantes filos de coral… Si resistía, o el azar determinaba que el agua la levantara por sobre los arrecifes, estarían salvados.

 

La alegoría es reveladora.  La humanidad ha orientado a la civilización a través de interminables rutas sembradas de penalidades, y ahora se ve, de pronto, ante el peligro de la aniquilación total: la guerra nuclear.  Y sea que estalle este año, el año próximo, de aquí a diez años, o cuando quiera que sea, lo incuestionable es que avanzamos ciegamente hacia el sacrificio.  Ya se destacan los agudos y amenazadores perfiles de los arrecifes.  ¿Hay alguna forma de sortearlos… alguna ruta aún no descubierta?  ¿Existe la ayuda necesaria para vencer al torrente que nos empuja a la destrucción?

 

Si, afortunadamente existe una forma, y este libro se presente con la esperanza y la creencia de que hay millares de brazos que hasta el momento no se habían ofrecido; pero que ahora decidirán empuñar los remos, e iniciar un rumbo nuevo y seguro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 

 

La Senda del Patriotismo

 

 

Sus intereses irán más allá del patriotismo nacional y se considerará partícipe en la responsabilidad de fomentar la inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones.  

 

Se opondrá a toda acción basada en supuesta superioridad nacional o racial.

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

UN CATEDRATICO de la Universidad de Princeton relata una breve conversación que tuvo, en San Francisco, con un marinero que se hallaba de paso en su viaje de regreso a Chicago, su ciudad natal, después de haber prestado servicios por largo tiempo en la zona del Pacífico.  Al observar que la ciudad de la Puerta del Oro no lo había impresionado en lo más mínimo, le preguntó por qué no le gustaba San Francisco.  Después de reflexionar por un momento, respondió el marinero en tono convencido: “Bien, después de todo, ésta no es mi tierra.”

 

“Súbitamente”, observa el catedrático, “me di cuenta que acababa de aprender más sobre nacionalismo que en todos los doctos libros que había leído.”

 

Breathes there the man with soul so dead

Who never to himself has said:

‘This is my own, my native land.’

Whose heart hath ne’er within him burned

As home his footsteps he hath turned

From wandering on a foreign strand?

If such there breathe, go mark him well

For him no minstrel raptures swell:

High though his titles, proud his name,

Boundless his wealth as wish can claim—

Despite those titles, power and pelf,

The wretch, concentred all in self,

Living shall forfeit fair renown,

And doubly dying shall go down

To the vile dust from whence he sprung,

Unwept, unhounour’d, and unsung.

 

 

 

¿Habrá un ser de alma tan yerta

Que no se haya dicho nunca:

“Esta es la tierra en que nací”

Y honda emoción no sintiera

Cuando de allende playas lejanas

De vagar retornase al hogar un día?

Si se cruza en tu camino, márcalo bien,

Pues no tiene apegos ni sentires.

Por alto su rango, ilustre su nombre

Y con más riquezas de las soñadas;

A pesar de títulos, poder y dinero,

El infeliz encastillado en sí mismo,

Famélico de amistades y afectos,

Hallará a la muerte en su camino

Y retornará al polvo abyecto

Sin honras, llantos ni preces.

 

Estas inolvidables líneas de Walter Scout confieren el toque emotivo a esa parte del Esbozo de Normas que constituye la premisa para las relaciones internacionales: Se espera que cada rotario sea… un ciudadano leal y servicial de su propio país.  Esto  no viene a ser otra cosa que la proyección natural del lema: “Dar de sí antes de pensar en sí.”

 

El nacionalismo, al que suelen motejar de estrecho, no lo es, realmente, en su origen.  Es, en esencia, un sentimiento amplio y generoso, del cual sólo es incapaz “el infeliz, encastillado en si mismo.”  Durante un discurso que pronunció un rotario en una convención de Rotary Internacional, citó el proverbio latino:  Dulce et decorum est pro patria mori (qué dulce y noble es morir por la patria), y luego continuó:

 

Se requiere un hondo sentido de patriotismo para que un hombre de su vida por la patria; pero hay que poseerlo en grado aún más sublime, para decidirse, si es necesario, a sacrificar la vida para rectificar los rumbos errados de la patria.  Esto quiere decir que, cuando el patriotismo llega a su pináculo, es de la misma estirpe del que alienta en uno de los principios de Rotary, en que se habla sobre la buena voluntad y la comprensión en el campo internacional, o sea cuando alcanza el vigor suficiente para traspasar las fronteras nacionales e incluir a toda la humanidad.

 

Volviendo la mirada hacia el largo recorrido que ha hecho el hombre a través de las edades, descubrimos que ese impulso de traspasar las barreras locales es lo que caracteriza el paso de una etapa a otra.  Al refugiarse en la caverna de su tribu, el troglodita se adelantó al juicio del filósofo Hobbes de que “la vida del hombre que no se asocia con sus semejantes es pobre, mezquina, sórdida, bestial y breve.”  Cuando al repeler al invasor, las tribus se sometieron a una disciplina de combate, quedó plantada la simiente que germinaría en un tipo más amplio de relaciones humanas.  Posteriormente se construyeron fosos, puentes y empalizadas a fin de proteger a los que se hallaban en el interior, y mantener a los enemigos afuera.  Con el desarrollo de las comunicaciones y la expansión de la esfera de intereses y actividades, se unieron las ciudades y comarcas, y surgieron las naciones.

 

En su drama Juana de Arco, el célebre Bernard Shaw personifica con gran realismo este proceso social, en la escena en que el conde de Warwick y el obispo de Beauvais enjuician el llamado de la Doncella de Orleáns como una amenaza a sus intereses feudales.  Se maravillan de que una humilde campesina pudiera vislumbrar algo más amplio que su granja y aldea, y pensar en Francia como en su patria.  Lo cierto es que así fue, y sus coterráneos respondieron con exaltación a su llamado.  “El viejo orden de cosa experimenta un cambio radical, y surge uno nuevo.”  Normandos, bretones, gascones y todo el resto, acuden decididos a defender los intereses de la patria común.

 

De modo análogo, un “nuevo orden” fue planteado por la estudiante japonesa que obtuvo el primer premio en un certamen, patrocinado por un Rotary Club, sobre el tema de la comprensión y la buena voluntad entre las naciones.  Escribió lo que sigue a continuación:

 

Cada país tiene sus propias formas de vida, creadas a lo largo de su historia y de acuerdo con las condiciones peculiares del medio.  Es ilógico querer aplicar un solo principio a tan diversas modalidades.  Durante el proceso formativo de una nación, se van plasmando los perfiles que la caracterizarán más tarde…  Es pues, absolutamente necesario que, en el concierto de las naciones del mundo, haya comprensión y se respeten mutuamente los modos de ser de cada cual.  Sólo así podrá florecer la amistad a la buena voluntad, antes de que surjan dificultades y contiendas…

 

Deben respetarse los derechos humanos fundamentales del individuo, aun si se trata de alguien cuyas ideas difieren de las nuestras, por el simple hecho de que se trata de un hombre.  Asimismo, se impone el respeto razonable de la soberanía de un país, no importa cuán diferentes sean sus formas establecidas.  Es incorrecto el desear únicamente la prosperidad y el bienestar del país del uno, sin considerar los intereses de los otros…  Sólo mediante el cultivo de una amistad firme y verdadera, basada en la generosa aprobación de otros, podemos esperar que haya paz duradera en el mundo…

 

Lejos de ser la senda del patriotismo un obstáculo para el rotario, constituye la base para la avenida de servicio de las relaciones internacionales.  Conduce a una amistad más amplia, cimentada en el respeto y la estimulación mutua.  En la mente del rotario no existe más contradicción entre el ideal patrio y el concepto internacionalista, que entre ser un buen padre de familia y desenvolverse como un valioso y activo miembro de la comunidad.  Aún más, ¿es posible ser lo uno sin lo otro?

 

Ciertas personas, sin embargo, creen que existe contradicción.  Es posible que todos esos libros de historia que Gibbon denomina “diarios de los crímenes, desatinos y desventuras de la humanidad”, hayan contribuido a crear dicho sentimiento.  Hay cierta clase de patriotismo, nutrido de recriminaciones y temores, que se fomenta con el objeto de encender odios y pasiones por motivos egoístas y se convierte – según las palabras del Dr. Jonson – “en el último refugio de los canallas.”

 

La mejor defensa contra este falso concepto de patriotismo es hacer un detenido análisis del orgullo nacional, y de las rutas a las cuales conduce.  ¿No cree usted que el pueblo de su país – cualquiera que sea – se sentiría más satisfecho y seguro si el enemigo de hoy se trocara en amigo?  Esto es más factible de lo que parece.  Ocurre hoy y ha ocurrido frecuentemente en la historia.  Los franceses e ingleses vivieron en constantes luchas por varios siglos.  Se disputaban la supremacía de Europa en cruentas guerras, tanto en el continente europeo como en los siete mares y desde las salvajes soledades de América hasta los insalubres pantanos de la India.  Posteriormente se hicieron amigos.  Para los patriotas que combatieron en esos días, esta amistad significaría una traición inaudita; pero lo cierto es que ambos países se beneficiaron, pues el nuevo estado de cosas trajo seguridad y progreso.  El enorme adelanto que caracterizó al siglo diecinueve se debió, en gran parte, a que cesaron las luchas franco-inglesas.

 

Un examen aún más profundo del problema nos conducirá, inevitablemente, a las siguientes interrogaciones: ¿Amamos a nuestro país debido al odio y temor que despierta entre los hombres de otras naciones, o esa hostilidad es, por el contrario, motivo de vergüenzas y tribulaciones?  ¿No es evidente que lo que más nos enorgullece es la contribución de nuestra patria en el progreso espiritual, cultural y material de la humanidad?  ¿Y no es el verdadero patriota el que engrandece la gloria de su país al ofrendar sus servicios más allá de las fronteras nacionales?

 

Gracias a un detenido análisis, el verdadero patriota fortalece sus convicciones.  Proyectando sus intereses más allá del patriotismo nacional – como se expone en el Esbozo de Normas – el verdadero patriotismo queda justificado.  Pero dado que existe un peligro en este proceso de justificación, sigue, luego, una advertencia en el Esbozo: Se opondrá a toda acción basada en supuesta superioridad nacional o racial.    

 

Ahora se han trocado los papeles.  El peligro ya no es un factor externo, encarnado en el patriotero.  Se ve, ahora, que en enemigo se encuentra dentro de cada uno de nosotros, consistente en la humana inclinación de sentirnos superiores.  No es fácil resistir sus persistentes insinuaciones, ya que deseamos con vehemencia probarnos a nosotros mismos que la razón está de nuestra parte.  Y, lo grave del caso, es que es muy difícil creer que uno tiene toda la razón sin comenzar a sentirse puro y sin tacha.

 

Un rotario chino ilustró con un ejemplo, el daño que sufren las relaciones internacionales cuando se hacen arrogantes e indiscretas manifestaciones de superioridad en el seno de los compatriotas y ante los demás.  El conceptúa que esto es uno de los mayores obstáculos para el progreso de la civilización, y el arma secreta de los que se valen de la táctica de producir divisiones con la finalidad de esclavizar. 

 

La siguiente carta que Ch’ieng Lung, emperador de la China, dirigió en 1793 al rey de Inglaterra, Jorge III, ilustra un problema universal que se remonta a la infancia de la humanidad:

 

“Vos, oh Rey, vivís más allá de los confines de muchos mares; pero, alentado por vuestro humilde deseo de compartir los beneficios de nuestra civilización, habéis enviado una misión que porta respetuosamente vuestro memorial…  Lo he leído cuidadosamente.  Los sinceros términos en que está redactado revelan respetuosa humildad…  lo cual merece alabanzas…  Si bien aseveráis que la reverencia que sentís por nuestra Celeste Dinastía os despierta el anhelo de adoptar nuestra cultura, debo decirlo que nuestros ceremoniales y códigos jurídicos difieren de tal manera de los vuestros que aun suponiendo que vuestro enviado fuera capaz de asimilar los rudimentos de nuestra civilización, os sería imposible implantar nuestros hábitos y costumbres en un país tan extraño como el vuestro…

 

“Al influenciar al mundo entero, sólo persigo una meta, que es la de mantener un gobierno ejemplar,  y cumplir mis deberes para con el Estado.  Ninguna ofrenda, por rara y valiosa que sea, me interesa.  Si he decidido que se aceptan, oh Rey, las ofrendas de tributo que habéis enviado, es únicamente en consideración al espíritu que os ha inspirado hacerlo desde tan lejanas tierras.  Las soberanas virtudes de nuestra Dinastía se han difundido en todos los pueblos que existen bajo el firmamento, y los reyes de todas las naciones han enviado sus preciados tributos por mar y tierra.  Como vuestro embajador puede verlo por sí mismo, poseemos todas las cosas…”

 

Lo peor del caso es que llevamos dentro el impulso de alardear de superioridad.  Lo vemos, a menudo, entre los turistas y en los que residen en el extranjero, en la manera de acoger a los inmigrantes y en el tratamiento que damos a las personas de otras razas.  Las aseveraciones brutales de superioridad no producen más resentimientos que las actitudes y palabras de injuriosa condescendencia: forman parte de ese cúmulo de odios que emponzoñan las relaciones internacionales.

 

Cierto rotario y su esposa, procedentes de Tejas, EE.UU., se hallaban de visita en Francia y entraron en la posada de una aldea en busca de alojamiento.  La señora que los recibió seguramente estaba familiarizada con el estado de Tejas, pues se sonrió al ver el enorme sombrero que llevaba el visitante.  “Mi esposa y yo deseamos un cuarto por una noche”, dijo el tejano.  Al oír esto, la posadera se turbó y balbuceó algunas palabras.

 

“Aquí hay cuartos, ¿no es verdad?”, preguntó el turista. 

 

Oui, monsieur, tenemos cuartos; pero no son lo que ustedes los norteamericanos llamarían…  moderne.  No son de lo mejor, monsieur.

 

“Señora”, dijo el tejano, “todo lo que necesitamos en Tejas es una manta y un montón de paja.  Estaremos encantados de pasar la noche aquí.”

 

Este es un buen ejemplo de humildad personal y respeto que contribuyen a mejorar las relaciones internacionales.

 

Nos será más fácil hallar la senda del genuino patriotismo si reconoceremos que es muy exiguo nuestro aporte personal al caudal de nuestras glorias raciales o nacionales y que, individualmente, la contribución de muchas personas de otras naciones y de otras razas es muy superior a la nuestra.  Lo único que depende de nosotros es la determinación de ser útiles mediante el cultivo de la amistad con ellos.

 

Los rotarios gozan de oportunidades excepcionales en materia de trabar relaciones amistosas. Por ejemplo, hay muchos Rotary Clubs cuyos socios pertenecen a diversas nacionalidades.  Un buen número de clubes tienen una veintena o más, y su armoniosa labor se reconoce como un servicio importante en la comunidad, sin mencionar su influencia en el fomento de la confraternidad mundial.  Esta es la forma como lo concibe uno de los iniciadores de Rotary:

 

Si Rotary hubiera sido creado especialmente con el objeto de servir sólo en este sentido, no podría pensarse en un órgano más perfecto.  No ofende a creencia alguna, porque en su seno todas las religiones son igualmente acogidas.  No encierra secretos ni ritos misteriosos que pudieran suscitar recelos entre los no rotarios.  Y luego, lo más grato de todo es que su gran objetivo es absoluta simplicidad, o sea algo comprensible para todos.  ¡Qué espléndido estandarte para ofrendar a un mundo que sufre!

 

Sin embargo, debe entenderse claramente que la abolición de las diferencias nacionales, religiosas y culturales no es parte del programa de Rotary.  Por el contrario, la diversidad en las expresiones humanas se considera sumamente halagadora, y no como barrera que se oponga a la comprensión y cooperación.  En un mundo cuyos confines se reducen más y más en cada segundo de esta era de los aviones de reacción, qué monótono sería si la gloriosa pluralidad del mundo quedara reducida a una gris uniformidad.  Gran parte del interés – y también del placer – en materia de relaciones internacionales reside en el descubrimiento y aprecio de estas diferencias tan valiosas.

 

No se trata con esto de restar importancia a los problemas que surgen de las diferencias, pues los rotarios, establecidos en casi 150 países y regiones geográficas, tienen oportunidades únicas para estar al tanto de su existencia.  La siguiente historia, ocurrida en la Unión Sudafricana, ilustra la conducta rotaria en un ambiente erizado de desavenencias y aun peligros.  El miércoles que siguió a una serie de graves tumultos acaecidos en los pueblos vecinos, era el día fijado para celebrar un concierto, auspiciado por el Rotary Club, en que iban a participar los ganadores de un festival musical realizado en Bantu.  Entre los premios que se iban a distribuir, figuraba uno donado por un rotario de las Islas Británicas.  Dadas las circunstancias, se consideró si sería prudente que los rotarios asistieron al concierto en compañía de sus esposas.

 

Después de discutir el punto, los socios del club se sintieron alentados debido a los progresos, en materia de relaciones raciales, que se habían logrado en la localidad mediante las elecciones seccionales, los clubes deportivos y a una campaña realizada sobre el problema de la vivienda.  Los rotarios asistieron al concierto en compañía de sus familias.

 

Su decisión tuvo generosa recompensa.  En su discurso final, el presidente africano formuló la siguiente pregunta a la audiencia, integrada en su mayor parte por africanos:

 

¿Qué es este movimiento rotario, y cómo explicarse el hecho de que un rotario de la Gran Bretaña haya enviado un trofeo?  Los rotarios creen que deben laborar por el mejoramiento de las relaciones entres todos los pueblos del mundo, y los africanos hemos visto con nuestros propios ojos que este grupo de europeos practica lo que predica.  Los africanos debemos ayudarlos en su labor.  Estamos progresando sin recurrir a la violencia.  No necesitamos de violencia.

 

Progreso sin Violencia.  ¿Puede existir un anhelo más patriótico para cualquier hombre, del país que sea? 

 

La senda del patriotismo es una senda hacia la paz, y ofrece oportunidades para que los rotarios de todo el mundo hagan servicios efectivos y personales.  Cada día ocurren incidentes que constituyen retos para que el verdadero patriota exprese su concepto sobre nacionalismo como una forma de vida generosa y amplia.  Para él, las fiestas cívicas no son ocasiones para hacer alardes jactanciosos, sino fechas que le recuerden su responsabilidad de contribuir a que prevalezca el respeto hacia todos.  Deberá relacionarse valiéndose de todos los medios de que disponen los rotarios, a fin de crear vínculos de amistad con personas de todas las naciones y las razas, pues en esto radica la esperanza y la gloria de su querida patria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

La Senda de la Conciliación

 

 

Procurará encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros pueblos 

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

UN MINISTRO de Relaciones Exteriores del Canadá presentó a la convención de las Bodas de Oro de Rotary Internacional este informe relativo a una visita que hizo a la frontera afgana, mientras se hallaba en Pakistán:

 

Cuando llegamos ahí vimos que habían colocado una cadena a través de la carretera.  A un lado de la cadena se hallaba un centinela afgano, y al otro uno del Pakistán.  El guardia afgano estaba armado hasta los dientes.  No estaba seguro de lo que pasaría si cruzaba la línea fronteriza, de modo que permanecí en el territorio pakistaní.  Después de un momento tendí la mano al centinela afgano y sonreí.  De inmediato apoyó su rifle contra una roca, desplegó una franca sonrisa y me invitó a pasar sobre la cadena.  Sin titubear un instante accedí a su invitación y le estreché la mano calurosamente.

 

Rotary insta y ayuda a todos los hombres a salvar la cadena de orgullo y los prejuicios nacionales, y a estrecharse la mano con afecto, para que avance y culmine la gran obra que está realizando esta organización.

 

Una actitud cordial – que suele expresarse muchas veces con una sonrisa o un apretón de manos – es el pasaporte universal para la comprensión mutua.  Mitiga las tiranteces y crea el ambiente favorable para conciliar las disputas.  Por supuesto, estas no se resuelven tan sólo mediante la cordialidad.  Hay hombres juiciosos y reflexivos que se preguntan con angustiosa sinceridad cómo es posible convencer a las naciones, con diferentes sistemas de vida y de gobierno, que colmen sus aspiraciones sin recurrir a la violencia.

 

Hay una fábula que expone la raíz misma de algunos de los obstáculos que impiden la conciliación.  Cierta vez, se apareció un ángel durante una conferencia realizada por altos representantes de las naciones poderosas del mundo.  El ángel anunció que el cielo se hallaba muy atribulado a causa de las discordias terrenales.  “La dificultad”, dijo el ángel, “es que cada uno de ustedes veta las peticiones de los otros.  Tengo la misión de concederle un deseo a cada uno de ustedes, el cual se cumplirá aunque se opongan los otros.”

 

Uno de los representantes expuso su petición: “Deseo que una gigantesca manga marina engolfe a su país”, dijo lanzando una mirada a uno de los circunstantes.

 

“¡Esas tenemos!”, exclamó el diplomático del país aludido, “si es así como vamos a entendernos, yo deseo que una plaga terrible los azote, y mueran todos.”

 

Hubo una pausa, y el mensajero celestial se dirigió al tercer delegado.  “Todo lo que deseo”, dijo éste en tono conciliador, “es una buena taza de té; pero no se apresure…  atienda, primero, los solicitudes de estos dos buenos señores.”

 

Lo inquietante de esta fábula es que simboliza, con gran realidad, las bases sobre las cuales abordan toda conciliación las naciones grandes y pequeñas.  Sin llegar a anhelar una hecatombe en el país contrario, existe la suposición implícita de que la premisa de todo acuerdo es que el adversario renuncie definitivamente a todos sus principios y aspiraciones.  En la práctica, esta filosofía presupone un mundo en el cual cada nación puede desenvolverse, si es necesario, sin ningún sentido de cooperación y resolver sus dificultades con otras naciones mediante el simple expediente de ignorar su existencia.

 

Procurará encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros pueblos.  Esto no implica, de modo alguno, el deseo de que una nación se transforme en la imagen de otra.  Lo que se propone es un análisis sereno y objetivo de las condiciones reales, como también de las necesidades y aspiraciones de los pueblos concernientes.  No se espera que ninguna de las partes renuncie, en el acuerdo que se formule, a sus principios o aspiraciones, sino que cada cual consiga sus anhelos mediante los beneficios provenientes de la cooperación.  Al adoptarse esta actitud, se considera que los otros pueblos – lejos de constituir entidades ajenas y extrañas que se puedan mantener ignoradas – están formados por hombres como nosotros y que, en tal virtud, es posible encontrar o idear acuerdos, soluciones y convenios que sean beneficiosos para todas las partes interesadas.

     

¿Parece esto demasiado idealista?  De ningún modo.  La historia nos ofrece muchos ejemplos que prueban su realismo.  Por varios siglos los musulmanes y los cristianos combatieron por la supremacía mundial.  Ninguno de los dos grupos ha abandonado su meta; pero el conflicto se ha suavizado debido a que ambos emplean, por lo general, mayor indulgencia en la consecución de otros intereses.  A pesar de que Rusia y la Gran Bretaña estuvieron enfrascadas en incesantes hostilidades diplomáticas en el curso del siglo XIX, fueron aliadas en las dos guerras mundiales.  Algunos de los países enemigos en la Segunda Guerra Mundial son amigos en la actualidad.

 

La actitud que adoptan los beligerantes influye también en los resultados.  Dos propietarios vecinos se hallaban en frecuentes querellas sobre el lindero demarcado por una cerca.  Finalmente uno de ellos, cansado de tanta discordia, vendió su propiedad.  Una vez efectuada la transacción dio cuenta de la disputa al nuevo dueño.  “Va usted a tener molestias con su vecino”, le dijo.  “El cree que la cerca debe moverse metro y medio hacia este lado.  Prepárese a un litigio en la corte.”

 

En cuanto el nuevo dueño tomó posesión de la casa, el vecino se aproximó echando chispas por los ojos.  “Va a tener que mover la cerca”, lo conminó.  “Está a metro y medio dentro de mi propiedad.  Tendrá usted que comparecer en la corte.”

 

“No hay necesidad”, replicó el nuevo propietario.  “Estoy enterado de sus exigencias y, por lo que a mí respecta, puede moverla donde quiera.”

 

El vecino se sintió desconcertado y, sin saber que responder, se alejó mascullando palabras incoherentes.  La cerca se quedó donde estaba.

 

Los rotarios han probado la eficacia de esta actitud en la solución de muchos conflictos.  Quizás la consideración más notable es el delicado equilibrio requerido del rotario como individuo.  De vez en cuando, rotarios de varios países reúnen en conferencias privadas con el fin de desarrollar conceptos que puedan ofrecerse a los funcionarios de los respectivos gobiernos como base para solucionar conflictos fronterizos o insinuar maneras de unificar de nuevo países que por una razón u otra han sido fragmentados.  Invariablemente, estos rotarios han actuado como individuos leales a sus propios países y dedicados a poner en ejecución los principios de Rotary en lo que atañe a comprensión internacional y paz mundial.

 

Durante la existencia de Rotary, dos tremendas guerras mundiales y otros numerosos y devastadores conflictos que han desgarrado el tejido de las relaciones internacionales, han llegado a su final.  Después de ellos, en cada uno de los países interesados los rotarios se han reunido para reavivar los sentimientos de comprensión internacional a través de ayuda mutua, otra expresión del Objetivo de Rotary.

 

La senda de la conciliación de Rotary y de los rotarios por el mundo entero, ha tropezado con barreras en varios períodos.  Cuando mediante la aplicación de diversos medios, esos obstáculos se han salvado, se ha acelerado el proceso de reconciliación a través de numerosos intercambios entre los rotarios: alguna vez, una delegación rotaria de la Gran Bretaña al Uruguay; o la celebración del Día de las Naciones Unidas por un Rotary Club en Portugal; o tan sólo una reposada charla en una noche entre rotarios de distintas partes del mundo, congregados con ocasión de una convención internacional.

 

Como es natural, a la mayoría de los rotarios no se les presenta la oportunidad de seguir la senda de la conciliación en circunstancias tan dramáticas.  Sin embargo, pueden esforzarse en hallar campos comunes de avenencia mediante sus relaciones personales y discusiones con otros rotarios –con los del mismo club y con los socios de clubes establecidos en lugares distantes.  En esta forma, todo rotario tiene la oportunidad de hacer uso de Rotary para comunicarse con hombres de espíritu constructivo a fin de conocer cuáles son las verdaderas necesidades y aspiraciones de sus conciudadanos.  Una vez descubiertos los intereses vitales, es posible buscar los medios para satisfacerlos sin menoscabo de las aspiraciones esenciales de otras naciones.  Convendría, mientras tanto, compartir dichos conocimientos con los demás y difundir el anhelo constructivo de armonía.

 

Por consiguiente, se deduce que los que siguen la senda de la conciliación deben poseer imaginación e ingenio.  Hay que aventurarse a suponer que uno es algo así como un ministro de relaciones exteriores que participa de las responsabilidades que trae consigo la dirección de las relaciones internacionales de su país; pero sin las presiones inherentes a dicho cargo.  El reto consiste en enfocar cada uno de los problemas internacionales en su verdadera perspectiva, considerando todos sus aspectos.  ¿Podría usted concebir una solución que conviniese recomendar a sus compatriotas?

 

En realidad, no es difícil imaginarse que estamos investidos de tal cargo.  Todo el mundo lo hace, inconscientemente, al leer el periódico o al ver los noticiarios que se presentan en el cine o en televisión.  Es mucho más difícil, sin embargo, figurarse todos los diversos factores que actúan en una situación o problema determinado.  Todo el que hace un estudio de las relaciones internacionales – por superficial que sea – se siente anonadado por su complejidad.  Por lo tanto, es natural que se vuelva más comprensivo cuando el ministro de relaciones exteriores parece desorientado y vacilante en sus decisiones, en las que debe considerar los armamentos, al economía del país, el sentir del público y dos o más alternativas opuestas.  Además, cualquier rumbo definido que tome provocará el ataque furibundo de algún sector.

 

A pesar de todo esto, la complejidad que caracteriza a las relaciones exteriores ofrece una ventaja.  Las propuestas contradictorias tienden a influenciarse mutuamente, lo cual origina nueva ideas.  La circunstancia de que todas las naciones se hallen en la encrucijada de alternativas opuestas, significa que cualquier país puede responder a la persuasión si se examinan prolijamente las diversas alternativas, y se establecen sus afinidades.  En una palabra, en las relaciones internacionales no se trata con entidades monolíticas.  ¡Las naciones están formadas por individuos!

 

El hecho de que Rotary se halle extendido por todo el mundo, es una oportunidad para que cada rotario brinde su aporte en esta labor de “examen y búsqueda de afinidades.”  En el seno de Rotary existe franqueza que posiblemente no haya en las comunicaciones que se cruzan en las esferas oficiales.  Debido a esto, el rotario que estudia un problema, valiéndose de un rotario de otro país, tiene posibilidades de obtener una impresión más exacta de lo que ese pueblo desea verdaderamente.  Al mismo tiempo, no sufrirá la desilusión que se produce cuando las declaraciones verbales que se hacen no se traducen en decisiones apropiadas.  En vez de indignarse, tendrá comprensión.

 

Otra ventaja derivada de la complejidad de los asuntos internacionales es que siempre existe la posibilidad de aplicar soluciones técnicas.  Dado que vivimos en una edad tecnológica, podemos culpar a la ciencia no se detiene en su afán insaciable de descifrar los enigmas que nos rodean.  Por ejemplo, ningún grupo se ha mostrado más decidido a encontrar una solución al problema del control internacional de la energía atómica que los hombres de ciencia que produjeron la bomba.

 

Consideramos, por ejemplo, el caso relacionado con los derechos sobre las aguas de la zona del Punjab.  La línea limítrofe entre la India y Pakistán cruza el sistema hidrográfico del río Indo, y deja la mayoría de los canales en el territorio del Pakistán, mientras las cabeceras de los ríos y las obras hidráulicas que regulan el agua de los canales, se hallan en la India.  La disputa sobre la utilización de las aguas ha sido una de las principales causas de división entre los dos países.  En ese estado de cosas, un grupo de ingenieros presentó un plan sobre el aprovechamiento de las aguas que se desperdiciaban, el cual aportaba beneficios para ambos.  Como dijo uno de los ingenieros: “La forma de pensar es lo esencial.  El paso decisivo es conseguir que un canal sea, para todos, meramente un canal, o sea una obra de ingeniería y no la causa de controversias políticas.”

 

El procurar encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros pueblos, implica la decisión de identificarse con el modo de pensar y el modo de sentir – al parecer incomprensibles, en muchos casos – de los otros pueblos, y estar resuelto, además, a explorar todas las posibles soluciones de orden técnico.  Desarrollar es la palabra esencial de la cita anterior.  El desarrollo entraña esfuerzo y tiempo.  Muchos conflictos de orden internacional son materia de discusiones que duran por largos años, sin lograrse apreciables resultados.  En consecuencia, la opinión pública se impacienta, sobre todo en los países directamente comprometidos en la situación.  Lo que pasa es que los pueblos suponen que existen soluciones perfectas e inmediatas.  ¿A qué se debe esta creencia?

 

Parte de la explicación se halla en los sistemas de información pública, de los cuales obtiene el pueblo casi todas las noticias y el resto se debe a los métodos usados en las negociaciones.

 

Estas se realizan, por lo general, mediante conferencias, o sea congregando a los representantes de los países interesados.  Es entonces cuando se inicia el desenvolvimiento del drama: detrás de cada delegado hay un pequeño grupo de expertos que representan a los funcionarios que no asisten a la conferencia, pero que están activamente vinculados con las negociaciones; en la galería se ven varias filas de espectadores provenientes de diversos sectores de la ciudadanía, los cuales acuden a la conferencia tanto por razones de lo más encomiables como de lo más frívolas.  Por supuesto, se hallan ahí los representantes de la prensa.  Resplandecen las luces de los aparatos de televisión, y los micrófonos de varias radiofusoras se hallan listos para difundir, a todos los confines de la tierra, cada palabra que se pronuncie.  Y entonces comienza a desarrollarse la escena.  He aquí la realización del sueño más preciado de los estadistas del mundo: ¡La diplomacia a puertas abiertas!

 

Este sueño nació del resentimiento contra el cinismo que caracterizaba a las negociaciones secretas.  Se suponía que la honestidad prevalecería las transacciones internacionales se desarrollaran a la vista del público.  Además, no hay que olvidarse que los pueblos tienen el derecho de enterarse.

 

Desafortunadamente, este método encerraba tentaciones que nadie había previsto.  El diplomático, en su papel de delegado, se revelaba a menudo como un ferviente propagandista, anheloso de lanzarse en furiosas tiradas, o tejer, con más o menos sutileza, una serie de embustes.  Si mostraba la más leve tendencia de llegar a un entendimiento con el oponente, era motejado de pusilánime o “derrotista” por los políticos de la oposición, o en los editoriales de los diarios.  En estas condiciones, sólo un estadista de la talla de Churchill podía atreverse a exigir que se retornase a la diplomacia privada.  Sir Winston declaró una vez:

 

Esta conferencia no debe verse obstruida por un programa tedioso o rígido, no conducirse por laberintos o marañas de minucias técnicas, impugnadas con ardor por horas de expertos y funcionarios reunidos en un vasto y engorroso despliegue.

 

Esta conferencia debe limitarse al menor número posible de personas y potencias.  Conviene que las regiones se caractericen por cierto grado de informalidad y por un grado mayor aún de reserva y aislamiento.

 

Si bien es probable que no se obtenga un acuerdo definitivo y perentorio, es de esperarse que, entre los asistentes, prevalezca un sentimiento general de que hay algo mejor que desmenuzar a la humanidad, incluyendo a ellos mismos.

 

¿Ofrece este tipo de negociaciones alguna esperanza de eliminar los obstáculos que obstruyen ahora la senda de la conciliación?  Sus preconizadores arguyen que el público se vería libre de la confusión e incertidumbre creados por la diplomacia a puertas abiertas, con la irremediable publicación, a grandes titulares, de una nueva crisis cada día. 

 

Por otra parte, el público tiene el derecho de informarse – el derecho de estar presente cuando se discuten sus destinos.  Los proponentes de la diplomacia abierta opinan, con igual vigor, que la presión y vigilancia que ejerce la ciudadanía contribuyen a elevar el nivel de la diplomacia, y que es el mejor medio para lograr, con el tiempo, una diplomacia que se conduzca directamente entre los pueblos.

 

La personas valerosa – y conviene subrayar que debe ser valerosa – que siga la senda de la conciliación, debe poseer también paciencia.  La paciencia atempera el ardor de las convicciones con el hálito y la virtud del sentido común.  Mantiene viva la imaginación en la tarea de comprender los puntos de vista de los otros, y en el análisis de los problemas técnicos.  Sobre todo, se requiere paciencia para soportar las objeciones del público en las etapas delicadas de las negociaciones, en que se llegue a insinuar que se fragua una traición, y en que se exijan únicamente soluciones perfectas.

 

El hecho mismo de que sea necesario buscar campos en que exista comunidad de ideas, excluye la posibilidad de soluciones perfectas.  No es posible esperar la rendición incondicional, ni una victoria para uno de los bandos.  Muy poco se alcanza poniendo un asunto a votación si los resultados significan aislar a una minoría y enardecer su espíritu de oposición.  La obra de conciliación consiste en idear soluciones alternativas, basadas en los puntos de avenencia que se hayan encontrado mediante sinceros esfuerzos para entender los puntos de vista de los otros.

 

Muchas personas se figuran que esta labor se aproxima a la de un mecánico: Una obra precisa de ensambladura, similar a la de armar un automóvil.  Más adecuadas, tal vez, sean las dotes del jardinero, que se da cuenta que lo único que puede hacer es facilitar el crecimiento de las plantas mediante el cultivo conveniente de la tierra, o también de la graduación de la atmósfera cuando se trata de un invernáculo.  Un jardinero nunca se olvida que debe adaptarse a los dictados de la naturaleza, de la cual sólo es un colaborador.  Muy poco alcanzaría un grupo de mecánicos al tratar de transformar, de acuerdo con sus planos, un lugar salvaje; pero un jardinero paciente, y conocedor de sus limitaciones, obtiene valiosos resultados.

 

“Uno de los ejemplos más fascinantes de la posibilidad de conseguir la cooperación internacional”, escribió un rotario, “lo ofrece uno de esos jardines donde hay plantas, arbustos y árboles de todo el mundo, que se desarrollan y florecen juntos, en perfecta armonía y belleza sin par, y entre todos crean algo donde, a juicio de muchos, el hombre se siente más cerca de su Hacedor.

 

“Todo jardín constituye una lección de cordura, cuyo fundamento, en este caso, es la aceptación de que todo resultado final depende de la buena preparación del suelo.  Lo mismo ocurre con Rotary.  La cosecha que vislumbramos es la paz y la estabilidad en el mundo.  La simiente que se va a depositar es el compañerismo y la amistad, como también la comprensión mutua, la buena voluntad y la buena fe.  El desenvolvimiento de la mente y de los pensamientos de cada rotario, constituye el suelo fértil, cuya preparación es lo primero, en orden de importancia…”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

La Senda de la Libertad

 

 

      Defenderá la ley y el orden para que el individuo siga gozando de libertad de pensamiento, palabra y reunión, y nunca sea objeto de persecuciones y agresiones, de miseria y temor 

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

La libertad es un elemento básico de la sociedad civilizada; figura, en la actualidad, entre los principios proclamados por la mayoría de las naciones.  Sobre la libertad se ha escrito más que sobre ningún otro tema y, sin embargo, existen muy pocos principios tan escarnecidos por individuos que, de modo consciente o inconsciente, lo han usado y lo continúan usando como arma ideológica para promover causas egoístas.

 

Los rotarios están profundamente interesados en la libertad.  Lo han demostrado tanto en sus declaraciones como en sus obras.  No vamos a tratar aquí del concepto de la libertad en sus manifestaciones políticas, económicas y religiosas, pues sería materia de libros más voluminosos y de proyecciones más filosóficas.

 

La importancia que para los rotarios merece la libertad, se demuestra claramente mediante la atención especial que se da al tema en el Esbozo de Normas en materia de relaciones internacionales.  Antes de la declaración explícita que se transcribe al iniciar este capítulo, se expone plenamente el concepto que tienen los rotarios sobre la libertad:

 

El ideal de servicio rotario sólo encuentra expresión donde el individuo goza de libertad de pensamiento, palabra, reunión y cultos, y donde no es objeto de persecuciones y agresiones, de miseria y temor.

 

La libertad, la justicia, la verdad, el valor de la palabra empeñada y el respeto de los derechos humanos son inherentes a los principios rotarios y son además vitales para el mantenimiento de la paz y el orden internacional y el progreso de la humanidad.

 

El tono categórico de lo expuesto se debe a la importancia que los compiladores del Esbozo de Normas – fortalecidos con las opiniones obtenidas de rotarios de muchas partes del mundo – confieren a este principio.  La libertad del individuo, el respeto a su dignidad y la libertad de pensamiento son de importancia vital para los rotarios.  Cuando se destruye la libertad desaparecen el orden y el progreso.

 

Con el crecimiento de los gobiernos totalitarios en Europa y Asia, en el período transcurrido entre las dos guerras mundiales, los Rotary Clubs comenzaron a ser perseguidos.  En cierto país, el sistema totalmente regimentado que se impuso determinó la disolución de los Rotary Clubs.  En otro, se aprisionó a los rotarios acusándolos de diseminar “ideas peligrosas”, por el hecho de que pertenecían a una organización “Internacional.”  Hubo, además, un país donde se clausuró Rotary en aras de “una nueva ideología política que ha condenado el pensamiento individual por considerarlo como la falla estructural de toda una época, y lo ha reemplazado con el pensamiento que interpreta la consciencia colectiva.”

 

En una convención anual – la única oportunidad en que la organización adopta acuerdos de carácter general – se respondió de modo abierto y decisivo el reto lanzado contra la integridad de Rotary.  En la convención celebrada en La Habana, Cuba, en 1940, se declaró en una resolución que donde no existen la libertad, la justicia, la verdad, el valor de la palabra empeñada y el respeto de los derechos humanos, Rotary no puede subsistir ni es posible que sus ideales prevalezcan.

 

Aunque Rotary no tiene secretos ni rituales, como tampoco una rígida uniformidad, los dictadores lo consideraban como una amenaza pues reconocían que era un símbolo de la libertad.  Retroceder en vez de avanzar fue la orden del día en los países en que el gobierno asumió poderes dictatoriales y se dio cuenta que Rotary era una organización que no podía ser utilizada con fines de propaganda y persecución.  Antes de que estallase la Segunda Guerra Mundial, Rotary ya había sido blanco de las decisiones oficiales en varios países.

 

A pesar de los obstáculos provenientes de los bombardeos diurnos, del obscurecimiento completo de las ciudades durante la noche y de las bombas volantes, muchos Rotary Clubs continuaron celebrando reuniones.  Al transitar por las ruinas humeantes, se fortalecía en los rotarios el sentido de responsabilidad y el deber de prestar ayuda.  Durante la época en que se intensificó la guerra relámpago, el Rotary Club de Londres creó varios clubes en la zona de su jurisdicción.  Se iniciaron en todo el mundo obras de carácter internacional con el objeto de ayudar a las víctimas de la guerra, socorrer a los prisioneros y brindar hospitalidad a las tropas que se hallaban lejos de sus países.  Tal vez el cuadro más dramático de Rotary en un mundo en llamas es el que se describe en un informe hecho por uno que estuvo presente en una reunión rotaria, efectuada durante la invasión de una isla.

 

“En la penumbra de un fétido túnel me encontré con un grupo de siete rotarios rodeados de un grupos de heridos que se contorsionaban de dolor.  El único civil era el presidente del club, que había escapado… en un pequeño bote.  A falta de martillo, golpeó la mesa con la culata de una pistola que tomó de un soldado que se hallaba cerca de él, y abrió la sesión con los únicos miembros que quedaban.”

 

Esto prueba que, a pesar de la lucha y la represión, subsistía el interés por algo que significaba libertad.  Algunos Rotary Clubs continuaron, con otros nombres, celebrando furtivamente sus reuniones.  Por ejemplo, cierto club se transformó en un coro denominado “Los Guacos” – que no cantan una sola nota.  Otro club tenía, con regularidad, sus reuniones en un restaurante frecuentado por oficiales enemigos.  Se incautaron los archivos de muchos Rotary Clubs y por lo menos se dio un caso en que el presidente del club fue encarcelado por el hecho de ser rotario.

 

En cuanto cesaron las hostilidades militares, se llevó a cabo una inmediata reorganización de los Rotary Clubs en los países donde habían sido clausurados.  El dinamismo que desplegaron los clubes en la tarea de restauración puede atribuirse, en parte, a la resolución adoptada por los rotarios en la convención de 1940, celebrada en Habana.  Era evidente que, una vez reestablecida la normalidad, no había razón de posponer la reiniciación de la cruzada por la confraternidad y la práctica de servicios voluntarios.  La muy lamentada ausencia de Rotary Clubs en ciertos países no se debe a ninguna decisión que haya tomado Rotary Internacional.  Son las condiciones existentes en esas naciones las que impiden su establecimiento.

 

Es evidente, pues, que los rotarios tienen una razón especial para sentirse empujados hacia la senda de la libertad, y es la preservación de Rotary, además de muchas otras razones que consideran de gran valor, o tal vez se debió haber dicho de todas las demás.

 

Nunca se ha visto la humanidad antes un dilema tan definido y perentorio: todo hombre debe decidirse entre una tenebrosa edad de despotismo y una áurea edad de libertad, y no es raro que descubra que aun en “su propio hogar” hay emboscados enemigos de la libertad.  La lucha no se desenvuelve únicamente a lo largo de las fronteras nacionales.  Existe una quinta columna en el suelo patrio y, posiblemente, hasta en nuestras propias mentes, ya que tenemos la tendencia de defender la libertad negándola a los que nos parece que la traicionan.

 

Cierta vez que se hallaba un visitante en el modesto departamento que ocupaba en Roma el primer ministro de Gasperi, se sorprendió al oír la música de un gramófono cercano.  Era nada menos que la “Giovinezza”, el himno fascista, o sea la marcha del partido que había aprisionado a de Gasperi y reducido al hambre a su familia.  El primer ministro movió la cabeza con tristeza.  “Es la condesa”, explicó, “trata de aliviar mi aburrimiento y soledad tocando sus discos.  Hasta hace poco sólo los tocaba a las siete de la mañana, que ella sabía que era la hora que me levantaba para ir a la oficina, y también a la 9 de la noche, cuando regresaba a comer.  Pero, desde que estoy enfermo, los toca todo el día: ‘La Giovinezza’… ‘A las armas’…  ‘Himno a Roma’…  ‘El Imperio’.”

 

“¿Por qué no se queja usted?”

 

“Lo he hecho”, respondió de Gasperi.  “Hasta he escrito una carta al primer ministro de Gasperi, firmada por mí y toda mi familia; pero el primer ministro de Gasperi ha contestado que, en su carácter de jefe del gobierno de un país independiente, tiene el deber de respetar las libertades individuales, incluyendo el derecho de tocar música que uno quiera, por lo cual no puede inmiscuirse en la vida privada de ningún ciudadano.”

 

¿Hasta qué límites se debe, o se puede, respetar el ejercicio de las libertades individuales en una sociedad libre?  Se suele decir que “la libertad de cada uno termina donde comienza la libertad del prójimo.”  ¿Cómo trazar la línea divisoria?  ¿En qué punto la libertad individual debe someterse a la voluntad colectiva?

 

Y, ante todo, ¿qué es lo que se entiende por libertad en las diversas regiones del mundo?

 

Al terminar la Segunda Guerra Mundial un corresponsal de los Estados Unidos asistió a un almuerzo en Europa, y le tocó sentarse entre dos rusos: un fotógrafo militar y un intérprete.  El fotógrafo se hallaba rememorando las hazañas del ejército ruso y el corresponsal se dirigió al intérprete: “Pregúntele por qué razón cree él que se ha peleado.”

 

El intérprete hizo la pregunta al fotógrafo y la respuesta surgió como un disparo.  “¡Svoboda!”, exclamó el ruso – “¡Libertad!” – y en el tono de su voz había un retintín que decía muy a las claras: “¿No lo sabía usted, pobre ignorante?”aHa

 

 

“Pregúntele qué es libertad”, añadió el corresponsal.

 

“¿Libertad?”, repitió el ruso, titubeante, y luego continuó con firmeza: “Libertad es saber cómo debe ayudarse a otro…”

 

En muchos lugares del mundo los hombres luchan por la libertad, y las metas de la libertad han sido confiscadas por hombres cuyas acciones constituyen una contradicción con las ideas que decantan.  Aun si admitimos que parte del problema corresponde a la semántica, es un hecho que para cien grupos diversos, hay cien significados diferentes. 

 

Se constató el tremendo problema que representa el definir el concepto de libertad, cuando se reunieron los representantes de 58 naciones para analizar su significado.  Escudriñaron la historia y las tradiciones valiéndose de famosos documentos redactados en el curso de las luchas sostenidas en todo el mundo para defender la libertad.  Discutieron el significado de cada frase y analizaron sus implicaciones, y aunque después de más de dos años de labor se aprobó la Declaración de Derechos Humanos con 40 votas a favor y ninguno en contra (10 naciones se abstuvieron de votar), la controversia está lejos de haberse terminado.

 

Para los rotarios, que están dispuestos a “defender la ley y el orden para que el individuo siga gozando de la libertad”, la Declaración Universal de Derechos Humanos ofrece una valiosa oportunidad.  Rotary Internacional fue una de las primeras organizaciones que lo difundieron.  Suministró a sus clubes copias de este documento para que se discutiese.  En muchos países los Rotary Clubs organizaron debates en sus comunidades.  Se publicaron folletos con los estudios hechos por los comités de relaciones internacionales.  Muchas estaciones de radio difundieron los coloquios sostenidos por los rotarios sobre el tema de los derechos humanos.  Se invitó a las escuelas para que realizaran certámenes de ensayos con premios ofrecidos por los Rotary Clubs, y el 10 de diciembre de cada año se celebra en diversas formas el aniversario de la aprobación de la Declaración.

 

Si bien los defensores de la libertad han utilizado frecuentemente la Declaración como un instrumento educativo para aclarar y confirmar el concepto de la libertad, han despertado desazones, en algunos sectores, las tentativas que se han hecho para darle fuerza de ley mediante un pacto internacional sobre los derechos humanos, y la adopción de las medidas necesarias para garantizar su cumplimiento.  Una de las principales objeciones es que algunas naciones se hallan más avanzadas que otras en el establecimiento de garantías – mediante la apropiada legislación y el consentimiento popular – de diferentes aspectos de la libertad.  Dadas estas condiciones, para que la fórmula legal que se creara fuese aceptable y aprobada por todas las naciones, tendría que basarse en un común denominador que, necesariamente, sería de un nivel ínfimo.  Si se pretende formular algo que sea aceptable para todos, lo probable es que no sea aceptado por nadie.  Se alega que una fórmula de la libertad, reducida a su mínima expresión, tendería a debilitar la protección de los derechos humanos que existen en algunos países.

 

Los Rotary Clubs que han demostrado su espíritu de vigilancia al señalar este peligro, sugieren también que la opinión pública, en cada comunidad, es el factor decisivo para defender las libertades.  Los acuerdos internacionales sobre la definición de libertad y los procedimientos de aplicación tienen muy poco o ningún efecto, a menos que haya la posibilidad y la determinación de comprender el significado de la libertad al nivel que existe en un determinado pueblo.

 

Los Rotary Clubs proporcionan un foro donde puede discutirse a fondo el tema sobre la libertad y los derechos humanos.  Como resultado de estos debates, cada rotario puede formular sus propias conclusiones, basadas en los principios de Rotary y en consonancia con las condiciones existentes en la comunidad donde se halla, como también de acuerdo con su discernimiento personal y el de sus amigos.  Sobre esta base, decidirá defender, o no, los principios de libertad donde él se halla.  Ningún sistema internacional podría proteger los derechos de cada tres mil millones de personas.  Por lo tanto, la responsabilidad primordial debe limitarse a la comunidad donde se vive, y es ahí donde la influencia de Rotary en defensa de los derechos humanos puede ser más fructífera.

 

La reunión semanal de cada Rotary Club constituye una de las líneas defensivas de la libertad: la libertad de opinar.  Aquí, en el ambiente cordial de Rotary, es el lugar adecuado para el intercambio de opiniones.  Si bien la índole susceptible a controversias de muchos problemas – especialmente los de carácter internacional – ofrece dificultades y riesgo, debe tenerse presente que una de las metas de Rotary es sustituir la pasión política con el anhelo de comprensión.  No es posible eludir los asuntos que provocan disensiones.  La forma de tratarlos es materia de espíritu de cada club.

 

“Me agradan las risas ahogadas que suenan en un club”, dijo el presidente de un Rotary Club en Inglaterra.  “Me encanta el murmullo de disentimiento.”  Esto describe el ambiente de Rotary – compañerismo amigable y familiar que se robustece bajo el acicate de las diferencias rotundas de opinión.

 

Un presidente de Rotary Internacional declaró:

 

“La divergencia de opiniones es la verdadera esencia de Rotary.  En las instituciones religiosas o comerciales, analizamos las ideas con personas con las cuales estamos de perfecto acuerdo.  El germen de Rotary es reunir a hombres diferentes: al carnicero, al panadero, al abogado, al doctor.  Mediante las diferencias existentes, no las similitudes, Rotary busca la comprensión.  Debido a que en Rotary expresamos nuestras discrepancias sin ser desagradables, conseguimos solucionar muchas diferencias.  Pero lo fundamental no es que debemos estar de acuerdo, sino tan sólo que debemos explorar e instruir nuestras mentes a fin de que nuestro aporte a la sociedad, después de nuestras reuniones, sea en la forma de servicios inteligentes, basados en la debida información.

 

Los rotarios no sólo utilizan las reuniones semanales para estimular el pensamiento y para demostrar la manera de utilizar la liberad.  También han adoptado – o adaptado – otros tipos de reuniones con el mismo fin.  Las “reuniones hogareñas” han devenido en una parte esencial del desenvolvimiento de Rotary.  Los rotarios y sus familias tratan una gran variedad de asuntos en estas reuniones informales.  Lo mismo ocurre en las reuniones interclubes, en los foros generales interclubes y en otras reuniones similares que se organizan de acuerdo con las necesidades y preferencias de cada localidad.

 

Los rotarios han aprendido, en todas esas asambleas, el valor que tiene la intervención personal.  En número cada vez más creciente, los socios de los clubes están reemplazando a los “oradores expertos”.  Estos son valiosos; pero los rotarios se han dado cuenta que, en esta edad que se caracteriza por la rapidez y amplitud de las comunicaciones ya la abundancia de libros y revistas, como también gracias a la facilidad de ponerse en contacto con los rotarios de otras tierras, más y más rotarios pueden – y deben – convertirse en expertos.

 

El editor del boletín semanal de un club, que hizo el descubrimiento, escribió lo que sigue:

 

No tendríamos problemas de asistencia si todos nuestros programas fueran como él de la semana pasada.  Constituyó una sorpresa para muchos de nosotros el descubrir el gran caudal de talento y habilidad que existe entre nuestros propios socios.  Y lo mejor de todo es que todos se sienten en libertad de expresar su desacuerdo.  El debate de la semana pasada continuó después de la reunión.  Y aún prosigue.

 

Si los rotarios tienen confianza en que lo que dicen es lo suficientemente importante para exponerse en público, es más probable que den mayor valor a lo que otros digan o piensan, y los animen a expresarlo – lo cual representa una fase de la libertad tan importante como cualquier otra.

 

Por ejemplo, Adolph A. Berle, Jr. opina que todo lo que pueden hacer las constituciones, estatutos y tribunales es resguardar los “derechos” a modo de permisos.  La peor amenaza, afirma él, es la acumulación, en una sociedad, de fuerzas que inducen a los hombres a no hacer de estos permisos:

 

Son las fuerzas aletargadoras que, en diversas formas, inducen al individuo a no explayar sus pensamientos, a no disentir, a no hablar de asuntos que se consideran inapropiados, a no perturbar o disgustar al grupo en que uno se desenvuelve.  Se suman a esa opinión de efectos paralizantes – cual miasmas soporíferos – que al parecer considera que las vidas y los pensamientos de los hombres emergen al mundo sin repercusiones, y lo abandonen sin dejar huella…

 

En las sociedades más refinadas, el peligro que se yergue en contra de la libertad procede de la indolencia y conformismo, o sea Goethe denominó “la mortal trivialidad que nos encadena a todos.”  Por el contrario, en muchas partes de las regiones que se hallan en la etapa inicial de desarrollo, el peligro estriba en su desesperada devoción a la libertad: Una obsesión de imponerla en pueblos que no están preparados para utilizarla con sensatez y provecho.

 

Sea cual fuere la situación de un determinado pueblo, los rotarios de cerca de 150 países y regiones geográficas se hallan en posición excelente para dar ejemplo y difundir los principios de la libertad al nivel que sea necesario; pero siempre dentro de los lineamientos de las normas de Rotary.

 

Desde que finalizó la Segunda Guerra se ha concedido la independencia – la libertad – a cientos de millones de personas.  Existen muchos millones más que se alistan a sumarse al número de los pueblos libres.  Hubo un tiempo en que estos millones recibían la libertad de otros; pero ahora la causa de la libertad se ha convertido, según las palabras de Tom Paine, en “la causa de toda la humanidad.”

 

Para los millones que no gozan la libertad, y la desean apasionadamente, la libertad es una brillante esperanza y una consigna para unirse; para los pocos que la temen, es peor que la muerte; y para los que la tienen y la atesoran, la libertad es la base de la dignidad humana y una de las sendas hacia la paz y la abundancia.

 

Existen también los que la temen, pero simulan propugnarla.  Durante los años en que millones de personas ganaron cierto grado de libertad al conseguir su independencia política, otros tantos millones, o más, han ido eclipsándose detrás de varias cortinas de totalitarismo.  Por otra parte, los millones de hombres que vivían en tierras donde se iniciaba el progreso, y cuyo principal deseo era forjarse sus propios destinos, se hallaban desorientados y no sabían el lugar que les correspondía en el panorama mundial.  Russell Davenport, el desaparecido escritor de los Estados Unidos, expuso con exactitud el problema en las siguientes líneas: “Nuestra idea de libertad no parece responder a las necesidades ni a los ideales de la mayoría de los habitantes del globo.  Falta en allá cierto elemento, algo que ellos necesitan, algo que debemos expresar en palabras si queremos que nuestra doctrina de libertad tenga un timbre auténtico, y es mejor que descubramos ahora mismo en qué consiste ese ‘algo’, pues, a menos que lo incluyamos, el comunismo se adueñará y absorberá la causa de la humanidad.

 

“Hay ‘expertos’ en la teoría de la libertad”, continúa él, “en la misma forma que hay expertos en todo lo demás; pero tienen la tendencia de expresarse en un lenguaje demasiado especializado y exclusivo de su círculo, que no está al alcance del profano.  Y es al individuo común y corriente, no al experto,… a quien aludimos…  Nos referimos a esos millones de personas que no pretenden poseer conocimientos especiales de ninguna clase, excepto los que se relacionan con sus propias actividades; pero que, sin embargo, se hallan forzados por las circunstancias de la vida democrática no sólo a tomar sus propias decisiones, sino a guiar los demás…”

 

Se diría que hacía referencia a los rotarios – a los rotarios que se reúnen, debaten, escriben, profesan un culto, trabajan y guían.  Se hallan a la vanguardia de los que entienden lo que es libertad, de los que saben que la libertad es “un grave emplazamiento”, según las palabras de Thornton Wilder.  Si queremos defender la libertad contra el ataque sorpresivo, o contra la conformidad – el insidioso enemigo –, el costo será algo más que la proverbial “eterna vigilancia’.  El precio es ahora más alto.

 

El precio es estudiar, investigar, defender y servir, más el convencimiento de que la libertad es más que poseer algo: es vivir algo, y desear que otros también lo compartan.  La libertad es acción en pro de algo, no en contra; es positiva, vibrante, de hondo significado.  Es además, indivisible, pues en la edad que vivimos, toda vez que se niega la libertad a alguien, en cualquier parte del mundo, se pone en peligro la del resto de la humanidad.

 

Ninguna nación puede afirmar que garantiza totalmente el goce de la libertad y la protección de la dignidad.  Y aunque es verdad que algunos ponen más ardor en protegerla, no hay individuo ni país que tenga el derecho de vanagloriarse.  La libertad es un concepto en continua evolución – una meta distante que siempre se halla muy a la vanguardia de toda sociedad – al final de una senda que vale la pena seguir, pues conduce a esferas más elevadas.

 

Tagore, uno de los más grandes poetas de la India, lo expresó con profundidad y sentido universal cuando escribió:

 

            Donde se vive libre de temores y con la cabeza en alto;

            Donde el conocimiento es libre;

            En esa tierra de libertad, Padre mío, haz que mi

            Patria despierte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

La Senda del Progreso

 

 

      Apoyará todo acto orientado hacia el mejoramiento del nivel de vida de todos los pueblos, consciente de que la miseria, dondequiera que exista, constituye un peligro para la prosperidad en cualquier parte.

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

DURANTE EL PERIODO en que se lanzaron los primeros satélites, un rotario – al igual que millones de personas en todo el mundo – leyó  en los periódicos que uno de los satélites pasaría a cierta hora de la noche sobre la zona en que vivía. 

 

“Salí al jardín de mi casa algunos minutos antes de la hora señalada”, refirió él, “dudoso de que el satélite apareciese en el momento anunciado, o que pudiera divisarlo.  Mientras me hallaba sentado ahí, sumergido en el silencio que envolvía los árboles, arbustos y flores, que me son tan familiares, tuve la impresión que era un lugar extraño para presenciar un acontecimiento tan inusitado…  Volví a dirigir la vista hacia el Nordeste, y lo distinguí: Cruzaba velozmente al firmamento y brillaba cual una estrella de segunda magnitud.  Lo seguí en su recorrido a través del firmamento – a 29,000 kilómetros por hora – hasta que desapareció tras el horizonte.

 

“La noche siguiente”, continuó él, “tuve que quedarme a trabajar en la oficina; pero había leído en el periódico que el satélite sería otra vez visible aquella noche desde nuestra ciudad.  Embargado en mis labores, me había olvidado completamente del suceso, hasta que me dirigía a mi casa en automóvil.  Consulté el reloj, y advertí que se acercaba la hora en que debía pasar.  Como diera la casualidad que me hallaba cerca de un pequeño parque, detuve inmediatamente el auto, y corrí hacia dicho lugar, donde podría abarcar una mayor porción del cielo…  Escudriñé anhelosamente el sector norte, y lo divisé, más grande y brillante que la noche anterior, cursando el cielo tachonado de estrellas,  Eché una ojeada a mi reloj, y constaté que había pasado con una exactitud de 30 segundos respecto a los cálculos de los astrónomos.  ¡Hubiese podido rectificar la hora de mi reloj, tal como lo solíamos hacer a la llegada del tren de las 5:30 de la tarde!  En los 60 minutos siguientes, mis amigos, los seres humanos que pueblan la anchurosa faz de nuestro planeta, también lo contemplarían, maravillándose como yo, ante el portento que señalaba el comienzo de una nueva era.  Regresé lentamente al lugar donde había dejado mi automóvil, sin percatarme de la imponente belleza de la noche – la luna, las estrellas, el suave murmullo de las hojas, y la incesante serenata de los grillos.  Me sentía embargado de un nuevo e indescriptible sentimiento de temor…”

 

Era, en realidad, el símbolo de una nueva edad, la Edad de la Fuerza Atómica y de la Conquista del Espacio, y millones y millones de personas sientan misterioso pavor al percibirlo.  ¿A dónde nos conduce?  ¿Será una edad de paz y abundancia… o una edad de confusión, desconcierto y luchas?  Nadie es capaz de predecirlo.

 

Sean cuales fueren las metas a las que arribemos al postre y los métodos que se empleen para alcanzarlas, los historiadores están de acuerdo en que esta edad tiene otro nombre, el cual revela la magnitud del reto: La Edad de las Grandes Expectaciones.  Al cruzar el raudo satélite por los cielos, ajeno por completo a las diferencias nacionales, raciales, religiosas, económicas, sociales y culturales, como también a las fronteras politicas, se ha convertido en un símbolo del progreso material y tecnológico de toda la humanidad.  No es, por cierto, el símbolo adecuado para el ideal mas grande y mas noble de la humanidad, el cual pertenece a las esferas espirituales; pero el que sufre hambre, el desafortunado, el ignorante, “el peón que forma tres cuartas partes de la humanidad”, de que nos habla Toynbee – todos han sentido, de pronto, la esperanza de sumarse al progreso tecnológico y material.

 

El alimento es, sin duda, la principal preocupación.  Existe también la necesidad de contar con suministro de agua, un techo para cobijarse y una cama para reposar.  Cosas que a un cuarto de la humanidad no se le ocurre que podría faltarle, constituyen tan sólo una esperanza para el resto.  Diez años después de terminar la Segunda Guerra mundial, tiempo en el cual se llevaron a cabo enormes planes y se emprendieron costosísimas obras, nos encontrábamos ante la angustiosa realidad de que había más gente sufriendo hambre.  ¡La mitad de los trabajadores del mundo ganan anualmente menos de 100 dólares! 

 

En dos terceras partes de la población del mundo, el término medio de vida es aproximadamente de 30 años.  Casi la mitad de la humanidad no sabe leer ni escribir.  En muchos lugares no ha mejorado el nivel de vida en el transcurso de mil años, y hasta existen pueblos donde ha empeorado.

 

¿Puede la tierra producir suficiente alimento para una población que se acerca a cuatro mil millones?  Sobre este punto hay divergencias entre los expertos.  Por supuesto, existirían los problemas de distribución, aun si se resolvieran los relativos a la producción.  El geógrafo inglés L. Dudley Stamp sostiene que “si se aplicaran, en todas las zonas que se hallan hoy bajo cultivo, los mejores sistemas agrícolas que hay en uso, se podría alimentar adecuadamente a una población de 3,000 millones.  Si se cultivaran además en esta forma todas las tierras aprovechables que ahora no se utilizan – o tan sólo de modo muy inadecuado – seria posible alimentar a una población de 10.000 millones de habitantes.  Si consideramos el hecho de que la ciencia aumenta y supera sin cesar el cúmulo de nuestros conocimientos, se puede estar seguro que se descubrirán métodos que simplifiquen el problema de alimentar a la humanidad, siempre y cuando el hombre derribe las barreras que él mismo ha levantado entre una nación y otra.”  Esto, por supuesto, es tan sólo la opinión de uno de los hombres de ciencia, pues hay muchos otros que están en total desacuerdo.  Algunos creen que el mundo está perdiendo la lucha por conservar los recursos naturales.

 

¿Qué papel debe desempeñar Rotary en este aspecto?  ¿Puede contribuir en alguna forma?  De acuerdo con el Esbozo de Normas, la libertad es también vital para el mantenimiento de la paz y el orden internacional y el progreso de la humanidad, y ahora exhorta el apoyar todo acto orientado hacia el mejoramiento del nivel de vida de todos los pueblos, a modo de contribución particular en la senda de progreso.

 

No es fácil conservar la fe en el progreso, después de los horrores de dos guerras mundiales; al percatarse de todas las barreras que se han levantado entre una nación y otra, y darse cuenta de las condiciones en que se ve forzada a vivir gran parte de la humanidad.  No es pues extraño que a veces uno crea que la fe en el progreso no pasa de ser una ilusión.

 

Si es así, habría que subrayar entonces, que en la actualidad es mayor que nunca el número de los que la alientan.  La fe en el incesante progreso material, que anteriormente sólo existía en las naciones occidentales, se ha convertido en la aspiración fundamental de los pueblos menos adelantados del mundo.  Como resultado del impacto de la guerra y de las luchas políticas, se sienten animados de la férrea convicción de que también ellos pueden gozar de los beneficios de la ciencia y de la técnica.  Y hasta el observador menos perspicaz puede advertir que lo van a conseguir.  En qué forma, con la ayuda de quién, dónde y de qué modo, es lo que atañe a Rotary.

 

En un proceso de esta naturaleza, hay que admitir que el adelanto no es el resultado de meros deseos; los pueblos menos desarrollados no pueden forzarse quimeras de esta clase.  El mejoramiento del nivel de vida exige de los interesados los mayores esfuerzos y sacrificios con el objeto de acumular el capital necesario, educar al pueblo y, en muchos casos, efectuar cambios radicales en la estructura social.  Mas por grandes que sean los esfuerzos que hagan, no podrían conseguirlo por sí solos.  Deben recibir ayuda de los pueblos adelantados que poseen la técnica y los conocimientos requeridos, los recursos disponibles para hacer inversiones y, sobre todo, el deseo de ayudar.  El Esbozo de Normas da por sentado que los rotarios tienen el deseo de ayudar.

 

Muchos volúmenes se podrían escribir con pruebas en respaldo de lo dicho.  El ideal de servicio que invocan los rotarios no es una mera actitud.  Son incontables los casos en que han prestado desinteresada ayuda, la cual no se limita a sus propias comunidades o países.  Se extiende más allá de las fronteras.

 

“El que da primero da dos veces”, pudiera haber sido el lema de un pequeño Rotary Club que procedió a enviar, sin dilación, herramientas de carpintería y de albañilería a los pueblos afectados por un terremoto en el Ecuador.  El gobernador del distrito de Rotary envió la siguiente carta de reconocimiento a dichos rotarios:

 

Se ha traducido al español su muy interesante carta, y la voy a remitir a todos los clubes de mi distrito  a fin de que se enteren de todo lo que son capaces los rotarios, aun en los casos en que se trata de un pequeño número.  Al mismo tiempo, temo que esto haya significado un desmedido sacrificio impuesto a su generosidad: martillos, llanas, serruchos, clavos; en muchos casos, de la ordenada caja de herramientas de la señora de la casa…  ¡Qué falta de consideración y de mesura!  Y luego, la agobiante tarea de empacarlas y despacharlas para beneficio de los descendientes del Imperio de los Incas…  Nos damos perfecta cuenta de la magnitud del esfuerzo y de su hondo significado.  Los rotarios de nuestro distrito conceptuarán siempre el nombre de su club como un faro que nos muestre la verdadera senda en las relaciones internacionales.

 

Hemos decidido construir algo permanente, tal como una escuela para niños o un nuevo pabellón en el hospital, que los clubes de nuestro distrito sostendrán a modo de símbolo perdurable de la generosidad de Rotary International.

 

Los Rotary Clubs han brindado muchas veces su concurso con visión y energía, lo cual ha merecido expresiones tan calurosas como la anterior.  Han iniciado campañas con el objeto de reunir fondos, alimentos y ropa.  Año tras año, se han hecho envíos continuos a diversas partes del mundo –aun a costa de sacrificios personales—para incrementar las magras raciones de algunas necesidades.  Los seres olvidados – las víctimas de la guerra de agresión en Corea, los emigrados de Vietnam, los refugiados en Berlín y a lo largo de la frontera húngara – se han beneficiado gracias a la solicitud que caracteriza a Rotary.  Toda vez que se han hecho sabedores a los rotarios de la existencia de una necesidad susceptible de mitigarse en forma práctica, han respondido de inmediato.

 

Así es, Rotary puede elevarse a la altura de las circunstancias y, cuando se trata de una labor que demanda un esfuerzo prolongado, los rotarios se mantienen en la brega, como se demostró cuando los Rotary Clubs ingleses llevaron a cabo una campaña de dos años, en la cual se obtuvo un producto neto de 100.000 libras esterlinas (280.000 dólares) que se enviaron para ayudar a las aldeas devastadas durante la guerra civil en Grecia.  Se rehabilitó a decenas de familias; 100.000 niños recibieron vestidos y atención médica; se reconstruyeron totalmente varias aldeas.

 

Es evidente que existe el anhelo de ayudar; pero, ¿es ésta la clase de cooperación que se requiere para elevar el nivel de vida de todos los pueblos?  A fin de establecer una analogía en una esfera limitada, considere usted el caso de una familia de su comunidad, que sufre una desgracia, tal como la muerte del padre.  El solucionar el problema de sostener a la familia es comparable a la acción descrita en el campo internacional.  Sin embargo, es diferente, el caso también común, del joven que decide establecer un negocio por su cuenta, o necesita cierto aprendizaje a fin de emplearse con mejor renumeración.  Los rotarios tienen también formas de asistir en estos casos, y ésta es precisamente la clase de ayuda que necesitan los países que acaban de ingresar en la senda del progreso.  ¿Están los Rotary Clubs y los rotarios en condiciones de cooperar a los esfuerzos destinados a proporcionar una ayuda de tal clase?

 

Sí, lo están, y en muchísimas formas.

 

Los ecos del Esbozo de Normas pueden percibirse en la Ley para el Desarrollo Internacional (Ley 535 de los EE.UU.):

 

Los pueblos de los Estados Unidos y de otras naciones tienen un interés común en la libertad y en los programas sociales y económicos de todo el mundo.  Un progreso de esta clase tiende a garantizar al desarrollo de las formas democráticas de vida, la expansión del comercio en beneficio general, el mejoramiento de la comprensión y buena voluntad internacionales, y la conservación de la paz mundial.

 

Un ex presidente de Rotary Internacional fue uno de los miembros de la junta asesora que formuló el proyecto de ley, y hubo 43 rotarios entre los legisladores que lo aprobaron.  Entre los muchos beneficios que ha producido, figuran las misiones de asistencia técnica a 60 países que solicitaron ayuda para explotar sus riquezas naturales.  El programa emplea, en la actualidad, unos 2000 expertos en producción, métodos de elaboración, distribución y administración.  Han viajado a los Estados Unidos 2000 técnicos con a finalidad de perfeccionarse.

 

No sólo los Estados Unidos contribuyen al progreso del mundo.  Existe también el Plan de Colombo, que es un convenio de asistencia reciproca para el desarrollo de Asia.  Asimismo, Francia colabora en programas de esta clase, y hasta algunas naciones relativamente pequeñas envían expertos al extranjero.  Unos 80 países contribuyen en las Naciones Unidas con su aporte técnico, por mediación de agencias especializadas en salud pública, agricultura y educación.

 

Las personas que colaboran en el desenvolvimiento de estos programas son, para los rotarios, aliados y ejemplos en el campo de las relaciones internacionales.  El conocimiento mutuo y la amistad es el fundamento de sus actividades, y el experto que no posee el don de comunicarse y establecer buenas relaciones con la gente del país donde presta servicios, lleva una gran desventaja.  Muchos de los que participan en estas obras de asistencia técnica son rotarios o se hacen socios – si reúnen los requisitos necesarios – de los clubes establecidos en los lugares donde trabajan.  Según declaran, el pertenecer a Rotary los ayuda en el desempeño de sus funciones.

 

Un rotario ha planteado una idea interesante.  ¿No sería posible encontrar voluntarios para estos servicios entre los miles de profesionales y hombres de negocios que se hallan retirados por razones de edad?  Después de todo, poseen la experiencia técnica y adaptabilidad mental necesarias, y gozan de excelente salud.  Es posible que les sea duro el verse postergados después de haber preparados a otros para que ocupen sus puestos.  Podrían muy bien aportar su habilidad técnica a los pueblos que luchan por mejorar su nivel de vida.

 

“Además de la ayuda que prestasen en las zonas que lo requieran”, concluye él, “tendrían gran satisfacción de contribuir con sus conocimientos, prolongarían en muchos años su vida activa y, al retornar a su tierra, tendrían la oportunidad de hablar a sus amigos de la excelente gente del extranjero…”

 

Para el rotario que por algún motivo no le sea posible responder a este llamado, hay otras formas de ser útil.  Puede capacitarse con el objeto de informar a otros sobre la necesidad de mejorar las condiciones de vida de los pueblos del mundo.  Es deplorable la ignorancia del público, especialmente en los países llamados “avanzados.”  Pocos se dan cuenta de lo exiguos que son los recursos naturales en relaciones con las necesidades actuales.  Otro ex presidente de Rotary Internacional, presidente de un comité legislativo sobre energía atómica en su país, hace un llamado a todos los Rotary Clubs para que organicen anualmente cuatro programas con el exclusivo fin de tratar sobre el empleo industrial de la energía atómica.  El cree que sólo mediante la pronta información al público, se pueden salvar los múltiples escollos que obstaculizan la ruta hacia la edad atómica.

 

La información es sólo el primer paso.  El rotario o club que se halle consciente de los problemas puede contribuir eficazmente.  El joven que fue agraciado con un préstamo para estudiantes y que posteriormente inventó, en cooperación con otro, un sistema que tal vez permita que la energía atómica sea tan abundante como el hidrogeno pesado que hay en los mares, constituye un orgullo para el Rotary Club que lo patrocinó.  Se debe infundir entusiasmo por instruirse en todas las ramas de la ciencia, a fin de responder a la urgente necesidad de más técnicos.

 

Cada cual puede contribuir al adelanto material de la humanidad ayudando a sostener uno de los organismos públicos o privados que se dedican a mejorar las condiciones de vida.  Los Rotary Clubs de varios países, han tomado la iniciativa en urgir que se contribuya al Fondo para Niños de las Naciones Unidas (FNNU).  Muestran todo lo que se puede adquirir con una pequeña cantidad de dinero en la obra de alimentar a los menesterosos y en combatir las enfermedades.  Por un dólar, dicha agencia puede proporcionar una docena de dosis de penicilina para curar las horribles úlceras que produce la frambesia en los cuerpos de los niños.  Con una suma igual, invertida en la vacuna BCG, se inmunizan a cien niños contra la tuberculosis.  Se espera que pronto será eliminada virtualmente esta terrible enfermedad, y se vislumbran drogas, igualmente eficaces, contra la malaria – el terrible flagelo de los trópicos – que causa tantas muertes y socava en tal grado la energía.  Rociando los pantanos con insecticidas se pueden habilitar para el cultivo enormes zonas que ahora no es posible utilizar en la lucha por la alimentación.

 

Puede también contribuirse a la marcha del progreso mediante la confraternidad mundial de Rotary.  Muchos Rotary Clubs del Asia han tomado bajo su protección alguna aldea azotada por el hambre y la necesidad.  Podrían emprenderse muchas otras obras de índole similar, si Rotary brindase su ayuda en otros países.  Su participación en tal sentido sería muy honrosa para cualquier Rotary Club, pues en Asia los rotarios están dedicados por completo a esta causa.  La siguiente escena típica viene de la India:

 

No podemos menos que sentirnos satisfechos que, después de un par de meses de formular planes y trabajar con azadas, todo se haya desenvuelto, en la aldea de Rotary, de acuerdo con nuestros deseos.  La mayoría de los socios presente abrieron zanjas para echar la basura de la aldea que habíamos adoptado.  Después de esto, iniciamos el día de baño para los niños de la aldea.  Se les enseñó, primero, la forma de cepillarse los dientes, y luego los enjabonamos y bañamos en agua tibia.  A medida que los niños emergían limpios, iban recibiendo leche caliente que habíamos preparados con la de tipo deshidratado que teníamos.  ¡Qué sensación de bienestar deben haber sentido estos niños después de bañarse y tomar un vaso de leche caliente!

 

Cosas simples… cosas fundamentales… El suministrar saneamiento, viviendas, industrias domésticas y, sobre todo, educación.  Se pueden citar muchísimos ejemplos – y el número va en aumento – en que se ha conseguido que los aldeanos ingresen con paso firme en la senda del progreso material.  No es necesario efectuar al trabajo que tenga que hacerse, sino tan sólo proporcionarles la técnica y los conocimientos a fin de que ellos mismos lo hagan.  La ayuda local de Rotary sería mayor si se supiera que se va a tener la cooperación de los rotarios de otros lugares.  No hay ningún club que no pueda contribuir al adiestramiento y envío de un técnico para que trabaje en los países que empiezan a desarrollarse.

 

Para suministrar los medios necesarios para la educación básica en los lugares menos avanzados, los rotarios de algunos países obsequian a sus clubes cupones de obsequio de la UNESCO.  Con estos cupones se obtiene el equipo necesario para enseñarles a desenvolverse por su propia cuenta.  Una niñita de Holanda recibió con sorpresa una comunicación de un consejero de la Organización de Alimentos y Agricultura que trabajaba al pie del Himalaya.  Era uno de los miles de niños que habían contribuido a la compra de cupones de obsequio para el estado de Uttar Pradesh.  El que firmaba la comunicación hacía referencia al hecho de que él había desperado el interés entre los rotarios de Holanda a fin de que organizaran una campaña para la recolección de fondos, y pasaba luego a explicar lo esencial que era el equipo para el adelanto de esa hermosa región y de sus habitantes.  En la carta decía que los socios del Rotary Club local habían ayudado a construir el laboratorio, y terminaba con estas palabras:

 

De modo pues, Hanny, que con tu óbolo de un kwartje (un cuarto de florín), has contribuido a un mejor entendimiento, que es algo que tanto necesita nuestro mundo.  Todo esto acudió a mi mente cuando vi ese papel con tu nombre y dirección.  Ten siempre presente, Hanny, que si alguna vez te hallas en dificultades, lo cual deseo fervientemente que nunca suceda, siempre hallarás ayuda en alguna parte si sólo recuerdas lo siguiente: El valor de comprender, el valor de dar y actuar, el valor de recibir.

 

No puede dudarse que este consejo dado a un niño debería hacerse extensivo a toda la humanidad.  En sus raíces más vitales, los destinos de todos los seres humanos se hallan íntimamente entrelazados.   

 

Sin embargo, no tiene sentido el pretender que sólo con pequeñas acciones de esta clase se puede resolver el problema.  Si se multiplican y extienden por los muchos países donde hay Rotary Clubs, servirán de estímulo y robustecerán la fe.  Los grandes proyectos que los gobiernos emprenden pueden fracasar si no cuenten con el respaldo entusiasta de la opinión pública.  Para los que cooperan en obras similares a las que se han descrito, su contribución técnica deviene en una labor de índole personal.  En lo que se refiere al país que recibe la ayuda, constituye un gran estímulo el saber que la gente de tierras distantes los alienta en la lucha que sostienen para mejorar sus condiciones de vida.  Estas simples y prácticas acciones de cooperación fortalecen la moral y el espíritu de progreso, y en esto, como en todo lo demás, la moral es de gran importancia.  La senda del progreso está sembrada de tantas dificultades y obstaculizada por tantos asuntos susceptibles a controversias, que no es raro que uno se sienta inclinado a dejarse dominar por la desesperación y el pesimismo.  Sólo el rotario puede encarar estos problemas con entera sinceridad, estudiar sus diversos aspectos y actuar de acuerdo  con los dictados de su conciencia y de su razón.  Los rotarios están concentrando en muchas formas su atención en estos asuntos, los cuales son materia de los debates y discusiones que se realizan en las regiones semanales.  Los socios organizan reuniones en sus casas para profundizarlos más aún.  Mediante cartas e intercambio de programas con los clubes de otros países consiguen obtener los conocimientos a y la percepción de la confraternidad mundial.  Los socios dan charlas sobre estos problemas en otras organizaciones.  Se siembra en la mente de los niños de las escuelas el afán de confrontarlos y estudiarlos.  En resumen, cada Rotary Club puede ejercer sus funciones de agencia dedicada a instruir a la opinión pública.

 

¿Cuáles son algunos de estos problemas?

 

Uno de los más escabrosos es el relacionado con las inversiones.  En los países que se hallan en la etapa inicial de desarrollo, deben gastarse cuantiosas sumas de dinero para mejorar las condiciones de vida; es necesario efectuar obras que exigen grandes inversiones.  Como es lógico, las empresas que pueden rendir beneficios a corto plazo, atraen fácilmente al capital nacional o al extranjero.  Sin embargo, hay muchas obras de necesidad vital que no rinden ganancias directas o sólo muy pequeñas y después de muchos años.  Por ejemplo, el costo de las centrales eléctricas, de obras de regadío y de vías de comunicación, suele hallarse muy por encima de la capacidad de crédito de algunos gobiernos.  A pesar de esto, son obras que deben llevarse a cabo a fin de aumentar la producción de alimentos, de materias primas y de artículos de consumo.

 

¿Cómo es posible conseguir el capital necesario?

 

¿Debe obtenerlo el gobierno mediante impuestos, o hay alguna forma que permita interesar al capital privado para que haga inversiones en algo que, por lo menos al principio, no va a producir ganancias?  Se espera que los rotarios, en su calidad de hombres de negocios, contribuyan con ideas sobre la materia, y den consejos atinados al público cuando se soliciten opiniones específicas.  Otro de los problemas es la protección de las inversiones.  ¿Qué garantías ofrecen los países que comienzan a desarrollarse de que el capital extranjero no será objeto de impuestos excesivos y hasta de confiscación?  Este es un punto muy crítico en las naciones que acaban de conseguir su independencia.  Proclaman sus derechos de soberanía sobre sus recursos naturales; pero si no ofrecen garantías positivas, ¿cómo esperan atraer a los grandes capitales extranjeros que se requieren para su desarrollo?

 

Otro problema es el sistema económico del país que requiere ayuda.  ¿Se puede confiar en su estabilidad?  ¿Está organizado para beneficio de la mayoría de sus ciudadanos o únicamente de unos cuantos?  Sólo hemos mencionado algunos de los muchos interrogantes que confronta la humanidad a medida que tiende a unificarse gracias a la técnica.

 

Esta “unificación” es real.  En una cuarta parte de la humanidad se ha mitigado la lucha por el alimento y el agua, y puede dedicar sus energías a la consecución de una forma elevada de vida, por lo menos en el campo material.  Este es el mundo que se caracteriza por la rapidez de las comunicaciones, el automatismo, el transporte en aviones de reacción y tiempo libre para esparcimientos.  Este es el mundo que ha conducido a la humanidad a la Edad Especial.

 

En su favor, debe reconocer que este mundo ha producido, también, amor y caridad; libertad y compasión; visión y solicitud por los demás.  Si bien “el espacio interior” no se ha llenado completamente, continúa el proceso.  Los rotarios están llamados a preocuparse por el “nivel de vida” de otros pueblos; pero no dejan de reconocer que no hay peor pobreza que la espiritual.

 

Por lo tanto, ahora que las obras tres cuartes partes de la población del mundo se percatan de las nuevas oportunidades que se les ofrecen – al atravesar en unos cuantos decenios la distancia que la otra cuarta parte recorrió en siglos – contarán con ayuda y guía.  Debe ser, sin embargo, una guía conveniente, de lo contrario, el cataclismo que se producirá después será horriblemente trágico.

 

El historiador Toynbee ha resumido esto en la siguiente forma:

 

Desde que el hombre, en el curso de su progreso tecnológico, pasó de la etapa inferior a la más elevada de la edad paleolítica, el ser humano ha sido el rey de la creación en el sentido que, desde ese entonces, ya no ha sido posible que las fuerzas inanimadas de la naturaleza ni otros seres vivientes exterminen a la humanidad o, por lo menos, interrumpan su progreso.  Por lo tanto, no existe nada sobre la Tierra, con una excepción, que se interponga en el camino del hombre y ocasione su ruina; pero la excepción es formidable, pues se trata del hombre mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Senda de la Justicia

 

 

      Dará su apoyo a la aplicación de los principios de la justicia a todo el género humano, consciente también de que dichos principios son fundamentales y deben tener alcance mundial. 

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

LOS CELEBRES DIALOGOS de Sócrates y sus amigos, en La República de Platón, se inician con una discusión que, en sustancia, es de tanta actualidad como un periódico del día.  Trasímaco dice: “Proclamo que la justicia no es otra cosa que los intereses del más fuerte…”

 

Sócrates se ve además obligado a defender su tesis de que la justicia es “uno de esos bienes que el que es feliz desea tanto por lo que valen en sí, como por sus resultados.” 

 

Glaucón arguye entonces que “la vida del injusto es, después de todo, mucho mejor que la del justo.”

 

Glaucón, en una discusión que tiene más adelante con Sócrates, se ocupa del origen de la justicia, lo cual es muy pertinente aquí, pues refleja con gran exactitud el concepto de la justicia que tienen hoy muchas personas.

 

Glaucón dice que la justicia es una transigencia “entre lo mejor de todo, que es cometer injusticias sin ser castigado, y lo peor de todo, que es ser víctima de injusticias sin posibilidad de usar de represalias y, dado que la justicia se encuentra entre estos dos extremos, se le tolera por considerarse que es el menor de los males, no por ser buena en si, y se le venera debido a la ineptitud de los hombres para cometer injusticias…”

 

Tal vez sea necesario leer otra vez la definición de Glaucón y, sobre todo, analizarla.  ¡Lo “mejor de todo” es cometer injusticias sin ser castigado!

 

¿Tiene esto algo de conocido?  ¿Hasta qué límites podemos extendernos sin violar la ley?  Sería tonto que no te aprovechases de él.  Saquemos todo el provecho posible de esta situación mientras dure.  Ahora que está débil es el momento de atacarlo.

 

Y sea en el plano de los negocios, de las relaciones internacionales, de la vida doméstica y, en general, en toda situación en que los hombres tratan unos con otros, hay una gran tentación de llamar a la justicia “el menor de los males.”  Para todo el que lee los diarios es evidente que muchas personas eligen “lo mejor de todo” a que se refiere Glaucón.

 

Sin embargo, no puede negarse que en la naturaleza humana existe fundamentalmente un ferviente sentido de justicia.  Bajo su influjo, muchos hombres no han vacilado en “sacrificar sus vidas, sus fortunas y hasta su honor” en algunas guerras en que cada uno de los bandos estaba seguro de tener la justicia de su parte.  Voltaire dijo: “El sentido de justicia es tan natural y universal en la humanidad, que uno se inclina a creer que está desligado de toda ley, partido o religión.”  Se trata, entonces, de algo universal, sobre lo que los hombres deben poder llegar a un acuerdo; pero se ve que no es fácil conseguirlo.  Kipling lo captó con profundo sentido cuando escribió:

 

            The world is wondrous large, seven seas from marge to marge,

            And holds a vast of various kinds of men;

            The wildest dreams of Kew are the facts of Khatmandu,

            And the crimes of Clapham, chaste in Martaban

 

            (Maravillosamente grande es el mundo: siete mares de borde a borde,

            Y en él viven toda clase de hombres;

            Los más estrafalarios sueños en Kew, son realidad en Katmandú,

            Y los crímenes en Clapham, virtudes son en Martabán.)

 

En estas condiciones, ¿pueden hallarse principios universales?  ¿Cuáles son esos principios de justicia que el Esbozo de Normas pide al rotario que siga?  A fin de reconocerlos como fundamentales y que demanden su aplicación en todo el mundo, estos principios deben cubrir una vasta área, una infinita variedad de valores y un gran número de puntos de vista opuestos, sostenidos con ardorosa convicción.  En un mundo en que tantas disputas se resuelven despojando a Pedro a fin de pagar a Pablo, y la justicia suele ser encarnecida en las conferencias de paz, estos principios deben basarse en una lógica superior a fin de que sean capaces de elevar la justicia del plano del partidarismo al nivel de un principio.

 

¿Es factible persuadir a las naciones?  ¿Puede el conocimiento mutuo y la amistad que Rotary fomenta entre los hombres de diferentes naciones, ayudar al establecimiento de estos principios universales de justicia? 

 

Cierto visitante de los Estados Unidos fue motivo del más caluroso recibimiento en un Rotary Club de Escocia, donde uno de los socios ponía especial empeño en que los visitantes se sintieran en su casa.  Después de medio minuto de efectuarse la usual presentación, dicho socio lo llamó por su primer nombre, y le dijo: “Lee, usted es un norteamericano extraordinario.”

 

“Muchas gracias, señor”, respondió él sorprendido; “pero no me imagino cómo puedo merecerle tal opinión si apenas nos conocemos.”

 

“Pues bien”, respondió el anfitrión, usted se expresa en escocés a fin de que podamos entenderle, y eso es extraordinario.  Como escoceses, eso es suficiente para ganar nuestro afecto.  Además, he podido observar que no bebe whiskey escocés, y eso también es extraordinario, y una razón adicional para estimarlo, pues la mayoría de los que nos visitan tratan de beberse todo nuestro whiskey.”

 

Gracias a este comienzo festivo y cordial, se fomentó durante el almuerzo una discusión sobre el tema de que “lo que necesitan más las naciones del mundo es tratar de enfocar toda situación desde el punto de vista de los otros.”

 

Ver un problema desde el punto de vista de otra persona constituye la base de las relaciones humanas.  El reto, pues, consiste “en colocarse en el lugar de otros”.  ¿Hay alguna forma de conseguir esto, además del procedimiento usual de leer, entablar relaciones epistolares, participar en debates, asistir a conferencias y viajar?

 

Sí, existen otras medidas que pueden adoptarse, las cuales requieren acción y el empleo de los conocimientos obtenidos.  Una de las formas es imaginarse que uno es otra persona, o el representante de una organización o país cuyos puntos de vista son diferentes a los nuestros.  Muchos Rotary Clubs emplean este método en programas especiales.  Para que sean efectivos, es esencial que los participantes se preparen, y en caso de que se decida que el auditorio participe en la discusión, es también necesario que lo hagan los asistentes.  Para ser específicos, supongamos, por ejemplo, que el presidente del club o el encargado del programa, se dirige a un socio y le dice: “Abdullah, si usted fuera un ciudadano de los Estados Unidos, ¿qué opinaría sobre el reconocimiento de la China comunista?  Lo probable es que el identificarse con el modo de sentir de un norteamericano, constituya un gran esfuerzo de imaginación para el rotario Abdullah – y lo mismo ocurriría en el caso inverso; pero el esfuerzo le permite librarse de las trabas que impone el provincialismo en su razonamiento.  Revela, sobre todo, que la justicia tiene, por lo menos, dos aspectos.

 

En una fase más adelantada de este método, varias comunidades han organizado conferencias “colocándonos en el lugar de otros”, en las cuales se forman en grupos de cinco a ocho personas de la localidad que “representan” a una nación en una conferencia internacional.  Se debatan problemas internacionales de importancia, en ciclos de reuniones públicas que suelen extenderse por varias semanas.

 

¿Es posible que una persona estudia un asunto en forma tan intensa – escribiendo a los rotarios de otros países para obtener información de primera mano, y defendiendo la política de “su país” en un debate público – logre, en realidad, “colocarse en el lugar” de otra persona que vive a miles de kilómetros de distancia?  Los hechos prueban que sí, y que permite, además, formarse un nuevo concepto de justicia y equidad.

 

Cierta persona de los Estados Unidos que representaba a Bolivia en uno de estos programas, fue un día a una tienda y se enteró que el precio el café había bajado.  “Mi primera reacción”, informó él, “fue exclamar: ¡Qué barbaridad!  ¡Los sudamericanos van a perjudicarse con esta baja de precio de su café!”

 

Existe otro método – citado anteriormente – que perfeccionaron los rotarios y que también utilizan mucho los no rotarios.  Sirve como “medida” para ver si algo es realmente justo.  Se trata de “La Prueba Cuádruple de lo que pensamos, decimos o hacemos”:

 

¿Es VERDAD?

¿Es EQUITATIVO para todos los interesados?

¿Creará BUENA VOLUNTAD y MEJORES AMISTADES?

¿Será BENEFICIOSO para todos los interesados?

 

Esta forma de comprobación se ideó originalmente para utilizarse en un negocio que confrontaba una crisis, y Rotary lo perfeccionó, al comienzo, como un auxiliar en las relaciones profesionales; pero en realidad tiene mayores aplicaciones.  La experiencia ha demostrado, una y otra vez, que cuando una persona usa sinceramente La Prueba Cuádruple en su negocio o profesión, se reflejan también los resultados en su conducta como padre, amigo y ciudadano.  Una prueba más de que esta simple medida en las relaciones internacionales, es la convicción de un rotario de las Filipinas:

 

En el fomento de la cuarta avenida de servicio, la ejemplificación de La Prueba Cuádruple en las relaciones diplomáticas entre las naciones ejercerá, sin duda, una enorme influencia.  El mundo está inundado de tanta propaganda, que hay confusión en nuestras mentes y nuestras opiniones se hallan deformadas.  Se falsea en tal grado la verdad, que tienen que producirse disensiones y animosidades mutuas.  Yo creo que existe la imperiosa necesidad de que Rotary difunda la genialidad de La Prueba Cuádruple mediante su cuarta avenida de servicio.

 

Debemos suponer que estas cuatros preguntas simples resulten beneficiosas, asimismo, en la búsqueda de principios universales de justicia.  La evidencia de que La Prueba Cuádruple es útil en este sentido es el hecho que ha sido aceptada y adoptada en la mayoría de los países donde hay Rotary Clubs.  No se trata de un código de ética.  Nadie puede ponerle objeciones, ya que lo único que hace es recordarle que aplique su discernimiento en la mejor forma.  No dicta líneas de conducta.  Sólo pide que uno juzgue – a la luz de sus propias normas – lo que piense, diga o haga.  Por lo tanto, un principio de justicia que responda positivamente a La Prueba Cuádruple, debe ser aceptable para todos.

 

Posiblemente, el rotario que explora la senda de la justicia desee hacer por sí mismo una demostración.  Un examen crítico de sus principios de justicia constituye la forma de reafirmar sus convicciones, o decidir que no pasan de ser una serie de lemas altisonantes.  Además, tal vez vislumbre las oportunidades de ayudar a difundirlos en todo el mundo.

 

Para ilustrar este punto, tomemos el tan discutido principio de la autonomía de los pueblos y procedamos a someterlo a La Prueba Cuádruple.  La verdad es que este principio se ha labrado un lugar especial en la historia de los últimos decenios.  El hecho más notable en la política internacional de esta generación no han sido las guerras a las cuales se dedicaba la primera página de los diarios, sino el hecho de que casi la mitad del género humano ha conseguido su autonomía.  No puede negarse que es equitativo para todos el que los pueblos del mundo, en su totalidad, tengan la libertad de regir sus propios destinos, cometer sus propios errores y contribuir en alguna forma al progreso de la humanidad.  Además, una vez que su independencia se halla asegurada, parece que la buena voluntad y la amistad de estos pueblos se muestra con mayor ardor hacia la nación que fué su metrópoli: Quedan por verse los resultados beneficiosos; pero estas nuevas naciones alientan grandes esperanzas y se sienten impulsadas a la realización de empresas notables.

 

Parece, por lo tanto, que el principio de autonomía de los pueblos responde a La Prueba Cuádruple; pero la confirmación de un principio exige algo más que la aprobación pasiva.  “La justicia”, dijo Disraeli, “es la verdad en acción.”  La justicia debe elevarse sobre los problemas reales que surgen al darle carácter universal.  Y existen muchos problemas.  Una de las consecuencias de la libre determinación es la multiplicación de las naciones, una “balcanización” como la que se produjo en Europa después de la Primera Guerra Mundial, lo cual, según algunos, fue una de las causas de la segunda conflagración.

 

Surge el presente el contraste entre el aumento de la interdependencia económica y la tendencia hacia la independencia política.  Existen otras dificultades que se relacionan con la preparación que debe existir para que un pueblo rija sus propios destinos.  Muchos creen que es esencial cierto nivel de educación para que una nación nueva se desenvuelva en el mundo moderno.  Para otros, sin embargo, es dudoso que esto sea un requisito esencial.

 

En los esfuerzos que haga el rotario para vencer estos problemas, surgirán oportunidades que conduzcan a la senda de la justicia.  Por supuesto, en todo el mundo se están haciendo esfuerzos en este sentido.  Son tan variados como los problemas mismos y las múltiples situaciones que existen.  En las nuevas naciones del Asia, los rotarios combaten con los problemas relativos al establecimiento, en las nuevas fronteras, de relaciones exteriores que sean juiciosas y sensatas.  Algunos rotarios de Europa se han dado cuenta de la urgencia de establecer una interdependencia económica, y se esfuerzan por sustituir la tradicional separación de estados mediante una activa cooperación en el movimiento para unir Europa y convertir en “europeos” a todos los pobladores de los antiguos estados.   Esta tendencia se expresa en la creación de la Comunidad del Carbón y el Acero, Euratom, y el Mercado Común.

 

Los comités de no europeos de los Rotary Clubs de la África  del Sur se ocupan activamente en ayudar a los africanos a desarrollar su aptitud de gobernarse por sí mismos, conversando las características de su cultura.  En las islas Antípodas, Rotary da la bienvenida a las personas que, al emigrar, manifiestan el principio de autonomía.  A un Rotary Club se le ocurrió la idea de calificarlos como “Nuevos Australianos”, lo cual honra su condición y mueve a los rotarios a ayudarlos en la realización de su empeño.

 

De modo similar, pueden explorarse otros principios de justicia con el fin de descubrir oportunidades de servicio al mantenerlos y difundirlos en el mundo.  En todos ellos se percibe un factor común: el desarrollo del derecho internacional.  La antitesis de la justicia, en toda sociedad, es la regla de que la fuerza hace la ley.  Podemos decir, con Pascal, que la “justicia y el poder deben aliarse, a fin de que lo que es justo sea poderoso, y lo que es poderoso sea justo.”  El curso de la civilización ha sido la búsqueda de un canon de justicia que substituya los métodos del troglodita. 

 

La humanidad sabe lo que debe hacer.  La gran verdad del razonamiento de Benjamín Franklin cobra mayor relieve hoy día:

 

La justicia tiene tan estricta validez entre naciones como entre los vecinos de una comunidad.  Un salteador de caminos es tan ladrón cuando asalta en cuadrilla que cuando lo hace por sí solo, y una nación que provoca una guerra injusta no es más que una gran cuadrilla de bandoleros.

 

Se pueden hacer leyes aplicables a la Edad Atómica y de la Conquista de Espacio; pero los pueblos del mundo insisten en retornar a otros – y anticuados – conceptos.  Cualquier cosa, menos someterse a los dictados de una ley.  De acuerdo con un historiador, “la única forma de conseguir que el género humano descubra la belleza de la justicia es mostrándoles, en términos claros y simples, las consecuencias de la injusticia…”

 

Y dichas consecuencias se hacen cada día más evidentes.  Un ex presidente de la Asociación de Abogados ha dicho:

 

La bomba atómica y la de hidrogeno han encendido en los pueblos del mundo un ansia vehemente de paz, sin precedentes en la historia de la humanidad.  Es una gran oportunidad que podemos aprovechar o desperdiciar.  Los abogados debemos crear el mecanismo legal necesario a fin de mantener la soberanía nacional que sea esencial y, al mismo tiempo, proporcionar las formas de solucionar, bajo el imperio de la ley, las disputas que surjan entre las naciones…

 

Aun antes que las bombas atómicas y de hidrógeno hubiesen subrayado la urgencia de tal medida, Robert Taft, el fenecido senador de los EE.UU., percibió con visión profética lo que deparaba el futuro:

 

Yo creo que a la larga, la única forma de establecer la paz es formular una ley aprobada por cada una de las naciones, para gobernar sus relaciones mutuas, y con el compromiso formal de todas las naciones de que observarán la ley y las decisiones derivadas de su aplicación.

 

Sin embargo, los pueblos del mundo vacilan inciertos antes la entrada de la senda de la justicia de un modo similar al de sir Edward Coke cuando se halló ante la presencia del rey James de Inglaterra y exclamó de pronto: “El rey está bajo Dios y la ley”, y cayó de rodillas aterrado de que esto le iba a costar la cabeza.

 

“Si los hombres fuesen ángeles”, discernía El Federalista, “no sería necesario ningún gobierno.  Al idear un gobierno manejado por hombres para dirigir a otros hombres, la gran dificultad estriba en lo siguiente: primero, debe investirse al gobierno del poder de regir a los gobernados, y, además, constreñirlo a fiscalizarse a sí mismo…”

 

Constreñirlo a fiscalizarse a sí mismo… Si hay un problema que debe absorber la atención de todo hombre, mujer o niño de esta generación, es la necesidad de crear y aplicar leyes internacionales.  No se trata, meramente, de evitar las guerras en una edad en que las naciones cuentan con medios de destrucción total, sino también del progreso humano que resultaría en todos los campos, con el establecimiento de un adecuado sistema jurídico internacional.  A pesar de esto, para la mayoría de las personas, el derecho internacional es un asunto remoto que no tiene relación alguna con su propia supervivencia  y las perspectivas de una vida fructosa para ellos y para sus hijos.

 

Una vez más, el Esbozo de Normas lanza un reto a cada rotario para que contribuya prácticamente.  Para mantener los principios de justicia y difundirlos en todo el mundo, debe obtener información y compartirla con los demás, no sólo con respecto a lo que es, en el momento presente, el derecho internacional, y a las posibilidades de perfeccionarlo, sino también sobre los sacrificios que exija el establecimiento de un sistema jurídico.  El conseguir que las naciones abandonen la ley de la fuerza por la fuerza del derecho, tiene que significar un determinado sacrificio, y si se ignora esto no pueden esperarse resultados satisfactorios.  La senda de la justicia conduce inevitablemente a la senda del sacrificio.

 

¿No es verdad que esta situación sugiere una acción específica que sea de la competencia de cualquier Rotary Club?  ¿Un estudio intensivo bajo la dirección de los socios incluidos en la clasificación de asuntos legales?  ¿Se obtendrían resultados prácticos, en esa empresa, mediante las reuniones hogareñas, los programas del club, los foros públicos, las conferencias colocándonos en lugar de otros?  ¿Cómo puede despertarse el interés público?  Y, sobre todo, ¿vale la pena emprender la lucha?

 

El historiador Toynbee, después de estudiar la historia, el desenvolvimiento y la caída de varias civilizaciones que tuvieron una época de florecimiento, establece la siguiente conclusión:

 

Como regla general, la urgencia de hacer una codificación (de leyes) alcanza su culminación en la etapa que procede inmediatamente a la catástrofe social, mucho después de haberse traspasado la cúspide de realizaciones en jurisprudencia, y cuando los legisladores del momento se hallan en fuga desordenada en una batalla sin posibilidades de triunfo con las fuerzas ingobernables de la destrucción…

 

La senda de la justicia conduce a todas partes del mundo: a las aldeas atrasadas, a los recintos del gobierno, y a las conferencias de los más altos representantes de las naciones.  Es, como Daniel Webster la denominaba, “el ligamento que mantiene juntos a los seres civilizados y a las naciones civilizadas.”

 

Justiniano, el gran legislador, definía la justicia como “el deseo y esfuerzo constante de dar a cada cual lo que le corresponde.”

 

Es innecesario observar que las naciones son como los individuos; pero sirve de adecuada introducción a la siguiente historia que relató un periodista después de visitar un país que se hallaba en su etapa inicial de desarrollo:

 

Un humilde zapatero hizo un día un par de zapatos que pensaba vender en 63 centavos.  Si los ofrecía en su propia aldea, alguna persona de posición más elevada podría apropiarse de ellos sin pagarle nada.  Si protestaba, lo apalearían.  Por lo tanto, prefirió caminar hasta otro pueblo.  Fue una larga y pesada caminata bajo el sol; pero valía la pena.

 

Hizo hincapié que no era cuestión de dinero.  Existía algo mucho más importante que unas cuantas monedas, y era la justicia.

 

“Lo que deseo es justicia”, declaró.  “Deseo ser tratado como un igual.  Quiero que se respete mi dignidad personal.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

La Senda del Sacrificio

 

 

Luchará constantemente por fomentar la paz entre las naciones y se sentirá dispuesto a sacrificarse en aras de ese ideal. 

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

EN 1958, el Saturday Review publicó un artículo a toda página, concebido como si fuese el anuncio de un certamen.  En grandes letras negrillas, el título anunciaba lo siguiente:

 

CERTAMEN MUNDIAL

 

1.000.000.000.000 de DÓLARES

 

EN PREMIOS EXTENTOS DE IMPUESTOS

 

Luego, venían los detalles:

 

YA ES USTED UN PARTICIPANTE…

 

Si su nombre empieza con A, B, C, etc., o con Δ, Ф, Ө, etc., o si vive usted en los EE.UU., Rusia, Francia, etc., es uno de los participantes de este certamen.  Sus hijos y los hijos de sus hijos, que están aún por nacer, ya están registrados en el certamen.

 

PREMIOS

 

Los premios, cuyo valor mínimo es de 1.000.000.000.000 de dólares, incluyen lo siguiente:

 

Una capa de aire puro de ocho kilómetros de espesor, sin aire radiactivo.

 

            Ciudades consistentes en edificios, no escombros.

 

            Suministro de agua sin contaminar con precipitaciones radiactivas.

 

            Tierras de cultivo capaces de producir alimentos comestibles.

 

Su casa, su automóvil, su televisor (y, sea dicho de paso, su propia vida), y varias cosas adicionales, tales como la energía inagotable del átomo y tal vez viajes interplanetarios.

 

Luego, un poco más adelante, aparecía lo siguiente:

 

¿Cómo Retirarse del Certamen?  Absolutamente IMPOSIBLE.

 

Y finalmente:

 

Si Desea Usted Ganar: Ayude a Encontrar la Ruta hacia una Paz Perdurable.

 

En el capítulo anterior se precisó que la senda de la justicia conduce inevitablemente a la senda del sacrificio.  En primer lugar, es manifiesto que hasta el hablar de paz suele entrañar cierto sacrificio.  En ciertas ocasiones y para algunas personas, la palabra paz se ha mancillado al juzgarla “culpable por asociación” – una máscara para ocultar designios de subversión, tiranía y agresión.  Desconfiad, decían, de los que pregonan “paz, paz” cuando la paz no existe.

 

Es posible que este amargo sentimiento sólo refleje en forma exagerada la desilusión general ante las horribles consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.  ¡La humanidad forjó tantas ilusiones!  Se había producido una rendición incondicional.  Al fin había paz y todos podían dedicarse tranquilamente a sus actividades y esparcimientos cotidianos, mientras los diplomáticos se preocupasen de los “asuntos extranjeros”.

 

En una charla dada en un Rotary Club de Londres, un embajador de los EE.UU. expresó esto de la minera siguiente:

 

Estuve en la última guerra al igual que muchos de ustedes, y creía sinceramente que combatíamos para terminar con todas las guerras; que combatíamos por defender la democracia, y que nuestros hijos cosecharían parte de los sacrificios hechos por nuestra generación… Realmente, no nos preocupamos lo suficiente en los años intermedios.  Y si fue así, no hicimos lo suficiente o no conseguimos los resultados indispensables.  En la historia de la humanidad muy rara vez han tenido los hombres una segunda oportunidad, y nosotros la tenemos ahora.

 

Todo concienzudo observador de las relaciones internacionales compartirá estos sentimientos y los aplicará a sí mismo.  ¡Describen con tan fidelidad estos momentos de la historia!

 

La última guerra estuvo a punto de destruir la civilización.  Hambre y humillaciones, desorganización social y económica, el vacío dejado por las potencias vencidas – todo se combinó para que surgieran tiranteces y dificultades.  Los que pensaron que la paz era como el final de un cuento de hadas en que “todos vivieron muy felices de allí en adelante”, sufrieron una cruel desilusión.  Debió haber sido lo contrario; debieron haber descrito la paz como una novia en el mundo real: una muchacha hacendosa con una gran responsabilidad en sus manos, que tiene que velar por la armonía y estabilidad del matrimonio.

 

Al hacer, en el Esbozo de Normas, un llamado a los sacrificios personales, se define en forma clara este concepto de la paz que exige labor en vez de constituir una invitación a la irresponsabilidad individual.  Tal vez nunca se haya señalado esto de modo más elocuente que en ocasión del último discurso pronunciado por ese valiente apóstol de la confraternidad mundial, el desaparecido John Winant.  Interrumpiendo la lectura de su discurso, interpeló, súbitamente, al auditorio:

 

“¿Están contribuyendo ustedes a la paz, con el mismo celo que desplegaron en este país en los días de la guerra?” 

 

Su respuesta, clara y simple, surgió después de una pausa y fue seguida por otro silencio:

 

“Yo no.”

 

Todo el que dirija una mirada retrospectiva hacia los años que han pasado desde el final de la guerra, debe examinar su conducta en este sentido.  En tiempo de guerra todo inspira el sacrificarse, y los esfuerzos personales se miden de acuerdo con los que “se dan totalmente a la causa.”  Por fines de destrucción se sacrifica lo mejor y más generoso de la naturaleza humana.  Sin embargo, cuando se trata de salvar a la patria de la destrucción y defender la paz, la libertad y la supervivencia de todo lo que se considera preciado, el hombre no se siente animado de tal fervor.

 

¿Tiene esto razón de ser?

 

Podemos explicarnos los extraordinarios sacrificios que se hacen en tiempo de guerra si consideramos que la mayoría de la gente responde mejor durante una crisis.  Lo extraordinario y anómalo de la situación pone de manifiesto el lado heroico del hombre.  Pero, ¿es la guerra algo excepcional en las efemérides de la humanidad?  La historia indica lo contrario.  A lo largo de los años, lo inusitado han sido los breves intervalos de paz.  Aun el siglo XIX, que inspiró la ilusión de que la paz constituye lo normal, estuvo plagado de pequeñas guerras.  En el presente siglo, los periodos de paz en todo el mundo pueden medirse por meses, no por años.

 

En tiempos pretéritos, la gente podía haber pensado que la guerra, después de todo, era un asunto exclusivo de unos cuantos caballeros o soldados profesionales, y se restringía a los campos de batalla.  Durante la Guerra de las Rosas, por ejemplo, en momentos en que se iba a iniciar una batalla, se oyeron súbitamente los sones de los cuernos y los ladridos de los perros de una partida de caza, y los dos ejércitos pospusieron el ataque mientras la zorra, los perros y los cazadores pasaron entre ellos.  Luego, se apresuraron a recuperar el tiempo perdido.

 

Si es verdad que las guerras fueron alguna vez tan caballerescas, debemos afirmar que su naturaleza ha cambiado radicalmente en los tiempos modernos.  La guerra se ha hecho total, y se movilizan pueblos enteros con todos sus recursos, con el fin de conseguir la completa destrucción del enemigo.  Nadie puede considerarse a salvo.  No hay dónde guarecerse.  Ya no existe civiles.  Los niños se tornarán en “combatientes”, al igual que sus mayores.

 

¿No exige tal estado de cosas una revisión de los conceptos de guerra y paz?  Alberto Einstein, el gran genio que dio nacimiento a la edad atómica, planteó el problema de modo universal y en forma desnuda:

 

Es imperativo que se adopte una nueva forma de pensar a fin de que la humanidad superviva y ascienda a planos más elevados.

 

Es frecuente que en los procesos evolutivos, una especie deba adaptarse a las nuevas condiciones del medio, a fin de sobrevivir.  Hoy día, la bomba atómica ha alterado profundamente la naturaleza del mundo en que vivimos.

 

El tanque es una defensa contra las balas; pero la ciencia no ofrece ninguna defensa contra el arma que puede destruir la civilización.

 

            Nuestra defensa no consiste en armamentos ni en refugiarse bajo tierra.

 

Nuestra defensa se halla en la ley y el orden. A la luz de los nuevos conocimientos, el género humano debe readaptar su modo de pensar.

 

No hay un apacible optimismo en el sentir del rotario que se esfuerza en fomentar la paz, en hacer detener e invertir el curso de los acontecimientos que nos arrastran hacia la guerra.  Se halla decepcionado de triviales panaceas.  Es, en resumen, un realista.  Sabe que la victoria en esta lucha no se ganará adhiriéndose a uno de esos grupos organizados para ejercer influencia en el gobierno, o aprobando una resolución en su club.  El rotario debe preguntarse cuáles son los sacrificios personales que la situación exige de él y de sus prójimos a fin de que la humanidad sobreviva y ascienda a planos más elevados.   

 

¿Puede esperar que alguien responda en su lugar?  Por supuesto que no, pero conseguirá fortaleza e inspiración si lo consulta con otros hombres sinceros.  En última instancia, la respuesta debe brotar de su propia consciencia y, luego, ponerla  de manifiesto en sus acciones personales.  Aquí sólo vamos a sugerir algunas formas de sacrificio como referencia para las deliberaciones y discusiones.

 

La primera, y posiblemente la más evidente de todas, es la que pesa sobre todo contribuyente, y constituye un terrible gravamen en la economía del mundo entero – a razón de 120.000.000.000. de dólares al año.  En el país más rico del mundo, “la paz protegida con armamentos” impone a cada contribuyente el equivalente al sueldo de un mes, como término medio.  “El que desea paz debe hallarse en pie de guerra”, era la justificación de la política en la Roma de los Césares.  Sin embargo, ha sido en el siglo XX cuando se ha hecho la defensa más violenta de esa política, y su vocero fue un famoso almirante:

 

Yo no soy partidario de la guerra, sino de la paz.  Si se repite en el país y en el extranjero que uno se halla listo para actuar instantáneamente con cada adarme de su fuerza, y tiene la resolución de ser el primero en actuar y golpear al enemigo en el estómago, y patearlo cuando se halle caído, y hervir a los prisioneros en aceite, y torturar a sus mujeres y a sus hijos, entonces los demás se mantendrán a respetuosa distancia.

 

¿Lo harán?  Esta antiquísima forma de sacrificio, que continua todavía tan en boga, no ha evitado las guerras.  Ha acrecentado la inseguridad general, ha fomentado una carrera armamentista y, finalmente, ha producido los grandes “apaciguadores”: ayer, los monstruosos acorazados de los almirantes, mañana, los proyectiles dirigidos con conos de carga nuclear.  Nadie ha denunciado esta política de un país que la había adoptado:

 

Cada arma de fuego que se hace, cada barco de guerra que se echa al agua, cada cohete que se dispara significa, en última instancia, un robo contra aquellos que están hambrientos, y no tienen que comer; los que sienten frío, y carecen de ropa.

 

            Este mundo en armas no sólo está gastando dinero.

 

Está desperdiciando el esfuerzo de sus trabajadores, el genio de sus hombres de ciencia, las esperanzas de sus niños.

 

El costo de un gran bombardero moderno equivale a lo siguiente: una escuela moderna de ladrillos en más de 20 ciudades; dos magníficos hospitales completamente equipados.

 

Y después de proseguir en esta forma, terminó con estas palabras:

 

Esto, repito, es la mejor forma de vida que se encuentra a lo largo de la senda que sigue la humanidad.

 

En realidad, no puede considerarse como una forma de vida en el verdadero sentido.  Bajo las nubes de la guerra que se ciernen, aparece la humanidad clavada a una cruz de hierro.

 

Si se pudiera extirpar totalmente la plaga de las guerras, ¡qué de fabulosos beneficios se podrían ofrendar a la humanidad por una cantidad equivalente de dinero, energía y genio!  ¡La idea abruma la imaginación!  ¿Es posible concebir, aun en el más quimérico sueño, lo que se podría hacer con 120.000 millones anuales dedicados u obras constructivas y de servicio?  Como son las cosas ahora, es igual que si la humanidad se estuviera debatiendo en ascender con una sola pierna los peldaños de la civilización.

 

La senda del sacrificio se verá interceptada, sin duda, por tradiciones fuertemente atrincheradas.  Existen – y en gran número – lo que afirman que la historia se repite, que la humanidad de hoy no es mejor que la de nuestros antepasados.  “Siempre habrá guerras y rumores de guerras”.  A todo esto se podría responder – entre otras cosas – que nuestros antepasados no se sentían atraídos hacia la senda del sacrificio, ni se hallaban en la situación del hombre de la Edad Atómica.  La verdadera respuesta, sin embargo, fue dada por otro militar que manifiesta de modo concluyente que lo que la humanidad debe hacer ahora es efectuar “un ataque a la institución misma de la guerra.”  Un rotario de la América del Sur lo ha expresado así:

 

De acuerdo con el objetivo de Rotary, debemos analizar las causas más hondas de la guerra y de los motivos diabólicos que impulsan a los hombres a matarse; lo que el estatismo los impele a hacer aquello que abominan, y lo que consideran condenable y en contradicción con nuestros ideales de servir al prójimo antes que a nosotros mismos…  Lo que se propone no es imposible en ningún sentido, ni requiere una inteligencia superior; es una necesidad imperiosa.  Ahora es el momento de actuar.

 

Estas son las palabras de otro rotario: “Se trata de una gran empresa que debe acometerse con el genio y el esfuerzo que se emplearon para producir la primera bomba…  La civilización no puede soportar dos – o más – campos armados que se hallen perpetuamente al borde de una catástrofe nuclear.”  La paz impuesta por el terror, o la disuasión por la fuerza, en que los beligerantes se amenazan de continuo, sólo puede conducir a un final: la guerra nuclear.

 

Un aficionado a la caza mayor, en África, se aproximaba a su presa cuando, para disgusto suyo, sus fatigados guías se sentaron de pronto para descansar.  Por más que protestó, no consiguió nada.  Desesperado apeló a las amenazas, a los ruegos y hasta les ofreció dinero; pero los guías continuaban sentados abanicándose a la sombra de un árbol.  “Pero”, arguyó desesperado, “¿por qué escoger el peor momento?” 

 

El guía sonrió extrañamente y respondió: “Los hombres dicen que han andado tan rápido que sus cuerpos se han escapado de sus almas, y las han dejado atrás.  Tienen que esperar a que sus almas los alcancen.”

 

La pugna incesante por alcanzar poderío, riquezas, influencia, y mejor técnica ha arrastrado a los hombres – y a las naciones – al corazón de la selva.  Y ahora que la cultura y la ley se hallan rezagadas, tienen que detenerse para que sus almas les den alcance.  Las naciones son como los niños cuando se ven en posesión de armas.  A un niño se le debe enseñar reglas y normas; a nadie se le ocurriría enviar a la escuela a un niño de seis años con un rifle cargado; pero hasta un niño se da cuenta por qué un policía tiene revolver.

 

“Es imposible imaginarse a las alturas a que puede elevarse, en mil años, el poder del hombre sobre la materia”, escribió Benjamín Franklin.  “Qué daríamos para que la moral fuera tan susceptible de mejoramiento, y lograr que los hombres cesasen de conducirse como lobos.”

 

Ofrece un gigantesco campo de sacrificios la urgente búsqueda de un método para elevar la ciencia social al nivel de la tecnología.  ¿Qué se gana con que los hombres atraviesen los mares a la velocidad del sonido si luego, al encontrarse con sus prójimos en la otra margen, no tienen nada que decir?  Esto constituye un vacío que viene a llenarlo el proyectil cargado con energía nuclear.  En estas condiciones, medran los prejuicios, la ignorancia, la superstición y la tiranía.  Los problemas urgentes del hombre pertenecen ahora al dominio del espíritu: el “espacio interior” de la personalidad humana.

 

Esta nueva orientación hacia la vida anímica del hombre exige el empleo de muchos mayores recursos y talento con el fin de descubrir significados más profundos de la vida.  Exige la necesidad de efectuar, con igual vigor, investigaciones sobre el hombre y la máquina – lo espiritual y material.  Significa que debemos crear en las relaciones sociales un interés que capture nuestra imaginación y entusiasmo de modo tan intenso como los viajes espaciales.  Significa que la búsqueda de vínculos de unión entre los hombres y las naciones debe ser tan apremiante como en anhelo de unir la Tierra y la Luna.

 

Otro campo de sacrificio es la cruzada para conseguir que las naciones renuncien a las armas y resuelvan sus diferencias sometiéndose a los dictados de la ley.  La meta es lograr que se efectúe un convenio entre las naciones que están preparándose sin cesar, a fin de que abandonen la carrera armamentista – un plan que es, ciertamente, mucho más difícil aplicar que formular.  ¿Con qué sacrificios debe contribuir cada país?  ¿Y qué garantía puede darse a las naciones que se van a desarmar, de que las otras respetarán el pacto?  Esto conduce al campo escabroso de las inspecciones mutuas, de métodos eficientes de revisión, y el derecho de imponer restricciones a los países que no obedezcan.

 

Hay una fábula que trata de una reunión que tuvieron los más poderosos animales de la selva para discutir el problema del desarme.  “Mostremos al hombre, nuestro enemigo común”, dijo el león, “el modo de vivir en paz.  Si le damos el ejemplo, tal vez cese de perseguirnos y exterminarnos.”

 

“¿Qué es lo que propone usted?”, inquirió el oso.

 

“Abolir las alas”, repuso el león, lanzando un mirada al águila.

 

El águila miró al toro.  “Destruir los cuernos”, opinó.

 

El toro posó su vista en el león.  “Eliminar los dientes y las garras”, demandó.

 

Un gran silencio envolvió a la asamblea por algunos momentos.  Todo miraban al oso.  “yo pido la eliminación de todos los medios de defensa”, declaro él, apaciblemente.  “En esa forma, cada uno de ustedes puede contar con la protección de mis brazos cariñosos.”

 

Todo programa de desarme entraña sacrificio.  Si las grandes potencias acuerdan desarmarse, dejan de ser grandes potencias.  Ya no podrían imponer su criterio a otras naciones, valiéndose de amenazas.

 

Si quieren estar seguros que los demás van a cumplir sus compromisos, tienen que someterse, también, a las medidas de fiscalización.  Para ciertos individuos, esta abdicación de la autoridad y el prestigio constituye un enorme sacrificio personal.  Si bien las otras naciones darían su calurosa aprobación a la política de imponer restricciones a las grandes potencias, pues su importancia aumentaría al quedar eliminada la amenaza de las acciones punitivas, descubrirían, por otra parte, que su responsabilidad es mayor.  Tendrían que abandonar su cómoda actitud de países neutrales, y contribuir con fuerzas armadas para la defensa común.  Por lo tanto, el desarme significaría también un sacrificio para los pueblos de los países de menor categoría.

 

¿Quién puede dudar que tales sacrificios se justifican plenamente si logran evitar los horrores de otra guerra mundial?  Lo que habría que preguntarse es si tales sacrificios son suficientes.

 

La respuesta es un rotundo no.  Es evidente que no pasarán de ser una mera teoría si no se nutren de otros sacrificios de significado mas hondo: los de carácter personal.  Es en el campo de las relaciones individuales – de persona a persona – donde comienza el verdadero sacrificio.  Es aquí donde debe originarse y desarrollarse, hasta conseguir que ascienda el nivel de la dirección nacional, y la visión de los estadistas sea el reflejo de una opinión pública bien orientada.  Woodrow Wilson lo expresó en la siguiente forma: El proceso de la libertad consiste en que si yo soy vuestro guía, debéis hablarme a mí, no que yo deba hablarlos.  Si soy fiel a los preceptos que encierra la función de dirigir, debo escuchar las voces que llegan de cada villorrio, de los hombres de toda clase y condición.”

 

Sin embargo, el simple acto de hacer oír nuestros voces constituye un sacrificio – mayor en ciertos lugares que en otros –; pero la amarga ironía es que allí es donde más fácil y más se espera que esto suceda, constituye un sacrificio superior al que están dispuestos a realizar.  ¿Para qué me voy a molestar?  Después de todo, ¿a quién le interesa saber mi opinión?  Estoy embargado de trabajo.  Los políticos lo deciden todo.

 

Pero el acto de conseguir que nuestra voz tenga un determinado valor – basado en conocimientos, debates, y penetración – requiere preocupación.  Es mucho más simple llamar a un “experto” para que hable en el Rotary Club en vez de explorar los hechos y presentar el asunto uno más fácil dar una charla basada en sus propias opiniones y en los datos obtenidos, que el intentar dirigir una discusión animada en la cual surjan diversas opiniones.

 

Una conferencia “colocándonos en el lugar de otros” – mencionada anteriormente – exige que los participantes estudien y se preparen durante varias semanas; pero es un hecho que en los lugares donde la han organizado, ha subido considerablemente el nivel de comprensión sobre asuntos extranjeros.  Si tales estudios y debates se llevaran a cabo en todo el mundo, ¿quién podría calcular los resultados beneficiosos que se obtendrían?  Sin embargo, no es posible negar que todas las actividades de esta clase exigen arduos sacrificios personales, pues nos apartan de esparcimientos y quehaceres tales como ver televisión, tomar lecciones de baile, asistir a fiestas, hacer algunas reparaciones en la casa, o construir un bote.

 

Pericles dijo: “No permitimos que los asuntos personales absorban nuestra atención en tal forma que nos impidan participar en los de la ciudad; mantenemos muy alto nuestra independencia de espíritu y nuestra confianza en nosotros mismos; pero consideramos inútil al que se mantiene apartado, de los asuntos de la ciudad.”  Y los griegos tenían una palabra para denominar al hombre “inútil”: “idiotes” – ciudadano privado – de la cual se deriva el vocablo “idiota” de nuestra lengua.

 

Esto conduce a otro tipo de sacrificio personal: la idea de que nuestra opinión tal vez no sea correcta; que las fuentes de información se hallen contaminadas de propaganda, o que nuestra cultura tenga algo que asimilar de otra cultura.  Para muchas personas, esto último es el golpe de gracia asestado a su orgullo personal y al nacional.  El observador superficial no puede concebir que los principios en que cree, y la forma de vida que ha seguido se tornen casi irreconocibles en la próxima generación.  Que, en suma, se transformen las bases mismas, y en consecuencia, resulte posiblemente un mejoramiento de la sociedad.

 

Aunque es duro adaptarse, una flexibilidad espiritual de tal índole haría más fácil seguir la senda del sacrificio.  Dadas todas las realizaciones de la civilización helénica, hay que suponer que los griegos la poseían.  Por miles de años, el trofeo, o monumento, ha sido el símbolo de la victoria, y estos trofeos corresponden en su estructura y sustancia a las materias naturales del país.  En Egipto, donde la piedra era abundante, el monumento era una losa o lápida con una inscripción de los hechos gloriosos; más al oriente, utilizaban arena, dispuesta en montículos o en formas extrañas, y solían ponerse cabezas o huesos.  En Grecia se usaba la madera, con la que el victorioso hacía su trofeo o monumento; pero no se permitía repararlo.  Por lo tanto, aun al imponerse a su rival, o cuando erigía su monumento, el vencedor pensaba que pronto se deterioraría y terminaría por desaparecer.  Nunca se olvidaba que lo único permanente era la inestabilidad.

 

Tal actitud no entraña vacilaciones o falta de objetivos.  Como la atestiguan los hechos gloriosos de los helenos, no es una doctrina que inspire la paz a cualquier precio.  Por otra parte, una actitud de esa clase, ofrece una perspectiva, y la perspectiva es uno de los hitos a lo largo de la senda del sacrificio.

 

Es en este punto donde se unen la senda de la justicia y la del sacrificio; pero resultaría incompleto todo análisis de las actitudes que conducen al sacrificio si no hacemos otra referencia a un dilema que va a surgir en esta edad atómica.  Aunque pudiera abolirse el peligro de la aniquilación, emerge otro problema henchido de futuros desastres.  La miseria y la ignorancia en los pueblos menos avanzados constituye un campo fructífero para el agitador, para el ambicioso, o para la nación que trata de obtener poder aprovechándose de la confusión.  No es posible rechazar al insurgente mediante la fuerza armada, pues tarde o temprano se pertrecha.  Además, el desarme de las naciones y la fiscalización ejercida sobre las grandes potencias no constituyen soluciones por sí solas, a menos que pueda establecerse un nuevo orden que aliente las esperanzas y gane la lealtad de esos millones que emergen.

 

Lo esencial con respeto a esto es lo siguiente: ¿Quiénes son estos millones que emergen?  ¿Salvajes ignorantes a quienes se debiera dejar solos?  ¿Futuros braceros en una tecnocracia regimentada?  ¿Los soldados de un ejército aun más grande y destructor?  ¿Peones en el juego de la política de las grandes potencias?  O son hombres libres y útiles a quienes debe ayudarse, de un modo u otro, para que conquisten sus legítimos derechos a la dignidad, autonomía y amor propio.  Cada cual responderá a su modo estas preguntas; pero tendrá que pronunciarse en alguna forma, aun si es decidiendo no dar respuesta alguna.

 

Además, la persona que se sienta atraída a la senda del sacrificio debe examinar serenamente lo que significa paz.  Discurrirá sobre esta palabra, y la analizará, tratando de hallar nuevas proyecciones a su significado, y nuevos métodos.  Mientras continúe siendo un concepto negativo y se defina como “la ausencia de guerra”; mientras los esfuerzos se limiten únicamente a contener a los posibles agresores o reducir los medios de agresión, los resultados serán desalentadores, pues subsistirá el peligro.  Solamente si se transforma el concepto de modo que incluya la acción constructiva y positiva de establecer orden en el mundo, podrá una persona descubrir una senda que justifique el sacrificio personal.

 

El analfabeto que se esfuerza en aprender las primeras letras, lucha en pro de la paz.  El agricultor que brega en la tierra para aumentar la cosecha, los hombres de ciencia que combaten contra las enfermedades o idean pacientemente métodos para mitigar las fatigas del trabajo cotidiano, el hombre de negocios y el miembro de un gremio que elevan las condiciones existentes, los ciudadanos que defienden la causa de los derechos humanos, o sirven de adalides en el avance del derecho internacional, y muchísimos otros, son los héroes en la cruzada por la paz.  Las sendas de la libertad, del progreso y de la justicia, que se han presentado al rotario en el Esbozo de Normas, se unen a la senda del sacrificio – el sacrificio personal en aras de la paz.  Y la paz debe obtenerse en la brega.

 

Si las relaciones internacionales continúan siendo la preocupación de los demagogos y diplomáticos, lo probable es que nunca se venzan los obstáculos que impiden la consecución de la paz.  La paz debe convertirse en la meta personal de los hombres de empresa que están habituados a poner ideas en ejecución.  Si se detuvieran a recapacitar sobre el significado de sus vidas, descubrirían que son ellos, precisamente, los que tienen mayores intereses en el asunto.  Son los que tienen más que perder en este vendaval que nos arrastra hacia la guerra mundial y la revolución, y más que ganar si se crea el nuevo orden basado en la libertad, el progreso y la justicia.

 

La senda del sacrificio ejerce gran atracción entre los rotarios.  Esto es realmente “Dar de sí antes de pensar en sí.”  Miles de rotarios están respondiendo al llamado.  Sin embargo, se podría alcanzar mucho mas, mediante mayor devoción a los principios de Rotary, por medio de un cultivo más diligente de los contactos de Rotary, y gracias a una dirección más activa y mejor informada en sus propias comunidades.  ¿Es esto demasiado esperar “del compañerismo de los hombres de negocios y profesionales, unidos en el ideal de servicio?”

 

Hace una generación, se decidió el destino del hombre en “una carrera entre la educación y la catástrofe”.  Año tras año, se agrava más la situación.  El llamado al sacrificio se torna más urgente.  Lo hacen los estadistas, los hombres de estudio y los sacerdotes de todas las creencias; pero es un general el que trae de los campos de batalla el mensaje más descarnado y convincente:

 

Ahora que la lucha ha cesado de modo temporal, la impresión más tajante que emerge de la escena es la completa inutilidad de tantas muertes y mutilaciones.  Se ha desmembrado a una nación, y ahora nos hallamos tal como estábamos antes de empezar.

 

Esta experiencia prueba nuevamente la total futilidad de la guerra moderna, su completo fracaso como medio de resolver las disensiones internacionales.  Debemos darnos cuenta, finalmente, de que la guerra es algo arcaico como instrumento de la diplomacia y que no constituye una solución, sino el suicidio internacional.

 

Si bien tenemos que estar preparados para hacer frente al infortunio en caso de que estalle la guerra, debemos establecer procedimientos domésticos e internacionales conducentes a la meta definitiva: la abolición de la guerra en toda la faz de la tierra.  No es posible domeñar la guerra, hay que abolirla.

 

Es evidente que la abolición de la guerra exige acciones de sacrificio.  Respaldada por antiquísimas tradiciones y larga historia, y con una aureola de gloria creada y difundida por leyendas y canciones, se resistirá a desaparecer.  Sin embargo, los galardones que se obtengan en una victoriosa batalla contra este flagelo de la humanidad, justifican cualquier esfuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

 

La Senda de la Lealtad

 

 

      Recomendará que se aprecien con espíritu comprensivo – y así lo hará él –

las creencias ajenas, como medio de fomentar la buena voluntad internacional, consciente de que existen ciertas normas básicas morales y espirituales que, llevadas a la práctica, serán garantías de una vida más amplia y más fecunda. 

 

(Del Esbozo de Normas para las Relaciones Internacionales)

 

 

EL ROTARIO que ha considerado seriamente estas sendas hacia la paz, podría preguntarse: “¿Se necesita algo más?”

 

No hay duda que estas seis sendas – patriotismo, conciliación, libertad, progreso, justicia y sacrificio – representan un epítome de acción valerosa, atemperada con visión.  Se describe a continuación a un hombre sapiente y constructivo:

 

·         un patriota cuyo orgullo de las contribuciones hechas por su patria se eleva por encima de toda manifestación de superioridad nacional o racial;

 

·         un denodado defensor de la libertad de todo ser humano;

 

·         un optimista que contribuye, en todo lo posible, al mejoramiento del nivel de vida en todas partes;

 

·         un realista determinado a defender la justicia, aplicando sus principios en todo el mundo;

 

·         un hombre preparado a sacrificarse en aras de la paz.

 

¿Qué otra cosa necesita, a no ser la fuerza espiritual que lo sostenga en esta cruzada por la paz?                

 

Esta senda – la séptima y última – debe entrañar el reconocimientote que no sólo de pan vive el hombre; que en este mundo de ideologías en pugna, la causa de la confraternidad mundial debe proyectarse más allá de las consideraciones materiales a fin de abarcar aquello que constituye el significado esencial de la vida.  Por lo mismo que es una acción práctica –la lucha para extirpar males específicos de la índole de los prejuicios, las disensiones, la pobreza y la injusticia – debe serlo también en la esfera más profundamente humana de lo práctico.  En dar un significado a la vida del hombre y en tratar de hallar las respuestas a las eternas preguntas: ¿Cuál es el sentido de todo?  ¿Por qué estoy aquí?

 

¿Le cabe a Rotary proponer una senda de esta naturaleza?  Si la séptima senda se ocupase de tales enseñanzas, sería traspasar las funciones y la esfera de Rotary.  Esto es algo que nunca se podrá subrayar lo suficiente.  Para disipar cualquier mal entendimiento, es suficiente citar la respuesta categórica de un presidente de Rotary Internacional, dada a una gran entidad religiosa que planteó la cuestión:

 

      Rotary no es una asociación secreta.  En Rotary no hay juramentos ni secretos de ninguna clase.  Todas sus reuniones, actividades y documentos son públicos.

 

      Rotary no se propone sustituir a ninguna organización religiosa o caritativa, ni inmiscuirse en sus asuntos.

 

      Hace muchos años se aprobó lo siguiente en una convención de Rotary Internacional: “Se espera que cada rotario sea un miembro leal de la iglesia o entidad religiosa a la cual pertenece, y que personalmente ejemplificará por medio de todos sus actos los principios de su religión.

 

      Para ingresar a Rotary no se requiere dar información acerca de raza, religión o ideas políticas.

 

      Rotary da por sentado que su programa de servicios está de acuerdo con todas las religiones.

 

La palabra clave en esta declaración es leal.  Se espera que todo rotario sea leal a la entidad religiosa a la que pertenece.  Y el Esbozo de Normas da un paso más al urgir que se juzgue comprensivamente la lealtad de otros hombres, como requisito esencial para la realización de las finalidades de la vida.  La falta de comprensión hacia las personas con lealtades diferentes constituye, en la actualidad, un problema nada insignificante.  Rotary congrega a hombres de diferentes creencias religiosas en un ambiente de compañerismo que se distingue por el respeto mutuo.  En estas circunstancias, las relaciones sociales tienen amplias proyecciones y devienen en amistad.

 

Imaginémonos que se difundan por todo el mundo las simples formas de cualquier Rotary Club: el saludo amistoso, el sentarse a conversar, el cambio de experiencias, el continuo aumento de cordialidad.  ¿Se podría fomentar este desenvolvimiento entre personas que se hallan ahora separadas por barreras de suspicacias, reminiscencias desagradables y lealtades diferentes?  ¿Y podría contribuir un conocimiento mutuo de esta clase, difundido en todo el mundo, a curar las llagas de la humanidad?  Si así fuera, veríamos realizado el sueño del poeta Whitman:

 

En un sueño he visto una ciudad invencible a los ataques de todo el resto del mundo.  Soñé que era la nueva ciudad de la amistad, la única ciudad que ha de perdurar, la única que es inexpugnable, la nueva ciudad donde todos son amigos.

 

Gran parte del desasosiego espiritual que caracteriza a las sociedades industrializadas y que, de acuerdo con la mayoría de los observadores, se va intensificando rápidamente, tiene por causa las premuras que origina la sociedad.  El individuo, desconcertado ante sucesos que no comprende o no puede gobernar, hace un acto de introspección.  ¿Y qué es lo que ve?  Ve a otras personas como a él mismo.  Y descubre que su ser concentrado en sí mismo, y lleno de presunción, sólo es una parte de su naturaleza.   Detrás de la máscara de egoísmo hay un ser esencialmente espiritual que siente íntima preocupación por sus semejantes, y se halla vinculado a ellos.  Este es el dinamismo interior que se proyecta hacia los demás, al percibir que el hombre – como dijo Paul Tillich – no es “una cosa más.”  Es una Persona.

 

En el drama Peer Gynt, de Ibsen, el director de manicomio explica la anomalía de muchos de sus pacientes.  Los que él describe padecen de ansiedades sicopáticas acerca de sí mismos, no respecto a otros:

 

¿Fuera de sí?  ¡Oh, no, usted está equivocado!  Es aquí donde los hombres son más ellos mismos que en ninguna parte.  Ellos mismos y nada más que ellos mismos.  Flotando con las desplegadas alas de su propio yo, el tonel cerrado con el tapón del yo, y criado en la bodega del yo.  Nadie derrama una lágrima por los infortunios de otros, o le importa lo que piensen los demás.

 

Hay un “Yo” universal en las más altas etapas de la humanidad, y los observadores del desenvolvimiento social ven pruebas de que se proyecta hacia otros y se producen influencias recíprocas.  Los resultados del “descubrimiento interior” del hombre tal vez sean graduales, y algunas veces inciertos; pero son inequívocos.  Cada día se acepta más la idea de que a fin de ser constructivo para consigo mismo, se debe servir a los demás.  Esta verdad fundamental es uno de los principios básicos de Rotary.

 

Sin embargo, dado el espíritu de la sociedad, existe otro aspecto en dicho reconocimiento.  Un canónigo de la Iglesia Anglicana, famoso por su ingenio, lo expresó cierta vez en la siguiente forma: “En la actualidad”, dijo él, “todos como resultado, según él, del aumento y difusión de conocimientos, como también de la corrosión de las creencias personales a causa de la influencia de otras creencias.

 

La actitud y conducta que se recomiendan para seguir la senda de la lealtad tienen por objeto protegernos de estos efectos corrosivos de la diversidad.  Pero antes de proseguir, sería tal vez conveniente considerar con mayor profundidad dichos efectos.  Por ejemplo, ¿cómo reacciona un individuo al descubrir que las creencias de los otros difieren de las suyas?  Supongamos que se trata del “hombre primitivo”.  Si alguien le dice que el mundo es gris, y no blanco ni negro, ve rojo.  Considera como rival o enemigo a todo el que se diferencia de él.  Le ofende su lealtad, quema sus libros, disuelve por la fuerza sus reuniones.  Trata de proteger su propia lealtad aislándola; recurre a expresiones vehementes y fanáticas; provoca a los demás hasta que las reacciones que produce lo hacen sentirse un mártir.  Es el hombre que sólo ve lo que quiere ver y únicamente oye lo que desea oír.  Es como el predicador que, al hacer notas marginales en su sermón, escribió en cierto punto: “Esto carece de fuerza, subir la voz lo más posible.”

 

El actuar en forma beligerante cuando se descubren hechos diferentes o desagradables, elimina la posibilidad de contribuir en ninguna de las sendas que se recomiendan al rotario.  No menos destructiva es la conducta de los “hombres cansados”.  Su interés y energía se hallan socavados por su incapacidad de tomar decisiones por su propia cuenta. 

Al igual que los “hombres primitivos”, demandan soluciones simples.  La diversidad los angustia y, a menudo, hastiados de vivir cansados, hacen causa común con los fanáticos.  Un gran número de estas almas fatigadas se convierten en prosélitos de los dictadores.  Se hallan también entre los millones que han llegado a la conclusión de que, después de todo, lo que piensan no cuenta para nada, pues otros son los que deciden.

 

De acuerdo con el canónigo, el resto de la humanidad consiste en “hombres perplejos” que no se han atrincherado en una actitud fanática ni se han dejado agobiar por el peso de la vida; pero, al confrontar diversas doctrinas, se preguntan en qué forma se explican los otros los eternos misterios, y qué vínculos de relación pueden existir con aquellos cuya explicación difiere de la suya.  Se la pasan coleccionando datos e informaciones, consultando a nuevas “autoridades”, sopesando novedosas teorías, y discutiendo la pertinencia de la historia.  Estas son las personas que posponen toda acción o compromiso hasta “completar las informaciones”.  En consecuencia, sus decisiones, en la forma que se toman, son “decisiones de abstención”.

 

Para los “hombres perplejos”, la senda de la lealtad ofrece una solución que puede emanciparlos de esa situación estática de fallo en suspenso.  La lealtad entraña el deber de tomar una decisión y actuar; el interesarse y laborar por algo de mayores proporciones que uno mismo, y que se proyecte mas allá de uno mismo.  Significa situarse en un punto razonable y decir: “Aquí me posesiono.  ¡Desde este lugar puedo hacer reconocimientos; pero, en este momento, es aquí donde me detengo con mis prójimos!”  Se alude a los que comparten la misma devoción: “el hondo afecto del hombre por sus camaradas”, como Whitman lo denominó.  Para los “hombres cansados”, la senda de la lealtad se presenta como una solución y un estímulo que los haga actuar en la vida.  No importa el rumbo que tomen las cosas, hay algo que el individuo leal puede cosechar en su comunidad: el reto al espíritu indagador; la satisfacción que brinda todo servicio creativo; el sentimiento de seguridad que se experimenta al tener una responsabilidad personal.  Es lógico que el hombre busque los métodos más fáciles – las rutas en descenso, las soluciones listas para aplicarse.  En esta edad de la electrónica y el automatismo, es natural que los hombres demanden Lealtad Instantánea, podría suponer que también se hallan a nuestra disposición las otras dos; pero no existen.

 

Una historieta ilustra la tragedia final del “hombre cansado”: la persona que por lasitud o pereza, decide que, después que todo, nadie va a echar de menos la contribución de una persona.  Alguien tuvo la idea de que si todos los habitantes del mundo exclamaban “¡bu!” al mismo tiempo, el grito se oiría hasta en la Luna.  Acordaron hacerlo y cuando llegó el momento señalado para el gran acto, todos se hallaban tan ansiosos de oír el tremendo grito que decidieron escuchar en vez de actuar.  La historieta dice que ése ha sido el momento de más profundo silencio en la historia del mundo.

 

Lo que debería decirse a los “hombres primitivos” es que constituye un motivo de inspiración el ver que hay alguien que sabe adonde marcha, siempre y cuando le complazca encontrarse con otros que profesan lealtades diferentes a la suya en origen y finalidad.  Al advertir y apreciar la firmeza de las creencias ajenas, las propias se tornan mas firmes, como sucede con los viajeros que, al cruzarse en el camino, se reconfortan mutuamente antes de proseguir cada cual en su jornada.  El conocimiento mutuo – el corazón de Rotary – es también un acto en que participa la imaginación: una proyección del alma dentro del alma de otro ser, o de varios, o en la de toda una colectividad.

 

Rotary está determinado a extender y multiplicar este procedimiento a fin de fomentar la comprensión  mutua, la buena voluntad y la paz: de modo intensivo, en el club, donde se reúnen hombres de diferentes ocupaciones y diferentes credos; de modo extensivo, gracias a la confraternidad mundial de Rotary que ofrece a cada socio la oportunidad de inspirar a los hombres de otras naciones, culturas y tradiciones, y de ser inspirado por ellos.  El juicio de un hombre sobre el significado de la vida, fortifica el de otros.

 

En varias ocasiones, sin embargo, se ha desacreditado la lealtad.  ¿En qué otra puede explicarse la apatía religiosa, que no es exactamente igual a la mera asistencia a las iglesias; la disgregación de la familia; el gran numero de hogares destruidos; los frecuentes casos de traición a la patria, aun entre personas de los mejores antecedentes y privilegios; el fanatismo exacerbado, y el vacío en las vidas de tanta gente?  Para explicarse todo esto, pueden mencionarse muchas razones, tanto sociales como económicas; pero sería necesario preguntarse si habría tales anomalías de no haberse descuidado o adulterado el cultivo y práctica de la lealtad.  Un escritor desilusionado, expresó sus experiencias en la siguiente forma: “Pertenecía a esa extraña raza de individuos que, según una acertada descripción, se pasan la vida haciendo cosas que detestan, amasando dinero que no necesitan, tratando de causar buena impresión a gente que no aprecian.”  ¡Qué tal cuadro de futilidad!  ¡La absoluta carencia de lealtad hacia todo y para con todos!

 

Se cuenta que cierta vez se acercó un vasallo al Principio de las Tinieblas, hincado de vanidad en su trono, y le comunicó una infausta noticia: En cierto lugar de la Tierra, el hombre había dado con una buena idea.  Por un momento, Satanás se sintió confuso y agitado; pero se repuso de inmediato y, sonriendo diabólicamente, replicó:

 

“Despreocúpate, les enseñaré el modo de organizarla.”

 

Hay, en todo el mundo, incontables pruebas de esa táctica de desvirtuar toda buena idea, de organizarla de modo que resulte eliminada la parte vital, el diluirla en mares de palabras y adornos hasta que pierda todo significado.  Aun tratan de canalizar en estrechos cauces rutinarios – y explotar – la tendencia natural que existe en los niños de juntarse en procura de algo que despierte tu interés.  El deporte, que está llamado a inculcar y desarrollar el espíritu de cooperación, suele perder su eficacia al darse importancia desmedida a la participación individual, como también a los ingresos en taquilla.  Ciertos momentos sublimes del año, consagrados a la devoción religiosa o patriótica, se han falseado en beneficio de viles intereses.

 

En muchos lugares del mundo, se ha pervertido en gran escala la lealtad, debido a que la utilizan con fines inmediatos, sin tomar en cuenta que sacrifican algo o a alguien en la consecución de sus fines.  En tal ambiente, una Forma de Vida se torna en una obsesión, un sistema económico deviene en un culto, las palabras se convierten en realidades.  La consecución de la verdad deja de ser el resultado de esforzada y sincera labor de observación o el fruto de la experiencia, y se convierte en una recolección de hechos a fin de respaldar axiomas preconcebidos.  La regimentación y el totalitarismo envuelvan las mentes e interceptan el paso a la Verdad.  En los países totalitarios, la lealtad siempre se halla bajo ataque directo.  Inducen a los niños a espiar a sus padres y a sus maestros.  Se impone una estricta censura a las ideas, por temor a que la lealtad hacia la verdad y a la justicia sometan a escrutinio los designios del Estado.  El temor de que le atribuyan a uno culpabilidad por asociación convierte en un peligro la amistad y aun la sociabilidad.  Los grupos independientes de carácter social, religioso o político, son objeto de persecuciones.

 

No obstante la existencia de todas estas circunstancias, se mantiene vivo el sentimiento de la lealtad.  El martirio lo aviva y torna más luminoso.  Ni aun el terror de los campos de concentración, ni el peligro de perder la vida han impedido que centenares de miles dejan su patria y se refugien en partes del mundo donde todavía es posible la expresión libre y espontánea de la lealtad.

 

Sin embargo, no deben interpretarse erróneamente los motivos heroicos de los que arriesgan tanto por la libertad.  Es muy revelador el comentario que hizo un joven aviador polaco que abandonó su tierra para sacar el primer avión soviético de reacción que se vio en el Oeste, excepto en combate.  Algunas semanas después, se ofreció un premio de 100.000 dólares a todo piloto de un aeroplano MIG que repitiera la hazaña.  Como quiera que los resultados fueron desalentadores, se solicitó la opinión del aviador polaco.  Manifestó que los que pudieran decidirse a tomar el riesgo, lo harían sólo en aras del honor y de la libertad, no por dinero.  Un vez más quedó demostrado que la lealtad no se compra.

 

Sin embargo, la ola de materialismo ha socavado el principio de la lealtad.  El mundo entero está dedicado a la tarea de hacer o acumular cosas.  Las naciones compiten unas con otras en la producción de acero, en el número de vagones de ferrocarril que se cargan mensual o anualmente, y en la producción de artículos manufacturados.  El éxito de una sociedad no se determina por las grandes ideas o los grandes hombres que surgen en su seno, sino por las cosas que produce.  Y aunque las cosas son necesarias en el proceso de emancipar a la humanidad del trabajo aniquilante, de las privaciones y de las fatigas cotidianas, habría que preguntarse, ¿emanciparnos para qué?

 

Esta es una situación muy similar a la de un señor y su esposa que hacían un largo viaje en automóvil.  La esposa consultaba todo el tiempo el mapa y daba las direcciones necesarias.  De pronto, la esposa exclamó: “Juan, nos hemos perdido.”

 

El esposo aferró el volante, oprimió el acelerador más aún, y dijo: “No tiene importancia, ¡estamos yendo a muy buena velocidad!”

 

La humanidad vive en una edad tecnológica, con máquinas que la ayudan casi en todas sus faenas, aun en la función de pensar.  La “marcha del progreso” ya no es un medio sin un fin, el destino de la vida ha dejado de tener importancia.  No es pues extraño que los hombres se inclinen a anteponer la acción al pensamiento, las cosas a las personas, el progreso a la lealtad.  El materialismo sin la templanza de la lealtad produce inevitablemente una actitud que entraña esto: “No existe futuro ni pasado, tan sólo el presente”.

 

Al observar cómo se ha degradado y perseguido la lealtad, podría arribarse al convencimiento de que es una causa perdida.  Las apariencias, sin embargo, son casi siempre engañadoras.  Repetidas veces, en el curso de la historia, causas que parecían perdidas inspiraron hondos sentimientos de lealtad.  La fuerza de la lealtad no se manifiesta con el aplauso tributado al conquistador o en adherirse a una causa triunfante, sino en los momentos de honda desesperación.  Recordemos a los mártires del cristianismo cuando desafiaban el poderío de Roma.  Pensemos en los patriotas que conservaron su lealtad a través de los siglos, después de que su país había desaparecido del mapa.

 

Asimismo, las más fecundas experiencias personales suelen sobrevenir cuando se acrecienta el sentimiento de lealtad.  ¿No son estos los días de prueba y de esperanzas inciertas?

 

El estadista que simbolizó de modo sublime la férrea decisión de una nación que se hallaba sola ante las más tremendas dificultades, expresó una confianza que sólo los hechos posteriores han justificado en parte.  “Las leyes que gobiernan las acciones de los hombres pueden ser justas o injustas”, dijo Winston Churchill en un discurso pronunciado en los Estados Unidos el año 1949.  “Es posible que la tiranía acalle o censure sus palabras.  La maquinaria de propaganda puede atiborrar sus mentes de la verdad por muchas generaciones.  Pero el alma del hombre, mantenida en un estado de letargo o catalepsia durante una larga noche, puede despertar al impulso de una chispa originada Dios sabe dónde, y, en un instante, todo el edificio de embustes y opresión se ve ante un descalabro inminente.  Los pueblos oprimidos nunca deben caer en la desesperación.”

 

Las noticias más sensacionales de los periódicos suelen referirse a las acciones o palabras de los hombres que suprimen las libertades, que persiguen metas egoístas y exaltan la fuerza bruta.  Son aquellos cuya lealtad – tal como se manifiesta – es semejante a la del troglodita.  Las mezquinas causas que abrazan corroen el espíritu del hombre, y exigen constantemente nuevas víctimas y sufrimientos; pero el espíritu humano se recobra y torna a su ser si se nutre e inspira con el hálito de la lealtad.  El llamamiento de Rotary se dirige a la lealtad de los hombres, al espíritu abnegado que se proyecta para unirse a ese mismo espíritu de otros hombres.  Patriotismo, conciliación, libertad, progreso, justicia y sacrificio – cada uno representa un plan de perfección que es difícil cumplir; pero los rotarios poseen un hondo sentido de lealtad hacia la confraternidad mundial, lo cual los une con el resto de la humanidad.  Es una lealtad amplia; pero erigida sobre sólidos cimientos que han resistido las mareas y corrientes de sus comunidades.

 

La lealtad pertenece a esa esfera que alguien denominó “la frontera inflexible” del espíritu humano, el cual no puede analizarse en el laboratorio, ni en un tubo de ensayo.  Los hombres de ciencia pueden reducir el mundo a un vecindario, gracias al prodigioso adelanto de los medios de comunicación; pero no pueden conseguir que los vecinos se estimen y respeten.  Tampoco pueden separar mediante análisis, ni crear, las condiciones que puedan aplicarse a fin de producir automáticamente respeto y espíritu de servicio en un mundo interdependiente.  Es más probable que los sabios consagrados a la investigación científica creen vida y no amor.  Se trata de algo que pertenece al mundo espiritual.

 

Sin embargo, un hombre de ciencia, en una charla dada en una convención de Rotary International, hizo una breve reseña de un pasaje del Valle de la Destrucción Inminente.  Demostró en ella que hermanando la senda del progreso y la de la lealtad es posible alcanzar la paz.  El Dr. Andrews, químico, dijo lo siguiente a los rotarios y a sus familias:

 

Los mismos experimentos que nos han dada la energía atómica, nos están brindando… la visión atómica.  Al escudriñar la estructura del átomo, vemos que el átomo está constituido por algo más que materia.  Expresándolo en una palabra, vemos que el átomo es música.  Y debido a esta nueva concepción – el hecho que la ciencia revele algo que se encuentra mas allá de la materia –, podemos tener confianza en el porvenir, la confianza de que, al fin, será factible construir un nuevo y maravilloso mundo en que reine la paz y exista una vida amplia y generosa para todos…

 

¿Qué es esta misteriosa fuerza que ha dentro de cada uno de nosotros, la cual rige y gobierna a este vasto flujo de átomos que pasa por nosotros en cada instante de nuestras vidas?  La ciencia afirma hoy que la cantidad que permanece constante en el proceso de transformación constituye la más profunda realidad.

 

Aquí se halla esa chispa de la vida que puede llamarse espíritu o alma, si así se desea, la cual se mantiene, de algún modo, constante y rige esa vasta transformación que constituye nuestra vida, y es lo que encierra la suprema realidad.  La ciencia afirma que la realidad que conocemos y con la cual estamos en contacto, la suprema realidad que impera, es el espíritu humano.  Ahora bien, si fijamos nuestra atención en el universo exterior, así como en el universo interior, hallamos la misma respuesta.  Las estrellas están constituidas por átomos.  Sus átomos cantan.  La música de las esferas celestes es algo más que una mera fantasía de los poetas.  Las estrellas cantan.  Y, al proyectar la vista aún más allá, en la naturaleza del tiempo y del espacio, vemos otra vez una nueva respuesta…

 

El verdadero poder del universo no es el poder destructivo del átomo, sino el poder del amor, el amor que debemos tener por nuestros semejantes, el amor que nos prodiga nuestro Creador, y que por El debemos sentir en nuestros corazones.  Y de acuerdo con esta nueva visión de la ciencia, hay esperanzas de que, en este nuevo mundo de paz, habrá buena voluntad y vida fecunda para toda la humanidad…

 

Los rotarios un pueden brindar una fórmula mágica para que surja este nuevo mundo; pero se hallan en situación ideal para provocar una “reacción en cadena” de compañerismo y servicios.  Un rotario – como en la reacción eslabonada que se produce en la fisión del átomo – puede hacer de catalizador de dos; estos dos podrían actuar sobre cuatro; cuatro causarían reacción en ocho, y así sucesivamente.  Con suficiente fe y visión, sus lealtades inspirarían en otros el mismo ideal.

 

Rotary no posee una solución instantánea para ofrecer a nuestro ajetreado mundo; pero los rotarios – individualmente considerados – creen que han ensanchado la grieta abierta en el muro de la incomprensión y la desconfianza.  Con cada día que pasa, apresuran su derrumbamiento mediante la fuerza del compañerismo y los servicios.  Afortunadamente no luchan solos, y les sirve de aliento la evidencia de que todos los hombres de buena voluntad del mundo están unidos espiritualmente en la obra universal de conseguir paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Impacto

 

Pocos antes de las elecciones en el distrito londinense de Lambeth, se organizó un festival con el objeto de que el mayor número de votantes acudiera a las urnas electorales para hacer uso de sus privilegios.  Fué un programa de gran interés: se presentaron sugestivos episodios en al prolongada lucha para conquistar el sufragio universal, cuadros que mostraron las fluctuaciones habidas en el interés de los ciudadanos en elecciones pasadas, planos y maquetas de las nuevas obras que se habían proyectado para el distrito, y sucintas biografías de los candidatos.  Pero lo más sensacional de todo fue una caja misteriosa, con un letrero que decía lo siguiente:

 

ESTA PERSONA LLEVA LA CARGA MAS PESADA.

 

Se invitó a los visitantes a que atisbaran por una mirilla y oprimiesen un botón.  Se encendía una luz e iluminaba lo único que había en la caja: un espejo.

 

Si un Rotary Club organizase una exhibición en materia de relaciones internacionales, ¿no sería justo hacer lo mismo?  Presentar un espejo en que el rotario viera su propia imagen.  Simbolizaría el juicio de un comité de relaciones internacionales de un Rotary Club de Dinamarca, al finalizar un esplendido año de trabajo:

 

Cada uno de los socios del club debe laborar en el campo de las relaciones internacionales.  El comité de relaciones internacionales no es un organismo o departamento único y separado del club.  El comité lo dirige, lo informa, lo ayuda y le da consejos a usted – en su carácter individual de socio – en todo lo que se refiere al campo de las relaciones internacionales, con el objeto de que contribuya en esta importantísima avenida de servicio.  Es la responsabilidad que tiene USTED como rotario.

 

Este concepto fue la base del programa de un presidente de Rotary International que hizo un llamado a cada rotario para que hallase sus “propias sendas hacia la paz.”  Esta exhortación crea el deber de fijarse metas personales, y explorar cada fase de la escena local para descubrir dónde sería más útil el servicio y la información.  No se trata de dictarle al rotario líneas de conducta, sino ayudarlo a que ponga en practica lo que quiere hacer, lo que él sabe que debe realizar, y convencerlo que es importante lo que hace.  Los rotarios, y también los no rotarios, deben entender claramente que el impacto de Rotary es el resultado de las acciones individuales de los rotarios.

 

“Después de muchos años de intenso esfuerzo”, escribe el rotario neozelandés que inició el estudio de las siete sendas hacia la paz, “el problema central continúa siendo el mismo.  Nos hallamos todavía tratando de idear medios y arbitrios que despierten la imaginación del rotario.  Existe la oportunidad, como también la información necesaria y, en la mayoría de los rotarios, alienta el deseo de emplear ambas.  A pesar de esto, se debe convencer a cada socio de que su esfuerzo, por pequeño que sea, tiene efectos en los resultados finales.”

 

¿Qué puede hacer el rotario?  ¿Qué es lo que ya ha hecho?  ¿Con qué oportunidades cuenta el rotario por la circunstancia de pertenecer a Rotary?  Y finalmente, ¿ha utilizado estas oportunidades?  Estas son, únicamente, algunas de las preguntas que pueden surgir en la mente del rotario – y también del no rotario – al leer la historia de los otros rotarios y, sobre todo, al evaluar el progreso que ha logrado él mismo a lo largo de su “propia senda hacia la paz”.

 

En primer lugar, debe subrayarse que el ser rotario ofrece oportunidades y ventajas que no tiene la mayoría.  El rotario puede tomar su Directorio Oficial, abrirlo en cualquier página, poner el dedo en uno de los clubes registrados, y decir: “Aquí tengo un amigo.”  Le es posible escribir una carta personal al presidente o secretario de ese club, con la seguridad de obtener respuesta.  Tiene la opción de visitar ese club el día de la reunión y ser bienvenido como un amigo.  Puede visitar a cualquier rotario en su oficina o en su casa.  La sinceridad y respeto con que los rotarios se tratan tiene gran significado.

 

Los rotarios viajan mucho.  En estos días, en que no hay punto del globo que se halle a más de unas cuantas horas de viaje, el visitar otras tierras es fácil y sugestivo.  Miles de rotarios viajan anualmente por otros países, y el número aumenta de continuo.

 

El compensar las faltas de asistencia en su club asistiendo a la reunión de otro, no sólo es una necesidad, sino un privilegio al que no hay rotario que renuncie.

 

Imagínese la experiencia de un rotario que viaja.  Antes de partir, los otros socios le recomiendan que visite a tantos Rotary Clubs como le sea posible.  Podrían darle el “pasaporte” simulado que otorga Rotary International, como recordatorio de los días y lugares de reunión de los clubes que piensa visitar.  Mediante la aprobación de los dirigentes de su club, el pasaporte lo autoriza a solicitar la cooperación de los clubes en la avenida de las relaciones internacionales.

 

Cuando asiste a la reunión de un club en otro país, no va como un extraño o “extranjero”, sino como un amigo rotario.  La conversación con sus compañeros contiguos de mesa, durante el almuerzo, las frases que les dirija a solicitud de los circunstantes, y el mensaje de buena voluntad que porta de su propio club encierran profundo significado.  Ellos lo recordarán siempre, especialmente si el viajero visita el club de una comunidad pequeña y lejana.  Y eso no es todo.  Es probable que sea invitado a la casa de unos de los socios o a su oficina.  Hay posibilidades de que se le haga una entrevista que aparezca en el diario de la localidad, o se transmita por radio.  El director de un colegio podría invitarlo a dar una charla sobre su país.

 

Muchos Rotary Clubs que se hallan radicados cerca de las fronteras tienen la oportunidad de patrocinar, con regularidad, reuniones personales con otros rotarios.  Es frecuente que las hostilidades entre una nación y otra se originen con incidentes en las fronteras.  Los rotarios que ocupen una zona fronteriza – y hay muchos – tienen la responsabilidad especial de que todo asunto o actividad en que participen personas de ambos países propenda a fomentar la voluntad internacional.

 

Es algo que puede lograrse, en que lo están haciendo todo el tiempo.  En cierto lugar, se extiende a ambos lados de la frontera un parque consagrado a la paz internacional, el cual se debe a la iniciativa y apoyo de Rotary; en otro, hay una gran reunión a la que asisten, año tras año, cientos de rotarios del país vecino.  Bajo el patrocinio de Rotary, los niños de las escuelas de dos países se visitan mutuamente.  Se alquilan aeroplanos para transportar a todos los socios del club a otro país, con el objeto de asistir a una reunión interclubes.  La famosa estatua de Cristo, que los rotarios de Argentina y Chile dedicaron como símbolo de paz perdurable, se levanta imponente sobre los picos de los Andes.  Los Comités Interpaíses que llevan a cabo una serie de actividades en Europa, organizan toda clase de intercambios.

 

Durante más de 170 años han existido relaciones cordiales entre el Canadá y los EE.UU., hecho que se conmemorara hace más de 20 años en Waterdown con la inauguración del Parque “Glaciar” de la Paz, hecho realidad por los Rotary Clubs del Estado de Montana, EE.UU.. y de la Provincia de Alberta, Canadá y visitado repetidamente por los rotarios alrededor del mundo.

 

Si fuera posible multiplicar las acciones fronterizas de esta clase; si cada rotario que viaja realizara la misión de Rotary en nombre de su club, se conseguiría mucho en el campo de la comprensión y la buena voluntad.

 

“Buscad a vuestro vecino, hablad con él, y habrá paz.”

 

Un rotario de la India hace los siguientes comentarios sobre este viejo proverbio sánscrito: “Son palabras simples; pero de gran significado.  Yo creo que no sólo significan un reto a Rotary, sino que tengo el convencimiento de que Rotary es el organismo mejor dotado del mundo para lograr que se alcance la principal finalidad de la civilización.”

 

No todos los rotarios están en condiciones de viajar a otras tierras; pero la mayoría pueden ser anfitriones de los que tienen posibilidades de hacerlo o, lo que es tal vez más práctico, pueden escribir cartas para efectuar un intercambio de ideas, fructífero e interesante.  Como en todas las fases de Rotary, el trabajar amistades escribiendo cartas a otros países – por más placentero que sea – no se practica como un fin, en sí mismo, sino “como una ocasión de servir.”  Mediante las informaciones obtenidas en el intercambio de cartas, se descubren las oportunidades de servicio.  En ciertos casos, tal vez sea el contribuir a fomentar mayor comprensión con referencia a un determinado problema que produce disensiones.  En otros, lo indicado podría ser el intercambio de libros y revistas para obsequiarlos a las bibliotecas.  Al enterarse de los esfuerzos que despliega otro club en pro del bienestar de su comunidad, un rotario podría sentirse inspirado a ofrecer su apoyo.  Las posibilidades son tan variadas como las necesidades de la humanidad.

 

¿Cómo empezar?  Esa es la clave del asunto.  Cierto rotario de Noruega, halló la respuesta efectuando una “gira mundial”: Enviando una carta tras otra, en el debido orden, a una serie de Rotary Clubs, hasta completar una vuelta alrededor del mundo.  ¡Qué recibimiento recibió en su gira!  Siempre existe algún interés en particular – por razones profesionales o de otra índole – que lo decidan a uno a escoger cierto país como punto de partida en la búsqueda de la comprensión mutua.  Es posible que haya hostilidad hacia algún país, la cual se manifiesta en las conversaciones con los vecinos, o en las opiniones de un periodista o un comentador de radio.  ¿Por qué no escribir a los rotarios de ese país solicitando discretamente información?

 

En este caso, habría que examinar cuidadosamente la siguiente declaración de normas:

 

La junta directiva de Rotary International comparte con los rotarios de todas partes su honda preocupación por las condiciones de disensión y tirantez que existen en muchas partes del mundo; se siente sumamente satisfecha con los servicios prestados por los Rotary Clubs, los rotarios y muchos otros en mitigar los infortunios; y reconoce en su debida importancia la necesidad urgente de que reine la comprensión y la buena voluntad entre los pueblos del mundo.

 

La directiva ha tratado fervorosamente de encontrar, y continuará haciéndolo, por todos los medios dentro del marco de las normas establecidas, para lograr los objetivos de Rotary International en todo el mundo.

 

La directiva ha examinado las declaraciones y actividades de ciertos Rotary Clubs que, aunque bien intencionados, han provocado, en ciertos casos, malos entendimientos, disensiones y controversias.

 

La directiva recomienda a todos los Rotary Clubs y a los rotarios que aumenten sus esfuerzos por alentar y fomentar la promoción de la inteligencia y buena voluntad entre los pueblos del mundo entero, respetando siempre las normas de Rotary International y evitando escrupulosamente toda acción, declaración, correspondencia o enunciación impresa que pueda causar un mal entendimiento, crear mala voluntad o retrasar los esfuerzos para establecer y mantener la paz.

 

Algunos rotarios han obtenido gran satisfacción en valerse en gran escala de la correspondencia.  Un brasileño contribuyó a la causa de la comprensión internacional con 6000 cartas personales.  Un Rotary Club de Hawaii basa las discusiones de su comité de relaciones internacionales en las cartas de sus socios.  Un tejano informa que ha escrito 12,000 cartas con el propósito de fomentar las relaciones epistolares entre los jóvenes de diversos países.  Como dijera un rotario del Canadá, que mantenía asidua correspondencia con 38 amigos pertenecientes a Rotary Clubs de otras naciones: ¿Por qué no hay más rotarios que comiencen a escribir cartas?  No es un trabajo pesado y, puedo asegurarles, que es muy placentero.  No veo la hora de recibir la respuesta de un socio de un club del extranjero, a quien he remitido la primera carta.”

 

Cientos de Rotary Clubs muestran sus intereses en la publicación “Actividades en Relaciones Internacionales” que es publicado anualmente por Rotary Internacional.  En caso de que hay decidido iniciar correspondencia u otra forma de cooperación internacional, quizás desee seleccionar uno de aquellos clubes con intereses semejantes.

 

Una de las consecuencias del intercambio de correspondencia podría ser el canje de manuscritos, grabaciones, películas o diapositivas.  Esta práctica es una forma predilecta de cientos de clubes.  Se utiliza el ingenio y talento del club para elaborar el programa de intercambio y se hacen, con frecuencia, referencias a ciertas personas del otro club con el fin de subrayar el sentimiento de compañerismo.  Cuando se presenta el programa de otro club en una reunión ordinaria, se hace de modo imponente, como un ejemplo notable de Rotary en acción.  Si el programa de intercambio es en manuscrito, los socios que lo lean toman a cargo los papeles de los interlocutores originales, y son presentados como tales mediante semblanzas breves.  Se exhibe la bandera del otro país, se toca el himno nacional y se brinda en honor de la patria hermana.  Los residentes de ese país son invitados de honor en la reunión y se envían al club que contribuyó con el programa, las crónicas publicadas en los periódicos.

 

La magia de la electrónica puede reproducir para los rotarios de otro país todo lo dicho y hecho en la reunión del club.  Se envían películas y diapositivas en que aparezcan los socios del club, como también ciertas escenas alusivas.  Cientos de clubes han combinado las diapositivas y las grabaciones con el objeto de hacer programas sugestivos e impresionantes.

 

Por supuesto, hay que considerar el obstáculo que constituye la diferencia de lenguas; pero existen soluciones.  En ciertos casos, hay alguien en el club que entiende la lengua y puede traducir las cartas o el programa de intercambio.  Al iniciar una correspondencia, debe aclararse lo relativo al idioma, de modo que ambos se sientan en libertad de usar el suyo propio.

 

Los frutos que se obtienen del conocimiento personal, entre los rotarios de diferentes países, tal vez parezcan nimios en comparación con la inmensidad de los males que acosan a la humanidad.  Esto significa, por lo tanto, que existe mayor necesidad de multiplicar e intensificar estas relaciones.  El rotario no se satisfará escribiendo una carta o haciendo un solo intercambio de programas.  Su esfuerzo será múltiple y continuo.  Utilizará los milagros de la ciencia para dar forma a su originalidad.  Tendiendo la mano en muchas direcciones y cultivando las amistades que establezca, puede crear una influencia que se difundirá por todo el mundo.

 

Además de las actividades personales de los rotarios en la esfera rotaria, ¿qué pueden hacer para establecer relaciones con los no rotarios?  Pero ante todo, ¿es conveniente que lo hagan?

 

¡Ciertamente!  Un rotario representa a un determinado negocio o profesión, el único representante de ese negocio o profesión en su club.  Su obligación de portar el ideal rotario de servicio a otras personas de su profesión o esfera de negocios, y a la comunidad en general, es de importancia vital.  El debe encontrar su “propia senda hacia la paz”; pero alcanzará mejores resultados si puede convencer a otros que la sigan en su compañía.

 

Esto quiere decir, entonces, que una parte significativa del impacto de Rotary es la extensión de su influencia más allá del Rotary Club.  Es evidente que el objetivo de Rotary puede difícilmente alcanzarse si esta influencia se limita al número relativamente pequeño de rotarios.  El fundador de Rotary expresó claramente esta necesidad.  “En el fomento de la comprensión y buena voluntad internacionales”, escribió Paul Harris, “debe recordarse que es importante ponerse en contacto con un gran número de personas, rotarios y no rotarios, y uno solo no puede establecer, personalmente, relaciones con muchos.”

 

Por consiguiente, es imperativo que los rotarios abran una ventana hacia el mundo para la gente de su comunidad.  Esta es, realmente, una respuesta para aquellos que ponen en duda los efectos prácticos de la avenida de las relaciones internacionales.  La comprensión internacional no la van a plasmar en la estratosfera de la política mundial; sino en las mentes de los vecinos, entre las personas con quienes se tiene relaciones comerciales, y mediante los medios locales de comunicación y educación.  La opinión pública es el resultado de las opiniones individuales, y la opinión pública es la fuerza más poderosa del globo.  La fuerza de una nación se mide por la suma de las opiniones individuales que puedan movilizarse en respaldo de su política.

 

Los legisladores y los funcionarios públicos reconocen francamente que una sola carta que revele sinceridad y sea la expresión sencilla de inspiración personal, tiene mas peso, para ellos, que miles de peticiones estereotipadas.  Una observación franca y honesta en una conversación puede tener hondas repercusiones.

 

En el Senado de los Estados Unidos actuó por muchos años el rotario Charles Andrews, senador de la Florida, que abogó vigorosamente por la comprensión internacional.  Solía decir a sus amigos que siempre hacía uso de su adiestramiento en Rotary cuando se debatían asuntos de política internacional.  Al preguntarle en qué forma se había adiestrado, respondía que posiblemente en los discursos que pronunciara en materia de relaciones internacionales; pero en su mayoría provenía de las discusiones en las reuniones ordinarias del club, donde tuvo la oportunidad de absorber el modo de sentir de sus consocios.  Por supuesto que ellos nunca se imaginaron que con sus observaciones contribuían a la formación de un estadista.

 

Los programas que se presentan en las reuniones semanales constituyen una excelente oportunidad para cambiar opiniones con los no rotarios.  Debido a la amplia esfera de acción y a la diversidad de programas que pueden prepararse en Rotary, no hay club al que se le pueda excusar que no formule un programa cada semana, como lo hacen los otros clubes.  Los programas que se organicen en el campo de las relaciones internacionales deben crearse teniendo en cuenta las necesidades de la comunidad.  Como es lógico, las necesidades varían de un punto a otro.  Por ejemplo, al analizarse las características de un lugar determinado, se pueden descubrir sentimientos en contra de los “extranjeros”.  Muchos Rotary Clubs han obtenido buenos resultados mediante programas que ponen en evidente la deuda que todo país tiene a la cultura, al arte y a las ciencias de otras naciones.  En el progreso de la humanidad, todas las naciones son partes integrantes de un todo.  Lo mismo puede decirse de cosas materiales, tales como las materias primas, los productos manufacturados y los mercados.  ¿Reconocen los pueblos hasta qué punto se manifiesta esta interdependencia?  ¿Se da cuenta el trabajador que toma su desayuno y utiliza un vehículo para ir a su trabajo, que nada de esto, ni muchas otras cosas que consume o emplea en el curso del día existirían sin la contribución material de otras tierras?

 

Se puede avivar el interés de cualquier comunidad en este aspecto de la interdependencia, organizando una exposición en que se exhiban los más valiosos aportes de otros países.  Lo frecuente es que en la comunidad ya se benefician con esas contribuciones; pero la mayoría ignora su origen.  Fue un motivo de grata sorpresa para los vecinos de un pueblo del Canadá, cuando el Rotary Club organizó un festival en que estuvieron representadas diversas nacionalidades, y se mostró las excelencias de su cultura e industria.  El público admiró fascinantes trajes regionales, canciones y danzas folklóricas, curiosidades de todo género corriente en un admirable emporio de cultura cosmopolita.

 

Existen ciertos problemas particulares que demandan especial atención.  Por ejemplo, ¿cuál es la actitud general hacia el terrible problema de la guerra o la paz?  ¿Existe un espíritu optimista, constructivo y determinado en la búsqueda de soluciones positivas?  ¿O se percibe encono, temor e impaciencia, a punto de estallar en pasión colectiva, que empuja a las naciones por rutas desesperadas?

 

¿Qué es lo que puede hacer un Rotary Club para aquietar los temores, estimular el deseo de obtener información y crear un ambiente en que se hallen garantizadas la libertad y la justicia?  Es posible que hay quien piense que no hay forma de lograrlo; pero muchos clubes han llevado a cabo una obra constructiva, y lo continúan haciendo.  Una empresa de esta clase exige algo más que “presentar un programa sobre el asunto”, o sea un programa semanal que sólo permite tratar en forma breve y superficial la materia.  En este caso, un programa significa una campaña organizada y perseverante en la cual el programa semanal sólo es uno de los instrumentos.

 

Afortunadamente, Rotary no se encuentra sin aliados en esta cruzada.  En toda comunidad hay personas o grupos con fines similares que cuentan con determinadas esferas de influencia y cuya cuentan con determinadas esferas de influencia y cuya cooperación se debe tratar de obtener.  La acción de Rotary en la avenida de las relaciones internacionales podría conducirse, en este respecto, siguiendo la política de cooperar con una agrupación dedicada a tal finalidad – en caso que exista –, en lugar de crear una nueva agencia que constituiría una duplicación.

 

Podrían citarse muchísimos ejemplos en que se ha aplicado esta norma al campo de las relaciones internacionales.  Tal vez el más extraordinario sea el programa que, en 1942, iniciaron los rotarios de Londres y sus alrededores, en cual consistió en organizar una conferencia de 21 gobiernos para tratar sobre el intercambio cultural después de la guerra.  Dicha conferencia devino, posteriormente, en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, más conocida como UNESCO, que es un organismo independiente dedicado a promover la comprensión internacional.  

 

En circunstancias similares, se invitó al presidente de Rotary International para que designase a once rotarios de los Estados Unidos, los cuales fueron, a su vez, invitados para servir como asesores de la delegación de los Estados Unidos en la conferencia de San Francisco, donde se redactó la Carta de las Naciones Unidas.

 

Aunque las Naciones Unidas y UNESCO consideran a Rotary International como una institución asesora, esto no identifica, en modo alguno, a Rotary con dicha organización.  Se definió claramente su posición en la siguiente declaración formulada por la junta directiva de Rotary International en enero de 1952:

 

Si bien Rotary International se mantiene al margen de las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas y de las decisiones o acuerdos de las Naciones Unidas, sí alienta a los rotarios para que se enteren de las actividades de las Naciones Unidas que se refieren al mantenimiento de la paz mundial.

 

El secretario general tiene instrucciones para llevar a la atención de los Rotary Clubs, información sobre programas y otras ayudas en conexión con el estudio de la Carta y las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

 

Se dará publicidad constante a los informes de los observadores de Rotary International que asisten a las reuniones de las Naciones Unidas y de sus organismos especializados.

 

Los rotarios que deseen formular una propuesta con respecto a las Naciones Unidas o cualesquiera de sus organismos especializados, deben hacerlo por conducto de los organismos gubernamentales de su propio país debidamente constituidos.

 

Muchos rotarios, en diversos lugares del mundo, participan en las labores de las Asociaciones de las Naciones Unidas.  Como resultado de la iniciativa de los rotarios, se han establecido muchas dependencias.

 

Un ejemplo, entre muchos, de una obra patrocinada inicialmente por los Rotary Clubs y que, posteriormente, devino en una obra regida por la comunidad, lo constituyen los Institutos para la Comprensión Internacional.  Durante trece años, una audiencia anual de mas de un millón de no rotarios escucharon a los oradores – muchos de ellos de otros países –, en sus conferencias sobre problemas mundiales, respondiendo preguntas, y cuando asistían a las asambleas de las escuelas.  Mediante estas reuniones, cientos de Rotary Clubs tuvieron la oportunidad de difundir su mensaje entre un gran número de personas y, posteriormente, muchas comunidades los patrocinaron.

 

En varios lugares se ha probado, mediante un método original, la forma en que un Rotary Club puede cooperar con muchos otros organismos de una comunidad, con el fin de ocuparse de algo importante que ninguno de ellos tomó en consideración anteriormente.  Los vecinos de la comunidad en que se inició el programa en 1957, fueron organizados en diversas delegaciones que representaban a varios países con el objeto de celebrar una “conferencia colocándose en el lugar de otros”.  Este método, ya citado anteriormente, ofrece posibilidades de convertirse en un medio sugestivo y eficaz de atraer a un “gran número de personas” al campo de las relaciones internacionales.  Constituye, por lo tanto, uno de los impactos más efectivos.

 

Durante un mes, los “delegados” discuten problemas mundiales de importancia.  La participación activa de cientos de personas que se esfuerzan por “colocarse en el lugar” de otras naciones provoca extraordinario interés.  Se difunde más allá de los límites de los comités designados y de las sesiones plenarias, y se promuevan reuniones privadas y conversaciones con el objeto de obtener apoyo para sus recomendaciones.  Esto constituye una educación activa, obtenida por esfuerzo personal, que substituye a la instrucción pasiva que brindan los grupos dedicados a encausar la opinión pública.  Lo más significativo, posiblemente, es que promueve amistades entre personas que representan puntos de vistas completamente diferentes.

 

¿Constituye esta experiencia una pauta que los Rotary Clubs de todo el mundo pueden adaptar a las condiciones de cada lugar?  Todo lo que se requiere es el impulso inicial.

 

En lo que se refiere a los dirigentes del mañana, es infinito el número de formas en que los Rotary Clubs – difundidos en todo el mundo – pueden contribuir a la educación de la generación que se apresta a ingresar a la vida activa.  El patrocinar un club de relaciones internacionales es algo que se hace frecuentemente.  Se promueven amistades epistolares entre los jóvenes, por mediación de los Rotary Clubs del extranjero.  Los clubes japoneses, por ejemplo, han suscitado gran interés mediante el intercambio de dibujos entre los escolares.  Los certámenes de ensayos sobre la mejor forma de promover la comprensión, figuran entre las actividades que patrocinan los Rotary Clubs de diferentes países.

 

Sin interferir de modo alguno con el plan de estudios de las escuelas, se podría pedir a los profesores y funcionarios de educación que informen al Rotary Club el modo en que se imparten conocimientos sobre la humanidad.  ¿Lo hacen con espíritu universal o provincial, como se ilustra en la historia que relata un ex embajador de los Estados Unidos en la India?  Su hijo, que acababa de retornar del Asia, se preparaba a ingresar en una escuela de los Estados Unidos.

 

“Te apuesto”, le dijo el embajador, “que la historia universal que vas a estudiar se inicia con Egipto y Mesopotamia, continúa con Grecia, vía Creta, te conduce a Roma y, finalmente, termina con Francia y Inglaterra.”

 

“Pero eso no es historia universal”, replicó su hijo.  “Quedarían excluidas tres cuartas partes del mundo.”

 

“Desgraciadamente”, observa el padre, “gané la apuesta.”

 

El intercambio de jóvenes constituye el reto más grande que se ha lanzado a los Rotary Clubs.  En este campo, Rotary tomó la iniciativa de favorecer diversos tipos de intercambio bajo el patrocinio de muchísimos clubes y distritos rotarios y, por medio de las becas educativas de La Fundación Rotaria, que principiaron en 1947 con el programa de Becas para Graduados, y que desde entonces ha sido extendido con la creación de los programas de Becas para Estudiantes Universitarios y Becas para Entrenamiento Técnico en 1947.

 

Los beneficios que ofrece el programa de La Fundación Rotaria han despertado el entusiasmo de los rotarios de todo el mundo.  Se podrían publicar varios volúmenes con algunos de los incidentes y episodios de los informes de becarios y con los comentarios de otras personas.  Cada año dirigen la palabra a audiencias que suman un total de más de medio millón.  Es mayor aún el número de personas que escuchan sus mensajes por radio o leen los artículos que escriben para muchas publicaciones.  No menos importantes son las pruebas de integridad y habilidad de que dan muestra en el curso de sus actividades.  Todo hace confiar que, en el provenir, surgirán como dirigentes.

 

Hay una característica que distingue al programa de La Fundación Rotaria: el grado de interés personal, amistad y deseo de orientar de parte de los rotarios que residen en las comunidades donde se hallan los estudiantes extranjeros, entre los que los alojan en sus casas y les muestran de modo objetivo la forma en que se desenvuelve la comunidad.  No todos los rotarios participan en esta única oportunidad de ayudar a forjar nuevos dirigentes; pero la mayoría lo hacen.

 

Los rotarios obtendrán dividendos de las inversiones que hagan en La Fundación Rotaria por el hecho de que aprovechan la oportunidad de usar las aptitudes y de influenciar el modo de pensar de estos futuros embajadores de buena voluntad.  Muchos becarios han expresado su modo de sentir con referencia a esta circunstancia; pero nadie lo ha definido de modo más sugestivo que una señorita que habló en uno de los clubes de Australia:

 

Se ha dicho de modo festivo, en San Francisco, que la construir el puente Golden Gate, se ató un hilo a la pata de una paloma.  Esta voló a través de la bahía y, al llegar al otro lado, se anudó un cordel al hilo, y fue halado a la orilla puesta.  A continuación, pasaron una cuerda y, luego, un cable delgado, hasta que, al fin, se logró instalar el gran cable que sostiene el Golden Gate.

 

Me agrada pensar que las becas de La Fundación Rotaria se asemejan en algo a eso.  Constituyen el hilo que producirá un aumento en el intercambio, entre todos los países del mundo, de estudiantes que aspiran a una comprensión mutua mas honda.  Ahora sólo es un hilo; pero cada año se hace más y más grueso.  Tal vez, el próximo año sea una cuerda y, finalmente, haya un grueso cable que salve el abismo que existe entre las naciones, y constituya el vínculo que nos una a todos en un mundo en paz.  Me siento orgullosa y agradecida por el privilegio de formar parte de este gran movimiento consagrado a fomentar la comprensión internacional.

 

Los Rotary Clubs no sólo han contribuido con generosidad a la Fundación Rotaria, sino que, además, han empleado sus propios recursos e ingenio para establecer y patrocinar, por cuenta propia, el intercambio de estudiantes.  Mientras La Fundación Rotaria ha patrocinado el intercambio de estudiantes graduados, los clubes y los distritos han elegido como becarios – en la mayoría de los casos – a universitarios no graduados, o a jóvenes egresados de las escuelas secundarias.  ¡Los clubes y los distritos rotarios facilitan, anualmente, el viaje y los estudios a más de 10.000 jóvenes!

 

Uno de estos programas de becas se inició en 1944, y los patrocinadores observan: “Lo único que lamentamos es no haber comenzado algo de esta naturaleza hace 25 años.”  Otro programa que ha facilitado el viaje a los Estados Unidos de unos 300 estudiantes, desde una veintena de países, lo llevan a cabo, conjuntamente, los distritos y los clubes individualmente.  Una de las principales ventajas de estos programas es el gran interés que surge en los clubes con respeto a sus “propios” estudiantes.

 

Los clubes se van dando cuenta, más y más, que el patrocinar las visitas de jóvenes del extranjero se halla al alcance de sus posibilidades.  En estos programas se da más importancia al servicio personal que a la ayuda económica.  Los jóvenes se alojan en las casas de los rotarios.  En muchos casos, el instituto educativo del lugar proporciona, con gentileza, enseñanza gratuita, como una forma de contribuir a la comprensión internacional.  La existencia de una oportunidad de esta clase, permite que los Rotary Clubs de otros países elijan a un joven que sea un alto representante de los muchos postulantes que desean y están en condiciones de pagar los gastos de viaje.  Por lo tanto, lo que tienen que desembolsar los clubes patrocinadores en planes de esta clase, se reduce al pago de imprevistos. Cierto club trajo a su comunidad a 11 estudiantes de nueves países, para que permanecieran durante un año.

 

El intercambio de jóvenes es una práctica establecida en Europa.  Los gobernadores de distrito forman comités que se hacen cargo de todo los procedimientos.  En muchos casos el intercambio sólo requiere los gastos de viaje.  La experiencia que se gana en vivir en un hogar del extranjero, la oportunidad de aprender otro idioma, y el robustecimiento del compañerismo a través de las fronteras, son algunos de los beneficios que se obtienen.  Las giras internacionales y los campamentos de verano se han multiplicado en Europa.  Un ejemplo que demuestra el grado en que se aprecian, es la historia de un muchacho austriaco que viajó en bicicleta hasta Holanda para sumarse a una gira internacional a bordo de un barco holandés.

 

El conocimiento mutuo de sus mejores frutos en estos campamentos de verano.  Como manifestó un muchacho alemán:

 

Este campamento ha beneficiado más la causa de la comprensión internacional que lo que hubiesen alcanzado, en un año, un gran número de políticos.  Si existe alguna posibilidad de formar una Europa unida, sólo podrá lograrse cuando todas las naciones logren despojarse de los prejuicios.  Estoy seguro que el campamento de Rotary tuvo éxito en eliminar realmente dichos prejuicios, y esto no es, de modo alguno, una exageración.

 

Como se demuestra en cada caso, en estos programas de intercambio internacional de estudiantes, lo más importante es la acción personal.  Sería en vano que una multitud de jóvenes viajaran a través de los siete mares si no se hiciese ningún esfuerzo para instruirlos en materia de relaciones internacionales.

 

Mientras las Becas de La Fundación Rotaria, y otras visitas patrocinadas por Rotary proporcionan una pauta en este sentido, existe un amplio campo en los miles de estudiantes y jóvenes que persiguen su adiestramiento, los cuales viajan anualmente al extranjero patrocinados en otras formas, o con sus propios recursos, que suelen ser escasos.  La mayoría tiene rara vez oportunidad de conocer más que superficialmente al país que visitan y a sus pobladores.  De los miles de estudiantes que van anualmente a los Estados Unidos, se calcula que el 80 por ciento nunca han estado en un hogar norteamericano.  Lo probable es que ocurra lo mismo en otros países.

 

La importancia de cultivar amistades en este campo es evidente al considerar cuántos líderes de la talla de Nehru y Nkrumak, han vivido en el extranjero.  Si se ven aislados, solos y victimas de discriminación, el mundo sufrirá posteriormente las consecuencias.  Un estadista mexicano que contribuyó valiosamente en la cruzada para fomentar la comprensión internacional, recuerda los años de soledad que pasó en un cuarto, en la ciudad de Nueva York.  Sólo la amabilidad de unos vecinos lo salvó de llenarse de resentimiento, lo cual hubiese malogrado su carrera.

 

El rotario que acoge a un estudiante visitante en la vida cotidiana del hogar, lo presenta a sus vecinos, le muestra la forma en que se conducen los negocios, y comparte con él las simples amenidades de la vida diaria, no sólo cultiva una amistad personal, sino que tal vez realice un gran servicio a su patria y al mundo entero.  Las conversaciones que sostenga con él sobre los problemas mundiales, pueden ser el motivo por el que más tarde la causa de la paz cuente con un valioso defensor.

 

Por supuesto, el reto más importante es para los Rotary Clubs establecidos en las cercanías de las universidades.  Son ellos los que cuentan con la oportunidad continua y creciente de ver la mejor forma de cultivar amistad con los estudiantes del extranjero.  Los rotarios actúan, en este sentido, de modo eficaz y constructivo.  En los días festivos, se atiende a centenares de estudiantes; las iglesias y las escuelas los invitan para que den a conocer las canciones e historia de sus países; la contribución económica y la solicitud espiritual de carácter individual son generosas.  Si bien nos sentimos orgullosos por todo esto, reconocemos que es necesario hacer más.

 

El hacer más en todas las actividades que se reflejan en el “espejo”, constituye un reto personal al rotario que lee la revista oficial y otras publicaciones de Rotary.  En una organización de las proyecciones y magnitud de Rotary, la comunicación es esencial.  El enterarse de lo que otros hacen, el entender por qué lo hacen, constituye un reto y una inspiración, pues si la idea se convierte en una realidad en Hyderabad, podría, asimismo, despertar interés en Huntsville.

 

El desarrollo y éxito de Rotary, después de todo, se debe a la influencia impulsora que es inherente en el espíritu de servicio, y toda historia afortunada constituye una arenga: “También tú puedes hacerlo, y aun mejor.”  Y en el plano de comunicación e inspiración; las revistas oficiales de Rotary – The Rotarian, en ingles, y Revista Rotaria, en español – consiguen el mayor impacto.  Además, las 22 revistas regionales cumplen una alta función en sus esferas correspondientes.

 

Las publicaciones rotarias presentan hechos y reflejan ideas de interés universal.  Cientos de ejemplares de libros, revistas y folletos rotarios se comparten con no rotarios en todo el mundo.  Cuando estas publicaciones llegan a los hogares de casi un millón de rotarios, sólo acaban de iniciar su recorrido.

 

Por ejemplo, la revista circula en gran número en escuelas, bibliotecas públicas, hospitales, salones de lectura y en cientos de otros lugares donde se da gran valor a órganos que presenten los hechos en forma exacta, amena y constructiva.  Se utilizan sus artículos como base para excelentes programas en Rotary Clubs, como también en clubes sociales de damas, dedicados al estudio, y en grupos de jóvenes que organizan discusiones.  Suministra referencias para informes educativos en las escuelas y universidades, y se formulan programas de radio y televisión, basados en sus artículos.

 

Además de todos estos empleos, las dos ediciones sirven en centenares de clases de lenguas extranjeras como libro de texto, o de valioso suplemento del texto oficial.  Su influencia la confirman los miles de reimpresiones de artículos que solicitan rotarios y no rotarios.

 

Estas han sido algunas de las imágenes reflejadas en el espejo: parte de los servicios que enriquecen la vida del rotario.  No hay persona ni publicación que pueda presentarlos todos.  Ni siquiera se podría citar unos cuantos ejemplos de todos ellos.  La misma naturaleza de Rotary y de los socios que integran esta organización, hace sumamente dificultosa la tarea de reunir ejemplos de servicios.  Lo usual es que los servicios sean privados, que es como debe ser, después de todo.

 

La avenida de las relaciones internacionales no se anuncia con toques de trompetas.  No lanza proclamas.  No trata de aparecer en las primeras páginas de los diarios.  Por consiguiente, en este libro sólo se ha expuesto, desarrollado e ilustrado algunos de los principios en los que los rotarios creen, y que les sirve de guía en su desenvolvimiento como ciudadanos.  Tal vez estos principios, que son el resultado de más de medio siglo de experiencia afortunada, merezcan la atención de las personas que no pertenecen a Rotary Clubs.  Rotary no aduce su posesión exclusiva, ni afirma el haberlos originado.

 

Una exhibición de mosaicos internacionales engalana una pared del edificio de la sede de Rotary International.  Los cuadrados adoquines con que está adornada proceden de las canteras donde se extrajo el mármol con que se construyó el Partenón, del piso de la Abadía de Westminster, de los farallones que se elevan a más de tres kilómetros de altura sobre los Andes peruanos, y, en fin, de la mayor parte de las tierras donde actúa Rotary.

 

Forman un vistoso diseño: rojo, de Australia; amarillo, de Francia; gris oscuro, de Singapore; rosa cereza, del Japón; azul, de Suecia.  Cada uno lleva incrustada una placa de metal en que aparece el nombre del país de origen, el año en que llegó a Rotary, y el nombre del primer club.

 

Unidas en una función común, estas piedras son cual mudos y perdurables testigos de los métodos y metas de Rotary.  Simbolizan el servicio y la amistad en todo el mundo.  Implican acción, pues toda senda – ya sea estrecha o amplia – es inútil si no hay nadie que la transite.

 

 

 

El texto completo del

Esbozo de Normas de

Rotary Internacional

acerca de las Relaciones

Internacionales se da en

las páginas siguientes…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esbozo de las Normas para las Relaciones Internacionales

 

 

Finalidad

 

La finalidad de las relaciones internacionales en Rotary se expresa en la cuarta fase de servicio a saber, estimular y fomentar:

 

La inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones por el compañerismo de sus hombres de negocios y profesionales, unidos en el ideal de servicio.

 

El ideal de servicio rotario sólo encuentra expresión donde el individuo goza de libertad de pensamiento, palabra, reunión y cultos, y donde no es objeto de persecuciones y agresiones, de miseria y temor.

 

La libertad, la justicia, la verdad, el valor de la palabra empeñada y el respeto de los derechos humanos son inherentes a los principios rotarios y son además vitales para el mantenimiento de la paz y el orden internacionales y el progreso de la humanidad.

 

Responsabilidad del Rotario

 

Se espera que cada rotario realice su aporte individual a la realización  del ideal inherente a la cuarta fase de actividades rotarias.

 

Se espera que cada rotario ordene su vida personal y actividades comerciales y profesionales de manera que sea un ciudadano leal y servicial de su propio país.

 

Cada rotario, dondequiera que se encuentre,  contribuirá individualmente a crear una opinión pública bien informada.  Dicha opinión inevitablemente afectará la política de gobiernos relativa al fomento de la comprensión internacional y buena voluntad hacia todos los países.

 

Como rotario que piensa en términos mundiales:

 

(a)                Sus intereses irán más allá del patriotismo nacional y se considerará partícipe en la responsabilidad de fomentar la inteligencia, la buena voluntad y la paz entre las naciones.

(b)               Se opondrá a toda acción basada en supuesta superioridad nacional o racial

(c)                Procurará encontrar y desarrollar campos en que exista comunidad de ideas con otros pueblos.

(d)                Defenderá la ley y el orden para que el individuo siga gozando de libertad de pensamiento, palabra y reunión, y nunca sea objeto de persecuciones, y agresiones, de miseria y temor.

(e)                Apoyara todo acto orientado hacia el mejoramiento del nivel de vida de todos los pueblos, consciente de que la miseria, dondequiera que exista, constituye un peligro para la prosperidad en todas partes.

(f)                 Dará su apoyo a la aplicación de los principios de la justicia a todo el género humano, consciente también de que dichos principios son fundamentales y deben tener alcance mundial.

(g)               Luchará constantemente por fomentar la paz entre las naciones y se sentirá dispuesto a sacrificarse en aras de esa idea.

(h)               Recomendará que se aprecien con espíritu comprensivo – y así lo hará él – las creencias ajenas, como medio de fomentar la buena voluntad internacional, consciente de que existen ciertas normas básicas morales y espirituales, que, llevadas a la práctica, serán garantías de una vida más amplia y más fecunda.

 

Responsabilidad del Rotary Club

 

Los Rotary Clubs no deben dedicarse a ninguna actividad colectiva con miras a influenciar los gobiernos, asuntos mundiales o politicas internacionales, sino que deben dedicar sus esfuerzos a informar al rotario, individualmente considerado, en estos importantes asuntos, a fin de que se forme una actitud mental ilustrada y constructiva.

 

Un Rotary Club podrá con toda propiedad servir como tribuna para la presentacion de problemas de orden público cuando dicho curso de acción esté proyectado para fomentar la cuarta fase de las actividades rotarias.  Cuando tales problemas sean objeto de controversia, es indispensable que se estudien en forma completamente imparcial.

 

Cuando se presenten o traten asuntos internacionales en un Rotary Club, debe advertirse al orador que evite todo lo que pueda ofender a otros países y debe dejarse bien sentado que un Rotary Club no asume necesariamente ninguna responsabilidad como consecuencia de las opiniones que los oradores exterioricen en sus reuniones.

 

Un Rotary Club no debe aprobar ningún acuerdo sobre planes específicos relacionados con los asuntos internacionales.  Los clubes de un país no han de dirigirse a clubes, habitantes o gobiernos de otro en demanda de que se obre de tal o cual modo, ni han de enviar discursos ni planes en que se proponga la solución de problemas internacionales específicos.

 

Cuando las relaciones entre dos o más países en que haya Rotary Clubs sean tirantes, tanto los clubes de esos países como los de cualquier otro, deben proceder con el mayor cuidado posible para no contribuir en forma alguna a ahondar más las diferencias y el distanciamiento existentes.

 

Posición de Rotary International

 

Rotary International está integrado por los Rotary Clubs establecidos en muchos países del mundo que tienen distintos puntos de vista.  En consecuencia, Rotary International, colectivamente, nunca aprobará resoluciones ni expresará opiniones sobre asuntos de carácter político.